ESPAÑA EN SU DIVERSIDAD REGIONAL

Resumen del Tema 17 de Geografía para Selectividad referente a la diversidad regional de España, por Carlos Javier Garrido García.

Mapa de las comunidades autónomas españolas. Fuente: Wikipedia.

INTRODUCCIÓN

España es un país con un medio físico muy contrastado, lo que ha determinado que presente una gran diversidad regional. Esta diversidad ha condicionado mucho su evolución histórica, que ha basculado tradicionalmente entre las tendencias unificadoras y disgregadoras en lo que a la organización político-territorial se refiere.
En este tema vamos a analizar la evolución histórica de esta organización y sus características actuales en el Estado Autonómico. Por otra parte, las diversidad del medio físico y la evolución histórica han determinado unos grandes contrastes y desequilibrios territoriales en el aspecto socioeconómico, frente a lo cual se han establecido políticas regionales y de cohesión por parte de las autoridades autonómicas, estatales y europeas, aspectos todos ellos que serán también analizados en el tema.

EL PROCESO DE ORGANIZACIÓN POLÍTICO-ADMINISTRATIVA DE ESPAÑA

Antes de describir la evolución histórica de la organización político-administrativa de España debemos tener clara la distinción entre tres tipos de Estados dentro de los sistemas políticos contemporáneos: unitario y centralista, en el que la soberanía u origen del poder reside en el conjunto de los habitantes del Estado y este es gobernado desde su capital por un Gobierno Central; el autonómico, en el que existiendo los dos elementos anteriores se contempla la concesión de autonomía político-administrativa a cargo de instituciones propias; y el federal, en el que el Estado se compone de estados en los que reside la soberanía y cuentan con una organización política-administrativa propia y que con un carácter voluntario ceden parte de su soberanía y competencias a un Estado Federal común.

Orígenes en la Prehistoria y la Edad Antigua

Desde los primeros asentamientos humanos hasta la conquista romana lo que predomina en la Península es la diversidad de pueblos con una organización que fue pasando de tribal a ciudades-estado. A partir del año 1.000 antes de Cristo (a.C.) se producen dos hechos paralelos: las invasiones de pueblos celtas en el noroeste peninsular y las colonizaciones fenicias, griegas y cartaginenses en el levante y sur peninsular. Como consecuencia de ello se originaron tres grandes conjuntos de pueblos organizados en ciudades-estado o tribus: íberos en las zonas más en contacto con los colonizadores, celtas en el noroeste y celtíberos en la zona de transición entre los dos anteriores.
La conquista romana a partir del 218 a. C. supuso la primera unificación político-administrativa de la Península, aunque en este caso dependiente del exterior. La caída del imperio romano a principios del siglo V a manos de las invasiones bárbaras supuso el establecimiento del reino visigodo con capital en Toledo, en este caso constituyendo la primera unificación política autónoma de los territorios peninsulares.

El asentamiento de la diversidad: la Edad Media

La invasión musulmana en el 711 provocó la pérdida de la unidad política y religiosa de la Península, dividida a partir de entonces en la zona musulmana o Al-Andalus y los núcleos de resistencia cristiana que se establecieron en el norte desde Galicia a los Pirineos. Ambas zonas conocieron una evolución distinta y entablaron entre ambas una constante disputa en el llamado proceso de «Reconquista».
En cuanto a la evolución de Al-Andalus, sufrió unas constantes tensiones entre las tendencias unificadoras, favorecidas por las necesidades defensivas ante los reinos cristianos y por la religión, y las disgregadoras, favorecidas por la diversidad física del territorio y las tensiones tribales y étnicas. Así, al establecimiento del Emirato dependiente tras la conquista, del Emirato independiente en el 756 y del Califato en el 929, le sucedió la disgregación en numerosos reinos de Taifas, sólo unificados temporalmente por las invasiones norteafricanas de Almorávides y Almohades. Esta disgregación fue uno de los elementos clave para entender el constante avance cristiano hacia el sur.
Por lo que se refie a los reinos cristianos del norte, el medio físico montañoso y el predominio de una economía agraria de subsistencia provocaron el establecimiento de una gran diversidad lingüística y política. Así, el latín fue derivando en las lenguas romances (gallego, asturiano o bable, castellano, aragonés y catalán), a las que se añadía la pervivencia del euskera, y se fueron estableciendo el reino Astur-Leones, Castilla, Navarra, Aragón y los condados catalanes. Debido al contacto con la Europa cristiana, al desarrollo socioeconómico, a las necesidades defensivas frente a los musulmanes y a las políticas de enlaces matrimoniales entre las distintas dinastías, se dio una tendencia unificadora que terminó dando lugar al reino de Castilla-León, el de Navarra y la Corona de Aragón, funcionando esta última como un estado federal compuesto por los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca y los condados catalanes. Estos reinos, y especialmente Castilla y Aragón, fueron impulsando el proceso de «Reconquista», lo que hizo que a mediados del siglo XIII tan sólo perviviera el reino de Granada como estado musulmán.

Tendencias unificadoras en la Edad Moderna

El enlace matrimonial entre los Reyes Católicos posibilitó la unión dinástica entre Castilla y Aragón entre 1476 y 1479 dando origen a la Monarquía Hispánica, un estado federal compuesto por reinos que conservaban sus fueros (leyes e instituciones propias) y que tenían en común a los mismos monarcas, de ahí que se hable de sentido patrimonial de la monarquía (distintos reinos propiedad de un rey). Esto supuso consolidar la disgregación establecida en la Edad Media, pero surgiendo una potente tendencia unificadora, favorecida por la política imperial de los Austrias y el establecimiento de la corte real en Madrid en el siglo XVI. Sin embargo, los intentos de unidad político administrativa de la Monarquía siguiendo el modelo castellano, como el intentado por el conde-duque de Olivares en el reinado de Felipe IV, acabaron fracasando ante la defensa de sus fueros por cada reino.
Fue finalmente la Guerra de Sucesión (1700-1713) y el consiguiente establecimiento de la dinastía borbónica con Felipe V, la que permitió el establecimiento de un estado unificado y centralista basado en las leyes castellanas con los Decretos de Nueva Planta, con la única excepción de las provincias vascas y Navarra que siguieron conservando sus fueros. Este centralismo no generó conflictividad a lo largo del siglo XVIII ya que las élites de la antigua Corona de Aragón se vieron beneficiadas por su acceso a los puestos de la administración del nuevo estado y a los mercados americanos, hasta entonces monopolio castellano, y además no se estableció un discurso nacionalista español que generara tensiones.

La alternativa entre centralismo y federalismo en la Edad Contemporánea

La Guerra de Independencia (1808-1814) ante la invasión francesa supuso un reforzamiento de las tendencias unificadoras debido al surgimiento de un discurso nacionalista español y al inicio de la revolución liberal, defensora de principios como la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos del Estado.
La pérdida de las colonias continentales americanas, definitiva en 1824, y el establecimiento de un Estado Liberal tras la muerte de Fernando VII en 1833 provocaron el nacimiento del nacionalismo periférico, cuya primera manifestación fue el carlismo, defensor del absolutismo y de los fueros territoriales frente al centralismo liberal. En cualquier caso, la derrota definitiva del carlismo en 1876 significó la supresión de los fueros vasco-navarros, pero no el fin de las tensiones territoriales, ya que a lo largo del siglo XIX surgen los movimientos nacionalistas periféricos, principalmente el catalán y el vasco, y el republicanismo federal, ambos potenciados por el fracaso de la industrialización y por el carácter conservador del Estado Liberal establecido.
La crisis del régimen de la Restauración, provocó una polarización de las posturas políticas, con un centralismo español cada vez más conservador, que está en la base de la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), y unas posturas nacionalistas periféricas y federales cada vez más escoradas a la izquierda y al independentismo.
Esta tensión territorial intentó ser solventada por la II República (1931-1936) a través del establecimiento del llamado «Estado Integral», que intentaba hacer compatible la existencia de un estado unitario con el reconocimiento de la autonomía de las regiones que así lo desearan, como fue el caso de Cataluña en 1932. Sin embargo, la polarización política y social provocó finalmente el estallido de la Guerra Civil (1936-1939) y el establecimiento de la Dictadura de Franco (1939-1975), un régimen unitario y centralista y que tuvo entre sus principios ideológicos un nacionalismo español radical.
Tras la muerte de Franco en 1975 se inició el proceso de Transición a la democracia, en la que el problema territorial fue uno de los fundamentales. Así, los antiguos franquistas defendían un estado unitario y centralista y la oposición de izquierdas y nacionalista periférica apostaba por una república federal. Finalmente, en la Constitución de 1978 se estableció el término medio del Estado Autonómico, que luego analizaremos, aunque con el problema de posturas nacionalistas periféricas radicales, especialmente en el país vasco con la banda terrorista ETA. Sin embargo, el problema más grave ha estallado en Cataluña con el actual proceso independentista como consecuencia de las tensiones sociales y políticas asociadas a la crisis iniciada en 2008.

LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS Y REGIONES

La Constitución de 1978 estableció el Estado Autonómico: unitario pero con derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que así lo desearan, completándose la organización territorial con las Diputaciones Provinciales y los Ayuntamientos.
Entre 1979 y 1983 se constituyeron un total de 17 comunidades autónomas, a las que se unieron como ciudades autónomas Ceuta y Melilla en 1995.
Cada comunidad autónoma tiene un Estatuto, aprobado en referéndum por su población y por las Cortes Españolas, y sus propias instituciones (Parlamento, Gobierno regional y Tribunal Superior de Justicia), contando con las competencias que le han ido siendo transferidas por el Estado Central.

DESEQUILIBRIOS REGIONALES

Las distintas comunidades autónomas presentan unas características socioeconómicas muy contrastadas y desequilibradas. El primer gran contraste es el existente entre el interior peninsular y la periferia, concentrándose en esta última la población y las actividades económicas más dinámicas. Por el contrario, el interior peninsular se ha visto muy afectado del desde el siglo XIX, y de manera acusada desde el «Desarrollismo» de los años 1960 por el éxodo rural, el envejecimiento de la población y el estancamiento socioeconómico.
Junto con los desequilibrios interior-periferia, hay que destacar también el existente entre el norte y el sur de la Península, contando el primero con un mayor Producto Interior Bruto per cápita y una mayor tasa de actividad.
Ambos desequilibrios, interior-periferia y norte-sur, tienen sus excepciones. Así, en el interior peninsular las zonas del área metropolitana de Madrid y del Eje del Ebro cuentan con una economía pujante y una población joven, al ser un foco de atracción para la población en edad laboral, debido, en el primer caso, a su capitalidad y a ser el centro de las redes de transporte y comunicaciones, y en el segundo debido a sus favorables características físicas que favorecen las comunicaciones y las actividades agrarias. Por otro lado, en la periferia Galicia y el litoral Cantábrico (con la excepción del País Vasco, integrado en el Eje del Ebro) están estancados y presentan una población envejecida, debido a que estas zonas se vieron muy afectadas por la reconversión industrial iniciada en los años 1980.

POLÍTICAS REGIONALES Y DE COHESIÓN

Para intentar mitigar los desequilibrios que acabamos de ver se han potenciado políticas regionales y de cohesión, tanto por parte de las autoridades españolas como europeas.
En el caso de España, el establecimiento del Estado de las Autonomías entre 1979 y 1983 hizo que cada ente autónomo pusiera en marcha medidas de fomento socioeconómico, atenuando los desequilibrios. Muchas de estas medidas complementaban o ponían vigor medidas de la Unión Europea. Esta aplica medidas de cohesión territorial a través de los denominados fondos estructurales (FSE, FEOGAS), el Fondo de Cohesión establecido por el Tratado de Maastricht de 1992, Fondos de Compensación Interterritorial e Incentivos Regionales. En cualquier caso, estas políticas han mitigado, pero no eliminado, los desequilibrios existentes.

CONCLUSIONES

Como hemos visto a lo largo del tema, España es un país que tradicionalmente se ha visto afectado en el terreno político por las tensiones entre tendencias integradoras y disgregadoras, a la vez que en el terreno socioeconómico predominan los desequilibrios socioeconómicos. Ambos elementos, tensiones políticas y territoriales y desequilibrios socioeconómicos, están en la base de la actual puesta en cuestión del Estado Autonómico por procesos como el soberanista catalán.

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EL TURISMO EN ESPAÑA

Resumen del Tema 16 de Geografía para Selectividad referente al turismo en España, por Carlos Javier Garrido García.

Mapa de las áreas turísticas en España. Fuente: Distrito Único Andaluz.

INTRODUCCIÓN

 El sector terciario incluye las actividades económicas que consisten en prestar utilidades de todo tipo a las empresas y personas pero sin producir bienes materiales o tangibles. Las actividades terciarias son muy variadas, destacando entre ellas las del turismo, de singular importancia en nuestro país.

El turismo incluye variadas actividades relacionadas con la prestación de servicios a las personas que visitan lugares distintos a los de su residencia, incluyendo por tanto los servicios hoteleros, hosteleros, centros culturales-artísticos, centros de ocio y de actividades lúdico-deportivas, comercios especializados, etc. En este tema analizaremos la importancia del turismo en España, las características de su oferta turística, las principales áreas turísticas y sus consecuencias geográficas.

EL SIGNIFICADO DEL TURISMO EN LA GEOGRAFÍA Y SOCIEDAD ESPAÑOLA

La importancia del turismo en España es muy destacada, constituyendo en la actualidad la segunda potencia turística mundial tras Estados Unidos y aportando el 11 % de nuestro Producto Interior Bruto.
Este enorme peso ha tenido grandes consecuencias geográficas y sociales. Cuando tras la crisis de posguerra que siguió a la II Guerra Mundial Europa Occidental registró un fuerte crecimiento socioeconómico, acompañado del establecimiento del llamado Estado de Bienestar, se generalizaron las vacaciones pagadas. Por tanto, se empezó a desarrollar en nuestro continente un turismo de masas a partir de la década de 1960, que tuvo como uno de sus destinos preferentes España. Las razones para ello eran unos precios muy competitivos, dado el bajo nivel de vida de nuestro país; sus excelentes condicionantes físicos para el desarrollo del turismo de sol y playa; su rico patrimonio histórico-artístico; y el exotismo que para los europeos noroccidentales tenían elementos culturales españoles como los toros, el flamenco y la Semana Santa, convertidos todos ellos en estereotipos de lo español.
El turismo fue una fuente esencial de divisas y permitió convertir en positiva la balanza de pagos del país, lastrada por la tradicional balanza comercial negativa, constituyendo así una de las causas del «Desarrollismo» del último franquismo, como consecuencia del cual España entró a formar parte del mundo desarrollado. Además, la visita de visitantes de la Europa democrático permitió una modernización y apertura de la sociedad y de las mentalidades que está en la base del posterior proceso de Transición a la democracia iniciado tras la muerte de Franco en 1975.
El crecimiento exponencial de turismo a lo largo del periodo democrático siguió aumentando su trascendencia económica en nuestro país. De hecho, el turismo de masas que se desarrolla en las costas mediterráneas y en los archipiélagos es una de las razones que explica que uno de los principales ejes de concentración de la población y de la expansión económica sea el Eje del Mediterráneo. Frente a esta zona de concentración turística, asociada a la tipología del turismo de sol y playa, en el interior peninsular se han desarrollado modalidades menos masificadas como el turismo cultural y el rural, por lo que el diferente desarrollo turístico es uno de los factores explicativos de las diferencias de desarrollo regional.

LOS CARACTERES DE LA OFERTA TURÍSTICA Y LOS TIPOS DE TURISMO

 Factores del turismo en España

 El desarrollo del turismo en España se ha visto favorecido por factores externos e internos.
En cuanto a los factores externos, destacan el ya citado desarrollo socioeconómico y la generalización de las vacaciones en Europa Occidental tras la II Guerra Mundial, a lo que se ha añadido el abaratamiento y mejora de los transportes y las ofertas de los turoperadores.
Por lo que se refiere a los factores internos, España presenta rasgos físicos que favorecen el desarrollo de la principal modalidad turística, la de sol y playa, dada la extensión de sus costas y unas condiciones climáticas en las que destacan la sequía y las temperaturas cálidas estivales características del Clima Mediterráneo, el más extendido en nuestro país, características que se extiende a todo el año en el caso de las Islas Canarias gracias a su clima subtropical. A ello se une que, pese a su desarrollo y modernización reciente, España aún presenta unos precios competitivos y un aurea de exotismo cultural.

Tipos de turismo en España

La principal modalidad turística que se desarrolla en España es la de sol y playa, consistente en el disfrute de actividades lúdicas en el litoral, principalmente, por sus condiciones climáticas, mediterráneo, atlántico andaluz y canario. En todo caso, a nivel secundario se desarrollan otros tipos de turismo como: histórico-cultural, que centra su atención en las visitas a monumentos o museos; natural, que centra su atención en el patrimonio ambiental de parques y parajes naturales; rural, que se dirige a disfrutar de las condiciones culturales y ambientales de las zonas rurales por una población cada vez más urbanizada; de congresos, que aprovecha estos eventos para desarrollar actividades lúdicas en el entorno; de deportes de invierno, centrado en el disfrute de estas actividades en estaciones de invierno; termal, en el que el disfrute de balnearios de aguas termales se complementa con otras actividades turísticas; etc.
La demanda turística es tanto extranjera, procedente principalmente de países europeos, como nacional, esta última creciente en los últimos años gracias al aumento del nivel de vida. Esta misma causa explica la creciente salida de turistas españoles al exterior.

LAS PRINCIPALES ÁREAS TURÍSTICAS EN ESPAÑA

Como ya he indicado anteriormente, el turismo está en la base de las diferencias de desarrollo regional en España. Por tanto, su desarrollo es muy desigual en el territorio, pudiendo diferenciar entre áreas de alta densidad turística y otras áreas secundarias.

Áreas de alta densidad turística

Las áreas de alta densidad turística coinciden básicamente con las principales áreas del turismo de sol y playa: las Islas Baleares (con núcleos principales en Palma de Mallorca e Ibiza), la Costa Brava (donde destacan localidades como Calella, Lloret de Mar y Salou), la Costa Blanca (con grandes núcleos como Alicante y Benidorm), la Costa del Sol (donde destacan Málaga, Torremolinos y Marbella) y las islas Canarias (especialmente las de Tenerife y Gran Canaria). La única zona de interior con alta densidad turística es Madrid, donde se desarrollan distintos tipos de turismo como el cultural y el de congresos.

Otras áreas turísticas

En el resto de España las densidades son menores. Como zonas de densidad media destacan otras zonas de turismo de sol y playa como las islas de Lanzarote y Fuerteventura en las Canarias, la zona de Barcelona (complementada con turismo cultural en dicha ciudad), las costas valenciana y castellonenses (con un turismo cultural y de congresos importante en la ciudad de Valencia), las costas tropical y almeriense y la costa de la Luz (complementada con turismo cultural en ciudades como Cádiz). En las costas cantábricas se desarrolla en zonas donde es posible el turismo de sol y playa, pero el turismo predominante es el cultural y natural, destacando las Rías gallegas y las costas de Asturias y Cantabria. En el interior destacan zonas de turismo cultural, como Sevilla, Granada y Toledo, o natural, como la Sierra de Cazorla.
El resto de España presenta menores densidades turísticas, destacando en todo caso el atractivo de ciudades como Burgos, León, Zaragoza, Valladolid, Salamanca, Ávila, Segovia y Cáceres para el turismo cultural.

CONSECUENCIAS GEOGRÁFICAS DEL TURISMO EN ESPAÑA

Como ya se ha indicado, el turismo ha sido un elemento clave en el desarrollo económico español y explica en parte las diferencias de desarrollo regionales. Las zonas turísticas disfrutan de un aumento de la actividad económica y, por tanto, favorece el asentamiento de una mayor población, potenciando así la tendencia presente en nuestro país desde el siglo XVIII de centrifugación de la población española hacia la periferia. En cualquier caso, este desarrollo trae también aparejados problemas de saturación, especialmente debidos a que la actividad turística predominante es la de sol y playa, muy estacional salvo en el caso de Canarias. Esto provoca una saturación de las infraestructuras, tanto turísticas como generales, y de servicios básicos como el sanitario durante lo meses de verano y su infrautilización durante el invierno.

CONCLUSIONES

 Como hemos visto a lo largo del tema, el turismo es un sector básico de la economía española pero su incidencia en el espacio es muy desigual. Por otra parte, el sector turístico presenta grandes retos como la disminución de la estacionalidad, reducir la dependencia de los turoperadores extranjeros, reducir el minifundismo empresarial, controlar su fuerte impacto ambiental, regular el crecimiento exponencial de servicios de alojamiento en edificios residenciales y apostar más por la calidad que la cantidad para evitar problemas de saturación.

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EL TRANSPORTE EN ESPAÑA Y SU PAPEL EN EL TERRITORIO

Resumen del Tema 15 de Geografía para Selectividad referente al transporte y su papel en el territorio, por Carlos Javier Garrido García.

Mapa de la red de transporte por carretera en España. Fuente: Distrito Único Andaluz.

INTRODUCCIÓN

El sector terciario incluye las actividades económicas que consisten en prestar utilidades de todo tipo a las empresas y personas pero sin producir bienes materiales o tangibles. Las actividades terciarias son muy variadas, destacando entre ellas las del transporte, que consiste en prestar la utilidad de poner en contacto a productores y consumidores y facilitar el desplazamiento de productos de consumo, bienes de producción y personas.

En este tema analizaremos la importancia de las redes de transporte, los principales sistemas y medios de transporte y los nuevos sistemas de transporte y comunicación que se están desarrollando en nuestro país.

LAS REDES DE TRANSPORTE COMO ELEMENTO BÁSICO DE LA ARTICULACIÓN TERRITORIAL Y ECONÓMICA DE ESPAÑA

El transporte se organiza en el territorio formando redes jerarquizadas en función de su densidad, calidad técnica y accesibilidad.

Las redes de transporte son básicas en la vertebración del territorio, al ser una causa y efecto a la vez del desarrollo socioeconómico: una red adecuada fomenta el desarrollo al favorecer la formación de economías de escala muy extendidas y a su vez estas economías de escala demandan cada vez más infraestructuras de transporte en unas zonas demográfica y económicamente muy importantes, por lo que la inversión en ellas de las entidades públicas y privadas es muy elevada.

En el caso de España las redes de transporte se caracterizan por su fuerte desequilibrio. Así, ya desde la creación de la red de carreteras en el siglo XVIII se impuso un sistema radial con centro en Madrid, ya que el objetivo político de control rápido del país desde la capital dentro de un estado unitario y centralista primó sobre las consideraciones de articulación socioeconómica del país.

Este modelo radiocéntrico se consolidó en el siglo XIX, cuando se estableció la red ferroviaria, y no empezó a cambiar hasta que el establecimiento a partir de 1980 de un estado descentralizado, el de las autonomías, y el ingreso en la Comunidad Económica Europea, actual Unión Europea, en 1986, con sus políticas de ayudas estructurales, permitieron la creación de redes transversales, sobre todo en el transporte terrestre a través de la creación de la red de autovías. Sin embargo, todo ello no ha hecho desaparecer los desequilibrios territoriales, ya que las redes son más densas, de mejor calidad y más accesibles en las zonas más pobladas y socioeconómicamente desarrolladas: Madrid y su entorno y los ejes de expansión del Ebro y del Mediterráneo. Frente a ello, las zonas del interior, afectadas por una difícil orografía y un proceso de despoblamiento y envejecimiento demográfico y de estancamiento y regresión socioeconómica las redes tienen una escasa densidad, una peor calidad y gran parte del territorio tiene dificultades de accesibilidad.

SISTEMAS Y MEDIOS DE TRANSPORTE EN ESPAÑA

Transporte terrestre

Los principales medios de transporte terrestre son el ferrocarril y las carreteras, siendo estos medios, y sobre todo el segundo, los más empleados en nuestro país para el transporte de personas y mercancías. Ambos medios están muy condicionados por el medio físico, que en España se caracteriza por una elevada altitud media y una orografía muy accidentadas, lo que encarece enormemente la construcción de infraestructuras. Como ya se ha indicado, en ambos casos la red se originó con una estructura radial que, aunque atenuada, sigue en gran medida perdurando.

En el caso del ferrocarril la red presenta como rasgos limitadores la antigüedad de gran parte del trazado, su estructuración radial y la diferencia de ancho de vía con respecto al resto de Europa. En cualquier caso, los sectores más dinámicos son los trenes de cercanías y el metro de las áreas metropolitanas, los trenes regionales y la red de alta velocidad (AVE) que está adquiriendo cada vez más desarrollo, aunque vuelve a caer de nuevo en el error de la red radial.

Por lo que se refiere a las carreteras, es la red más desarrollada en España y la que más volumen de viajeros y mercancías abarca. Está jerarquizada en autopistas-autovías, carreteras de alta capacidad y carreteras nacionales, autonómicas, provinciales y locales.

Transporte marítimo

El transporte marítimo tiene una importancia crucial en el transporte exterior de mercancías, lo que ha potenciado la transformación de los principales puertos en auténticos centros logísticos, como es el caso de Algeciras, Barcelona o Valencia. En el transporte de viajeros, dada su lentitud, sólo conserva importancia en las líneas que unen la península con los enclaves norteafricanos de Ceuta y Melilla y con las Islas Baleares.

Transporte aéreo

El transporte aéreo se ha desarrollado mucho en los últimos años, centrándose en el transporte de viajeros, ya que dados sus costes y capacidad de carga no es rentable para las mercancías. Al anterior monopolio de la compañía estatal IBERIA le ha sucedido la privatización de esta y la liberalización del sector, lo que ha permitido la intervención en el mercado español de compañías extranjeras y un crecimiento destacado de las compañías de bajo coste. La red de transporte aéreo está muy jerarquizada, con un aeropuerto de rango internacional (Madrid) y otros dos centrales (Barcelona y Palma de Mallorca) y otros aeropuertos secundarios. Sin embargo, un problema de nuestro país ha sido la multiplicación de aeropuertos secundarios, muchos de ellos con un tráfico mínimo o que incluso no llegaron a ponerse en funcionamiento, como fueron los casos de Castellón y Ciudad Real.

 LOS NUEVOS SISTEMAS DE TRANSPORTE Y COMUNICACIONES EN ESPAÑA

Nuevos sistemas de transporte

En los últimos años se han establecido en nuestro país nuevos sistemas de transporte, tanto por su técnica, caso del AVE ya citado, como por su organización, caso de las plataformas de alquiler de vehículo con conductor UBER y CABIFY. Del mismo modo, la red se ha ido densificando en los ejes de desarrollo y se ha extendido el modelo de estación intermodal, en la que se combinan distintas formas de transporte como metro, tren, líneas de autobuses y aeropuerto, con el fin de mejorar la accesibilidad y hacer complementarios a los distintos medios de transporte.

Nuevos sistemas de comunicaciones

En las comunicaciones, hay que destacar la auténtica revolución tecnológica gracias al desarrollo de las TIC y, dentro de ellas, a los sistemas digitales de transmisión de información. Gracias a ello se está configurando una sociedad en red en la que predominan las comunicaciones a través de internet, cada vez más unidas a la telefonía móvil. Ello ha provocado que medios tradicionales de comunicación, como el correo postal, los canales de televisión convencionales y la prensa estén en un claro retroceso.

CONCLUSIONES

Como hemos visto, pese a los avances en la red de transporte español de las últimas décadas aún mantiene importantes problemas que perjudican a la integración económica del país: fuertes desequilibrios regionales, mantenimiento en buena parte de la estructura radial y excesiva dependencia para el transporte de mercancía del uso de las carreteras, más caro y ambientalmente menos sostenible que el ferroviario.

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LA INDUSTRIA EN ESPAÑA

Resumen del Tema 14 de Geografía para Selectividad referente a la industria en España, por Carlos Javier Garrido García.

Mapa de las áreas industriales en España. Fuente: Distrito Único Andaluz.

INTRODUCCIÓN

El sector secundario incluye las actividades económicas que se basan en la transformación de los bienes y recursos que se extraen del medio físico en bienes de consumo y en energía, incluyéndose en el sector también la minería por su importancia industrial. Este sector en 2007 suponía en España el 27 % del PIB, del que el 16 % provenía de la industria y el 10’8 % de la construcción, y el 29 % de la población activa.
Pese a que tradicionalmente se consideraba a este sector como el clave para el desarrollo económico, su peso ha ido descendiendo en las sociedades desarrolladas desde la crisis de 1973 por el acusado proceso de terciarización económica, la nueva revolución ligada al desarrollo de la robótica, la informática, las telecomunicaciones y la microelectrónica y el proceso de deslocalización industrial. Además, la reciente crisis iniciada en 2007 ha supuesto en nuestro país una nueva pérdida de peso del sector. Así, en 2014 el sector secundario pasó a suponer el 21’1 % del PIB, del que el 16 % provenía de la industria y el 5’1 % de la construcción, y el 17’6 % de la población activa.

EL PROCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN Y SUS HITOS MÁS RECIENTES

Características generales

El proceso de industrialización en España se caracteriza por su retraso con respecto a los países más desarrollados de Europa y por su desigualdad territorial. Esto último creó hasta la década de 1960 una situación dual dentro de la estructura económica española: unas pocas regiones industrializadas y la mayoría del país marcado por el subdesarrollo y el predominio de una economía agraria tradicional.

Etapas del proceso industrializador

El proceso se inicia a mediados del siglo XIX, concentrándose en Cataluña (industria textil) y en Asturias y País Vasco (siderometalurgia). Pese a registrarse un claro crecimiento entre 1900 y 1930, coincidiendo con la neutralidad en la I Guerra Mundial, la política intervencionista de la Dictadura de Primo de Rivera y el contexto internacional favorable de los «Felices Años 20», este volvió a frenarse como consecuencia de la Guerra Civil y el aislamiento y la política económica autárquica del primer franquismo.
La consolidación del proceso industrializador en España coincide con el «Desarrollismo» franquista (1959-1973), gracias a la liberalización económica establecida por el Plan de Estabilización de 1959, a los Planes de Desarrollo y a las inversiones exteriores. Sin embargo, se estableció un modelo de industrialización fordista basado en una amplia y barata mano de obra, un gran consumo energético, el predominio de los contratos indefinidos, un alto intervencionismo estatal y el predominio del mercado interior. Este modelo se vio muy afectado por la crisis del petróleo de 1973 que significó una revolución tecnológica, una reducción del intervencionismo estatal y el inicio del proceso de globalización. En el caso de España las medidas de ajuste ante la crisis se retrasaron para no entorpecer el proceso de Transición a la Democracia iniciado tras la muerte de Franco en 1975, iniciándose el proceso de reconversión con los gobiernos de Felipe González. El proceso de reconversión industrial, la deslocalización industrial y la debilidad de las inversiones en I+D en España explican el descenso continuado del peso del sector y el enorme peso del subsector de la construcción en nuestro país.

FACTORES DE LA ACTIVIDAD INDUSTRIAL

Al analizar los factores de la actividad industrial debemos centrarnos básicamente en dos aspectos: los factores de localización industrial y la estructura empresarial.

Factores de localización industrial

La localización de las actividades industriales depende de la interacción de múltiples factores, cuya importancia ha ido variando con el tiempo.
Factores clásicos como la disponibilidad de materias primas, fuentes de energía y cercanía del mercado de consumo han ido perdiendo importancia gracias al desarrollo de las comunicaciones y a la generalización del uso energético de la electricidad.
Por el contrario, otros factores son cada vez más decisivos como la abundancia, coste y cualificación de la mano de obra, la existencia de una buena red de comunicaciones, la disponibilidad de capital, la existencia de equipamientos e infraestructuras que generen economías externas y la cercanía a los centros de decisión.
Por último, las políticas industriales están perdiendo importancia directa por la disminución de la intervención del Estado en la economía, aunque su influencia indirecta en el establecimiento de equipamientos e infraestructuras sigue siendo decisiva.

La estructura empresarial

La gran mayoría de las empresas industriales españolas son PYMES, es decir, pequeñas y medianas empresas con menos de 250 trabajadores. Estas suponen el 99 % de las empresas industriales españolas, aunque generan sólo el 67 % del empleo industrial y el 40’4 % de la cifra de negocios es manejada por las empresas con más de 500 trabajadores, que suponen sólo el 0’06 % de las empresas industriales. Estas PYMES son muy heterogéneas, abarcando desde las empresas de alta tecnología hasta las pequeñas industrias endógenas locales, de carácter muchas veces familiar.
En cuanto a las grandes empresas, muchas de ellas son multinacionales extranjeras y españolas. En estas últimas destacan antiguas empresas estatales del Instituto Nacional de Industria franquista que fueron privatizadas. Pese a estas privatizaciones, la participación estatal, a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) aún es importante en gran número de empresas.

PRINCIPALES SECTORES INDUSTRIALES EN LA ACTUALIDAD

Clasificación de los sectores industriales

La clasificación de los sectores industriales más extendida es la que distingue entre la industria de base o pesada y la de bienes de uso y consumo o ligera.
La industria de base o pesada elabora los productos necesarios para el desarrollo de otras actividades industriales. Dentro de ella se distingue entre la de primera elaboración (siderurgia, metalurgia, química pesada) y la de equipo (construcción y asimiladas y metalúrgica de transformación o mecánicas).
La industria de bienes de uso y consumo o ligera proporciona productos elaborados destinados a los consumidores, incluyendo la química ligera, textil, calzado, alimentación, imprenta, etc.

Sectores industriales en España

La desindustrialización ligada a la reconversión y deslocalización industriales ha afectado más a los sectores de producción tradicionales o maduros como la siderometalurgia, los electrodomésticos de línea blanca, la construcción naval, la textil y el calzado. Sin embargo, a afectado menos a sectores dinámicos como la del automóvil, la química y la agroalimentaria y a sectores punta, en auge, como la industria de alta tecnología (microelectrónica, telecomunicaciones, informática, biotecnología y energías renovables).
Dentro de los sectores industriales hay que prestar especial atención al subsector de la construcción. Este estaba sobredimensionado en España, suponiendo en 2007 el 10’8 % del PIB y empleando a 2’6 millones de personas. Además esta importancia era en realidad mayor por su gran efecto multiplicador, con actividades como la fabricación de materiales de construcción y el desarrollo de actividades terciarias relacionadas. Sin embargo, el crecimiento de este subsector estuvo vinculado a una dinámica especuladora que terminó por estallar con la crisis financiera iniciada en 2007, lo que ha reducido su importancia y peso dentro de la economía española.

DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LA INDUSTRIA EN ESPAÑA

Como ya se ha indicado, la distribución de la industria en España ha estado marcada desde su origen por las desigualdades territoriales. En la actualidad podemos distinguir entre áreas industriales desarrolladas, ejes de expansión industrial, áreas industriales en declive y focos industriales dispersos.
Las áreas industriales desarrolladas son Madrid y Barcelona. Ambas son áreas metropolitanas de alta densidad industrial caracterizadas por su diversificación sectorial, la terciarización de su industria, la concentración de proyectos I+D, su amplio mercado de consumo y trabajo y el desarrollo de amplias economías de aglomeración.
Los ejes de expansión industrial se caracterizan por constituir ejes vertebrados gracias a las infraestructuras de comunicación y su desarrollo se retroalimenta por una agricultura y unos servicios muy desarrollados, destacando en estos últimos las zonas turísticas. Los dos principales ejes son el del Mediterráneo, desde Gerona hasta la Región de Murcia, con centros en Barcelona y Valencia, y el del Ebro, desde el País Vasco a Cataluña con centros en Bilbao y Zaragoza.
Las áreas industriales en declive son las zonas que se vieron muy afectadas por los procesos de reconversión y deslocalización industrial destacando Galicia y la Cornisa Cantábrica y otros núcleos aislados como la Bahía de Cádiz.
Por último, los principales focos industriales dispersos son el castellano-leones (Valladolid-Palencia-Burgos-Miranda de Ebro), el andaluz (con dos ramales: el del Guadalquivir con centro en Sevilla y el del Mediterráneo con centro en Málaga) y el extremeño (Badajoz-Don Benito-Zafra), todos ellos con un gran peso de la industria agroalimentaria.

CONCLUSIONES

Como hemos visto a lo largo del tema, el sector industrial español se caracteriza por unas dificultades de desarrollo y unas desigualdades territoriales presentes desde su origen y que se han acentuado con los recientes procesos de reconversión y deslocalización industrial. Uno de sus principales subsectores, el de la construcción, se ha colapsado a partir de la crisis financiera iniciada en 2007, de la que fue precisamente una de sus principales causas.

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LOS DOMINIOS Y PAISAJES AGRARIOS

Resumen del Tema 12 de Geografía para Selectividad referente a los dominios y paisajes agrarios de España, por Carlos Javier Garrido García.

Mapa sobre aportación agraria y ganadera a la Producción Final Agraria. Fuente: Distrito Único Andaluz.

INTRODUCCIÓN

El paisaje, desde el punto de vista geográfico, es el objeto de estudio primordial y el documento geográfico básico a partir del cual se hace la Geografía. En general, se entiende por paisaje cualquier área de la superficie terrestre producto de la interacción de los diferentes factores presentes en ella y que tienen un reflejo visual en el espacio. En este tema vamos a analizar los factores que configuran los distintos paisajes agrarios en España y las características principales de los mismos.

CONDICIONANTES DEL PAISAJE AGRARIO

La apariencia visual de los distintos dominios y paisajes agrarios son consecuencia de la interacción de factores tanto ecológicos o físicos como humanos.

Condicionantes ecológicos o físicos

Dentro de los condicionantes ecológicos o físicos destacan dos principalmente: el relieve y el suelo, ya que ambos factores, como vimos en el tema anterior, condicionan los usos y aprovechamientos agrarios. En cuanto al relieve, la elevada altitud media de España, y por tanto el predominio de fuertes pendientes en gran parte de su territorio, y la disposición periférica de las unidades montañosas, con la consiguiente continentalidad, condicionan las actividades agrarias. Estas, por otro lado, están muy condicionadas por los distintos climas españoles. De hecho, son estos climas los que más definen a los distintos dominios y paisajes del país.

Condicionantes humanos

Los principales factores humanos son el hábitat rural, que puede ser disperso o concentrado; la estructura de la propiedad, con un predominio del latifundismo o del minifundismo; y los distintos sistemas agrarios, tales como regadío o secano, campos abiertos o cerrados y las distintas técnicas y usos agrarios y ganaderos de cada territorio.

Mapa de la distribución de los paisajes agrarios en España. Fuente: Distrito Único Andaluz.

DOMINIOS Y PAISAJES DE LA ESPAÑA ATLÁNTICA

Estos paisajes se extienden por la llamada «España Húmeda», es decir, Galicia y Cornisa Cantábrica (Asturias, Cantabria, País Vasco). Es una zona de relieve accidentado, ya que coincide con el Macizo Galaico-Leonés y la Cordillera Cantábrica, y en esta zona predomina un clima oceánico, caracterizado por las temperaturas suaves y las abundantes y regulares precipitaciones. Como consecuencia del predominio de las zonas de montaña y de la abundancia de pastos naturales en este paisaje predominan los usos ganaderos. Su elevada productividad determina el predominio del minifundismo y del hábitat disperso. Dados los usos ganaderos predomina el bocage o campos cerrados con vallas artificiales o setos naturales.

DOMINIOS Y PAISAJES DE LA ESPAÑA MEDITERRÁNEA

Dominio mediterráneo de interior o continentalizado

Se extiende por el interior peninsular: Meseta y depresión el Ebro. Domina un clima mediterráneo continentalizado, caracterizado por precipitaciones bajas e irregulares y unas temperaturas muy contrastadas, con una fuerte amplitud térmica. Como consecuencia de ello predomina la agricultura de secano de baja productividad y, como consecuencia, una estructura de la propiedad latifundista, los openfields o campos abiertos, el hábitat concentrado y los cultivos de la trilogía mediterránea (cereales, vid y olivo). En las zonas próximas a los grandes ríos existen regadíos mixtos en los que destacan cultivos industriales como el tabaco y la remolacha azucarera y otros cultivos como la patata.

Dominio mediterráneo litoral o cálido

Ocupa el litoral mediterráneo, las Islas Baleares, la depresión del Guadalquivir, Ceuta y Melilla. Domina un clima mediterráneo litoral, caracterizado por precipitaciones bajas e irregulares y unas temperaturas templadas en invierno y cálidas en verano, con una amplitud térmica moderada. Como consecuencia de ello, en este dominio encontramos dos paisajes agrarios contrastados: en las zonas de secano predomina una agricultura con baja productividad, centrada en el cultivo de cereales y especies adaptadas a la sequedad como los almendros, la vid y el olivo, predominando por tanto una estructura de la propiedad latifundista, los campos abiertos y el hábitat concentrado; y en las zonas de regadío predomina una agricultura de elevada productividad centrada en hortalizas y frutales, destacando los cultivos bajo plástico de las zonas de clima mediterráneo árido y predominando una estructura de la propiedad minifundista, el bocage y un hábitat mixto con grandes núcleos de población pero existiendo en cierta medida un destacado hábitat disperso.

OTROS PAISAJES AGRARIOS

Paisaje de montaña húmeda

Este paisaje se extiende por las zonas de alta montaña de la Península, especialmente en los Pirineos, Sistema Central, Sistema Ibérico y Cordilleras Béticas. Debido a la altitud, se generan en estas zonas unas condiciones de precipitación similares a las del clima oceánico, aunque las temperaturas son más contrastadas. Esta similitud explica que en estas zonas predominen también el hábitat disperso, el minifundismo y el bocage. Sin embargo, en estas zonas se desarrolla principalmente una agricultura de subsistencia que se complementa con usos ganaderos y explotación forestal. Este es un paisaje en la actualidad claramente regresivo por haber sufrido con intensidad el éxodo rural y el desploblamiento a partir de la década de 1960 y haberse abandonado, por tanto, las explotaciones agrarias. Como consecuencia de ello ha aumentado la superficie boscosa, mucha de ella amparada bajo formas de protección medioambiental como los parques nacionales y naturales.

Paisaje canario

En las islas Canarias predomina un clima subtropical caracterizado por unas temperaturas suaves a lo largo de tono el año y unas escasas e irregulares precipitaciones. Esto explica que en las zonas de secano se desarrolle una actividad agraria extensiva de muy baja productividad, basada en el cultivo de cereales y en una ganadería igualmente extensiva de especies como la cabra. Como consecuencia de ello predominan los campos abiertos y el hábitat concentrado. Por el contrario, en las zonas de regadío las condiciones de temperatura permiten una agricultura de alta productividad, centrada en cultivos de exportación tropicales, tales como el plátano, o en cultivos de huerta como el tomate canario. En las zonas de regadío predomina el bocage y el hábitat disperso.

CONCLUSIONES

Como hemos visto, España presenta una gran diversidad de paisajes naturales, como consecuencia no sólo de la variedad de medios físicos sino también de las distintas técnicas de explotación. En cualquier caso, como ocurre con las actividades secundarias y terciarias, los paisajes agrarios más pujantes y desarrollados tienden a concentrarse en el eje del Mediterráneo y los archipiélagos, mientras que los paisajes del norte y del interior están en gran medida estancados. Estas diferencias acentúan los contrastes de desarrollo regional existentes en nuestro país.

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EL ESPACIO RURAL

Resumen del Tema 11 de Geografía para Selectividad referente al espacio rural, por Carlos Javier Garrido García.

Mapa de las zonas de regadío en España. Fuente: Distrito Único Andaluz.

INTRODUCCIÓN

Las actividades agrarias, básicamente agricultura y ganadería, han sido básicas en las sociedades tradicionales. Sin embargo, gracias al desarrollo socioeconómico registrado en nuestro país a partir de la década de 1960 y consolidado con nuestro ingreso en la CEE en 1986, las actividades agrarias se han convertido en un sector productivo que representa menos del 5 % del PIB y de la población activa. Ello no quiere decir que haya perdido importancia económica y social, ya que estas actividades son la base de la industria agroalimentaria, una de las principales exportaciones del país y ocupan la mayor parte de su espacio.
En este tema vamos a analizar los condicionantes, tanto físicos como humanos, de la actividad agraria, los principales usos y aprovechamientos agrarios, la influencia de la Política Agraria Común europea y los nuevos usos y funciones del espacio rural.

LOS CONDICIONANTES DE LA ACTIVIDAD AGRARIA EN ESPAÑA

Factores ecológicos y físicos

Las actividades agrarias han estado tradicionalmente muy condicionadas por factores físico-ecológicos como la altitud, el relieve, los suelos y el clima, aunque el desarrollo tecnológico hace que estos condicionantes hayan perdido en ocasiones importancia.
La elevada altitud media y las fuertes pendientes de gran parte del territorio peninsular son un obstáculo al desarrollo agrario, ya que determinan una baja productividad. Así, las temperaturas son bajas, muy contrastadas y los suelos poco desarrollados.
En cuanto a los suelos, como consecuencia de su escaso desarrollo, suelen ser poco fértiles, con un exceso o defecto de acides e importantes problemas de erosión.
Por último, el predominio en la mayor parte de España del clima Mediterráneo, caracterizado por precipitaciones escasas y muy irregulares, con fuerte sequía estival, es un fuerte impedimento al desarrollo agrario. Además, la forma maciza de la Península y la disposición periférica de las unidades del relieve determina que dentro de las variedades del clima Mediterráneo predomine la continental, con una fuerte amplitud térmica y con heladas y olas de calor frecuentes en invierno y verano respectivamente.

Factores humanos

Dentro de los factores humanos podemos distinguir entre socioeconómicos y políticos.

Factores socioeconómicos

En cuanto a los socioeconómicos, los principales son la población agraria, la estructura de la propiedad y las técnicas y sistemas agrarios.
En cuanto a la población agraria, el medio rural español se caracteriza por su despoblamiento y por el envejecimiento de la población. Además, la diversificación sectoral de la población activa rural, ya no centrada exclusivamente en las actividades agrarias, ha provocado un aumento de la agricultura a tiempo parcial. En cualquier caso, cada vez hay una mayor preparación y protección por parte de los agricultores, al menos en el sector más modernizado, competitivo y dirigido al mercado, mientras que aún se mantiene en algunas zonas una agricultura prácticamente de subsistencia a cargo de población envejecida que tiende a desaparecer.
En lo referente a la estructura de la propiedad, España presenta grandes contrastes, pudiendo diferenciarse entre un norte minifundista y un sur latifundista. Las razones de estos contrastes son históricas y económicas.

En cuanto a las históricas, la lentitud del proceso de Reconquista en el norte de España hizo que se fueran asentando pequeños y medianos campesinos en las tierras arrebatadas a los musulmanes, mientras que la rapidez con que se desarrolló el proceso en el sur peninsular hizo de los reyes concedieran amplios lotes de tierras a Iglesia, nobleza, Órdenes Militares y municipios, como un medio de controlar el territorio ante la falta de campesinos suficientes que asentar.

Junto con esta razón histórica hay una económica. El clima oceánico del norte, con temperaturas suaves y precipitaciones abundantes y regulares, determina una elevada productividad que hace económicamente sostenible a la pequeña y mediana propiedad. Esta es la misma situación que se da en las zonas de regadío del sur de España y costa mediterránea. Sin embargo, la baja productividad de la agricultura de secano mediterránea determina que solo la gran propiedad sea económicamente sostenible. Dentro de la estructura de la propiedad hay que tener en cuenta también el régimen de tenencia. Actualmente predomina el directo, en el que es el mismo propietario el que gestiona la explotación. Sin embargo, aún es bastante frecuente el indirecto, tradicionalmente predominante, en el que el propietario cede la explotación de la tierra a otra persona a cambio de una renta (arrendamiento) o de parte de la cosecha (aparcería).
Por lo que se refiere a las técnicas y sistemas agrarios, se han producido grandes transformaciones en las últimas décadas, aumentando la extensión del regadío, la mecanización, el uso de productos fitosanitarios y fertilizantes y el desarrollo de nuevas técnicas como los cultivos en enarenado, hidropónicos y bajo plástico.

Factores políticos

Dentro de los factores políticos destaca el intervencionismo del Estado en las actividades agrarias, de manera muy intensa durante el franquismo, a través del Servicio Nacional del Trigo, el Instituto Nacional de Colonización y el Servicio Nacional de Concentración Parcelaria. El proceso de Transición a la Democracia hizo desaparecer los restos aún existentes de este intervencionismo, atenuado a partir de 1959. Sin embargo, el acceso a la Comunidad Económica Europea en 1986 hizo que la agricultura española se viera determinada por la Política Agraria Común (PAC), que analizaremos más adelante.

USO Y APROVECHAMIENTOS AGRARIOS

Los principales aprovechamientos agrarios son la agricultura, que supone el 56 % de la Producción Final Agraria (PFA); la ganadería, que aporta el 40 % de la PFA; y la explotación forestal, que sólo aporta el 4 %. Sin embargo, estos porcentajes oculta fuerte contrastes regionales. Así, en las zonas de clima oceánico (Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco) y el entorno de las grandes áreas metropolitanas de Madrid y Barcelona predomina la ganadería en la PFA debido a la abundancia de pastos naturales en las primeras zonas y a la fuerte demanda de productos cárnicos en las segundas. En las zonas de suelos pobres de las penillanuras occidentales (desde León a Extremadura), en el entorno de Madrid y su unión con Cataluña (Ávila, Soria, Toledo. Guadalajara y Aragón) y en las Islas Baleares se produce un equilibrio entre agricultura y ganadería. En el resto de España hay un predominio claro de los usos agrarios.

Aprovechamientos agrícolas

Los principales sistemas de cultivo son, por un lado, el regadío, consistente en el aporte artificial de agua, que se da en las llanuras y depresiones de las zonas de clima Mediterráneo, especialmente junto a los grandes cursos fluviales, cuya agua es fácil de usar; y por otro, el secano, predominante en las zonas del interior peninsular. Del mismo modo, podemos distinguir entre agricultura de mercado y de subsistencia, monocultivo y policultivo, e intensiva o extensiva. En general, la primera alternativa de estos binomios es la que está predominando sobre la segunda alternativa, que era la tradicionalmente dominante.
Los principales tipos de cultivo son los leñosos y los herbáceos. En cuanto a los leñosos, en las zonas de agricultura de regadío predominan los frutales y en los de secano el olivar, el viñedo y otras especies como el almendro, pudiendo todos ellos cultivarse en regadíos mixtos, es decir, zonas regadas de manera ocasional en función de las condiciones climáticas. Los principales cultivos herbáceos en las zonas de regadío con hortalizas, patatas y cultivos industriales como la remolacha azucarera o el tabaco. En el secano destacan los cereales, las leguminosas y las plantas forrajeras, todas ellas también susceptibles de su cultivo en regadíos mixtos. Junto con estos cultivos destacan, más por su extensión e importancia ecológica que por la económica los terrenos forestales (naturales o de repoblación) y los eriales y pastizales. Todas estas zonas se han extendido de manera destacada en las últimas décadas como consecuencia de la despoblación de zonas rurales marginales y del consiguiente abandono de cultivos.

Aprovechamientos ganaderos

Los aprovechamientos ganaderos pueden ser extensivos, que eran los tradicionalmente dominantes, o intensivos, cuya importancia es cada vez mayor.
En cuanto a la agricultura extensiva, en las zonas de clima oceánico estaba centrada en el ganado bovino, en las penillanuras occidentales en el bovino y porcino criado en dehesas y en las zonas de clima mediterráneo en el ovino y caprino.
Por lo que se refiere a la agricultura intensiva, ha crecido de manera exponencial a partir del Desarrollismo de los años 1960, ya que el desarrollo socioeconómico, unido al proceso de globalización, hizo que el consumo de carne por los españoles se convirtiera en habitual. Las principales explotaciones intensivas se desarrollan cerca de las grandes aglomeraciones urbanas, ya que las granjas de engorde de ganado bovino, porcino y aviar tienden a situarse cerca de los principales mercados para disminuir los costes de transporte.

Aprovechamientos forestales

Los aprovechamientos forestales tradicionales consistían básicamente en la explotación de la madera y la resina y también a actividades relacionadas como la caza y la recolección de frutos silvestres. Su importancia económica es cada vez menor debido a las políticas de protección del medio ambiente, lo que ha hecho que gran parte de la madera o resina producida en España provenga ya de la silvicultura, es decir, de las plantaciones de árboles.

LA INFLUENCIA DE LA POLÍTICA AGRARIA COMÚN

Al ingresar en la Comunidad Económica Europea en 1986, el sector agrario español pasó a estar condicionado por la Política Agraria Común (PAC), creada en 1962. Sus objetivos iniciales eran conseguir el autoabastecimiento europeo en materia alimenticia y garantizar un nivel de vida adecuado para la población agraria. Para ello, se concedían ayudas pra la mejora y modernización de las explotaciones a través del FEOGA (Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agraria), se estableció un mercado común de productor agrarios y se garantizaron unos precios mínimos por encima de los existentes en el mercado mundial. Todas estas medidas permitieron un aumento de la producción y de la renta agrarios, pero a costa de unos altos excedentes y de un enorme gasto comunitario.
Estos problemas fueron los que provocaron que en 1985 se iniciara una reforma de la PAC, que culminó en 1992. La nueva PAC establecía una rebaja de los precios garantizados, las subvenciones dejaron de estar ligadas a la producción, se fomentaron las jubilaciones anticipadas y se establecieron cuotas de producción en algunos productos para reducir los excedentes. De manera paralela, se intentó diversificar la economía de las regiones rurales fomentando otras actividades como el turismo rural, la transformación de productos agrarios y el desarrollo de los servicios. Para ello, a partir de 1991 se establecieron los programas LEADER, financiados por el Fondo Europeo de Desarrollo Rural (FEADER).
La incidencia de la PAC en España ha sido notable. Así, el ingreso en un mercado común de más de 400 millones de consumidores ha permitido un fuerte desarrollo de la exportación de productos del sur y levante peninsular como el vino, el aceite, los cítricos y los productos hortofrutícolas. Además, las ayudas del FEOGA y FEDER y los programas LEADER han permitido la modernización de las actividades agrarias y el desarrollo de otras actividades y de inffraestructuras y equipamientos. Sin embargo, el sistema de cuotas ha perjudicado notablemente a las actividades agrarias del norte peninsular, especialmente a la ganadería vacuna, y os programas de desarrollo no han logrado frenar la despoblación del medio rural, como deja patente el actual movimiento social de la «España vacía».

NUEVOS USOS Y FUNCIONES DEL ESPACIO RURAL

Como ya he indicado, la población rural se caracteriza en la actualidad por la despoblación, el envejecimiento y el aumento de la población activa agraria a tiempo parcial. En este sentido, se está produciendo una progresiva desagrarización del medio rural, dada la extensión de nuevas actividades económicas como industrias agroalimentarias y el turismo rural. Asociado a este último, se están extendiendo las segundas residencias en el ámbito rural. Estas nuevas actividades económicas no han eliminado el peso de las actividades agropecuarias en el medio rural, pero son un importante complemento para sus economías y en ellas se han depositado buena parte de las esperanzas para frenar el envejecimiento y despoblación anteriormente citados.

CONCLUSIONES

Como hemos visto, las actividades agrarias en España son muy diversas, contando con unos condicionantes físicos y humanos que determinan sus características. Estos condicionantes han sido en muchas ocasiones negativos, como es el caso de las condiciones climáticas de la mayor parte del país o la deficiente estructura de la propiedad. Esto ha determinado unas condiciones tradicionales de baja productividad y falta de inovación y competitividad. La influencia de la PAC ha sido notable y ha permitido una modernización de las actividades agrarias, especialmente de los sectores más dinámicos ligados a la exportación. Sin embargo, las medidas de desarrollo y diversificación de las economías rurales se pueden decir que han fracasado, lo que ha provocado que el envejecimiento y despoblación de las zonas rurales sean una dramática realidad.

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MORFOLOGÍA Y ESTRUCTURA DE LA CIUDAD EN ESPAÑA

Resumen del Tema 10 de Geografía para Selectividad referente a la morfología y estructura urbana en España, por Carlos Javier Garrido García.

Plano de la ciudad de Barcelona, marcando zonas de centro histórico (1), periferia (2) y ensanche (3). Fuente: Distrito Único Andaluz.

INTRODUCCIÓN

La Morfología Urbana es la parte de la Geografía Urbana dedicada al análisis de la estructura urbana a través de su plano, es decir, de la proyección cartográfica de sus elementos (manzanas edificadas, vías de comunicación, edificios singulares) o de su imagen, el llamado paisaje urbano.

Ambos elementos, plano y paisaje, vienen condicionados por el emplazamiento geográfico de la ciudad y por las características de su plano, dependientes de la forma de crecimiento de la ciudad, ya sea planificado u orgánico. Todas estos elementos, centrándonos en el plano, los analizaremos para el caso de las ciudades españolas.
Por otra parte, en el tema anterior hemos analizado las diferentes funciones urbanas. En este tema analizaremos su distribución en el espacio urbano, que provoca una clara segregación espacial del mismo.

PRINCIPALES RASGOS MORFOLÓGICOS DE LA CIUDAD EN ESPAÑA

La ciudad española presenta algunos rasgos específicos en cuanto a su morfología y estructura urbana. Así, se caracteriza por la existencia de planos mixtos en los que destaca, dado lo temprano de su proceso de urbanización (colonizaciones y romanización), la amplitud de sus cascos históricos.

El retraso, y en buena medida fracaso, del proceso de industrialización en el siglo XIX y primera mitad del XX supone una poca importancia, salvo casos concretos, de los ensanches burgueses.

Finalmente, el fuerte y rápido crecimiento económico y urbano experimentado a partir del “Desarrollismo” de los años 1960 ha provocado que las periferias sean el principal sector de las grandes ciudades españolas. Además, su surgimiento durante la Dictadura de Franco, en la que la regulación y planificación urbanísticas eran muy tenues, ha provocado que esta periferia esté poco articulada y presente zonas muy diferentes en su interior en todos los aspectos (plano, funciones, grupos sociales).

EL PLANO DE LA CIUDAD

En este apartado vamos a analizar uno de los elementos clave de la estructura urbana: los distintos tipos de plano urbano existentes y cual es su localización dentro de las ciudades. Esta localización es consecuencia de la evolución del proceso de urbanización que hemos visto en el tema anterior.
Los principales tipos de plano son el irregular y el regular, denominado también ortogonal, en damero, en cuadrícula o hipodámico. En cualquier caso, en una ciudad no suele predominar un único tipo de plano, sino que se mezclan varios de ellos dando lugar a planos mixtos y complejos.

Plano irregular

En cuanto al plano irregular, se caracteriza por la falta de estructura aparente del entramado urbano, en el que apenas se diferencias las calles principales de las secundarias.

Las calles tienen un trazado irregular, lo que da lugar a manzanas y parcelas con una forma y tamaño muy diferentes.

Este tipo de plano es el característico de los cascos históricos, ya que en época medieval y moderna se daba prioridad al aprovechamiento máximo del espacio dentro del recinto amurallado y no había ningún tipo de planificación urbana.

Este tipo de plano se da también en algunas zonas de la periferia, creadas en las épocas de la industrialización del siglo XIX y en el Desarrollismo de los años 60. Coinciden con los antiguos barrios obreros, nacidos en una situación en la que el planeamiento urbanístico o no existía o era muy tenue.

Plano regular, ortogonal o en damero

El plano regular se caracteriza porque las calles, claramente jerarquizadas, se cortan en ángulo recto, dando lugar a manzanas de tamaño y forma similar. Se trata de un tipo de plano totalmente regulado y planificado.

Es característico de los ensanches del siglo XIX, en los que se asentaron las nuevas clases altas y medias burguesas. Este es el caso de los ensanches de Madrid y Barcelona, de mediados de siglo.

Este tipo de plano también es característico de zonas de la periferia surgidas a finales del Desarrollismo y durante el periodo democrático, cuando la regulación y planificación urbanística acaba por consolidarse.

Otros tipos de plano: lineal y radiocéntrico

Estos tipos de plano vienen condicionados principalmente por el emplazamiento de la ciudad.

Así, el plano lineal se da cuando la ciudad, o parte de la ciudad, surge en torno a una vía de comunicación, junto a la costa o en el valle de un río. Se trata de un plano caracterizado por calles de trazado rectilíneo, que se cortan en ángulo recto, pero que dan lugar a manzanas de diverso tamaño.
El plano radiocéntrico se da cuando el crecimiento urbano se produce a partir de un punto, generalmente elevado, en coronas sucesivas o mancha de aceite.

LA ESTRUCTURA URBANA: LOS USOS DEL ESPACIO EN EL INTERIOR DE LA CIUDAD

Las tres principales funciones de la ciudad (residencial, industrial y de servicios) se concentran en distintos lugares de la ciudad, dando lugar a la llamada estructura urbana funcional.

Los espacios residenciales: la segregación urbana

Las distintas características de condiciones higiénico-sanitarias, de antigüedad, de accesibilidad y de calidad de los barrios y viviendas de cada zona de la ciudad hacen que determinadas clases sociales tiendan a agruparse dando lugar a la segregación urbana.
Así, en los cascos históricos tiende a concentrarse población de avanzada edad y, dado el deterioro de muchas zonas y las dificultades de acceso, acogen a clases bajas o medias bajas. Sin embargo, la rehabilitación reciente de los cascos históricos y el establecimiento en ellos de servicios, tales como los parkings subterráneos, ha hecho de los cascos históricos unos lugares de clases sociales contrastadas, a las que se añade en las grandes ciudades turísticas el uso de muchas de las viviendas rehabilitadas como alojamientos turísticos. Muchos de estos no están regulados y han provocado problemas de convivencia vecinal y un aumento del precio de los alquileres, lo que está desplazando a las clases medias y bajas a otras zonas de la ciudad.
En los ensanches burgueses, dada la buena calidad de las viviendas y su adecuado trazado viario, tienden a concentrarse las clases altas y medias.
En cuanto a la periferia, acoge a grupos sociales muy heterogéneos, dada la heterogeneidad de los barrios que la forman. Así, en las primeras zonas de expansión de los años del “Desarrollismo” tienden a concentrarse clases medias y medias-bajas. Dada su antigüedad, hay barrios de este tipo muy degradados, asentándose en ellos población de clase baja. En las zonas de expansión más recientes se mezclan barriadas en bloque, habitadas por clases medias y, en algunos casos bajas, dando lugar incluso a barrios marginales; urbanizaciones de viviendas adosadas (clases medias y medias-altas) y de chalets independientes (clases altas).

Los espacios industriales

Durante el proceso de industrialización las industrias se localizaron preferentemente en los barrios obreros de la periferia. Muchas de ellas perviven en la actualidad, situándose dentro del caso urbano y generando, por tanto, problemas ambientales. A partir del “Desarrollismo” de los años 1960 tendieron a concentrarse en polígonos industriales situados en la periferia, fuera del casco urbano y junto a las principales vías de comunicación, buscando evitar problemas ambientales, un menor precio del suelo, una mejor accesibilidad y unos servicios e infraestructuras adecuados. La mejora de estos últimos ha dado lugar a los recientes parques empresariales y parques tecnológicos.

Los espacios de servicios

Los espacios de servicios se distribuyen por la ciudad en función de sus características y destinatarios.
Así, los servicios de proximidad, tales como los servicios comerciales y hosteleros no especializados y los servicios básicos de salud y educación primaria-secundaria, se localizan de manera dispersa en las zonas residenciales.
Los servicios comerciales y hosteleros especializados o de centralidad se concentraban tradicionalmente en el centro comercial de la ciudad, situado en el casco histórico y ensanche. Sin embargo, cada vez tienden más a situarse en los centros comerciales de ocio y consumo que se sitúan en la periferia, buscando una buena accesibilidad y bajos precios del suelo.
Los servicios turísticos tienden a concentrarse en torno a la zona de atracción turística. Así, por ejemplo, en las zonas de turismo de sol y playa tenderán a situarse en los paseos marítimos y zonas adyacentes.
Los servicios financieros y de seguros tienen una doble localización. Las sedes sociales se localizan en el centro urbano (casco histórico o ensanche), el llamado Central Business District (CBD), mientras que las sucursales se distribuyen por las zonas residenciales.
Los servicios públicos especializados, tales como sedes del poder político y de la gestión administrativa, educación superior, servicios sanitarios especializados (hospitales), fuerzas de seguridad y comunicaciones, tradicionalmente se han establecido en las zonas centrales de la ciudad (casco histórico o ensanche), aunque recientemente buscan una localización periférica.
Por último, los servicios culturales (museos, galerías de arte, bibliotecas) y de ocio (cines, teatros, plazas de toros, campos de fútbol), han tendido a concentrarse en los centros históricos y ensanches. Sin embargo, recientemente los servicios de ocio han tendido a desplazarse a las periferias.
Como se ha podido observar, la localización de los servicios está tendiendo en general a su dispersión hacia la periferia.

CONCLUSIONES

Las sociedades desarrolladas contemporáneas son básicamente urbanas, concentrando las ciudades la mayor parte de la población, de la actividad económica y del poder decisorio y de articulación sobre el conjunto del territorio.

Las ciudades españolas presentan unas características específicas en cuanto a su morfología y su estructura urbana, herencia de su temprano origen, retraso en su desarrollo y crecimiento exponencial reciente. Este crecimiento fue en sus primeras etapas descontrolado, lo que ha provocado, junto con la masificación que comporta la misma urbanización, problemas importantes como fuertes desequilibrios territoriales y problemas de abastecimiento, tráfico denso, contaminación, residuos, precio de la vivienda, deudas municipales y delincuencia-marginación social.

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EL PROCESO DE URBANIZACIÓN EN ESPAÑA Y EL SISTEMA DE CIUDADES

Resumen del Tema 9 de Geografía para Selectividad, referente al proceso de urbanización y al sistema de ciudades en España, por Carlos Javier Garrido García.

Mapa de laos principales ejes urbanos de España. Fuente: Distrito Único Andaluz.

INTRODUCCIÓN

Para entender el proceso de urbanización y el sistema de ciudades en España debemos partir del concepto de hábitat urbano. El concepto de hábitat se refiere a los espacios habitados. Tradicionalmente se ha distinguido entre hábitat rural y urbano, aunque no es sencilla su diferenciación. Por ello, se han utilizado múltiples criterios para definir lo que es una ciudad y diferenciarla, por tanto, del hábitat rural. Los principales criterios han sido: poblacional (existencia de una población mínima, que en el caso de España se fija en 10.000 habitantes), densidad (espacio amplio totalmente urbanizado con continuidad espacial), morfológico (edificios de mayor porte, presencia de instituciones y grandes espacios públicos) y territorial (centro prestador de servicios y organizador de un amplio territorio que constituye su área de influencia).

En este tema vamos a analizar las principales etapas del proceso de urbanización en España y la organización del sistema jerárquico urbano en nuestro país. Ambos aspectos son de capital importancia ya que, como el resto de los países desarrollados, España es un país esencialmente urbano, concentrándose en las ciudades la mayor parte de la población y de las actividades económicas.

PRINCIPALES ETAPAS DEL PROCESO DE URBANIZACIÓN EN ESPAÑA

De los orígenes al siglo XVIII

Los orígenes de las ciudades españolas se sitúan en la Antigüedad, con las colonizaciones fenicias, griegas y cartaginenses en el primer milenio a.C. y, sobre todo, con la conquista romana y el proceso de romanización a partir del año 218 a.C. Durante esta última, que se extiende hasta el siglo V d.C., se establece la base de la estructura urbana actual y se introduce un modelo de ciudad planificada.

Durante la época medieval (siglos V al XV) conviven en España dos tipos de ciudades: las ciudad islámica y la cristiana, compartiendo ambas características como su carácter amurallado, sus planos irregulares de crecimiento orgánico y su función religiosa, comercial y artesanal, siendo la diferencia más destacada la importancia de los espacios públicos en la ciudad cristiana mientras que en la musulmana hay una total separación entre estos y los espacios privados.

Durante la Edad Moderna (siglos XV-XVIII) las ciudades crecen gracias al desarrollo comercial y artesanal pero lo siguen haciendo sin planificación. Un cambio es su monumentalización a cargo de las autoridades civiles y eclesiásticas, lo que podemos relacionar con la propaganda ideológica ligada al establecimiento de la monarquía absoluta y de la contrarreforma católica.

La ciudad española en el siglo XIX y primera mitad del XX

La industrialización trajo un nuevo modelo de ciudad basado en el crecimiento urbano (gracias al éxodo rural), la planificación y mejora de las condiciones higiénicas (trazados regulares planificados; pavimentación, alcantarillado, iluminación nocturna y ensanchamiento de calles, derribo de murallas, cementerios en la periferia), la creación de nuevos espacios e hitos (edificios públicos, comerciales y bancarios, nuevos centros de ocio como teatros y cines y parques públicos), la segregación urbana (división de la ciudad en casco histórico, ensanches burgueses con plano regular y buenas condiciones higiénicas, y barrios obreros e industriales en la periferia con plano irregular, crecimiento orgánico y grandes deficiencias dotacionales e higiénicas) y la importancia de los nuevos medios de comunicación en su crecimiento y articulación (ferrocarril, bicicleta, tranvía y, ya en el siglo XX, los vehículos con motor de explosión).

En España el proceso de industrialización fracasó, limitándose a determinadas regiones del país, como Cataluña, País Vasco y Madrid. Es en estas zonas donde se desarrolla un proceso de urbanización destacado, mientras que el resto del país sigue siendo rural.

La incidencia del “Desarrollismo” en la evolución urbana

El fuerte desarrollo socioeconómico que registra España entre 1959 y 1973 y el desequilibrio territorial con que se produjo tuvieron el efecto de un destacado éxodo rural y crecimiento de las ciudades. Estas sufrieron problemas de infravivienda y deficiencias dotacionales, frente a lo cual se iniciaron las políticas de planificación urbanística municipal y de subvención estatal a la vivienda.

El crecimiento urbano supuso la consolidación de las áreas metropolitanas y aglomeraciones urbanas, el nacimiento de las ciudades dormitorio y de las ciudades turísticas. Es en esta época cuando se consolidan las principales áreas y ejes urbanos.

El urbanismo democrático y la evolución actual

Con la Transición a la Democracia, consolidada en 1978, se asienta definitivamente el sistema de regulación municipal y se establece un nuevo modelo de ciudad como consecuencia de la modernización social y de la consolidación del desarrollo socioeconómico.

La nueva ciudad se caracteriza por el fortalecimiento de la expansión metropolitana, el surgimiento de conurbaciones y regiones urbanas, por el modelo de ciudad difusa en torno a las vías de comunicación, por el establecimiento en la periferia de centros de ocio y consumo, polígonos industriales y tecnológicos y zonas residenciales, por la creciente verticalización y por los problemas de especulación que dieron lugar, finalmente, al estallido de la crisis en 2008.

 EL SISTEMA INTERURBANO: JERARQUÍA, FUNCIONES Y ZONAS DE INFLUENCIA

Jerarquía urbana en España

Las ciudades se relacionan entre sí y forman redes urbanas y sistemas urbanos de estructuración jerárquica.

En el caso de España la red urbana se estructura en función de factores internos, como la evolución histórica, la consolidación de las Comunidades Autónomas y la mejora de las infraestructuras de transporte, y factores externos, como la importancia en el contexto internacional globalizado de los distintos núcleos y zonas urbanos.

Como consecuencia de todo ello, el sistema urbano español se caracteriza por su distribución periférica (costas mediterráneas y atlánticas, con los ejes urbanos catalán-levantino, andaluz, occidental gallego y cantábrico) pero con tres importantes focos en el interior (Madrid, Zaragoza y Valladolid). En la jerarquía urbana se distinguen seis rangos urbanos: metrópolis altamente globalizadas (Madrid y Barcelona), grandes ciudades nacionales (Valencia, Bilbao, Zaragoza, Sevilla y Málaga), centros urbanos regionales (como Granada), ciudades medias (como Jaén), ciudades pequeñas (como Úbeda) y cabeceras comarcales (como Villacarrillo). Para diferenciar los distintos rangos se tienen en cuenta las funciones urbanas y el ámbito de influencia de cada núcleo urbano, aspectos que analizamos en el siguiente epígrafe.

En cualquier caso, el crecimiento de las ciudades ha hecho que la cúspide de la jerarquía urbana la ocupen, más que ciudades en sentido estricto, áreas metropolitanas. Estas se consolidan a partir de la segunda mitad del siglo XX y con el conjunto urbano compuesto por una ciudad central y los núcleos, también rurales, dependientes de ella, superando el conjunto más de 300.000 habitantes y funcionando como una unidad de mercado y de gestión.

Las funciones urbanas y las zonas de influencia

Como se ha indicado antes, la jerarquía urbana se establece teniendo en cuenta las funciones y áreas de influencia de cada núcleo urbano. En cuanto a las funciones, son básicamente tres: residencial, de servicios e industrial, tendiendo a concentrarse cada una de estas funciones en un sector determinado de la ciudad. Esto es lo que se denomina estructura funcional de la ciudad. Esta será analizada pormenorizadamente en el siguiente tema.

Tradicionalmente, se han establecido distintas tipologías funcionales de ciudades, teniendo en cuenta la función que se consideraba como la más importante o fundamental de cada núcleo urbano. Así, se ha hablado de ciudades administrativas, industriales, turísticas, comerciales, universitarias, etc. Sin negar la importancia de una determinada función en los núcleos urbanos, hay que tener en cuenta que todos los núcleos urbanos son, en esencia, multifuncionales.

Si algo caracteriza a los núcleos urbanos es que realizan diversas funciones destinadas tanto a su consumo interno como al de su área de influencia, en las que ejercen también un papel director en cuanto a su conformación geográfica y organización económica, administrativa y de infraestructuras. Como ya se ha indicado, este es uno de los elementos definidores de la ciudad y, teniendo en cuenta la amplitud de las distintas áreas de influencia, el elemento determinante a la hora de fijar la jerarquía urbana.

PRINCIPALES ÁREAS Y EJES URBANOS

Como ya se ha indicado antes, podemos distinguir en España cuatro grandes áreas o ejes urbanos, situados en la periferia peninsular, y tres núcleos aislados en el interior.

El primero de los ejes es el catalán-levantino, que se extiende desde Gerona a Murcia. Está articulado en torno a las áreas metropolitanas de Barcelona y Valencia y cuenta con otros centros urbanos regionales como Tarragona, Alicante y Murcia. Es el principal eje urbano español y coincide con uno de los principales ejes de desarrollo económico del país, el Mediterráneo.

El eje urbano andaluz se articula en dos ramas: una que coincide con el Valle del Guadalquivir, con centro en Sevilla, y otro con el litoral mediterráneo, con centro en Málaga, gracias al desarrollo agrario, a las fáciles comunicaciones y al peso del turismo.

El eje urbano gallego occidental, ocupa el litoral atlántico gallego y tiene como núcleos principales La Coruña y Vigo, aunque es un eje estancado desde la crisis de reconversión iniciada tras la crisis del petróleo de 1973.

Igual estancamiento afecta al eje cantábrico, que se extiende desde Asturias (donde destaca el área urbana en torno a Gijón, Avilés y Oviedo) hasta Cantabria (Santander-Torrelavega) y el País Vasco (Bilbao, San Sebastián y Vitoria). En este último caso, se ha logrado superar el estancamiento al entrar a formar parte del eje de expansión económica del Ebro.

En cuanto a los núcleos dispersos del interior, el principal es Madrid, beneficiado por su capitalidad administrativa y por ser el centro de la red radial de transportes, constituyendo en la actualidad la principal área metropolitana de España. Le sigue en importancia Zaragoza, beneficiada por su posición intermedia entre las dos grandes áreas metropolitanas españolas (Madrid y Barcelona) y por su situación en el eje de expansión económica del Ebro. Por último, Valladolid se beneficia de su situación central y capitalidad administrativa dentro de la Submeseta Norte.

 CONCLUSIONES

España es en la actualidad un país esencialmente urbano, en el que el 77 % de su población vive en núcleos urbanos. Este rasgo, propio de cualquier país desarrollado y que tiende a acentuarse cada vez más, tiene el rasgo propio de presentar una estructura jerárquica en la que el peso de las grandes metrópolis es muy alto y en una distribución espacial con grandes contrastes entre los grandes ejes urbanos y unas zonas interiores escasamente urbanizadas, con redes urbanas poco estructuradas y con un despoblamiento del medio rural cada vez más acusado.

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DINÁMICA Y ESTRUCTURA DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA

Resumen del Tema 8 de Geografía para selectividad, referente a la dinámica y estructura de la población española, por Carlos Javier Garrido García.

Pirámides de población de España en 1960 y 2011. Fuente: Distrito Único Andaluz.

INTRODUCCIÓN

En este tema vamos a abordar tres de los principales elementos de estudio demográfico: la dinámica natural, los movimientos migratorios y la estructura de la población española. Sin duda, los tres son elementos complejos y que están en el centro de los debates político-económicos de actualidad relacionados con el control de los movimientos migratorios dentro de un mundo globalizado y con la sostenibilidad del Estado de Bienestar.

Por tanto, estos elementos son muy importantes para la planificación de las administraciones de distinto ámbito y las empresas, lo que explica su estudio sistemático a partir de los registros oficiales: registro civil para el movimiento natural y censos y padrones para la estructura de la población y los movimientos migratorios.

LA DINÁMICA NATURAL

La Transición Demográfica española

La Transición Demográfica consiste en el paso de un modelo demográfico de corte antiguo (caracterizado por unas altas tasas de natalidad y mortalidad y un crecimiento vegetativo bajo, que además era neutralizado periódicamente por crisis de sobremortalidad debidas a malas cosechas, guerras y epidemias) a un modelo demográfico de corte moderno (caracterizado por unas tasas de natalidad y mortalidad bajas, con un crecimiento vegetativo bajo y tendente a convertirse en negativo por el progresivo envejecimiento de la población), situándose entre ambos modelos una fase de transición. El cambio de un modelo a otro se inició con el proceso de industrialización, iniciado en Gran Bretaña en el siglo XVIII.

En España, el fracaso del proceso de industrialización hizo que el proceso fuera más tardío que en los países desarrollados de Europa Occidental. Así, la transición entre un modelo y otro no se inicia en España hasta mediados del siglo XIX, cuando se inicia el descenso de las tasas de mortalidad, gracias al desarrollo de los transportes y de las medidas higiénico-sanitarias. Como consecuencia de ello, el crecimiento vegetativo aumenta considerablemente. Desde principios del siglo XX se inicia un progresivo descenso de la natalidad, pero de manera muy progresiva, por lo que se mantienen altas tasas de crecimiento vegetativo hasta que ya en la década de 1970 podemos decir que España entra definitivamente en el modelo demográfico moderno. En cualquier caso, la inmigración desde 1996 supuso un cierto rejuvenecimiento de la población, aumentando la natalidad, proceso que ha sido cortado por la crisis iniciada en 2008, que ha supuesto que en la actualidad España se encuentre en tasas de crecimiento vegetativo negativas.

La Natalidad

Como ya se ha indicado, España ha ido registrando a lo largo del siglo XX tasas progresivamente más bajas de natalidad, llegando la Tasa Bruta de Natalidad al 8’41 ‰ en 2017, debido a los cambios que ha ido experimentando el país, tanto sociales-culturales (percepción de los hijos como una carga económica, incorporación de la mujer a los ámbitos educativo y laboral, legalización de métodos anticonceptivos tras el final de la dictadura en 1975 y pérdida de la asociación matrimonio-maternidad) y económicos (inestabilidad laboral y altas tasas de paro juvenil que retrasan, y limitan, el acceso a la maternidad).

Como consecuencia de ello, el Índice Sintético de Fecundidad (ISF: número de hijos por mujer) ha ido descendiendo hasta llegar a 1’32 en 2014, muy lejos de la tasa de reposición de la población situada en 2’1. Pese a que a partir de 1996 el ISF se recuperó gracias a la llegada de población inmigrante, la crisis económica iniciada en 2008 ha frenado y revertido esa recuperación como consecuencia del deterioro de las condiciones socio-laborales y del freno de las inmigración.

Estas características generales esconden fuertes diferencias entre las distintas comunidades autónomas, pese a que en todas ellas se ha producido el citado descenso. Así, el descenso ha sido más fuerte en las comunidades autónomas del norte peninsular debido a dos factores: un desarrollo socioeconómico mayor que en el resto de España, lo que ha hecho que hayan accedido antes al modelo demográfico moderno y hayan sufrido un fuerte proceso de envejecimiento de la población; y en el caso de Galicia, Cornisa Cantábrica y Submeseta Norte haber sufrido a partir de 1973 un fuerte crisis de reconversión que provocó la pérdida de población joven, que emigró a zonas más dinámicas, lo que ha acentuado el envejecimiento.

La Mortalidad

Como ya se ha indicado, la mortalidad registra en España un descenso continuado desde mediados del siglo XIX debido a las mejoras alimentarias, sanitarias e higiénicas. Sin embargo, ha repuntado ligeramente a finales del siglo XX por el envejecimiento de la población, con un paréntesis entre 1996 y 2008 por el rejuvenecimiento ligado a la inmigración. Las principales causas de muerte son las características de los países desarrollados, destacando las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. La tasa de mortalidad infantil está por debajo del 4 ‰ y la esperanza de vida ha pasado del entorno de los 40 años a principios del siglo XX a los 83 años en 2014 (85’7 para las mujeres y 80’2 para los hombres). La Tasa Bruta de Mortalidad en 2017 fue del 9’07 ‰, aunque hay grandes diferencias regionales en función de la estructura por edad de la población: es mejor en las comunidades más jóvenes del Sur y Madrid y más alta en las envejecidas del Noroeste.

La Nupcialidad

La nupcialidad en España ha sufrido cambios importantes en los últimos años, debido a una reducción progresiva de la Tasa de Nupcialidad, el acceso más tardío al matrimonio y a un aumento en su diversidad (civil, múltiples confesiones religiosas, uniones de hecho, matrimonio homosexual).

LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS

Los movimientos internos de la población española

Las diferencias de desarrollo entre las distintas regiones españolas han generado fuertes movimientos migratorios internos. Así, a partir del siglo XVIII se detecta un proceso de emigración desde el centro peninsular a la periferia y en el siglo XIX se inicia un intenso éxodo rural hacia las zonas urbanas e industriales de Cataluña, País Vasco, Madrid y Asturias. Con el desarrollismo de la década de 1960 el éxodo rural se intensifica, ampliándose las zonas de llegada a las áreas turísticas del litoral mediterráneo y los archipiélagos. La crisis de 1973 atenuó el proceso y a partir de la década de 1980 hay una mayor complejidad de movimientos migratorios: movimientos de retorno, interurbanos, traslados por trabajo, estudios o jubilación, etcétera.

Las consecuencias de estos movimientos migratorios han sido: una desigual distribución espacial de la población española (analizada en el tema anterior) , el despoblamiento y envejecimiento de las zonas de salida y el rejuvenecimiento, desarrollo socioeconómico y surgimiento de problemas urbanísticos y dotacionales en las zonas de llegada.

Los movimientos internacionales

Los movimientos de población a escala internacional surgen de manera masiva en el siglo XIX gracias al desarrollo de los transportes y el aumento del nivel de vida favorecidos por la industrialización. El fracaso de este proceso en España determinó que tradicionalmente fuera un país de emigrantes, que se dirigieron hasta la década de 1950 a Iberoamérica y el Magreb y entre 1950 y 1973 a los países industrializados de Europa Occidental. A partir de 1973, con la crisis del petróleo y, posteriormente, con la Transición a la Democracia, que permitió volver a los exiliados republicanos, predominan los movimientos de retorno.

A partir de 1996, gracias al desarrollo económico del país consolidado tras el ingreso en la CEE en 1986, se produce una fuerte inmigración procedentes de países subdesarrollados, especialmente africanos e iberoamericanos, que encuentran trabajos no cualificados en la hostelería, construcción y agricultura y se asientan preferentemente en el litoral mediterráneo y Madrid. A partir de 2004, con las sucesivas ampliaciones de la Unión Europea, se añaden inmigrantes de Europa del Este. Otro importante contingente de inmigrantes es el de jubilados procedentes de países desarrollados de Europa Occidental, atraídos por las condiciones climáticas y un menor novel precios que en sus países de origen.

La crisis iniciada en 2008 ha frenado el proceso de inmigración extranjera en España y ha provocado una salida creciente de españoles hacia Europa Occidental, especialmente jóvenes con alta cualificación, que huyen del elevado paro juvenil y la inestabilidad laboral de nuestro país. Ambos procesos han provocado saldos migratorios en nuestro país desde 2010 a la actualidad.

ESTRUCTURA Y COMPOSICIÓN DE LA POBLACIÓN

Estructura por sexo y edad

La estructura por sexo es analizada a través de la Sex Ratio, que muestra el número de hombres por cada 100 mujeres. En España la Sex Ratio es de 98, predominio que se explica porque, a pesar de nacer más hombres que mujeres, los primeros sufren una mayor mortalidad y tienen menor esperanza de vida. Los valores de Sex Ratio se invierten en las zonas de fuerte inmigración, al ser esta mayoritariamente masculina.

En cuanto a la estructura por edad, España sufre un fuerte proceso de envejecimiento. Así, la población joven (menor de 16 años), suponía en 2008 el 14’35 % de la población total en 2008 y la población vieja o anciana (mayor de 64 años) el 16’57 %. Este envejecimiento se debe al descenso acusado de la natalidad y presenta diferencias regionales ya que las comunidades más jóvenes son las comunidades mediterráneas, los archipiélagos y Madrid, zonas favorecidas por la inmigración, mientras que el interior y noroeste peninsular son las más envejecidas.

La estructura por sexo y edad se representa gráficamente en las pirámides de población, doble gráfica de barras en la que se representan los contingentes por cada sexo en grupos de edad de 5 años. En cuanto a su evolución en España, en 1900 tiene forma triangular, característica de una población joven, con una alta natalidad y mortalidad; en 1950 tiene forma de campana, ya que se ensancha la cúspide por el descenso de la mortalidad y se estrecha la base por el descenso de la natalidad; en 2008 presenta una forma bulbosa debido al fuerte recorte de la base por la caída continuada de la natalidad, aunque atenuada por la inmigración y a que sigue aumentando la esperanza de vida; y la previsión para 2025 en la que habría un nuevo retroceso de la natalidad y un mayor envejecimiento.

Estructura socioeconómica: niveles de instrucción y mercado de trabajo.

En la estructura socioeconómica de la población se pueden tener en cuenta múltiples variables. Vamos a centrarnos en dos de ellas.

En cuanto a los niveles de instrucción, el analfabetismo está en niveles muy bajos, teniendo la mayor parte de la población el título de ESO o titulación superior (universitaria o ciclos formativos de grado superior), como es característico en los países desarrollados. Hay diferencias regionales, que se explican precisamente por sus diferentes grados de desarrollo.

En cuanto al mercado de trabajo, la población activa es la que, situada entre 16 y 65 años de edad, está trabajando (activos) o desea hacerlo (parados). La Tasa de Paro, que había llegado a ser del 7’95 % en 2007, creció de manera exponencial a partir de ese año por la crisis económica, de la que aún no ha salido el país. Así, en 2014 la tasa de paro se elevaba al 23’7 %. En cuanto a la distribución sectorial de la población activa, el proceso de terciarización económica es cada vez más intenso, gracias a la pérdida de peso del sector agrario y al descenso de sector secundario por los procesos de reconversión y deslocalización industrial. Así, en 2014 el sector primario acogía el 4’2 % de la población activa, el secundario el 19’4 % y el terciario el 76’3 %.

CONCLUSIONES

Como hemos visto, la dinámica natural, movimientos migratorios y estructura de la población española han sufrido una evolución intensa en los últimos 60 años, marcados por el paso de una situación de subdesarrollo a otra de desarrollo y de una dictadura a una democracia. Esto ha permitido que España haya entrado en el modelo demográfico moderno, con el consiguiente envejecimiento de la población, que haya pasado a ser foco de atracción de inmigrantes y que su economía se haya terciarizado. En cualquier caso, la crisis económica iniciada en 2008, y de la España aún no ha salido, ha condicionado la evolución reciente de los indicadores demográficos.

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EVOLUCIÓN Y DISTRIBUCIÓN DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA

Resumen del Tema 7 de Geografía para Selectividad, referente a la evolución y distribución de la población española, por Carlos Javier Garrido García.

Mapa de densidad de población en España por provincias en 2008. Fuente: Distrito Único Andaluz.

INTRODUCCIÓN

La Geografía de la Población se dedica al estudio de la población en sus aspectos demográficos y sociales, utilizando fuentes como los censos estatales, los padrones municipales y los datos del registro civil.
En este tema vamos a estudiar la evolución de la población española y su distribución espacial. En cuanto a la primera, la vamos a relacionar con la teoría de la Transición Demográfica, que explica la evolución del crecimiento real de la población, dependiente del crecimiento natural o vegetativo, resultado de la diferencia entre nacimientos y defunciones, y del saldo migratorio, dependiente de la diferencia entre inmigrantes y emigrantes.
En cuanto a la distribución espacial, se analizan sus factores condicionantes y sus características, estas últimas a través del concepto de densidad de población (h/km2).

LOS EFECTIVOS DEMOGRÁFICOS Y SU EVOLUCIÓN

La evolución de la población española

La población española, tras permanecer prácticamente estancada hasta entonces, empieza a registrar un destacado crecimiento en el siglo XVIII, en el cual pasa de 7’5 a 9’4 millones de habitantes.
A lo largo del siglo XIX el crecimiento se acelera, pasando a finales de dicha centuria a 18’6 millones de habitantes. En cualquier caso, el crecimiento registrado es inferior al de los países industrializados de Europa Occidental.
A lo largo del siglo XX podemos distinguir dos grandes etapas: hasta 1960 se registra un fuerte crecimiento, llegando a los 30 millones de habitantes, y hasta el año 2000 el crecimiento se frena, llegando ese último año a los 41 millones de habitantes.
En el siglo XXI el crecimiento se vuelve a acelerar hasta 2008, llegando a los 46’1 millones. A partir de ese año de nuevo de frena: en 2018 la población era de 46’7 millones.
Esta evolución está condicionada por la evolución sociodemográfica, que ha determinado la transición demográfica española.

La Transición Demográfica en España

La Transición Demográfica consiste en el paso de un modelo demográfico de corte antiguo (caracterizado por unas altas tasas de natalidad y mortalidad y un crecimiento vegetativo bajo, que además era neutralizado periódicamente por crisis de sobremortalidad debidas a malas cosechas, guerras y epidemias) a un modelo demográfico de corte moderno (caracterizado por unas tasas de natalidad y mortalidad bajas, con un crecimiento vegetativo bajo y tendente a convertirse en negativo por el progresivo envejecimiento de la población), situándose entre ambos modelos una fase de transición. El cambio de un modelo a otro se inició con el proceso de industrialización, iniciado en Gran Bretaña en el siglo XVIII.
En España, el fracaso del proceso de industrialización hizo que el proceso fuera más tardío que en los países desarrollados de Europa Occidental.
Así, la transición entre un modelo y otro no se inicia en España hasta mediados del siglo XIX, cuando se inicia el descenso de las tasas de mortalidad, gracias al desarrollo de los transportes y de las medidas higiénico-sanitarias. Como consecuencia de ello, el crecimiento vegetativo aumenta considerablemente.
Desde principios del siglo XX se inicia un progresivo descenso de la natalidad, pero de manera muy progresiva, por lo que se mantienen altas tasas de crecimiento vegetativo hasta que ya en la década de 1970 podemos decir que España entra definitivamente en el modelo demográfico moderno.
En cualquier caso, la inmigración desde 1996 supuso un cierto rejuvenecimiento de la población, aumentando la natalidad, proceso que ha sido cortado por la crisis iniciada en 2008, que ha supuesto que en la actualidad España se encuentre en tasas de crecimiento vegetativo negativas.

CARACTERÍSTICAS Y FACTORES DE LA DENSIDAD Y LA DISTRIBUCIÓN ESPACIAL

Orígenes y factores de la actual distribución de la población española

Hasta el siglo XVII las zonas más pobladas de España habían sido el Norte y Levante, coincidiendo con las zonas que fueron recuperadas en los primeros procesos de Reconquista.
Sin embargo, a partir del siglo XVIII la población española sufre un proceso de “centrifugación”, asentándose en las zonas costeras, favorecidas por climas adecuados para la agricultura (baja amplitud térmica, temperaturas suaves) y por una situación costera que favorecía las comunicaciones y, con ello, el desarrollo de las actividades secundarias y terciarias.
Estas condiciones son las que favorecen que, a lo largo de los siglos XIX y XX, sean las regiones costeras las que registren un proceso de industrialización (caso de Cataluña, Asturias y País Vasco), acentuándose el proceso de vaciamiento del interior, sobre todo con el éxodo rural masivo de los años del “Desarrollismo” franquista. A este éxodo rural masivo contribuyó también el desarrollo del turismo, que se concentró en el litoral mediterráneo y los archipiélagos balear y canario.
A partir de los años 1970, la costa noroeste entra en una crisis de reconversión, concentrándose el desarrollo económico en el litoral mediterráneo y el Eje del Ebro, concentrándose allí la mayor parte de la población.
Madrid ha constituido la principal excepción del vaciamiento del interior peninsular, favorecida por su capitalidad y por constituir el centro de la red radial de transportes.

La actual distribución de la población española

La distribución de la población española está marcada por la desigualdad. La densidad media es de 91 h/km2, oscilando los valores provinciales entre los cerca de 800 de Madrid y los 10 de Soria. A nivel general, las regiones metropolitanas superan los 500 h/km2, las zonas costeras superan los 100 y en las provincias interiores están por debajo de 20.
Estas fuertes desigualdades provocan problemas de masificación en las zonas más pobladas y de despoblación en el interior.

CONCLUSIONES

La evolución de la población española ha estado muy condicionada, como no podía ser de otra manera, por las variantes condiciones socioeconómicas que ha sufrido nuestro país: fracaso del proceso de industrialización y subdesarrollo, desarrollismo franquista y consolidación del desarrollo en la época democrática. En cualquier caso, estas condiciones socioeconómicas han presentado fuertes contrastes regionales, lo que explica las diferencias de densidad de población entre las distintas regiones españolas.

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LAS REGIONES BIOGEOGRÁFICAS DE ESPAÑA

Resumen del Tema 6 de Geografía para selectividad referente a las regiones biogeográficas de España, por Carlos Javier Garrido García.

Mapa de las regiones biogeográficas de España, usado varias veces en Selectividad. Fuente: Distrito Único Andaluz.

INTRODUCCIÓN

En este tema vamos a analizar las regiones biogeográficas españolas. La Biogeografía es la ciencia que estudia la distribución de los seres vivos, animales y plantas, en el espacio. Esta distribución viene determinada por una gran diversidad de factores, tanto físicos como humanos, que dan lugar a distintas formaciones biogeográficas. Dentro de ellas, la Biogeografía se centra especialmente en la vegetación , como lo hace el tema que pasamos a desarrollar.

FACTORES DE LA DIVERSIDAD BIOGEOGRÁFICA

Las formaciones biogeográficas, y especialmente la vegetación, vienen condicionadas por diversos factores:

Clima: adaptación de las especies a unos determinados umbrales de temperatura y precipitación.

Posición: la situación de España como encrucijada entre Europa y África favorece el encuentro y desarrollo de especies originarias de ambos continentes. Junto con ello hay que tener en cuenta los cambios climáticos, especialmente las glaciaciones, que dieron origen a las especies relictas, es decir, que perviven de situaciones climáticas anteriores. Por último, el aislamiento y la situación subtropical de Canarias favorece la importancia de endemismos.

Relieve: la altitud y la vertientes (barlovento-sotavento y solana-umbría) introducen variaciones en las condiciones climáticas que favorecen el escalonamiento de la vegetación en altura.

Suelos: hay determinadas especies vegetales que requieren un tipo de suelo específico, dando lugar a especies adaptadas a suelos silíceos (silicícolas) y calizos (calcófilas).

Acción antrópica: las actividades humanas han provocado la modificación y deterioro de los paisajes, llevando a cabo agresiones como la desforestación.

CARACTERÍSTICAS DE LAS REGIONES BIOGEOGRÁFICAS

La Biogeografía establece una organización de las formaciones biogeográficas de carácter jerárquico, diferenciando entre reinos y regiones. En el caso de España, pertenece al Reino Holártico y presenta las regiones biogeográficas Eurosiberiana, Mediterránea y Macaronésica,  a las que se añaden las formaciones vegetales de montaña y de ribera.

En general, todas las formaciones vegetales son formaciones regresivas. Es decir, que han sido muy alteradas por la acción humana. Así, dentro de estas formaciones podemos diferenciar entre especies primarias, que son las autóctonas o locales adaptadas al medio, y especies secundarias, que son especies introducidas por el ser humano.

FORMACIONES VEGETALES DE LA ESPAÑA PENINSULAR E INSULAR

Dentro de las regiones biogeográficas españolas podemos distinguir las siguientes:

Región Eurosiberiana

Esta región coincide con las zonas de clima oceánico o atlántico, caracterizado por las altas y regulares precipitaciones y las temperaturas templadas. Se extiende, por tanto, por el norte peninsular: Galicia, Cornisa Cantábrica y zonas de los Pirineos.

Las formaciones vegetales características son el bosque templado oceánico o bosque caducifolio, el matorral atlántico o landa y el bosque marcescente.

El bosque templado oceánico es un bosque denso, umbrófilo y formado por especies caducifolias como el roble y la haya, aunque el ser humano ha introducido otras como el castaño, el pino y el eucalipto. Dada su densidad, el sotobosque se caracteriza por su pobreza.

El matorral atlántico o landa se desarrolla en las zonas en las que la vegetación original ha sido destruida por la acción humana o donde la pobreza de los suelos no permite el desarrollo del bosque. Está formado por arbustos leñosos como el tojo, el brezo, la retama y el piorno. Cuando esta formación es destruida por el ser humano da lugar a la formación de prados.

El bosque marcescente se desarrolla en las zonas de clima oceánico de interior, donde las temperaturas son más extremas y las precipitaciones menores. Esto da lugar a un bosque formado por especies adaptadas a la aridez (xerófilas) y al frío como quejigos y rebollos. El término marcescente procede del carácter caedizo de sus hojas, que pierde parcialmente.

Región Mediterránea

Esta región se extiende por las zonas de clima mediterráneo, caracterizado por unas precipitaciones escasas e irregulares, con fuerte sequía estival, y unas temperaturas templado-cálidas. Esta región ocupa la mayor parte de la Península, con la excepción de las zonas de clima oceánico y de montaña.

Las formaciones vegetales características son el bosque esclerófilo mediterráneo y el matorral mediterráneo.

El bosque esclerófilo mediterráneo se caracteriza por la existencia de especies perennifolias y que presentan adaptaciones xerófilas como la gruesa corteza, las copas globulares y hojas coriáceas (duras y espinosas). Las especies primarias son la encina, el alcornoque, el algorrobo y el acebuque y el ser humano ha introducido los pinares.

El matorral mediterráneo se desarrolla en las zonas desforestadas por el ser humano o donde los suelos pobres y la aridez no permiten el desarrollo del bosque. Esta formado por matorrales xerófilos y en función de su densidad y altura podemos distinguir, de mayor a menor, la maquia, la garriga y la estepa.

Región Macaronésica

Esta región coincide con las Islas Canarias en las que predomina un clima subtropical con temperaturas cálidas a lo largo del año y con unas bajas precipitaciones, aunque muy variado por las condiciones del relieve (altitud y vertientes). Debido a sus características climáticas y a su aislamiento son frecuentes los endemismos.

Debido a los condicionantes del relieve la vegetación se organiza en pisos:

Piso Basal: hasta 400 metros de altitud, predominan matorrales xerófilos como el cardón y la tabaiba, habiendo introducido el ser humano chumberas y pitas.

Piso Intermedio o de Transición: hasta 600-800 metros de altitud, presencia de especies endémicas como el drago y la palmera canaria.

Piso Montano Termocanario: hasta 1.200-1.400 metros de altitud, el aumento de precipitaciones permite el desarrollo del bosque laurisilva y del fayal-brezal.

Piso Montano Mesocanario: hasta 2.000 metros de altitud, predomina el pino canario.

Piso de Altas Cumbres: por encima de 2.000 metros de altura, predominio de matorrales de alta montaña y especie herbáceas con numerosos endemismos como la violeta del Teide.

Vegetación de montaña

Como en la Región Macaronésica, la altitud y las vertientes varían las condiciones climáticas, por lo que la vegetación se estructura en pisos. En general, hasta los 800-1.000 metros (Piso Basal) de altitud se mantiene la misma vegetación de las zonas limítrofes; hasta los 2.200 metros de altura (Pisos Montanos) se desarrollan formaciones características de la región eurosiberiana como los bosques caducifolios de robles y hayas y las landas, teniendo gran extensión los pinares, ya sean originarios o de repoblación; hasta los 3.000 metros de altitud (Piso Alpino) predominan formaciones herbáceas como los prados; y por encima de los 3.000 metros de altura (Piso Nival) predominan especies rupícolas como musgos y líquenes.

Vegetación de ribera

En las riberas de los ríos existen unas condiciones de humedad constante que favorecen la formación del bosque de ribera, formado por especies caducifolias e hidrófilas como los alisos, sauces, chopos, álamos, fresnos y olmos.

LA INTERVENCIÓN HUMANA Y SUS CONSECUENCIAS GEOGRÁFICAS

La principal agresión humana contra la vegetación natural es la deforestación, es decir su eliminación o modificación intensa, debido a usos agrarios, urbanos, industriales, de construcción de infraestructuras, etc, a lo que se añade el problema de los incendios forestales. La pérdida de cubierta forestal destruye los suelos, generándose un proceso de desertificación, que en el caso de España afecta principalmente al sur peninsular. Frente a ello, se han aplicado políticas como normas de protección del suelo, la preservación y mejora de los sistemas forestales y programas de repoblación forestal. En cuanto a estos últimos, han presentado el problema de realizarse con especies no autóctonas de rápido crecimiento (pino, eucalipto) y con una sola especie en amplias zonas, lo que ha favorecido los incendios y la extensión de plagas entre los árboles. Por tanto, la repoblación ha veces ha supuesto una auténtica agresión medioambiental, aunque, eso sí, han permitido el aumento constante de la superficie arbolada en las últimas décadas, a lo que también ha colaborado el abandono de cultivos en zonas marginales del medio rural desde el “Desarrollismo” de los años 1960 y el consiguiendo éxodo rural masivo.

CONCLUSIONES

Como hemos visto a lo largo del tema, en España hay una gran diversidad de formaciones vegetales, adaptadas a unas determinadas condiciones climáticas, de suelos, de relieve y de posición. Estas formaciones vegetales tienen un carácter claramente regresivo debido a la acción humana, concretamente la deforestación y unas repoblaciones que han constituido en realidad unas auténticas agresiones medioambientales.

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LAS AGUAS Y LA RED HIDROGRÁFICA

Resumen del Tema 5 de Geografía para Selectividad referente a las aguas y la red hidrográfica, por Carlos Javier Garrido García.

Los regímenes fluviales en España en un examen de Selectividad. Fuente: Distrito Único Andaluz

INTRODUCCIÓN

El agua es un elemento imprescindible para la vida y, por tanto, para el desarrollo de las actividades humanas. Es un elemento con una cantidad constante en nuestro planeta, pero en movimiento y cambio continuos en sus condiciones físicas en el llamado ciclo hidrológico. Pese a ello, de la cantidad de agua disponible sólo el 3 % es dulce y, además, se halla desigualmente repartida por la superficie terrestre.

En este tema vamos a estudiar las aguas superficiales terrestres, objeto de estudio de la Hidrografía. Así, vamos a estudiar la red hidrográfica peninsular,  centrándonos tanto en su organización espacial en vertientes y cuencas como en sus características, los regímenes fluviales. Por último, analizaremos el uso y aprovechamiento humano del agua, elemento clave en un país como el nuestro en el que predomina el clima mediterráneo caracterizado por unas precipitaciones escasas e irregulares, con fuerte sequía estival.

LAS VERTIENTES HIDROGRÁFICAS Y LA RED FLUVIAL DE ESPAÑA

Las vertientes hidrográficas españolas

En la red hidrográfica de España podemos distinguir dos grandes vertientes, la Atlántica y la Mediterránea, que presentan unas características muy diferentes, pero muy variables dentro de cada una, y una diferente extensión. En cuanto a esto último, la vertiente Atlántica ocupa el 69 % del territorio peninsular, mientras que la Mediterránea sólo el 31 %. Esto se explica por la basculación hacia el Oeste del zócalo herciniano durante la Orogenia Alpina.

En cuanto a los archipiélagos, Ceuta y Melilla, como veremos, no se puede hablar de auténticos ríos por razones climáticas y litológicas.

Los ríos y las cuencas hidrográficas

Vertiente Atlántica

En la Vertiente Atlántica podemos distinguir entre la Cuenca Norte o Cantábrica y las grandes Cuencas Atlánticas.

En cuanto a la Cuenca Norte o Cantábrica, se caracteriza por ríos cortos, dada la cercanía de la Cordillera Cantábrica y del Macizo Galaico-Leonés a la costa, lo que explica también su gran fuerza erosiva por la pendiente que han de salvar en su curso, y son caudalosos y regulares debido al predominio del clima oceánico, caracterizado por precipitaciones abundantes y regulares. Los principales ríos, de Este a Oeste, son: Bidasoa, Nervión, Nalón, Narcea, Tambre, Ulla y Miño.

Por lo que se refiere a las grandes cuencas atlánticas, son ríos largos y con amplias cuencas, al extenderse por las submesetas y la depresión del Guadalquivir. Su caudal es muy irregular, con fuertes estiajes veraniegos, dado el clima Mediterráneo caracterizado por precipitaciones escasas e irregulares, con marcada sequía estival. De Norte a Sur destacan las del Duero, Tajo, Guadiana y Guadalquivir.

Vertiente Mediterránea

Los ríos mediterráneos son cortos o de mediana longitud, debido a la cercanía al mar de cordilleras como las Béticas, el Sistema Ibérico y la Cordillera Costero-Catalana. Debido al clima Mediterráneo estos ríos se caracterizan por un caudal muy escaso e irregular, con fuertes crecidas y estiajes, siendo frecuentes las ramblas. Las ramblas disponen de agua en su cauce sólo cuando hay abundantes precipitaciones, permaneciendo la mayor parte del año su caudal seco. Los principales ríos son, de norte a sur, el Llobregat, Turia, Júcar, Segura, Almanzora, Guadalfeo y Guadalhorce.

En esta vertiente tenemos como excepción al Ebro, que es un río largo, cuya cuenca ocupa la depresión alpina que lleva su nombre, y muy caudaloso, debido a la amplitud de su cuenca, a que nace en la zona de clima Oceánico y a que recibe importantes afluentes procedentes del Sistema Ibérico y, sobre todo, los Pirineos, zonas de montaña con altas precipitaciones orográficas. En cualquier caso, su caudal es más irregular que el de los ríos cantábricos, al discurrir mayoritariamente por zonas de clima Mediterráneo.

Red fluvial insular, Ceuta y Melilla

En los archipiélagos Balear y Canario y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla no se puede hablar de auténticos ríos, existiendo únicamente ramblas. Ello se debe a diversas razones. En primer lugar, en estos cuatro casos se trata de islas o enclaves pequeños, por lo que las cuencas drenan poco terreno. En segundo lugar, en Baleares, Ceuta y Melilla predomina un clima Mediterráneo y en las Canarias uno subtropical, caracterizados ambos por las escasas e irregulares precipitaciones. En tercer lugar, en Baleares predomina la litología caliza y en Canarias la volcánica, siendo ambos tipos de rocas muy porosas y permeables, por lo que las aguas de las precipitaciones tienden a filtrarse, predominando la escorrentía subterránea sobre la superficial.

LOS REGÍMENES FLUVIALES

El régimen fluvial es la evolución del caudal, ya sea absoluto (m3/s) o relativo (l/s/km2), de un determinado río, teniendo en cuenta sus variaciones estacionales, crecidas y estiajes.

El régimen fluvial depende principalmente de la aportación de agua al caudal, tanto en su cantidad (que depende de la amplitud de la cuenca y de la cantidad de precipitaciones) como en su forma (lluvia, nieve). En líneas generales, se pueden distinguir tres grandes regímenes en función de la forma de alimentación (pluvial, nival y mixto), que se dividen en subtipos en función de los condicionantes climáticos.

Régimen pluvial

En este régimen, la alimentación de los ríos depende casi en exclusiva de precipitaciones en estado líquido. Dentro de este régimen se pueden distinguir los siguientes subtipos:

El régimen pluvial oceánico se corresponde a zonas de clima oceánico o atlántico, caracterizado por precipitaciones abundantes y regulares. Como consecuencia, el caudal de estos ríos es muy regular, con un mínimo poco pronunciado en verano y un máximo en invierno al coincidir con unas temperaturas más bajas, por lo que la evaporación también lo es.

El régimen pluvial mediterráneo corresponde a zonas con clima mediterráneo, con lluvias escasas y muy irregulares, con fuerte sequía estival. Como consecuencia de ello, el caudal de estos ríos es muy irregular, con fuertes estiajes en verano. En cuanto a los máximos, se distinguen dos tipos: el levantino, en el que las crecidas se producen en otoño ligadas al fenómeno de gota fría, y el subtropical, que presenta máximos en primavera coincidiendo con las precipitaciones asociadas al frente polar.

Régimen nival

En este régimen, la alimentación de los ríos depende de precipitaciones en forma de nieve, correspondiendo a zonas de alta montaña. Su caudal es muy irregular. Las aguas bajas corresponden al invierno, ya que las precipitaciones permanecen retenidas en forma de nieve. Las aguas altas se dan a finales de primavera y principios de verano, ya que el aumento de las temperaturas provoca el deshielo de las precipitaciones acumuladas con anterioridad.

Régimen mixto

Dentro de los regímenes mixtos distinguimos entre nivo-pluvial, pluvio-nival y complejo.

En el régimen nivo-pluvial, las precipitaciones que alimentan a los ríos se dan en forma de nieve o líquida, con predominio de la primera, presentando las aguas altas en primavera y las bajas en invierno. Se extiende por zonas de montaña menos altas que las de régimen nival.

En el régimen pluvio-nival, las precipitaciones son tanto líquida como de nieve, aunque con predominio de la primera. Presentan un claro estiaje en verano y el máximo caudal se produce en primavera.

Por último, los regímenes mixtos son los más extendidos y son los característicos de los grandes ríos españoles. En ellos se combinan diferentes tipos de alimentación debido a sus extensas cuencas y a sus numerosos afluentes.

USO Y APROVECHAMIENTO DE LAS AGUAS

El agua dulce es uno de los elementos imprescindibles para el desarrollo humano. Su cantidad disponible es limitada, desigualmente repartida a lo largo del tiempo y del espacio.

El consumo de agua, tanto doméstico como industrial, agrario y en los servicios es muy alto. La principal actividad consumidora de agua en España es la agricultura, llegando al 75 % del total. La actividad agraria de regadío se concentra en la zona mediterránea y subtropical, precisamente las zonas que cuentan con menores y más irregulares precipitaciones. Esto genera un problema en la gestión del agua, provocando que las cuencas mediterráneas presenten balances hídricos negativos, agravados en verano en las zonas costeras por las actividades turísticas de sol y playa. Frente a ello, las autoridades han llevado a cabo la construcción de infraestructuras, tales como embalses, canales y desaladoras, para asegurar el suministro en épocas de escasez. Del mismo modo, se han intentado implementar políticas hidráulicas cuyo objetivo principal era desviar caudales de las zonas con balance hídrico positivo a las que lo tienen negativo a través de canales de trasvase, aunque en general dichas políticas no han sido totalmente implementadas al generar problemas entre las distintas comunidades autónomas. Este ha sido el caso del Plan Hidrológico Nacional aprobado en 2001 y revisado en 2005.

Aparte de su consumo, al agua se le dan usos recreativos (pesca, navegación) y energéticos (producción eléctrica en presas y saltos de agua). En cuanto a estos últimos, no están muy desarrollados debido a que la mayor parte del país presenta unas precipitaciones escasas e irregulares, no disponiendo los ríos de un curso que permita este aprovechamiento, con la excepción de los grandes ríos.

Dado todo lo expuesto, los problemas de sobrexplotación de las aguas son muy frecuentes, provocando la salinización de acuíferos y agravando los problemas de contaminación provocados por los vertidos agrarios, ganaderos, industriales y urbanos.

CONCLUSIONES

Como hemos visto, la red hidrográfica peninsular está muy condicionada por el relieve y por las condiciones climáticas, dando lugar a vertientes y cuencas con unas características muy diferenciadas y a unos regímenes fluviales muy diversos. En nuestro país el clima mediterráneo predominante ha determinado que se disponga de un suministro de agua escaso y desigualmente repartido, lo que ha provocado problemas políticos, de sobrexplotación y contaminación.

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LOS DOMINIOS CLIMÁTICOS EN ESPAÑA

Resumen del Tema 4 de Geografía para Selectividad, referente a los dominios climáticos en de España, por Carlos Javier Garrido García.

Mapa sobre las variedades climáticas españolas usado en varias ocasiones para el examen de selectividad. Fuente: Distrito Único Andaluz.

INTRODUCCIÓN

En este tema vamos a estudiar Los principales dominios climáticos existentes en España, sus características y distribución geográfica. Así, para cada tipo y subtipo climático indicaremos por dónde se extiende y cuáles son sus características en cuanto a los principales elementos del clima: las Temperaturas (medias anuales y mensuales, amplitud térmica) y las Precipitaciones (total anual, evolución mensual y existencia o no de meses según según el criterio de Gaussen).

CLIMA OCEÁNICO O ATLÁNTICO

El primero de los dominios climáticos es el Oceánico o Atlántico. Es un clima templado, caracterizado por unas temperaturas moderadas, una baja amplitud térmica, una elevada nubosidad y humedad, y unas precipitaciones abundantes y regulares.

En la Península Ibérica ocupa una franja continua desde Galicia hasta el Prepirineo catalán. Esta localización se relaciona con su posición septentrional, lo que hace que se vea afectada durante casi todo el año por el paso de las borrascas asociadas al frente polar. Además, su posición a barlovento de los flujos de viento procedentes del Atlántico hace que la influencia termorreguladora del mar sea importante, lo mismo que las precipitaciones orográficas.

Dentro de este clima se pueden distinguir dos subtipos: el oceánico puro y el de transición.

Clima oceánico puro o marítimo

Se extiende por las áreas más próximas al litoral desde Pontevedra a la parte occidental de Navarra.

Se caracteriza por unas temperaturas suaves a lo largo del todo el año, con una temperatura media anual (TMA) entre 11 y 15ºC, con veranos frescos y cortos (con temperatura media mensual no superior a 22ºC) e inviernos suaves y templados (con medias mensuales entre 6 y 10ºC). Por tanto, la amplitud térmica (AT) es reducida, de en torno a 10-12ºC.

En cuanto a las precipitaciones son elevadas, normalmente superiores a 1.000 mm anuales, y muy regulares, no presentando ningún mes seco según el criterio de Gaussen, aunque en los meses de verano es cuando se registran las precipitaciones mínimas.

Clima oceánico de transición o de interior

Se localiza en las zonas de interior alejadas del litoral, desde el interior de Orense hasta el Prepirineo catalán.

Por tanto, la influencia del mar es menor, por lo que las temperaturas son más extremas (con veranos más cálidos e inviernos más fríos) y la amplitud térmica mayor, llegando a valores entre 12 y 15ºC.

Su situación a sotavento de los flujos de viento predominantes hace que las precipitaciones sean menores, situándose entre 700 y 1.000 mm, existiendo incluso uno o dos meses secos.

CLIMA MEDITERRÁNEO

El segundo de los dominios climáticos españoles es el Mediterráneo. Es un clima templado que en España ocupa la mayor parte del territorio, ocupando toda la Península con excepción de las zonas de clima oceánico y de montaña, las Islas Baleares, Ceuta y Melilla.

Su principal rasgo es la escasez e irregularidad de las precipitaciones, cuyos valores anuales se sitúan entre 300 y 750 mm y existiendo una fuerte aridez estival.

Este clima está condicionado por la circulación general atmosférica, ya que en verano la zona queda bajo el dominio de los anticiclones subtropicales, mientas que en invierno, otoño y primavera queda bajo la influencia de las bajas presiones y frente polares.

En cuanto a las temperaturas, son muy variables en función de la influencia marítima y la posición latitudinal, factores que influyen también en las precipitaciones, lo que permite diferencias varios subtipos: marítimo, continentalizado y árido.

Clima mediterráneo marítimo

Se localiza en las costas orientales y meridionales de la Península Ibérica, Islas Baleares, Ceuta y Melilla, extendiendo su influencia también a la parte baja de la depresión del Guadalquivir.

Se caracteriza por unas temperaturas suaves en invierno y calurosas en verano, con una AT moderada de entre 12 y 15ºC. La TMA, situada en valores por encima de 15ºC asciende de norte a sur.

Las precipitaciones son muy irregulares, con varios meses áridos según el criterio de Gaussen, y presentan valores de entre 750 y 300 mm anuales, con valores descendentes de norte a sur y de oeste a este. Destacan también por su torrencialidad, sobre todo en otoño ligadas al fenómeno de gota fría, generando riadas e inundaciones, sobre todo en el área levantina.

Clima mediterráneo continentalizado o de interior

Ocupa todo el interior peninsular (Meseta, depresión del Ebro y zona alta de la del Guadalquivir), con excepción de las zonas de montaña.

El carácter macizo de la Península y la disposición periférica de las unidades montañosas explica que esta zona esté aislada de la influencia marítima y a sotavento de los flujos de viento. Por tanto, este clima se caracteriza por una AT elevada, superior a 16ºC e incluso 20ºC.

Las precipitaciones son similares al mediterráneo marítimo, con una clara aridez estival, aunque los máximos pluviométricos se concentran más en primavera y otoño, cuando las borrascas de procedencia atlántica atraviesan el interior peninsular

Clima mediterráneo árido

Se localiza en la región sureste de la Península, desde el sur de Alicante hasta Almería y parte de la costa granadina.

Su situación a sotavento de las masas de aire atlánticas, por lo que la aridez es muy acusada, con 9 o más meses secos según el criterio de Gaussen, y las precipitaciones muy bajas, por debajo de los 300 mm anuales, y además muy torrenciales, asociadas frecuentemente al fenómeno de gota fría.

Las temperaturas son similares al mediterráneo marítimo, con unos inviernos suaves, unos veranos largos y calurosos y una AT baja.

CLIMA CANARIO

El tercero de los grandes dominios climáticos españoles es el Canario. Este clima se localiza en las islas Canarias y sus características vienen condicionadas por la latitud subtropical (predominio de los anticiclones subtropicales, por lo que predomina la estabilidad atmosférica y los vientos de componente norte o alisios), su localización en el océano atlántico (mar abierto y frío, más aún por la corriente fría de canarias, lo que aumenta la estabilidad atmosférica), la proximidad al continente africano (por lo que son frecuentes las llegadas de masas de aire sahariano que provocan olas de calor y calima) y su relieve (en las islas más montañosas la altura disminuye las temperaturas y aumenta las precipitaciones en las fachadas de barlovento).

Como consecuencia de todo ello, el clima canario se caracteriza por unas temperaturas altas durante todo el año (TMA entre19-21ºC) y una baja AT (entre 7 y 8ºC).

Las precipitaciones son muy escasas e irregulares, oscilando entre los 100 mm de las islas orientales a los poco más de 300 mm de las occidentales. En todo caso, en las islas más altas en las fachadas de barlovento las precipitaciones son más elevadas, muchas veces ligadas al fenómeno del mar de nubes.

CLIMA DE MONTAÑA

Dentro de los dominios climáticos españoles están los de Montaña. La altura baja las temperaturas y, por ello, aumenta las precipitaciones en las fachadas de barlovento y las baja en las de sotavento por el efecto foehn.

En las zonas de montaña, como los Pirineos, Cordillera Cantábrica, Sistema Central y Cordilleras Béticas se desarrolla el mismo clima de las zonas circundantes, sea este oceánico o mediterráneo, pero con unas temperaturas y precipitaciones variadas por la altitud.

CLIMAS LOCALES

Por último, dentro de los dominios climáticos españoles hay que tener en cuenta los climas locales. Las condiciones generales de un clima pueden ser variadas por factores geográficos o humanos de una manera muy sustancial, dando lugar a los climas locales.

Como ejemplo de la incidencia de los factores geográficos, en las zonas de umbría y barlovento de las Cordilleras Subbéticas, como la Sierra de Segura, se puede producir una reducción de temperaturas y un aumento de las precipitaciones generando unas características climáticas similares a las del clima oceánico, lo que permite que haya especies como el roble y el acebo.

En cuanto a los factores humanos, el clima urbano se caracteriza por un aumento de las temperaturas debido al asfalto, las construcciones, las calefacciones y el tráfico, mientras que el aumento de las temperaturas favorece los movimientos ascendentes del aire y la contaminación favorece la condensación del agua al utilizar esta como anclaje las partículas contaminantes, lo que hace que precipitaciones y nieblas sean más frecuentes.

CONCLUSIONES

Como hemos visto, los factores geográficos determinan una enorme variedad en los dominios climáticos en España, lo que tiene como consecuencia una vegetación y unos usos agrarios también muy variados, como veremos en los temas siguientes.

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CARACTERIZACIÓN GENERAL DEL CLIMA EN ESPAÑA

Resumen del Tema 3 de Geografía para Selectividad, referente a la caracterización general del clima en España, por Carlos Javier Garrido García.

Mapa de Isoyetas de España. Fuente: www.agrega.juntadeandalucia.es

INTRODUCCIÓN

En este tema vamos a estudiar las causas de las diversas variedades climáticas de España. El clima depende de la interacción entre los factores y elementos climáticos. Hay que recordar que el clima es la sucesión habitual de los tipos de tiempo en una determinada zona, mientras que el tiempo son las condiciones particulares que presenta la atmósfera en un lugar y momento determinados.

España está situada en la zona templada del planeta, estando afectada por las bajas presiones de las latitudes medias y las altas presiones subtropicales. Por otra parte, el relieve peninsular, visto en los temas anteriores, condiciona mucho las condiciones climáticas españolas.

En el tema vamos a analizar los factores condicionantes del clima en España, distinguiendo entre geográficos y termodinámicos, para pasar después a analizar la incidencia de estos factores en los distintos elementos climáticos.

LOS FACTORES CLIMÁTICOS

Factores geográficos

Entre los factores geográficos destacan la latitud, el relieve, la influencia del mar y la posición.
En cuanto a la latitud, España se encuentra en la zona templada del planeta, recibiendo influencias de la zona polar (al norte) y subtropical (al sur). Esto hace que en Península y Baleares haya estaciones climáticas diferenciadas, cosa que no ocurre en Canarias por su posición meridional, y que las temperaturas y precipitaciones varíen de norte a sur.
El relieve español es muy accidentado, influyendo mucho en las características climáticas españolas. De término medio, por cada 100 metros de ascenso en altitud la temperatura desciende 0’6 ºC y las precipitaciones aumentan por el efecto foehn. El relieve influye también en función de las vertientes con respecto al viento (barlovento y sotavento) y el sol (solanas y umbrías).
La influencia marítima es importante ya que suaviza las temperatura, disminuyendo la amplitud térmica. La forma maciza de la Península Ibérica y la disposición periférica de gran parte de sus cordilleras limita mucho la influencia marítima, presentando el interior peninsular una gran continentalidad.
Por último, en cuanto a la posición, la posición de España entre el continente europeo y africano y el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo explica que reciba influencias muy diversas de todos ellos.

Factores termodinámicos

Dentro de los factores termodinámicos destacan los centros de acción, las masas de aire, los frentes y la circulación en altura.
En cuanto a los centros de acción, estos son los centro de altas presiones o Anticiclones, y los de bajas presiones o Borrascas, que presentan un origen dinámico o térmico y se representan en los mapas de isobaras. Los principales centros de acción que influyen en España son los anticiclones de las Azores, Escandinavo, Invernal Centroeuropeo e Invernal Peninsular, y las borrascas de Islandia, del Golfo de Génova, la Estival del Norte de África y la Estival de la Península.
Por lo que se refiere a las masas de aire, España, por su posición, recibe la influencia de masas de aire muy diversas tanto por su latitud (árticas, polares y tropicales) como por la superficie sobre la que se originan (marítimas y continentales).
En cuanto a los frentes, estos pueden ser cálidos, fríos u ocluidos, afectando a la España principalmente los frentes asociados al frente polar, es decir, a la discontinuidad existente entre las masas de aire polares y tropicales, especialmente en invierno y las estaciones equinocciales.
Por último, la circulación en altura viene determinada por la corriente en chorro o jet stream, que es precisamente la que marca la posición latitudinal del frente polar.

La corriente en chorro se desplaza hacia el norte en verano, lo que hace que España se vea más afectada por las masas de aire tropical, y hacia el sur en invierno, lo que hace que se vea más afectada por las masas de aire polar. Además, en determinadas épocas se suelen producir pérdidas de velocidad en la corriente, lo que hace que esta oscile y genere vaguadas, es decir, embolsamientos de aire frío muy al sur y de aire cálido muy al norte. Los primeros son los responsables del fenómeno de gota fría, al coincidir el aire en altura con una temperatura cálida y una alta humedad en superficie en los litorales mediterráneos a finales del verano y principios del otoño.

LOS ELEMENTOS CLIMÁTICOS Y SU DISTRIBUCIÓN ESPACIAL

Insolación y nubosidad

La insolación y la nubosidad son variables inversamente proporcionales. Así, las zonas más insoladas son las menos nubosas, lo que coincide con el sureste de España, debido a su situación a sotavento de los flujos de viento predominantes, y las islas Canarias, por el predominio en ellas de las situaciones anticiclónicas subtropicales. Por contra, las zonas con mayor nubosidad y menor insolación coinciden con el noroeste de la Península y la Cornisa Cantábrica, al estar situadas a barlovento de los flujos de viento predominantes.

En general la insolación es menor en el norte que en el sur, ya que la posición latitudinal hace que las zonas al norte estén más afectadas por las perturbaciones asociadas al frente polar, mientras que en el sur tienden a predominar las situaciones anticiclónicas relacionadas con las altas presiones subtropicales.

Temperatura del aire

La temperatura es el nivel de calor de una determinada masa de aire, se mide en grados centígrados (ºC) y se representa gráficamente en los mapas de isotermas (líneas imaginarias que unen puntos con una misma temperatura) y en los climogramas (mediante una línea roja).

España pertenece al dominio templado, con la excepción de Canarias, que pertenece al subtropical, por lo que sus temperaturas máximas y mínimas no son muy extremas. Las temperatura media anual viene condicionada por la latitud (las medias son descendentes de norte a sur) y por la altura, como ya se ha indicado. Este último factor es clave en la Península dado lo abrupto de su relieve.

La amplitud térmica es la diferencia de temperaturas medias entre el mes más cálido y el mes más frío y es un elemento que varía en función de la influencia marítima, ya que las grandes masas de agua tienden a atenuarla. En el caso de España, la disposición periférica de las unidades del relieve explica que la amplitud térmica sea en general muy elevada en el interior peninsular y que la influencia marítima se limite a pequeñas zonas costeras o a depresiones abiertas al mar como la del Guadalquivir. En las zonas de interior, por tanto, son frecuentes las olas de calor en verano y las heladas en invierno.

Humedad atmosférica

Dentro de la humedad hay que diferenciar entre humedad absoluta (cantidad de vapor de agua que contiene una determinada masa de aire) y humedad relativa (relación entre la cantidad de vapor que posee una masa de aire y el máximo que podría alcanzar sin llegar a saturarse, es decir, llegar al punto de rocío.

La humedad depende de las precipitaciones, de la influencia marítima y de la insolación-nubosidad, lo que explica que sus valores en la Península desciendan de noroeste a sureste y que sean también bajos en las islas Canarias. En el interior peninsular, en situaciones de anticiclón térmico invernal, son frecuentes las nieblas, ya sean estas por advección o por irradiación.

Precipitaciones

Las precipitaciones pueden ser de tres grandes tipos en función de su origen:

  • Orográfricas: (por el efecto foehn las masas de aire húmedas al ascender en altura en las fachadas de barlovento se enfrían y el vapor de agua se condensa, mientras que en las fachadas de sotavento al descender se calientan y por tanto no se condensa)
  • Convectivas (las altas temperaturas de verano favorecen la evaporación y el ascenso de las masas de aire, que se enfrían rápidamente y provocan la formación de tormentas)
  • Frontales (el choque de masas de aire de diferente naturaleza provoca el surgimiento de frentes: en los frentes fríos la masas de aire frío obliga a la más cálida a ascender por lo que se enfría y condensa; en los frentes cálidos, la masa de aire cálido se eleva sobre la fría y por tanto se enfría y condensa).

Se miden en milímetros (mm) o litros por metro cuadrado (l/m²) y se representan en mapas de isoyetas (líneas imaginarias que unen puntos con la misma precipitación) y en los climogramas con barras azules.

En la Península Ibérica las precipitaciones descienden de norte a sur y de oeste a este debido a que los flujos de viento predominantes son del norte, noroeste y oeste y a que cuanto más al norte más se está bajo la influencia de las perturbaciones asociadas al frente polar. En las islas Canarias las precipitaciones son bajas por su situación en la zona de dominio de los anticiclones subtropicales, destacando las lluvias orográficas ligadas a los vientos alisios.

Presión atmosférica

La presión atmosférica es el peso de la atmósfera sobre un punto determinado de la superficie terrestre, medido en milibares (mb) o hectopascales (hPa) y que se representa en los mapas de isobaras (líneas imaginarias que unen puntos con la misma presión).

Las zonas de alta presión, o Anticiclones, se caracterizan por los movimientos descendentes del aire, por lo que proporcionan estabilidad, predominando en la Península en verano e invierno; las zonas de bajas presiones, o Borrascas, se caracterizan por los movimientos ascendentes del aire, por lo que generan nubosidad y precipitaciones, predominando en la Península en otoño y primavera.

Vientos

En la Península Ibérica predominan los vientos del Oeste, aunque también son muy frecuentes los del norte y noroeste. En Levante son frecuentes los vientos del este y en Canarias los alisios. Los vientos son determinantes para la distribución de precipitaciones y temperaturas. En cuanto a las primeras, por ejemplo, las fachadas a barlovento recogen más precipitaciones que las de sotavento y la dirección predominante del oeste y noroeste y norte explica el descenso de precipitaciones en la Península de oeste a este y de norte a sur. En cuanto a las temperaturas, los vientos predominantes explican que la zona con mayor amplitud térmica de España sea la Submeseta Sur, ya que es la más alejada de la influencia marítima.

Evapotranspiración y aridez

La evapotranspiración es la pérdida de humedad por parte de las masas de agua, de la superficie terrestre y de los seres vivos, siendo mayor cuanto más altas son las temperaturas.

Cuando la evapotranspiración es muy alta puede dar lugar a problemas de aridez, secándose el suelo, perdiendo volumen las masas de agua y secándose la vegetación. Para medir la aridez hay muchos índices, el más utilizado es el de Gaussen, según el cual un mes es árido cuando las precipitaciones son menores al doble de las temperaturas, ya que gráficamente es muy fácil de calcular en los climogramas. Ya que en ellos la escala de precipitaciones es el doble que la de temperaturas, el momento en el que la línea de estas últimas supera a la barra de las primeras se puede hablar de un mes seco.

En la Península las zonas de clima mediterráneo presentan una gran aridez estival, extendiéndose los meses secos a la mayor parte del año en las zonas de clima mediterráneo árido. Lo mismo sucede con el clima subtropical de Canarias.

CONCLUSIONES

La interacción entre factores y elementos climáticos es la que determina los distintos tipos climáticos. En España, la diversidad y complejidad de los factores geográficos, especialmente el relieve accidentado y la gran extensión latitudinal, es la que determina una gran diversidad climática, que analizaremos en el tema siguiente.

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LAS GRANDES UNIDADES DEL RELIEVE

Resumen del Tema 2 de Geografía para Selectividad (Andalucía) referente a las unidades del relieve español, por Carlos Javier Garrido García.

Mapa del relieve español. Fuente: Wikipedia.

INTRODUCCIÓN

La variedad de unidades del relieve en España viene condicionada y explicada por su origen geológico y por la variedad de formas dependientes de la variedad litológica peninsular, elementos todos ellos que hemos estudiado en el tema anterior.

La Península Ibérica presenta dos grandes conjuntos: la Meseta, con sus unidades interiores y periféricas, y las unidades alpinas, tanto depresiones como cordilleras. A ello hemos de unir las unidades pertenecientes a los archipiélagos balear y canario.

LA MESETA Y SUS UNIDADES INTERIORES

Características generales

La Meseta se caracteriza por una elevada altitud media, superior a los 600 metros, y en ella alternan llanuras y formas montañosas. Su origen está en el Macizo Hespérico, surgido durante la orogenia Herciniana de la Edad Primaria, que quedó arrasado por la erosión durante la Era Secundaria dando lugar a una gran llanura, el zócalo paleozoico o herciniano. Este fue fracturado por la orogenia Alpina en la Era Terciaria, hundiendo algunos bloques y elevando otros, lo mismo que sus bordes, en los que se habían depositado sedimentos. Además, esta orogenia basculó el macizo hacia el Oeste, cuando hasta entonces lo había estado hacia el Este.

Las dos submesetas

Dentro de la Meseta podemos distinguir dos submesetas, divididas por el Sistema Central, constituyendo dos extensas altiplanicies, es decir, superficies tabulares a elevada altitud media.

Submeseta Norte: Sus límites son el Macizo Galaico-Leonés, la Cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico y las Gargantas del Duero. Presenta una altitud media de 750 metros y dentro de ella podemos distinguir entre la Cuenca sedimentaria del Duero (sector del zócalo paleozoico hundido y rellenado por sedimentos, destaca la presencia de terrazas fluviales y predomina una litología arcillosa) y las Penillanuras Occidentales (zona occidental de las provincias de Salamanca y Zamora, son un sector del zócalo arrasado en el que domina la litología silícea).

Submeseta Sur: Sus límites son el Sistema Central, Sistema Ibérico, Sierra Morena y Depresión Tajo-Sado. Presenta una altitud media de 650 metros y en ella podemos distinguir entre la Cuenca sedimentaria de la Submeseta Sur (dividida en las cuencas del Tajo y del Guadiana, es otro sector del zócalo hundido y colmatado de sedimentos, predominando las extensas llanuras y la litología arcillosa) y las Penillanuras (sectores del zócalo arrasados que se extienden por el oeste de Ciudad Real y Extremadura, predomina la litología silícea y presenta un relieve caracterizado por crestones y montes islas, habiendo también presencia de vulcanismo en el Campo de Calatrava).

La unidades montañosas interiores

Todas ellas se originan en la orogenia Alpina, que fracturó y elevó partes del zócalo herciniano. Por tanto, en ellas predomina la litología silícea y son cordilleras de estilo germánico o apalachense caracterizadas por la alternancia de horsts y graben y las cimas suaves y aplanadas. Destacan básicamente dos: el Sistema Central y los Montes de Toledo.

Sistema Central: presenta una disposición Suroeste-Noreste, en él hay huellas de glaciarismo y presenta un estilo germánico. Esta cordillera es la que divide la Meseta en dos submesetas.

Montes de Toledo: presenta una disposición Este-Oeste y un relieve apalachense. Es la cordillera que divide la Submeseta Sur en dos cuencas, la del Tajo y la del Guadiana.

LOS REBORDES MONTAÑOSOS DE LA MESETA

Orígenes

Su origen está en la fractura del Zócalo Herciniano y la elevación de bloques en la Orogenia Alpina. Antes de que esta se produjera, el zócalo estaba basculado hacia el Este, lo que explica que en esta zona se depositaran sedimentos durante la Era Secundaria. Por ello, los rebordes de la zona oriental presentan una litología caliza con afloramientos del zócalo silíceo en las zonas centrales más elevadas, mientras que en la zona occidental la litología es silícea, al no estar cubierto el zócalo por sedimentos.

Macizo Galaico-Leonés

Se trata de un abombamiento del zócalo recorrido por fallas de disposición Norte-Sur. En él dominan la litología silícea y las formas redondeadas.

Está formado por las siguientes unidades: los Montes de León, las montañas y cuencas medias y la zona costera, caracterizada esta última por la presencia de rías, antiguos valles fluviales inundados por el mar al cambiar la basculación del zócalo al Oeste con la orogenia alpina.

Cordillera Cantábrica

Presenta una disposición Oeste-Este. Su origen está en un bloque del zócalo arrasado y basculado durante la Era Secundaria hacia el Este. Esto explica que en el sector oriental de esta cordillera predomine la litología caliza, ya que en estas zonas el zócalo fue recubierto de sedimentos, mientras que en la occidental aflora el zócalo en superficie, predominando la litología silícea.

Dentro de esta cordillera se pueden distinguir tres sectores: el Macizo Asturiano (litología silícea, relieve apalachense de bloques fracturados, es la zona con mayores altitudes), la Montaña Santanderina (litología caliza, cordillera de plegamiento, relieves más suaves) y los Montes Vascos (litología caliza, cordillera de plegamiento, intensa erosión y zona de transición hacia los Pirineos).

Sistema Ibérico

Presenta una disposición Noroeste-Sureste. Presenta una cobertera de sedimentos mesozoicos sobre el zócalo por lo que se combinan estructuras plegadas y falladas. Así, hay un predominio calizo pero existen afloramientos silíceos del zócalo en algunas zonas.

Sierra Morena

Se trata de una flexión del zócalo, constituyendo un escalón tectónico con poca altura con respecto a la Meseta pero muy escarpado con respecto al valle del Guadalquivir. En esta cordillera predomina la litología silícea.

LOS SISTEMAS Y UNIDADES EXTERIORES A LA MESETA

Orígenes

Se sitúan en zonas sin contacto con la Meseta. En ellas, durante el Mesozoico se depositaron grandes capas de sedimentos calizos de origen marino, al ocupar grandes fosas en el mar de Tethis. En ocasiones, estos sedimentos se depositaron sobre antiguos macizos paleozoicos sumergidos, como el Bético-Rifeño y el del Ebro-Catalán-Balear. Al producirse la orogenia alpina, estos sedimentos se plegaron intensamente, dando lugar a las grandes cordilleras alpinas, en las que en sus zonas más altas llegan a aflorar restos de los macizos antiguos por la erosión. También hay zonas que se hunden, como las depresiones del Ebro y Guadalquivir, que se fueron colmatando de sedimentos arcillosos.

Depresiones exteriores

Se trata de cuencas o prefosas alpinas que presentan una forma triangular, una litología arcillosa y conforman grandes cuencas fluviales. Destacan la depresión del Guadalquivir o Bética y la depresión del Ebro.

Cordilleras alpinas

Son montañas jóvenes de elevada altitud y presentan una gran variedad litológica ya que, aunque predominan las calizas, hay afloramientos de los viejos zócalos Bético-Rifeño y Ebro-Catalán-Balear. Destacan tres: los Pirineos, las Cordilleras Béticas y la Cordillera Costero-Catalana.

Los Pirineos se sitúan en el istmo que une la Península Ibérica al resto del continente europeo. Presenta dos grandes unidades: el Pirineo Axial (es el eje central, afloran restos paleozoicos por lo que predomina la litología silícea y es la zona donde se dan las máximas altitudes) y el Prepirineo (está compuesto de materiales paleozoicos plegados y elevados, por lo que predomina la litología caliza y presenta dos grandes cordilleras, las Sierras Interiores y Exteriores, separadas por la Depresión Media). En esta cordillera destaca la importancia del modelado glaciar.

Los Sistemas Béticos presentan una disposición Suroeste-Noreste y es una cordillera plegada. Presenta las siguientes unidades: Cordillera Penibética (en ella se dan las máximas alturas y afloran materiales paleozoicos, por lo que la litología es silícea), Cordillera Subbética (presenta una menor altitud, es el producto del plegamiento de los sedimentos mesozoicos y en ella predomina la litología caliza) y la Depresión Intrabética (es un conjunto de depresiones y altiplanicies situadas entre las dos unidades anteriores, predominando la litología arcillosa).

La Cordillera Costero-Catalana tiene una disposición Noreste-Suroeste y es una unidad montañosa muy fragmentada que aísla a la Depresión del Ebro del Mar Mediterráneo. En el norte predomina la litología silícea y en el sur la caliza, presentando tres grandes unidades: la Cordillera Litoral, la Cordillera Prelitoral y, entre ambas, la Depresión Intermedia.

LOS RELIEVES INSULARES

Archipiélago balear

Se compone de tres islas mayores (Mallorca, Menorca e Ibiza) y dos menores (Formentera y Cabrera) y constituye una prolongación de los Sistemas Béticos. En este archipiélago predomina la litología caliza, con la excepción de Menorca en la que lo hace la silícea. La isla que presenta un relieve más complejo es Mallorca, pudiendo distinguir en ella las siguientes unidades: Sierra de Tramontana al noroeste, Sierra de Levante al sureste y la Llanura Central o Pla entre ambas.

Archipiélago canario

Está compuesto por siete islas mayores (Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro. Tienen un origen volcánico y la edad de las islas decrece de este a oeste, por lo que las situadas al este presentan un relieve muy erosionado (caso de Lanzarote y Fuerteventura) y las situadas al oeste mucho más abrupto (caso, por ejemplo, de Tenerife y La Palma).

CONCLUSIONES

Como hemos podido ver, el relieve en España es muy complejo y diverso, lo que ha condicionado mucho otros elementos físicos, como los climáticos y la vegetación, y, como no podía ser de otro modo, las actividades humanas.

Si desea descargarse este tema en PDF, pulse aquí: TEMA 2 DE GEOGRAFÍA PARA SELECTIVIDAD

Para ver el resto de temas del temario de Geografía para selectividad, pulse aquí.

TEMARIO DE GEOGRAFÍA PARA 2º DE BACHILLERATO Y SELECTIVIDAD

Temario de Geografía para 2º de Bachillerato y Selectividad: resúmenes de los temas por Carlos Javier Garrido García.

Fuente: Wikipedia.

La Geografía es una de las asignaturas con una menor nota media en Selectividad. Ello se debe a varios factores: por un lado, el alumnado debe afrontar unos contenidos no tratados desde 3º de ESO, y, por otro lado, el examen de selectividad de esta materia es muy complejo, incluyendo definiciones de conceptos, exposición de un tema completo y la realización de un ejercicio práctico. Para ver las orientaciones de la ponencia para esta materia en selectividad, pulse aquí.

En cuanto a los temas de desarrollo teórico, el temario de Geografía se compone de un total de 17 tema. Iré subiendo en el blog el resumen de los mismos, que pueden ser consultados pulsando sobre ellos.

Tema 1: El relieve español.

Tema 2: Las grandes unidades del relieve.

Tema 3: Caracterización general del clima en España.

Tema 4: Los dominios climáticos en España.

Tema 5: Las aguas y la red hidrográfica.

Tema 6: Las regiones biogeográficas de España.

Tema 7: Evolución y distribución de la población española.

Tema 8: Dinámica y estructura de la población española.

Tema 9: El proceso de urbanización en España y el sistema de ciudades.

Tema 10: Morfología y estructura de la ciudad en España.

Tema 11: El espacio rural.

Tema 12: Los dominios y paisajes agrarios.

Tema 13: La actividad pesquera en España.

Tema 14: La industria en España.

Tema 15: El transporte en España y su papel en el territorio.

Tema 16: El turismo en España.

Tema 17: España en su diversidad regional.

TEMARIO DE HISTORIA DE ESPAÑA PARA SEGUNDO DE BACHILLERATO Y SELECTIVIDAD Y ESTRATEGIAS METODOLÓGICAS PARA SU PREPARACIÓN

Temario de Historia de España para Segundo de Bachillerato y Selectividad y estrategias metodológicas para su preparación, por Carlos Javier Garrido García.

Amadeo I de Saboya, recién llegado a España en diciembre de 1870, ante el cadáver del general Prim, presidente del Gobierno Provisional. Antonio Gisbert (1871).

Orientaciones para el curso 2018/2019

Las orientaciones para este curso, publicadas por la Ponencia, se pueden consultar en internet pulsando aquí.

Temario de Historia de España

De las dos opciones existentes en el examen de Selectividad, la que más se adecua a los intereses del alumnado (temario más abarcable y más significativo para entender de modo crítico la España actual) es la Opción B. Para su preparación pueden servir de guía los antiguos temas de Selectividad del anterior modelo de Selectividad. Al final de la entrada se irán ubicando enlaces para su descarga.

Metodología y temporalización

La metodología de preparación va enfocada a fomentar el aprendizaje comprensivo, más que memorístico, y gradual, que permita al alumnado un elevado control del temario al terminar el curso.

 Primer y segundo trimestre

Durante el primer trimestre se trabajan los contenidos referentes a los siglos XVIII y XIX.

Antes de ello, se realiza durante las dos primeras semanas un repaso de los contenidos previos del temario, vistos de una manera muy sintética e incidiendo especialmente en los aspectos cuya importancia es especialmente destacada en la España contemporánea, como es la Reconquista, origen de la variedad lingüística, cultural y nacional, la Repoblación, origen de los desequilibrios en la estructura de la propiedad de la Tierra, y el nacimiento de la monarquía confederal hispánica con los Reyes Católicos y su política matrimonial, clave para entender, con su fin, el origen de los nacionalismos.

En el segundo trimestre se trabajan los contenidos del temario referidos al siglo XX.

El trabajo de los distintos temas se hace con un uso preferente de las TIC, con la siguiente secuenciación: una o dos sesiones de explicación del profesor apoyándose en una presentación de power point con el mínimo texto posible y compuesto básicamente de imágenes.

En otra sesión se visionará un video correspondiente a la unidad, utilizando para ello la serie de TVE “Memoria de España”, que se puede visionar pulsando aquí.

La última sesión dedicada a la unidad se dedicaría a realizar dos comentarios de documentos. Para ver el comentario de texto propuesto y ver ejemplos de documentos comentados, pulse aquí.

Tercer trimestre

En el tercer trimestre se realiza un repaso general del temario a través de mapas conceptuales y los referentes a los siglos XVIII-XIX, que en la Opción B serían objeto de preguntas cortas, el repaso se realizaría a través de la realización por el alumnado y corrección en clase de preguntas cortas elaboradas por ellos mismos. Para ver las preguntas cortas de los exámenes de selectividad (Opción B) propuestas los cursos 2016/2017 y 2017/2018 resueltas, pulse aquí. Para las referentes a la Opción A, pulse aquí.

En los tres trimestres se realizarían exámenes de cronología como medio adecuado para el repaso y situación temporal de los distintos acontecimientos. Para consultar la metodología de trabajo de la cronología, pulse aquí.

Evaluación

Los instrumentos de evaluación consistirían básicamente en pruebas escritas que, siguiendo el modelo de selectividad, supondrían el 90 % de la nota, y la observación del trabajo en clase y valoración de la entrega de comentarios de texto y preguntas cortas, suponiendo todo ello el 10 % de la nota restante.

Temario

En los siguientes enlaces se puede acceder a los temas y a su descarga en PDF. A modo de resumen de la ponencia, los temas que incluye cada opción de selectividad son los siguientes:

OPCIÓN A: exposición de los temas 5, 6, 7 8, 9 ó 10; preguntas cortas de los temas 1, 2, 3, 4, 11, 12 y 13.

OPCIÓN B: exposición de los temas 11, 12, 13, 14, 15 y 16; preguntas cortas de los temas 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10.