VIDEO DE LA CHARLA SOBRE LA GUERRA CIVIL EN GUADIX DURANTE LA VISITA A UNO DE LOS REFUGIOS ANTIAÉREOS DE LA GUERRA CIVIL, EL DE “LA TABICONA”.

Video de la charla introductoria realizada por Carlos Javier Garrido García como introducción a la visita de uno de los refugios antiaéreos construidos en Guadix durante la Guerra Civil.

Plaza Mayor de Guadix, parcialmente destruida en 1936.

Dentro del marco de los actos conmemorativos de la proclamación de la II República organizados por el Ayuntamiento de Guadix, realicé el pasado 15 d abril la charla introductoria a la visita al refugio de “La Tabicona”, situado bajo la Solana de Santiago y que ha sido abierto al público por primera vez.

En la charla hice un recorrido por la evolución de la II República, un régimen reformista que fracasó debido a la crisis de 1929, a la oposición de los privilegiados y a la lentitud de las reformas, lo que provocó un aumento de la conflictividad social.

Como consecuencia de ello, aumenta la polarización política desde la derecha y la izquierda, culminando en el enfrentamiento en la Guerra Civil entre una república que sufre un agudo proceso revolucionario y un bando sublevado en el que se establece una dictadura militar próxima al fascismo.

Todo este proceso fue especialmente intenso en la ciudad de Guadix, una ciudad que sufría una aguda polarización política y social, que se manifestaba en la existencia de dos ciudades distintas: la de las casas y la de las cuevas.

Tras analizar la evolución de la Guerra Civil en Guadix y comarca, me centré en el sistema de defensa antiaérea, con la vigilancia desde la Alcazaba y la torre de la Catedral, las sirenas en este último lugar y la Estación y una amplia red de refugios que acabaron de construirse en diciembre de 1937.

Si desea ver el video de esta charla, alojada en la página de Facebook del Ayuntamiento de Guadix, pulse aquí.

VIDEO DE LA CONFERENCIA “HISTORIA SOCIAL DE GUADIX EN LA EDAD MODERNA Y CONTEMPORÁNEA”.

Video de la conferencia “Historia social de Guadix en las edades moderna y contemporánea”, por Carlos Javier Garrido García.

Ciclo de conferencias “El coloquio de los perros”, organizado por CNT Comarca de Guadix.

El pasado día 6 de abril de 2017 pronuncié en el patio central del Ayuntamiento de Guadix la conferencia “Historia social de Guadix en las Edad Moderna y Contemporánea”, dentro del ciclo de conferencias “El coloquio de los perros”, organizado por el sindicato CNT-AIT Comarca de Guadix.

En la conferencia hice un repaso por la evolución demográfica y socioeconómica de la ciudad desde su conquista por los Reyes Católicos en 1489 hasta el momento actual, pasando por la repoblación, la época morisca, la rebelión de los moriscos y la crisis posterior, el surgimiento y crecimiento del barrio de las cuevas, la incidencia de las desamortizaciones, el desarrollo incipiente desde la inauguración del ferrocarril en 1895, la II República y la Guerra Civil, la autarquía y el desarrollismo franquistas, la crisis de reconversión y la incidencia de la crisis económica actual.

Para ver el video, pulse aquí.

EL FIN DE LA COMUNIDAD MORISCA EN EL REINO DE GRANADA: LA EXPULSIÓN DE 1584

Análisis de la expulsión de los moriscos del reino de Granada de 1584, que eliminó gran parte de los restos de la comunidad morisca presentes en ese reino tras la expulsión de 1570, a través del ejemplo de Guadix y su Tierra, por Carlos Javier Garrido García

Introducción

En 2002 publiqué el artículo “La expulsión de los moriscos del reino de Granada de1584. El caso de Guadix y su Tierra”, en la revista “Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos (Sección Árabe-Islam)“, nº 51, pp. 19-38.

Artesonado mudéjar de la Iglesia de Santiago de Guadix

La expulsión de los moriscos granadinos

Tras la derrota morisca en la rebelión de 1568-1570 la corona decidió que los mo­riscos fueran expulsados del Reino y sus propiedades fueran confiscadas. Sin embar­go, de esta primera expulsión escaparon muchos moriscos, bien con permiso de la coro­na o fruto de ocultaciones y retornos ilegales, lo que llevo al profesor Vincent a hablar de la permanencia de una comunidad morisca en el Reino entre 1570 y 1610, fecha de la última y definitiva expulsión. Sin embargo, el mismo autor consideró que esta comunidad se puede dar como definitivamente eliminada incluso antes, en 1585, fruto de la expulsión de 1584, ultima general antes del episodio final, y residual, de 1610.

Estado de la cuestión

Sin embargo, pese a la importancia de esta expulsión, los datos con que contábamos eran muy parciales, e incluso su valoración se veía menoscabada al considerarla como una simple consecuencia de decretos anteriores que ahora tenían su definitiva aplicación. Las primeras noticias sobre esta expulsión fueron aportadas por el hispanista francés Henri Lapeyre, habiendo sido seguidas por el ya citado Bernard Vin­cent, quien no aportó apenas más datos, tan solo el error de considerarla como una mera aplicación de los decretos de expulsión de 1576, 1578, 1579 y, sobre todo, 1581. La expulsión de 1584 supuso un importante cambio en la política de la corona, que pasó de unas medidas de represión y expul­sión limitadas a una de expulsión general y que afectó incluso a muchos de los moriscos que desde 1570 no habían sido inquietados, como los sujetos a administración o los mismos seises y oficiales.

Fuentes

Todo ello justificaba nuestro estudio de la expulsión, sirviendo como ejemplo el marco de la ciudad de Guadix y su Tierra, utilizando como fuentes, además de los legajos de Cámara de Castilla custodiados en el Archivo General de Simancas, otras fuentes antes no utilizadas, como los expedientes matrimoniales procedentes del Archivo Histórico Diocesano de Guadix. Con ello nos acercamos al análisis de una expulsión que barrió de manera definitiva la presencia morisca en el Reino, limitándola ahora a los pocos que consiguieron eludirla mediante su ocultación y a los que escaparon legalmente: unas miles de esclavas e hiladoras de seda y las familias moriscas colaboracionistas. Aunque como ha demostrado recientemente Enrique Soria Mesa los moriscos siguieron presentes en el reino de Granada en un grado mayor del que se había supuesto, lo cierto es que, en mi opinión, la ocultación y lo reducido de su número hicieron que sea del todo imposible hablar, después de 1584, de una “comunidad morisca” en el mismo.

Conclusiones del estudio

Como se demuestra en el artículo, la expulsión de 1584, lejos de tratarse de una expulsión “parcial” como dijo Henri Lapeyre o de una mera consecuencia de unos decretos anteriores incumplidos como estableció Bernard Vincent, constituye sin duda el fin definitivo de la presencia de una comunidad morisca en el Reino de Granada. Así, supuso la expulsión no sólo de los retornados ilegalmente y de los que mediante su ocultación habían evitado los decretos anteriores, sino que supuso la extensión de la medida a los restos de la comunidad que hasta entonces habían permanecido de manera legal, tales como seises, oficiales y menores sujetos a administración.

Debe hablarse, por tanto, de un punto de inflexión en la política de la Corona, ya no dispuesta a consentir la presencia de ningún tipo de moriscos en el Reino, excepción hecha de los colaboracionistas, de las esclavas moriscas y de unas cuantas hiladoras de seda, y no de una mera de aplicación de los decretos incumplidos de 1576, 1578, 1579 y 1581, que se referían solo a los retornados ilegalmente y a los varones adultos, tanto libres como cautivos. Por otra parte, y a falta de conocer el numero exacto y la identidad de los expulsados, podemos concluir que su incidencia fue muy alta, como dejan patentes tanto las protesta que provocó la medida en las autoridades locales como que muchas de las expulsadas hubieran de recurrir a contraer matrimonio con cristianos viejos para eludirla.

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LA CIUDAD DE GUADIX EN VÍSPERAS DE LA II REPÚBLICA A TRAVÉS DEL PLANO DE 1931 DEL INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL

Descripción de Guadix en vísperas de la II República a través del plano de la ciudad que se conserva en el Instituto Geográfico Nacional, por Carlos Javier Garrido García.

Introducción

A lo largo de 2017 he ido publicando en la revista “Wadi-as, información y cultura” de Guadix los planos de la ciudad elaborados en 1931 y que se conservan en el Archivo del Instituto Geográfico Nacional. Son un total de 11 planos realizados a principios de 1931, justo en el tránsito del reinado de Alfonso XIII a la II República. Destacan por su singularidad, por su elevada calidad técnica y porque constituyen una fuente inestimable para conocer el pasado de nuestra ciudad.

Crepúsculo en la ciudad de Guadix.

Guadix en 1931

En 1930 el municipio de Guadix contaba con 21.949 habitantes y podía ser definido económicamente como una agrociudad, es decir, un núcleo urbano en el que el principal sector económico seguía siendo la agricultura y, ligada a ella, una industria de transformación de productos agrarios (harineras, almazaras…). Tanto una como otra actividad se habían revitalizado desde finales del siglo XIX gracias a la llegada del ferrocarril y, gracias a ello, la expansión del cultivo e industria asociada de la remolacha azucarera. Junto con ello, el comercio abastecedor de la ciudad y su comarca era el otro gran pilar de la economía local, junto con los servicios ligados a la administración pública.

Socialmente, Guadix estaba muy polarizado, con una escasa clase alta y media que acaparaba los principales medios de producción, y una inmensa clase baja en la que predominaban los jornaleros.

El subdesarrollo económico y la polarización social se plasmaban en la estructura urbana de la ciudad, que se dividía en tres zonas: el amplio casco histórico, indicador de la importancia de la ciudad en la Edad Moderna; un escasísimo ensanche del siglo XIX, muestra de la ausencia de industrialización; y el amplio barrio de las cuevas, que acogía a la mayor parte de la población de clase baja de la ciudad.

Plano del centro a las cuevas

Empezaré el análisis de los planos con el de la Zona 2ª, Hoja 2ª, fechado a 30 de mayo de 1931. Abarca la zona comprendida entre el límite con el plano de Zona 2ª-Hoja 1ª (zona en torno a la Catedral) y las calles San Miguel, Solana de Santiago, Eras de Lara, Convento de San Diego, Gloria, Santiago y Mira de Amescua. Por tanto, abarca parte del centro de la ciudad y parte del barrio de las Cuevas.

En cuanto al nombre de las calles, se mantiene en líneas generales la nomenclatura actual, destacando en todo caso las denominaciones Alfonso XIII que tenía la calle Ancha y Carrera que tenía la Puerta Alta.

Como edificios singulares, destacan el Ayuntamiento en la Plaza de la Constitución, donde estaría también el Liceo, denominación que tenía la calle que subía de la Plaza al Hospital; el Hospital en el antiguo convento de los Jesuitas; una Escuela Nacional en la Calle Santisteban, el Seminario e Iglesia de San Agustín en la calle Barradas, el Convento de la Concepción en la calle homónima, el edificio de Correos frente al Hospital en la esquina con calle Villalta, un palomar junto al Ayuntamiento en la actual Calle Magistral Domínguez (sin denominación en el plano), ya existía el paso en alto entre el Seminario y la Alcazaba, y el Convento de San Diego en su plaza homónima.

En cuanto a los servicios básicos, ya existía suministro eléctrico, existiendo un transformador en la calle Torno de las Monjas. No ocurría otro tanto con las aguas potables, abasteciéndose el centro de la ciudad con fuentes públicas como las de la Calle San Miguel y en las placetas de Santiago y del Hospital. En el caso de las Cuevas existentes en torno a la Calle San Marcos, Cerro de la Bala y Eras de Lara el suministro de agua se efectuaba a través de pozos, bastante numerosos en la zona. Por lo que se refiere a las aguas hay que citar también que el arroyo del Almojero estaba descubierto entre la calle San Miguel y la Cuesta Empedrada y que junto al convento de San Diego se hallaba descubierta también la acequia de la Ciudad.

Por lo que se refiere a los espacios públicos, la Plaza de la Constitución y la Placeta de Santiago estaban arboladas, mientras que en el plano se indica un jardín en la Placeta de los Álamos. El único hito monumental de carácter público era una cruz en el centro de la Placeta de San Diego. Por último, citar la existencia de cuatro eras en las Eras de Lara.

Iglesia de Santiago de Guadix.

Plano de la Catedral y los “cruces”

El plano de la Zona 2ª, Hoja 1ª, fechado el 30 de mayo de 1931, abarca la zona que limita al sur con el plano de Zona 2ª-Hoja 2ª, que acabamos de describir, incluyendo el entorno de la Catedral, Carreteras y Plaza de las Palomas, limitando al oeste con el plano correspondiente al barrio de San Miguel. Por tanto, incluye la otra parte del centro de la ciudad.

Guadix era un núcleo de comunicaciones, confluyendo en ella las carreteras de Murcia a Granada y de la Estación de Vílchez a Almería, generándose frente a la Catedral lo que terminaría conociéndose como “los cruces”. En cuanto a la carretera de Murcia a Granada destacaba el “puente de piedra” sobre el río Guadix. La zona en torno a la Ermita de San Sebastián estaba ocupada por huertas, regadas por la acequia de Rapales. También había huertas, como la de los Lao, entre la carretera de Granada y la Catedral, regadas en este caso por la acequia de Ranas. Por lo que se refiere a la Carretera de la Estación de Vilchez a Almería, actual Avenida Medina Olmos, estaba arbolada en sus márgenes y en ella se situaban, en su margen izquierda, el Parque de Ruiz Serrano, rodeado por una alambrada y que contaba con dos fuentes, un templete en el centro y un quiosco, el Banco Español de Crédito y la Fábrica de Harinas; y en la derecha la Puerta de San Torcuato.

Del cruce de las carreteras se subía por la Cuesta del Paseo a la zona de la Catedral. El Paseo de la Catedral estaba ocupado por un jardín central y la actual Plaza de la Catedral recibía el nombre de Calle de Ferrer Maldonado. En la actual Calle Santa María, sin denominación en el plano, y Placeta de Villalegre se situaban: el Cuartel de la Guardia Civil, el Palacio Episcopal (comunicado por un paso en alto con la Catedral), una fuente frente a la portada catedralicia de Santiago y una Escuela Nacional frente al cuartel. Había otra en la Calle Correo Viejo.

En la Plaza de la Constitución, que contaba en zonas con soportales, se situaba el Juzgado de Instrucción (donde ahora está Correos) y la Cárcel (donde ahora está el Liceo) y su centro estaba ocupado por la famosa farola. Al final de las escalinatas que se dirigían a la Puerta de San Torcuato había una fuente.

Por último, en la zona de la Puerta de San Torcuato es de destacar que la acequia de Ranas aparecía descubierta por algunas zonas dentro del casco urbano y la Fábrica de Hilados existente entre el callejón de Bocanegra y la Plaza de los Naranjos.

Plano de San Miguel, la Magdalena y la Cruz

El plano de la Zona 1ª, Hoja 1ª, fechado el 30 de mayo de 1931, abarca la zona comprendida entre la Calle San Miguel, la ermita de San Antón, la Era de los Belenes y el cerro del Gitano, incluyendo por tanto los barrios de San Miguel, de la Magdalena y de la Cruz y la zona de cuevas en torno a la Huerta Milla.

Empezando por el barrio de San Miguel, al principio de la calle Granada a la derecha había un Cine y a la izquierda estaba la Zona de Reclutamiento militar. Al final de la calle, en el inicio del camino de Granada, había una fábrica de aceite, cuya chimenea aún se conserva. En el límite de la zona poblada estaba el Camino de San Antón (actual calle Cañaveral) y el arroyo-camino de San Antón. Fuera del casco urbano estaba la ermita de San Antón, con una cueva en la base de su cerro y el caño en sus inmediaciones. Volviendo al otro extremo del barrio, se puede apreciar la Iglesia de San Miguel, con su escalinata de acceso, su torre exenta y el arco en el callejón Sexto de San Miguel, actual calle Mensafíes. En esta misma calle había un transformador y al final el Molino Aceitero de San José. En toda esta zona había numerosas calles sin nombre.

El barrio de la Magdalena se situaba en torno a los cerros homónimo, de San Cristóbal y de Rapa, caracterizándose por la existencia de numerosas calles sin nombre, cuevas con edificaciones anexas, cercados y pozos, un lavadero en la plaza situada entre la Calle Real de Santo Domingo y el cerro de la Magdalena, y la Iglesia del mismo nombre.

El barrio de la Cruz presentaba una fisonomía muy similar a la actual, con numerosos callejones, destacando también las cuevas en torno a la Placeta de las Ruedas y el cerro Horca.

Junto a este último se situaban la iglesia de Santo Domingo (con un atrio o placeta cercada en su entrada), jardines con su trazado, una Fábrica de Pan en el antiguo convento y luego palacete y, separado por un paseo de lo anterior, la huerta de Santo Domingo. Esta se separaba de la Huerta de Milla por el callejón de los Pimentillos.

Finalmente, la zona de cuevas se extiende en torno a los cerros Horca, Pedro Maura, Gitano y La Santa, presentando numerosas edificaciones anexas, pozos, huertas y eras como la de los Belenes. Es de destacar la Fuente de Maese Pedro y en la zona de la Solana de Santiago y Carrera de las Cruces la existencia de un horno y de pozos en la Tejera.

Por último, destacar dos hojas que, limítrofes con la que hoy publicamos, se corresponden con áreas muy pequeñas o escasamente urbanizadas. La primera de ella es la Hoja 3ª de la zona 1ª, limítrofe con esta en la zona de la Era de los Belenes, en la que destacan los tejares de Los Vacas y de Los Camachos. La segunda, Hoja 2ª, Zona 1ª, limítrofe con San Antón, incluye como elementos más singulares las eras del Colmenar y el Cementerio, con su primer perímetro, cruzado por un paseo que culminaba en la capilla, y la posterior ampliación.

Plano de Santa Ana

El plano de la Zona 3ª, Hoja 1ª, fechado el 30 de mayo de 1931, abarca la zona comprendida entre la calles Mira de Amezcua, Santiago y Gloria, placeta de San Diego, acequia del Senete, Puente Viejo, Eras de Santa Ana y carretera de Vílchez a Almería, actual Avenida Medina Olmos, incluyendo por tanto el Barrio de Santa Ana y zonas limítrofes.

Empezando por la carretera, en la confluencia de esta con la calle Mira de Amezcua se situaba el Mercado cubierto, es decir, la Plaza de Abastos, con sus escalerillas de acceso y una fuente en las que daban a la carretera. Toda la vía estaba arbolada y estaba cruzada por la acequia de Ranas. En su tramo central corría paralela a la acequia de la Ciudad, situándose frente a ella una Fábrica de Aceites. Al final de la carretera se situaba una Casilla de Peones Camineros, que aún se conserva, y numerosas eras. Finalmente, existía un puente sobre el arroyo o ramblilla del Piojo (conocida actualmente como rambla del Patrón) y en este tramo final la carretera iba acompañada de líneas telefónicas a ambos lados. Por último, hacia la vega había un Molino Harinero, en la actual calle Cristo del Humilladero, y otro Molino Harinero “Nuestra Señora de las Mercedes” junto a la acequia de Ranas.

En la calle Mira de Amezcua se encontraban las sedes de Teléfonos y la de Telégrafos en el inicio de la calle San José.  En la cercana placeta de San Francisco se ubicaba la iglesia de ese nombre y, en el antiguo convento anexo, la Casa Asilo de las Hermanitas de Ancianos Desamparados, además de un transformador.

En la calle de Santiago se situaban la Casa Cuna para niños abandonados y la Huerta de las Pastoras, culminando en unas escalerillas que daban acceso a la placeta del Osario.

Entrando ya de lleno en el barrio de Santa Ana, en la plaza de ese nombre destacaba la fuente y abrevadero y la iglesia, que contaba con una plataforma con escalerillas en su parte baja que ocupaba todo el lateral de la misma. Además del arco de la calle Imagen, hay que destacar la Escuela de Niños de la Placeta de las Islas y la de Niñas en la calle Santa Ana, frente al callejón de Carrasco, y que en la placeta de la Cruz Colorada aparecía un tramo al descubierto de la acequia de la Ciudad, lo mismo que en el Chorro Gordo.

Por último, de la zona del Puente Viejo salía el camino de Alcudia y en las Eras de Santa Ana y Alta destacaban las cuevas, en las que se marca su fachada y chimenea, con edificaciones adosadas.

Plano de la Ermita Nueva

El plano de la Zona 2ª, Hoja 3ª, fechado el 30 de mayo de 1931, abarca la zona de cuevas de la Ermita Nueva.

En esta zona, auténtico mar de cuevas, estas destacan por la ausencia de edificaciones anexas, a diferencia de las ya vistas de La Magdalena, San Marcos o Eras de Santa Ana, muestra de la pobreza de la zona, asiento de las clases más humildes de la ciudad.

El barrio se articulaba en torno a cerros (Pingurucho, Ermita Nueva, Gitano, Bala), barrancos (el del Tejar de Cucala, de la Ermita Nueva y del Armero) y cañadas (la de Mejías, de Ojeda y de los Gitanos).

Las edificaciones, como ya he indicado, eran muy escasas. Destaca la Ermita Nueva, flanqueada por dos pabellones de escuelas, una Alfar con dos hornos en  el trayecto medio de la Cañada de Mejías y dos Alfarerías, una con pozo y retretes en la confluencia de los barrancos de la Ermita Nueva y del Armero y la cañada de Ojeda, y, junto a ella, otra con fondo al final de la citada cañada. Por último, destacar los numerosos pozos distribuidos por el barrio.

Ermita Nueva, en el barrio de las Cuevas de Guadix.

Plano de las Cuatro Veredas y Cerros de Medina

El plano de la Zona 3ª, Hoja 2ª, fechado el 30 de mayo de 1931, abarca la zona de cuevas de las Cuatro Veredas y Cerros de Medina.

Al igual que sucedía en la Ermita Nueva, las cuevas de esta zona destacan por la ausencia de edificaciones anexas, muestra de la pobreza de la zona, asiento también de las clases más humildes de la ciudad. En este caso hay que destacar la existencia de numerosos corrales y de cuevas en construcción, lo mismo que algunas en ruinas.

El barrio se articulaba en torno a cerros (Bala, Chimenea, La Plaza, La Fica, Colita, Medina, Cuatro Veredas y Los Barreros), ramblas (la del Piojo y la del Patrón, marcando ambas la división entre Cuatro Veredas y Cerros de Medina), barrancos (el del Armero y el del Desmayado) y los caminos de Jerez y de Alcudia.

Como elementos a destacar hay que citar los numerosos pozos y lavaderos, las acequias del Senete y la Ciudad, las Eras de Lara al principio del camino de Jerez y, junto a este camino, la Fábrica de Electricidad con su depósito de agua y estanque en la confluencia del las ramblas del Patrón (denominada a partir de ahí del Piojo) y del Desmayado.

Plano de la Estación

El plano de la Estación de Guadix está dividido en 3 hojas. La hoja nº 1, fechada el 2 de febrero de 1931, incluye sólo el tramo de carretera de Murcia desde más arriba del puente el río Guadix hasta la acequia de Lupe, no incluyendo ninguna zona poblada o edificada. Sólo destacar que la carretera estaba arbolada a sus lados y que paralela a ella discurrían las líneas telefónica, eléctrica y telegráfica.

La hoja nº 2, fechada ese mismo día, abarcaba el tramo de carretera desde la acequia de Lúpez (sic) y el camino del Magistral, donde se situaban la Cueva del Magistral, con su paseo, jardín, estanque y era, y la Huerta de Dueñas, con sus jardines y era. Tras ellos y de la acequia del Almecín se encontraba el Barrio de la Estación, ocupando este plano la zona entre la Estación de Ferrocarriles y la rambla de Baza, incluyendo la línea férrea a Almería.

Entre esta línea y la acequia del Almecín se situaba la Fábrica de azúcar “Azucarera de San Torcuato”, en la que se aprecian todas sus dependencias al detalle: casa del administrador, almacén de pulpa, depósito de melaza, almacenes de útiles y abonos, almacén de azúcar, sección de calderas en la nave principal, chimenea exenta, transportadores, casa del director, balsas, etc. Por las inmediaciones de la citada chimenea discurría la acequia de Chiribaile.

Ya en el barrio de la Estación, en la carretera que conducía a ella destacaban las escuelas de niños y de niñas, la Iglesia y la propia Estación, situándose también junto a la acequia del Almecín la Barriada de García Tarifa. Al otro lado de las vías había una barriada de cuevas a ambos lados de la carretera de Murcia, situándose allí también la Fábrica de Harinas.

Por último, la hoja nº 3, fechada el 30 de mayo de 1931, abarca la zona situada entre la Estación de Ferrocarril y los ramales hacia Baza y Linares-Baeza hasta llegar un poco más allá del cerro Castañeta. En este se situaban varias cuevas y, cerca, las edificaciones del Paraje del Buen Acuerdo.

Destacan las infraestructuras ferroviarias como los andenes, muelles, almacenes, depósitos de agua, estafeta de correos, depósito de maquinarias y oficinas y el depósito de máquinas con su forma estrellada. Junto a la Estación se había establecido una Serrería mecánica y un almacén de maderas. Al otro lado de las vías, existían pequeños barrios de cuevas.

Si desea descargar los distintos mapas y descripciones publicadas en “Wadi-as, información y cultura” en pdf, pulse aquí: Plano de Guadix en 1931

RUTA POR EL GUADIX MORISCO

Ruta por el Guadix Morisco, realizada por Carlos Javier Garrido García los días 30 de septiembre y 29 de diciembre de 2017 dentro del programa de visitas guiadas “Pasea Guadix”, organizado por el Ayuntamiento de Guadix y el Centro de Estudios “Pedro Suárez”. En esta entrada publico la guía elaborada para la ruta, que puede ser descargada en pdf al final de la misma.

Fuente de Santa Ana, Guadix, 1568
Caño de Santa Ana de Guadix, con la heráldica de Carlos I y reformado en 1567.

Contexto histórico

La capitulación de Guadix ante los Reyes Católicos en diciembre de 1489 supuso que sus habitantes musulmanes pasaran al estatus “mudéjar”, es decir, que los nuevos súbditos de la corona castellana conservaran su religión, justicia y propiedades. Sin embargo, el intento de sublevación del verano de 1490 supuso su expulsión de la ciudad, quedando recluidos a partir de entones en la “Morería”, el actual barrio de Santa Ana, configurado como el arrabal más tardío de la ciudad musulmana en los siglos XIV/XV. La conversión obligatoria de los mudéjares en 1500 hizo que estos pasaran al estatus “morisco”, es decir, una población legalmente cristiana pero cuyo origen y lo forzoso de su conversión les hizo sufrir una fiscalidad diferente y una creciente presión aculturadora. Todo ello, junto con el deterioro progresivo de sus niveles de vida por la presión de las élites castellanas, determinó la sublevación de 1568-1571, saldada con su expulsión a otros reinos castellanos y, con ello, la entrada de Guadix y comarca en una larga crisis demográfica, económica y social.

Primera parada de la ruta: Arco de la Imagen

Portada en el camino a Fiñana y Almería de la segunda cerca de la ciudad, que quedó configurada en los siglos XIV/XV. Es el marco idóneo en la ruta para explicar la conquista de la ciudad, las capitulaciones y la sublevación de 1490, con sus consecuencias de repoblación y establecimiento de la Morería.

Segunda parada de la ruta: Placeta de los Pachecos

Toma su nombre de la familia Pacheco, que enlazó con las familias colaboracionistas de los Valle-Palacios y Abenaxara. En ella se sitúa el palacio de Hernán Valle de Palacios, descendiente de Abrahen Abenzeite, secretario del Zagal, incluyendo como propiedad privada la placeta, según su testamento de 1598. Es el marco idóneo en la ruta para explicar la organización institucional de la Morería, dirigida por el alguacil Hamete Uleylas y el consejo de notables de la aljama. Para controlar a esta última la Corona cuenta con los colaboracionistas, entre los que destacan las familias ya citadas.

Tercera parada de la ruta: Placeta de Santa Ana

En ella se sitúa la Iglesia Parroquial, datada en la primera mitad del siglo XVI, en la que destaca su portada, con heráldica de los Reyes Católicos y del primer obispo accitano tras la conquista, fray García de Quijada, y con decoración lombarda a imitación del castillo de la Calahorra. En el interior es de destacar el artesonado, obra de Bartolomé de Meneses en 1533; la lápida sepulcral de Hernán Valle de Palacios, fallecido en 1598; y su archivo, que cuenta con las series parroquiales más antiguas de la ciudad, iniciadas en 1539. En la placeta destaca también el Caño, con heráldica de Carlos V y, posteriormente, de la ciudad y del corregidor Miguel de Texeda, añadidas cuando es remodelado en 1567, un año antes de que estallara la rebelión morisca. Es el marco adecuado en la ruta para explicar la conversión forzada de 1500 y la política aculturadora que se pone en marcha y que pasa progresivamente de las medidas de conversión pacífica al genocidio cultural.

Cuarta parada de la ruta: Placeta de las Islas

Toma su nombre de la familia Isla, jurados de la ciudad entre los siglos XVII y XVIII, cuyo palacete se sitúa junto al callejón de los Morales. Es el marco adecuado en la ruta para explicar la evolución demográfica y socioeconómica de la población morisca entre 1500 y 1570, marcada por el hacinamiento y crecimiento demográfico y un empobrecimiento progresivo, lo que da origen al nacimiento del barrio de cuevas.

 Quinta parada de la ruta: Placeta del Osario

Solar del antiguo macaber o cementerio de la ciudad musulmana, junto a ella se sitúa el barrio de cuevas de San Marcos, ya citado en el Sínodo de 1554 realizado por el obispo Martín de Ayala y para cuyo control religioso existió en 1560 el proyecto de crear una nueva parroquia en la zona del Chorro Gordo: la de San Torcuato. Lugar adecuado en la ruta para simbolizar la muerte del Guadix morisco, a partir de 1570 con la expulsión, y de la misma ciudad en su conjunto, pasando buena parte de su población a vivir “enterrada en vida” en los marginales y crecientes barrios de cuevas.

Para descargar la guía de la ruta en pdf, pulse aquí: Pasea Morisco

LAS ESCLAVAS MORISCAS Y SU MAYOR COTIZACIÓN EN EL MERCADO DEBIDO A SU EXPLOTACIÓN LABORAL Y SEXUAL

Esclavas moriscas: resumen de la ponencia “Las esclavas moriscas de Guadix y su Tierra tras la rebelión de 1568: explotación laboral y sexual”, realizada por Carlos Javier Garrido García en el Simposio “Género, hogares y trabajo en la España meridional (1500-1850)”, celebrado de Guadix los días 22-23 de junio de 2017 y organizado por la Universidad de Granada.

“Traje de casa de las mujeres y niñas moriscas de Granada”. Dibujo de Christoph Weiditz (1529)

La rebelión de los moriscos (1568-1571)

La rebelión morisca iniciada en el reino de Granada en la navidad de 1568 hunde sus raíces en la cada vez más intensa explotación económica y presión aculturadora que despliegan los castellanos sobre la población morisca.

Las consecuencias de dicha sublevación fueron la expulsión de los llamados “moriscos de paces”, que no se habían sublevado, y la esclavitud de la población sublevada que fue capturada. La fundamentación jurídica para esto último se basaba en las Partidas, que legalizaban la esclavitud de los prisioneros de guerra infieles, los bandos de las autoridades locales y, finalmente, la decisión real de 1569. Esta última entendía que los moriscos habían apostatado con su rebelión de un cristianismo siempre fingido, por lo que eran susceptibles de ser esclavizados. La única limitación serían los niños menores de 10 años y medio y las niñas menores de 9 años y medio, que pasarían a estar en administración de una familia de cristianos viejos hasta cumplir los 20 años.

Como consecuencia de todo ello, los mercados esclavistas del reino de Granada registraron un enorme volumen de actividad. Entre ellos destacó el de la ciudad de Guadix, una de las principales del reino (sede de corregimiento y obispado) y que ocupó un lugar central en la retaguardia castellana, siendo su estudio objeto de mi tesis doctoral.

El mercado esclavista de Guadix

Se ha calculado que en la guerra fueron esclavizadas unas 30.000 personas de origen morisco, 6.000 de ellas con participación de tropas accitanas. En Guadix, entre 1569 y 1578, se registró la compraventa de 1.470 personas, de ellas 1.402 de origen morisco, concentrándose las operaciones entre 1569 y 1571 (1.363 personas).

Este elevado volumen de personas esclavizadas en el reino de Granada fue descendiendo de manera rápida, quedando en 1580 en el mismo sólo 5.611, incluyendo a menores en administración, 284 de ellas en Guadix y su Tierra. Este descenso se explica por los decretos de expulsión de los esclavos varones al ser considerados peligrosos por su reciente rebelión, a la exportación a otros mercados buscando una mayor cotización (especialmente el Valle del Guadalquivir y Levante), las liberaciones, las limitaciones a eclesiásticos en la posesión de esclavas jóvenes y a una dinámica natural regresiva.

Objetivos de la ponencia

Mi objetivo es explicar la mayor cotización de las esclavas moriscas frente a los esclavos de dicha etnia pese a su mayor oferta a través de su explotación sexual y laboral.

Predominio femenino en el colectivo de personas esclavizadas de origen morisco

De las 1.402 personas de origen morisco objeto de compraventa en Guadix entre 1569 y 1578 el 58 % eran mujeres. Este predominio femenino se debe a la captura de numerosa población no beligerante en las acciones de saqueo, a los decretos de expulsión de los esclavos varones y al carácter “doméstico” de la esclavitud granadina.

El debate sobre el mayor precio de las esclavas

La historiografía había venido explicando la mayor cotización de las esclavas frente a los esclavos en la explotación sexual, la esclavitud de sus hijos, la mayor “docilidad” de las mujeres, su mayor esperanza de vida y el carácter “doméstico” de la esclavitud mediterránea. En este último caso, se tenía una visión restringida del trabajo doméstico, que lo equiparaba a las tareas del hogar, esencialmente femeninas según la mentalidad de género de la época.

Frente a esta visión tradicional, Aurelia Martín Casares indicó como razones de la mayor cotización femenina el mayor consumo de mujeres en los mercados africanos y la mayor productividad de las esclavas por su versatilidad, negando la importancia de la explotación sexual y de la reproducción, denunciando mentalidades machistas en los investigadores.

Estas afirmaciones, que comparto en el primer caso, limitado a la población esclavizada de origen negroafricano y berberisco, fueron objeto de crítica en mi tesis doctoral. En primer lugar, hay que tener en cuenta que la época funcionaba según parámetros sexistas, por lo que no se entiende una crítica al machismo de los investigadores que sólo sería válida en el caso de que en la sociedad del siglo XVI hubiera predominado una igualdad de género. Por otra parte, se constata un mayor precio de los esclavos frente a las esclavas cuando se trata de una esclavitud menos “doméstica” y más dirigida a los sectores tradicionalmente considerados como “productivos”. Además, en cuanto a la explotación sexual, el número de nacimientos ilegítimos era bastante elevado y las malas condiciones de vida de las esclavas y las múltiples formas de dicha explotación explican que la correlación entre ella y la natalidad ilegítima no fuera tan directamente proporcional. Finalmente, hay que tener en cuenta que las diferencias de cotización entre hombres y mujeres disminuían en las edades infantil y anciana, que las esclavas acompañadas por niños y preñadas eran más cotizadas que el resto y lo ilustrativo que es la comparación con el caso de las criadas libres.

Algunos datos ilustrativos

Como muestra de la importancia de los nacimientos ilegítimos, en la Parroquia del Sagrario de Guadix, en torno al 9 % de los bautismos entre 1569 y 1599 son de personas esclavizadas. De los 72 bautismos de este tipo registrados, 54 eran hijos ilegítimos de madre esclava.

En cuanto a los precios, en primer lugar entre 1569 y 1571 las esclavas moriscas vendidas en solitario en Guadix alcanzan un precio medio de 22.629 maravedíes, las preñadas 22.687 y las acompañadas por un hijo menor de edad 33.290. En segundo lugar, el porcentaje que supone, el precio medio de los hombres con respecto al de las mujeres varía mucho según el grupo de edad. Así, en el de 0-9 años es del 94 %, en el de 10-19 años del 65 %, el de 20-29 años del 50 %, el de 30-39 años del 72 %, el de 40-49 años del 73 %, el de 50-59 años del 95 % y el de 60-69 años del 112 %, quedando claro que la mayor diferencia de precio se localiza en las edades más fértiles y sexualmente atractivas.

Criadas y esclavas

Comparando el caso de las esclavas con el de las criadas libres queda patente una aparente contradicción, ya que mientras las primeras son más cotizadas que los esclavos, los criados reciben salarios mucho más altos que las criadas. Evidentemente, la explotación laboral sería similar en ambos casos, por lo que la diferencia debe provenir de lo que las diferencia a ambas, que no es sino su situación jurídica. En este sentido, la absoluta dependencia jurídica de las esclavas posibilitaba una mayor explotación sexual y aumentaba la importancia de su “docilidad”.

La explotación sexual de las esclavas

Los nacimientos ilegítimos de madre esclava eran fruto de la explotación sexual de sus amos, pero también de las dificultades de las esclavas para establecer estructuras familiares, por lo que eran frecuentes sus amancebamientos con esclavos o estratos bajos del estado llano como criados.

En cuanto al debate sobre el carácter forzoso o voluntario de las relaciones amo-esclava y pese a la múltiple casuística, coincido con la profesora Martín Casares en considerar que donde hay sometimiento no puede haber voluntariedad.

Las causas de la explotación sexual serían el interés económico de los amos (esclavitud de los hijos, casos de prostitución), la subordinación total al amo, el predominio de mentalidades machistas y la presión contrarreformista contra los denominados “pecados públicos” como el amancebamiento.

Los indicios de esta explotación sexual son numerosos: el ya citado elevado número de nacimientos ilegítimos de madre esclava, los pleitos de la Audiencia Episcopal de Guadix estudiados en mi tesis y las denuncias existentes en los sínodos diocesanos de Sevilla de 1572 y 1586 y de Badajoz de 1671.

La explotación laboral de las esclavas: una esclavitud “doméstica”

Hay que partir de una concepción del servicio doméstico en la época como una actividad polivalente y carente de especialización en el ámbito familiar, principal unidad de producción de la época. Así, incluía el cuidado del hogar y de la familia, pero también actividades del núcleo familiar en la agricultura, la artesanía o el comercio. En cualquier caso, la mentalidad de la época hacía que se considerara como actividad principal las labores domésticas, consideradas esencialmente femeninas.

Distribución sexual de las tareas

Las actividades laborales se distribuían por sexos según los parámetros de género imperantes en la época. Hay que tener en cuanta, en todo caso, que la asignación de una tarea como principal no evitaba la participación en otras actividades de manera secundaria.

La distribución sexual consistente en actividades agrarias, artesanales, comerciales, etc. de los esclavos y en labores domésticas de las esclavas queda confirmada documentalmente en los casos del ducado de Medina Sidonia estudiado por Ladero Quesada, el de las Minas de Guadalcanal y Lisboa por Alessandro Stella y Bernard Vincent y las alegaciones hechas por los propietarios de esclavos moriscos para evitar su expulsión del reino de Granada a partir de 1570.

Lo anterior no evita que las esclavas moriscas participaran en actividades agrarias y artesanales, destacando en este caso la industria sericícola, pero siempre con un carácter secundario y contando con las limitaciones a la salida del domicilio de las mujeres, fueran estas libres o esclavas.

Conclusiones

El mayor precio de las esclavas pese a su mayor oferta se debió a su explotación sexual y al carácter “doméstico” de la esclavitud granadina, En el caso de la población esclavizada de origen morisco y berberisco hay que tener también en cuenta los decretos de expulsión de los esclavos varones y la importancia de la “docilidad” teniendo en cuenta la reciente rebelión y el problema de los monfíes.

MORISCO SLAVERY IN THE KINGDOM OF GRANADA

Morisco slavery, written by Carlos Javier Garrido García

I defended my PhD thesis named “Slavery in the kingdom of Granada in the last third of 16th century: the case of Guadix and its land”, on 12nd January 2012, in the University of Granada. Directed by Manuel Barrios Aguilera, I obtained a distinction grade cum laude. Below, I will explain a small overview of the PhD thesis and I will provide the web links to consult the fully text.

The slavery in early modern Spain

The slavery, which had its golden epoch in Roman Empire to the point of configuring a society in which the economy depended principally on the slaves’ works, experienced a general setback in Middle Ages, slavery maintained its importance just in Italian and Iberian Peninsula, mainly, thanks to the conflicts with Islam in the slavery core and North Africa which provoked that many people were forced to enslave because of their religious belief.

In the case of Iberian Peninsula, the slavery was reinforced at the end of Middle Ages and at the beginning of the Modern Age, on the one hand, by Portuguese discoveries in the coast of Africa, which generated a new source of people who were enslaved, an occurrence known as the black slave trade and, on the other hand, because of the end of Reconquest, the conquest of Granada kingdom and the immediate expansion of the Castilian people to Africa.

The slavery achieved a remarkable importance in Portugal as well as in the south and Mediterranean areas of the kingdom of Castille and Aragon, although, in this case, slavery did not achieve to configure a society made up of slaves as it happened in Antiquity. In the case of Castille, the slavery phenomenon will achieve its paroxysm in the last third of 16th century, on the one hand, thanks to the inclusion of Hispanic Monarchy of the kingdom of Portugal, which favoured the supplying of dark-skinned african slaves and on the other hand, thanks to Islam confrontations happened in the Mediterranean Sea, such as north-african prisoners, mainly in Melilla and Oran, as well as in the Peninsule, as a consequence of the morisco rebellion from Granada in 1568-1571

The uprising of Morisco people from Granada: the slavery

At Christmas in 1568, the uprising of Morisco people from Granada kingdom was originally initiated in Las Alpujarras, and it will be spread to the different towns from that area in the following two years. This uprising, which was the result to the extent of the more and more intense economic exploitation of the minority that old Christian carried out, and it was also due to the sharpening of the pressure exerted on people to become cristianized, it means that, the uprising was an obvious verification of the total failure in integrated politics that were carried out by the Crown since their forced speeches in 1500. An immediate consequence was, on the one hand, the murder of old Christian, in the side of Morisco people, especially ecclesiastics and desecration of churches; and on the side of old Christians the consequence was Morisco enslavement, most of all in their non-belligerent sector, women and children.

These enslavements and its immediate insertion in the market produced a strong debate in high stages of politicians and ecclesiastics proceedings of the Crown. In fact, forcing people to become in slaves in case of a war was a measure that was imposed for those infidel people and de iure,moriscos were Christian since year 1500. However, in March of the year 1569, the monarch made an important decision after consulting his theologians, morisco population could be enslaved if they commit an offense of divine or human lese majeste, that is, revolting against the Crown and God, in this last sense, it means that they had always faked their Christianism belief. The only limitation was to take the norm that boys under 10 years and a half and girls under 9 years and a half wouldn’t be considered as slaves but they would be part of the old Christian administration so that they could be educated in faith and Castilian culture, so they would be free from any link when they are 20 years old.

Morisco slaves: quantifying and evolution

It has been estimated that over 25.000 morisco people were enslaved during the war. Nevertheless, in recent investigations it has been demonstrated that most of those people were exported out the kingdom. This fact, in addition to the numerous liberations and a high mortality rate, would explain that there were few morisco slaves left in the kingdom of Granada, as well as in the different kingdoms from the Crown at the end of 16th century. Once that these people were released after having been subdued to slavery, they would suffer the consequences of both expulsions in the kingdom of Granada between 1570 and 1584 and the general expulsion in 1609-1614. In fact, some Moriscos who stayed in the kingdom suffered what was considerated as a main objective of the slavery by Professor Phillips: the incorporation of a population which was strange at the beginning so it was introducing in the society through a violent action. It could be considered that the enslavement during the uprising was the last attempt of introducing in Granada a population that had resisted to be slaves for almost 70 years so that, when the war broke out, Castilian people changed their mind and thought the kingdom of Granada and its population were still related to Islam religion so, it was a piece of land to be conquered.

Morisco slavery is considered a source of capitalization to repopulate Granada

On the other hand, the kingdom of Granada became in a seat for an important market of slaves, it was the result of the enslavement, which generated a lot of profits, made during the war in Granada kingdom. It was essential for later reconstruction of the area andto consolidate elites for the new society that was repopulated since the profits of the market had an impact on a part of the population of kingdom that was established because of the first repopulation at the end of 15th century.

The slaves market in Guadix

One of the main centres of this market was Guadix, since it was one of the main cities in Granada Kingdom, a seat of a jurisdiction of a corregidor that was extended along the east part of the kingdom and it was also one of the four episcopal seats that was founded in the same place after Castilians conquest. Besides, this market had an important function during the war in the rearguard of castilian military operations, as well as its proximity with the place where they fought, what provoked a high incidence rate of moorish slavery in the city.

Chapters in this thesis

Methodology and sources

In first chapter, I broach the methodology I have adopted and the sources that have been used in the process, which include a wide variety, such as notarial, parochial, judicial, inquisitorial, civil administration and investigation files sources.

Historic framework

In second chapter, I analyse the historic framework in which the slavery is going to be developed in Guadix and its Land in the last third of 16th century.  Thus, I broach the historical evolution between 1489, when the area was conquered by Catholic Kings, and 1630, when historiography considered the repopulation of the kingdom was concluded, after morisco expulsion.   In addition, firstly, I study the slavery in that area before 1568 to understand morisco slavery in its historical background, so, it’s necessary to consider the attitude of morisco people in the presence of slavery and the checking of slaves’ presence in the city through parochial sources.

Secondly, it must be taken the development of morisco revolution in 1568-1571 in Guadix and its land as an essential point to understand massive enslavements that were produced at that time and how the old Christian society, which was really affected by this conflict and the following expulsion of the extended morisco population, could face that situation.

The debate about moriscos enslavement and the control of enslaved population

In third chapter, I analyse the debate and control which was made because of the spoils of war that were obtained during the morisco uprising. I start analysing the debate about morisco slavery who were arrested during the war until it was taken a real final decision in March 1569, when it was penalized adults enslavement and how unfulfillment of expulsion public announcements was another consequence to the beginning of slavery, however, this fact was less extended than the other consequence of having stirred up against the Crown and having apostatized the Christian religion.

Following that, I try to approximate to the high volume of people who were enslaved in Guadix during the morisco uprising, using either the Mármol Carvajal chronicle and registers which the jurisdiction of the corregidor from Guadix carries through to control and distribute it. In fact, the arrest of morisco population during the conflict was the beginning of a process controlled by civil and military authorities which started with the arrests register, which was trusted to third persons, and finally, its distribution.

Evolution and distribution of slaved population in Guadix and its Land

In fourth chapter, I analyse the evolution and distribution of slaved population in Guadix and its Land in the last third part of 16th century. The arrests during the morisco uprising were many in the area, added to the redistributing nature of Guadix during the war since the city was used as rearguard zone by christian troops. However, as it occurred in the rest of Spain, the volume of morisco slaves was decreasing constantly.

And with Guadix and its Land, I verify how this reduction of morisco slaves was possible thanks to overseas exportation, expulsion decrees of male morisco slaves, problems which ecclesiastical authorities set out to the ecclesiastic and single ignorant possession of women slaves in their reproductive years, many liberations and a natural dynamic that was clearly regressive.   In that way, census datum from 1580 are very clarifying to this drop of morisco slaves which continues until the end of the century.

In addition, I study in this chapter the evolution and distribution of slaved population in Guadix and its Land between 1569 and 1599 through the analysis of parochial sources, so it is confirmed that the phenomenon is predominantly concentrated in the Sagrario parish, in which civil and religious elite of the city was settled, whereas in those parishes in which middle class (Santiago and San Miguel), lower class settled in the new caves neighbourhood (Santa María Magdalena) and new inhabitants who replace morisco population (Santa Ana) predominated, the number of people was much lower, as in the rural areas which were analysed such as Gor, Huéneja and Alquife, are the only towns in the area that preserve parochial registers from the period mentioned.

The functioning of slave market in Guadix

The fifth chapter is about the functioning of slave market in Guadix between 1569 and 1578 through the buying and selling study. Once this evolution is analysed, I study market items, slaved people, per their volume, ethnicity, gender, age, origin, names and surnames, as well as actors in the market, such as sellers, buyers and owners. Furthermore, I add an analysis of prices about its volume, evolution, variation per gender, age, ethnicity of slaves and taxation system.

Slavery life

In sixth chapter, I write about slavery life, studying life conditions of enslaved people, which were determined by marginalized society and lord treatment; their emotional life and reproductive ability were determined by sexual exploitation suffered by women slaves and by the cohabitation predominance opposite to matrimony: their piousness, which was very joined to syncretism phenomenon, witchcraft and magic, and “criptoislamismo”, it means that morisco people didn’t use to show their real religious belief in public; and, finally, their labor exploitation, that is the slavery used as a way of ostentation, it was a productive factor with economical profitability and a change instrument.

Freedom access and freed slave population

In seventh chapter, I write about the analysis of freedom access and freed slave population. I start with an analysis of the procedures to freedom access of slaves, then I continue with the study of the letters of “ahorría” (a person gets their freedom after the condition of slave) which were consented in Guadix between 1569 and 1578 and judicial access for freedom to morisco population who were illegally enslaved due to the fact of being minors or moorish who had never stirred up. Finally, I analyse the destiny of freed slaved population, which was very troubled by their slave past and racial and religious prejudices which were predominant at that epoch about racial purity.

Consequences of morisco slavery

In eighth and last chapter, to sum up, I set out some demographic and social hypothesis about the consequences of morisco slavery in Guadix and its Land, stressing on the importance of this phenomenon to understand the reinforcement of urban elites in Granada kingdom and the appearance of rural elites in repopulating areas.

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CENSOS PERPETUOS: RELACIONES DE PRODUCCIÓN ENTRE EL CAMPESINADO MORISCO Y LAS ÉLITES CATELLANAS EN EL REINO DE GRANADA

CENSOS PERPETUOS. Extracto del artículo “La explotación de los bienes rústicos de la Iglesia de Guadix en época morisca: el sistema de censos perpetuos” publicado en la revista Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos (Sección Árabe-Islam), nº 52 (2003), pp. 105-124, por Carlos Javier Garrido García.

 

Moriscos en Granada, grabado de Joris Hoefnagel (1564).

Introducción

Los estudios sobre el campo granadino en época morisca han conocido en los últimos años un fuerte auge. Sin embargo, este avance se ha producido con algunas limitaciones, destacando que las investigaciones se han centrado básicamente en los primeros años de la centuria (marcados por los repartimientos) y en la situación de la economía agraria en el momento de la expulsión de los moriscos (basándose en la ingente fuente que suponen los Libros de Apeo y Repartimiento), tratándose por tanto de dos fotos fijas de dos momentos importantes, aunque sabemos muy poco de la evolución de la agricultura granadina.

Por otra parte, las investigaciones se han centrado sobre todo en los aspectos relacionados con los estudios sobre parcelario, paisaje y sistemas de cultivo e irrigación, mientras que en el aspecto básico de las relaciones de producción generadas los estudios han sido bastante parcos y en muchos casos no han pasado de establecer la dicotomía entre propietarios castellanos y mano de obra morisca, sin ahondar en las formas de cesión de la tierra empleadas ni en su evolución a lo largo de la época morisca.

Este es precisamente el aspecto en el que voy a centrar a través del estudio de una de estas formas, la del censo perpetuo o enfitéutico, utilizando como ejemplo el caso de las propiedades rústicas de la Iglesia de Guadix y utilizando como fuente básica los amplios fondos conservados en el Archivo Histórico Diocesano de esa ciudad.

Estado de la cuestión

Propietarios castellanos y mano de obra morisca

Como estableciera el profesor Galán Sánchez, la práctica de la cesión a los mudéjares, y luego moriscos, de las tierras de los castellanos para su explotación venía a explicarse por la pérdida de tierras por despojo, por la aparición de propietarios castellanos (en su mayoría beneficiarios de mercedes reales) que no cultivaban directamente la tierra, por la lejanía entre la ubicación de las parcelas recibidas por los repobladores en los repartimientos y su residencia habitual y, finalmente, por la existencia de una fuerza de trabajo (los mudéjares, luego moriscos), que necesitaba de esas tierras para sobrevivir.

Pero no es sólo que existiera esa fuerza de trabajo, sino que también ésta era considerada por los propietarios castellanos como la mejor alternativa dado que su laboriosidad y conocimiento del medio y de los usos agrarios tradicionales les hacían más productivos y, por ende, más explotables.

Modalidades de cesión: arrendamientos y censos

Se estableció así una situación en la que las grandes clases dominantes urbanas controlaban la propiedad de una gran parte del terrazgo cultivado, siendo la renta fundiaria, en sus diversas modalidades, el principal sostén de su riqueza, poseyendo sus tierras en explotación indirecta, adoptando diversas formas, por un campesinado casi exclusivamente morisco que actuaba como arrendatario o censatario, lo que configuró unas relaciones sociales de producción basadas en el dominio de una minoría.

Esta situación, presente sobre todo en las zonas afectadas por los repartimientos subsiguientes a la conquista, se fue extendiendo durante la época mudéjar-morisca gracias a un proceso de acaparamiento de la propiedad de la tierra por parte de los castellanos, quedando los moriscos reducidos a la condición de censatarios, arrendatarios o simples jornaleros, un proceso de proletarización de la población morisca que se irá agudizando hasta el final de la época morisca y que, en buena medida, se debe tener en cuenta entre las causas del estallido bélico de 1568. Las formas de cesión de la tierra por parte de sus propietarios castellanos a sus cultivadores mudéjares-moriscos, fueron básicamente dos: el arrendamiento y el censo reservativo.

Arrendamientos

En cuanto a la primera, ésta fue la forma de cesión más empleada por los castellanos en la época mudéjar, sin duda como continuidad de la precedente época nazarí. Tal fue el caso de los bienes habices, que tanto en época nazarí como mudéjar eran arrendados por períodos de 4 años. Esta preeminencia del arrendamiento como forma de cesión en época mudéjar y también durante las primeras décadas de la época morisca queda también patente en los estudios del profesor Espinar Moreno basados en los protocolos notariales de Guadix, siendo los casos de cesión en perpetuo muy limitados y siempre centrados en unos bienes que, como las viñas y los morales, necesitaban de unos cuidados que, por la inestabilidad que daban los arrendamientos, sólo podían ser asegurados mediante los censos.

Censos

Sin embargo, el sistema de arrendamientos dejaba a los moriscos en una situación de desamparo e inseguridad, situación que se empezó a mitigar gracias al sistema de censos reservativos. Éstos consistían en una relación contractual perpetua (caso del censo perpetuo o enfitéutico) o a largo plazo (por 1, 2 ó 3 vidas) a través de la cual el propietario cedía el dominio útil de una finca a un cultivador mientras se reservaba la propiedad eminente sobre ella, comprometiéndose el censatario a pagar un precio fijo y, en ocasiones, también una serie de productos en especie.

Este sistema benefició al campesinado morisco, ya que le aseguraba el trabajo y los recursos necesarios en una situación de estabilidad a largo plazo. Sin embargo, también benefició a los propietarios castellanos, ya que les permitió asegurar sus rentas sin tener que negociar continuamente su colocación, con la contrapartida de que, al ser la renta fija, ésta se podía ver menoscabada en su valor efectivo en caso de un proceso inflacionista acusado.

Así pues, dada la coyuntura alcista que se experimenta en el siglo XVI, a partir de los años 20 de esa centuria se produjo un proceso de transformación de los censos perpetuos en censos por vidas e incluso en arrendamientos, para evitar la pérdida de renta ocasionada por la inflación, tal y como atestiguaban los estudios de los profesores Cabrillana y Muñoz Buendía para el caso de Almería y la decisión tomada en el Sínodo de Guadix de 1554 de prohibir la acensuación en perpetuo de los bienes eclesiásticos como practica contraria al derecho canónico, permitiéndose sólo en casos en que su utilidad fuera evidente.

Sin embargo, si en los años 1520 se tiende a eliminar como forma de cesión el censo perpetuo, ¿cómo explicar que en vísperas de la rebelión de los moriscos el profesor Muñoz Buendía haya localizado sólo en la jurisdicción de Almería un total de 275 censos perpetuos? Sin duda los estudios realizados hasta ahora nos han inducido a error, ya que el sistema de censos perpetuos no sólo no queda eliminado por el proceso ya señalado durante los años 20, sino que además de pervivir, en el caso de la Diócesis de Guadix será a partir de los años 30 y 40 cuando este sistema sea elegido como el principal para la cesión, al menos en lo que respecta a las propiedades eclesiásticas, como seguidamente vamos a comprobar.

Los inicios de la imposición del sistema de censos perpetuos

Bienes de la Fábrica Mayor de la Catedral de Guadix en Granada

Dejando aparte el caso de las viñas propiedad de la Mesa Capitular en Paulenca, cuya forma de explotación bajo el régimen de censo perpetuo se inicia en 1521, como se verá más adelante, los primeros bienes eclesiásticos que pasan de manera generalizada a explotarse bajo esa forma jurídica van a ser los bienes que el primer obispo de Guadix tras la conquista castellana, fray García de Quijada, donará a la Fábrica Mayor de la Catedral de Guadix por su testamento en 1522 en la ciudad y término de Granada.

Así, en reuniones conjuntas de los días 17, 20 y 30 de abril de 1526 el obispo y el Cabildo Catedral de Guadix decidirán sustituir el sistema de arrendamientos por el de censos perpetuos para la explotación de esas propiedades “por escusar los gastos que la dicha hazienda tyene en los reparos della e en otras cosas”, para lo cual las mismas serían pregonadas y rematadas cada una en su mayor ponedor.

Los bienes habices de las iglesias parroquiales

Cuatro años después, en 1530, el obispo de Guadix decidirá hacer lo mismo con los bienes habices que, pertenecientes a las iglesias parroquiales del obispado, se iban recuperando de manos particulares por diferentes pleitos, que hemos de incardinar también en el proceso de recuperación de las rentas eclesiásticas iniciado en 1526 en la Diócesis.

Así, el día 3 de diciembre de 1530 el obispo, como administrador de las iglesias parroquiales de su Obispado, otorga poder a Luis Méndez de Sotomayor, mayordomo episcopal y de las iglesias parroquiales del Obispado, para que diera a censo perpetuo los bienes de las iglesias que se iban recuperando. Tal decisión la justificaba porque “andando en rencta las viñas e morales e otros árboles e tierras e casas se pierden e vienen en diminuçión e porque queremos que en la dicha renta e las dichas yglesias no tengan costas en las lavores e reparos”. Como en el caso anterior, se darían los bienes “a las personas que más por ello dieren”.

También hubo de ser el caso de los bienes habices de la Iglesia Parroquial de Abla, cuyos censos se otorgan a partir de la fecha del citado poder y que en un trabajo anterior cataloguemos como censos por vidas debido a que la bibliografía existente y la parquedad de la fuente utilizada nos indujo a ello.

Las viñas de la Mesa Capitular en Paulenca

Del extenso patrimonio con que contaba la Mesa Capitular en el lugar de Paulenca, el Cabildo Catedral de Guadix decidió en 1521 dedicar un total de 51 marjales al cultivo de viña, para lo cual se decidió cederlos a moriscos vecinos de la localidad a censo perpetuo con tal condición.

No hemos de olvidar que durante el siglo XVI se produce en el Reino de Granada una rápida expansión de este cultivo, potenciada por el incremento en el precio del vino y pasas por la fuerte demanda y por la imposición de una estricta política proteccionista de la Corona frente a la importación de caldos de los reinos limítrofes de Jaén y Córdoba.

En todo caso, el único freno con que contó su expansión fue la cuantiosa inversión inicial y la necesidad de esperar tres o cuatro años hasta que los primeros majuelos comenzaran a dar fruto, por lo que los propietarios castellanos hubieron de dar facilidades a los cultivadores, que se concretaron en este caso en la concesión de contratos de censo perpetuo.

Así, el día 12 de marzo de ese año el Cabildo Catedral en pleno cedió en censo perpetuo a Pedro Cuxarí, Francisco Alfahar, Pedro Caba, Diego Arraquique y Fernando Barradiní, moriscos vecinos de Paulenca, los citados 51 marjales de tierra en el pago de Xarara (junto al pago del Hamerín), a cambio de un pago anual de 30 maravedíes por marjal, “para que las pusyesen de viñas”.

En todo caso, estos cinco moriscos actuaron como intermediarios, ya que con posterioridad esos 51 marjales fueron repartidos “entre sy y entre otros vecinos del dicho lugar e las pusieron de viñas”. Sin embargo, aún quedaba por legalizar dicho reparto, ya que los nuevos poseedores no tenían contratos de cesión, por lo que los mismos interesados solicitaron al Cabildo Catedral que les otorgaran escrituras de censo perpetuo en forma.

Para ello, el Cabildo otorgó poder el día 31 de mayo de 1536 a los canónigos Lucas de Tahuste y Hernán Ruiz. Fruto de su actuación fue la concesión de un total de 37 escrituras de censo perpetuo en que se concedieron un total de 49’75 marjales de viña, distribuidos en 37 lotes, aunque muchos de ellos se dividían en uno o varios pedazos, por lo que el total de unidades de explotación sería de 54. Por tanto, la media de extensión de los lotes dados a censo sería de 1’35 marjales, mientras que por unidad de explotación sería de 0’9 marjales, como vemos un acusadísimo minifundismo.

Por lo que respecta a su precio, cada marjal se cedió a cambio de 1 real de plata al año, es decir, 34 maravedíes, 4 más que en el contrato original de 1521, pagaderos a finales de octubre de cada año “so pena del doblo cada paga con todas las costas e yntereses que se syguieren”.

En cuanto a los beneficiarios de los contratos, todos ellos son moriscos excepto en un caso, del que es beneficiario Juan de Baeza, cristiano viejo vecino de Paulenca. La inmensa mayoría son vecinos de Paulenca (25), habiendo también moriscos de localidades cercanas como Guadix (5), Alares (3), Fonelas (1), Marchal (1) y Beas (1).

Una vez puestas las viñas en producción, éstas fueron objeto del interés de los cristianos viejos, que comenzarán a hacerse con su explotación. Destaca el caso del clérigo Alonso de Toledo, a la sazón secretario del mismo Cabildo Catedral, que compró a 10 censatarios moriscos 11 marjales y un cuarto de viña por precio de 77 ducados. Por tanto, y cómo ya constatamos en el caso de los habices de la Iglesia de Abla, se denota un proceso por el cual la clase dominante de los cristianos viejos, miembros en este caso de la misma institución propietaria, tenderán hacia el acaparamiento no sólo de la propiedad de la tierra, sino también de sus formas de cesión, quedando así los moriscos relegados a la simple condición de subarrendatarios o jornaleros, acentuándose así su proletarización.

La imposición del sistema de censos perpetuos en las propiedades rústicas de la Mesa Capitular de Guadix

Como ya pudimos comprobar a través del apeo realizado en 1538 de las propiedades de Mesa Capitular, el sistema de censos perpetuos estaba limitado a la explotación de viñas y majuelos, no sólo los que ya hemos visto del pago de Xorara en Paulenca, sino que también tenemos constancia de otros 5 casos, uno en el Zalabi, otro en el pago de Cobiçi en Paulenca, otros dos en Beas y otro en Muñana, mientras que el resto de propiedades estarían dadas en arrendamiento o censos por vidas, aunque en el apeo no se especifica.

Será a partir de 1546-1547 cuando este sistema de cesión se empiece a imponer, teniendo como fuente fundamental para su estudio los pleitos que se desarrollaron con posterioridad a la expulsión de los moriscos por su expropiación por la Corona, además de los protocolos notariales, que nos han servido de apoyo. En todo caso, hemos de dejar claro que paralelamente a la expansión del sistema de censos perpetuos se siguieron manteniendo también otros sistemas como el arrendamiento, que nunca llegarían a desaparecer del todo, siendo tan sólo relegados a un segundo lugar.

El ejemplo de los bienes cedidos a censo perpetuo en Beas nos va a permitir comprobar como esta forma jurídica de cesión seguirá siendo empleada hasta la última década de la época morisca. Seguramente en el mismo periodo en que se cedieron en perpetuo los bienes de Mesa Capitular en el valle del Zalabí se dieron también los situados en Beas.

Uno de los beneficiarios de estos censos fue el morisco Hernando de la Cueva. En 1560 este morisco quiso traspasar en Hernando de Mendoza Xarquí los bienes que la Mesa Capitular le había cedido en esa localidad. El Cabildo, en virtud de la cláusula de veintena, se quedó con los bienes “por el tanto del traspaso” y comisionó al licenciado don Manuel de Fuentes, arcediano, para que cediera las propiedades a censo perpetuo.

Aquellos bienes que con anterioridad fueron cedidos a censo perpetuo a un solo censatario, fueron divididos en 6, cuyas escrituras se otorgaron entre los días 20 y 27 de octubre de 1560. Todos los censatarios eran moriscos vecinos de Beas, aunque en dos de ellos desconocemos su vecindad.

En total la Mesa Capitular recaudaba anualmente por esos 6 censos 945 maravedíes y 1 gallina. En cuanto a los bienes afectados, destacan las hazas, que son objeto de un total de 5 contratos. La superficie total, sin computar uno de los casos en el que no se especifica, es de 5 celemines y 1 cuartillo, lo que nos da una media por haza de 1 celemín y poco más de 1 cuartillo, por tanto un acusadísimo minifundismo, mayor aún si tenemos en cuenta que en uno de los contratos se trata de 2 hazas, lo que nos daría una media de 1 celemín por unidad de superficie. El otro de los censos estaba impuesto sobre 4 pedazos de tierra, uno de ellos con 1 moral, que totalizaban 7 celemines, lo que nos da una media de extensión por parcela de 1 celemín y 3 cuartillos.

Dos hechos nos llaman la atención si comparamos estos censos de 1560 con los otorgados en 1546-1547: por un lado se acentúa el minifundismo y por otro prácticamente desaparece el pago en especie (gallinas). En cuanto a las condiciones del contrato, éstas se mantienen a lo largo de toda la época morisca imperturbables.

Conclusiones

Como hemos visto, el empleo de los censos perpetuos como modo de cesión de la tierra por parte de los propietarios castellanos a una mano de obra básicamente morisca, lejos de desaparecer en los años 20 del siglo XVI, conocerá precisamente a partir de la década siguiente un auge, como hemos podido comprobar a través del caso de las propiedades de la Iglesia accitana. Queda tan sólo plantear una hipótesis que justifique tal desarrollo, analizando sus pros y contras para los propietarios.

El principal elemento en contra de su empleo como forma de cesión era que la perpetuidad de la renta hacía que, en una situación inflacionista como la de la época, ésta se viera disminuida con el tiempo en su valor real.

Sin duda el impedimento no era pequeño, pero los pros eran mucho mayores.

En primer lugar el propietario se libraba de la enojosa, y costosa, tarea de la renovación o nueva concesión periódica de contratos de arrendamiento. Además se conseguía fijar al campesinado a la tierra, asegurándose así la continua explotación de la propiedad. En segundo lugar el propietario también se libraba de los gastos de mantenimiento de las propiedades, ya que con la enfiteusis éstos quedaban a cargo del censatario. Así, toda la renta sería líquida, sin deducción de gastos, y se conseguía además mantener el valor de los bienes, hecho en el que el censatario también estaba interesado, no tanto un arrendador. Por último, el propietario también podía aprovechar los traspasos para, acogiéndose a una de las condiciones de los contratos, recuperar el dominio útil para volver a cederla bajo nuevas condiciones.

Hasta aquí los datos objetivos, que ya nos podrían justificar plenamente el porqué de la opción tomada por los eclesiásticos accitanos a favor del empleo de los censos perpetuos. Pero queremos ir más allá y apuntar una hipótesis más arriesgada y, por tanto, aún por demostrar en muchos de sus aspectos. Creemos que el deterioro que sufre la población morisca en sus niveles de vida a lo largo del siglo XVI hizo que ésta fuera cada vez menos capaz de explotar las propiedades de los castellanos, sencillamente porque no contaba con medios (inputs) que invertir en las propiedades. Ello hizo que, además de resentirse su explotación, cada vez menos rentable, éstas se vieran también menoscabadas. De ahí que incluso muchos censatarios moriscos se vieran obligados a traspasar sus censos a favor de cristianos viejos, como hemos podido comprobar. Por tanto, la única alternativa para los propietarios castellanos era que, mediante unas condiciones más favorables, el campesinado morisco pudiera seguir siendo explotado, manteniendo su producción sin menoscabo de los bienes y pudiendo asegurar su mantenimiento y reproducción. Ese pudo ser, en nuestra opinión, el papel que pudieron jugar los censos perpetuos.

Sin embargo, su empleo fracasó, por un lado porque esas condiciones más favorables no fueron suficientes ante la presión depredatoria castellana y, por otro, porque incluso el sistema se desvirtuó y se aprovechaba cualquier ocasión para endurecer las condiciones de los contratos, acentuando el minifundismo y aumentando la renta, como hemos podido ver en los censos de Beas de 1560.

Al final la situación del campesinado morisco, cada vez más proletarizado, se hizo insostenible. Otra razón más para sublevarse.

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LA ESCLAVITUD EN GUADIX

“La esclavitud en Guadix”: ficha nº 23 de la serie “Conocer Guadix y comarca” publicada por la Fundación Pintor Julio Visconti, por Carlos Javier Garrido García.

Orígenes

La esclavitud es el sometimiento total de una persona a otra, perdiendo su condición jurídica como tal y pasando a convertirse en una propiedad de esta última. Sus orígenes eran básicamente tres: la autoventa por deudas, la captura por el enemigo en la guerra, cuyo captor le perdonaba a cambio la vida, y el nacimiento de madre esclava. La esclavitud vivió su periodo de máximo esplendor en Europa en la Edad Antigua, entrando en crisis en la Media.

Sin embargo, en los reinos meridionales, como fue el caso de los de la Península Ibérica, el enfrentamiento contra el Islam provocó que la institución perdurara, abastecida por prisioneros de guerra a los que se considera susceptibles de ser esclavizados por su condición de infieles.

El inicio de la Edad Moderna trajo aparejado un nuevo auge de la esclavitud en Europa, gracias a las fuentes de aprovisionamiento africanas: en el norte musulmán por el estado de guerra permanente y en el centro y sur negroafricano por los comerciantes portugueses y musulmanes.

En el caso de Castilla se añadió una fuente suplementaria con la población morisca sublevada en el reino de Granada entre 1568-1571 que, pese a su teórica condición cristiana desde 1500-1502, fueron sometidos a esclavitud.

La esclavitud en Guadix en época mudéjar-morisca

Durante la época mudéjar (1490-1500) y morisca (1500-1568), la esclavitud en Guadix tuvo poca importancia debido a la rendición mediante capitulaciones de la ciudad y su tierra, lo que evitó que su población musulmana cayera en esa condición, a las dificultades en la repoblación con cristianos viejos y a que estos contaban con una amplia masa mudéjar a la que explotar laboralmente, por lo que la inversión en mano de obra esclava no tenía mucho sentido.

En cuanto a la población de origen musulmán, también contaba con esclavos, aunque su sometimiento socioeconómico a los castellanos y las prohibiciones de que los poseyeran dictadas por la Corona a partir de 1526 limitaron también su número. Esta situación cambió radicalmente a raíz de la rebelión morisca iniciada en la navidad de 1568.

La rebelión de los moriscos

Guadix se convirtió en uno de los principales mercados de esclavos moriscos a raíz de la rebelión debido a su cercanía con el teatro principal de los enfrentamientos (Alpujarra, marquesado del Cenete) y a que a partir de 1569 es uno de los principales centros de la retaguardia castellana. En este último año ya hay registradas en la ciudad más de 1.000 personas esclavizadas y durante toda la guerra en acciones de saqueo llevadas a cabo desde ella se capturan a unas 6.000. Su gran mayoría eran mujeres y niños, estos últimos excluidos de la esclavitud y sometiéndolos a la administración temporal de un cristianos viejo hasta cumplir los 20 años de edad.

En el Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Guadix se conservan escrituras de compraventa de 1.363 personas esclavizadas datadas entre 1569 y 1571, casi todas ellas de origen morisco. En este activo mercado esclavista los miembros de las unidades militares vendían sus capturas en la guerra a vecinos de la ciudad, que los revendían a su vez a mercaderes que acudían a la ciudad buscando una reventa posterior en otros mercados en los que los precios fueran más altos. La esclavitud en Guadix fue, por tanto, una fuente de ingresos clave en una sociedad marcada por la guerra y la pérdida de su mayoritaria población morisca.

Evolución posterior

La gran masa de personas esclavizadas en la ciudad se redujo de manera rápida debido a que, como ya se ha indicado, su mayor parte fue exportada a otros mercados, sobre todo valle del Guadalquivir y Murcia, con la intención de revenderlos consiguiendo un fuerte beneficio, tráfico que favoreció sobre todo a las élites de la ciudad residentes en la parroquia del Sagrario. A ello se unieron los decretos de expulsión de esclavos masculinos mayores de edad por considerarlos peligrosos (lo que aumentó el carácter femenino del colectivo), las numerosas liberaciones y un movimiento natural claramente negativo.

Así, a partir de la década de 1580 la esclavitud en Guadix se redujo considerablemente, quedando para entonces en la ciudad y su Tierra 8 esclavos, 125 esclavas y 151 menores en administración de origen morisco. Este descenso se fue compensando con personas esclavizadas de origen negroafricano y berberisco, aunque en un número muy reducido, hasta llegar a la desaparición total de la institución ya a principios del siglo XIX.

La vida en esclavitud

La población esclavizada tenía unas condiciones de vida marcadas por su condición marginal: sufrían una marginación legal que los convertía en sujetos pasivos totalmente sometidos a sus amos, que ejercían sobre ellos una fuerte explotación laboral y disciplina, llegando esta última con frecuencia a los malos tratos. En el caso de las esclavas a ello se unió su explotación sexual, explicable por la presión religiosa contrarreformista ante la cual fueron usadas como vía de escape y por el interés por unos posibles hijos que heredaban la condición esclava de su madre.

En general, la vida de la persona esclavizada estaba marcada por el aislamiento y su marginación en una sociedad en la que primaba el principio de limpieza de sangre, lo que explica sus dificultades de acceso al matrimonio y el predominio de prácticas endogámicas. En el terreno laboral las personas esclavizadas fueron explotadas predominantemente en el ámbito doméstico, entendiendo este último no solo como el domicilio del amo, sino también como una unidad de producción. Por tanto, dentro de la vivienda del amo los esclavos y esclavas ejecutaban las tareas domésticas y ayudaban en las actividades productivas de sus amos, ya fueran en la agricultura, la artesanía, el comercio, etc., existiendo, como en el caso de la población libre, una distribución por sexo de las mismas en función de la perspectiva de género predominante en la época.

El acceso a la libertad

            Parte de la población esclavizada conseguía salir de la esclavitud gracias al pago de un rescate monetario, que sufragaban sus familiares o amigos o ellos mismos a través de su trabajo fuera de casa del amo, siempre con su permiso y llevándose este parte de sus ganancias. Sin embargo, la población liberta seguía sufriendo marginación legal, racial y religiosa por su origen, manteniéndose la endogamia en sus matrimonios y sus actividades laborales, ahora como criados domésticos.

En el caso de Guadix, los libertos de origen morisco, de residir con sus amos, vecinos sobre todo de la Parroquia del Sagrario, pasaron a trabajar en la misma zona como criados, pero ahora residiendo en la periferia de cuevas.

Bibliografía

  • ASENJO SEDANO, Carlos: Sociedad y esclavitud en el reino de Granada. Siglo XVI. Las tierras de Guadix y Baza. Granada: Colegio Notarial, 1997.
  • GARRIDO GARCÍA, Carlos Javier: La esclavitud en el reino de Granada en el último tercio del siglo XVI: el caso de Guadix y su Tierra. Tesis Doctoral. Universidad de Granada, 2012.
  • RUIZ PÉREZ, Ricardo: “El levantamiento morisco en tierras de señorío. El caso del Marquesado del Cenete”. Chronica Nova, 19 (1991), pp. 291-336.

Para acceder a la página web de la Fundación Pintor Julio Visconti, pulse aquí.

LA LENGUA ÁRABE EN LA POLÍTICA ACULTURADORA DE LOS MORISCOS DEL REINO DE GRANADA

Análisis de la política seguida por las autoridades eclesiásticas y civiles castellanas con respecto al uso de la lengua árabe por parte de los moriscos del reino de Granada, por Carlos Javier Garrido García.

En 2008 publiqué el artículo “El uso de la lengua árabe como medio de evangelización-represión de los moriscos del reino de Granada: nuevos datos sobre Bartolomé Dorador, intérprete y traductor de Martín de Ayala, obispo de Guadix”, en la revista Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos (Sección Árabe-Islam), n.º 57 (2008), pp. 123-137. Esta entrada es una síntesis de sus aportaciones principales, pudiendo descargarse el artículo completo en el enlace presente al final.

Que el problema morisco se ha convertido en uno de los temas estrella de la historiografía del antiguo Reino de Granada no escapa a nadie, como deja claro el elevado número de estudios que se le han consagrado. El conflicto entre ambas etnias, lejos de limitarse a temas religiosos derivados de la conversiones forzadas de 1500-1501 y de la consiguiente aplicación por parte morisca de la taqiyya (disimulación), estuvo circunscrita también a temas económicos y culturales. En cuanto a éstos últimos, las manifestaciones culturales moriscas fueron consideradas por los cristianos viejos como muestra flagrante de disidencia religiosa, por lo que se llevaron a cabo unas medidas sistemáticas de prohibición de cualquier característica cultural que no fuera asumida por los castellanos.

Dentro de las manifestaciones culturales, sin duda una de las principales era la lengua, entendida como barrera para la verdadera conversión y aculturación de los moriscos. Para soslayar el problema, las autoridades civiles y religiosas castellanas van a contar con la colaboración de intérpretes y traductores, como fue el caso de Bartolomé Dorador, intérprete y traductor del obispo accitano Martín de Ayala.

Alfabeto árabe publicado por Fray Pedro de Alcalá: “Arte para saber la lengua arábica” (1505)

La problemática lingüística en la Granada morisca

La lengua árabe estaba estrechamente imbricada con la vida religiosa de los moriscos al ser un elemento capital en la definición de su identidad cultural. Por ello no es de extrañar que las autoridades religiosas castellanas lucharan por su extirpación como condición sine qua non para la asimilación de los moriscos, como denotan las prohibiciones efectuadas en la Congregación de la Capilla Real de 1526, el Concilio Provincial de Granada de 1565, la real cédula de noviembre de 1566 y la Pragmática de 1567. De nada sirvieron las alegaciones de Francisco Núñez Muley en su famoso Memorial, según el cual había que distinguir entre religión y lengua, para lo que ponía como ejemplo a las comunidades cristianas de Malta y Jerusalén.

Sin embargo, todas las medidas aculturadoras resultaron un fracaso en el aspecto lingüístico, como en tantos otros, habiéndose demostrado que la población rural morisca apenas conocía el castellano y que en las áreas urbanas la situación era de bilingüismo en el mejor de los casos. Ello no fue impedimento para que muchas veces se utilizara por parte de las instancias eclesiásticas la lengua árabe para la predicación de la religión cristiana a los moriscos, ya fuera desde posturas moderadas, caso de Fray Hernando de Talavera, primer arzobispo de Granada, o desde posturas contrarreformistas más intransigentes, caso de Martín de Ayala, obispo de Guadix entre 1549 y 1560. En ambos casos, las autoridades eclesiásticas fueron conscientes de la necesidad de contar con un clero que conociera la lengua árabe.

La formación de un clero arabófono por Martín de Ayala, obispo de Guadix

El obispo Ayala se centró, en su amplia labor reformista, también en conseguir un clero plenamente capacitado para la labor misional con los moriscos, para lo cual era necesario conocer la lengua árabe. Aparte de cristianos viejos como Dorador, el medio más fácil de encontrar un clero arabófono era conseguir la consagración sacerdotal de moriscos plenamente integrados. Sin embargo, desde 1526 existía como impedimento el estatuto de limpieza de sangre impuesto por una real provisión de Carlos I en el nombramiento de beneficiados, tanto catedralicios y abaciales como parroquiales, en el Obispado de Guadix. En ella se encargaba al entonces obispo de Guadix y a sus sucesores que tuvieran especial cuidado en informarse si las personas que se presentaban a los beneficios parroquiales “son reconçiliados, hijos o nietos de quemados por el dicho Santo Ofiçio de la Ynquisición o nuebamente conbertidos en nuestra Santa Fe Cathólica para que a ninguno desta calidad no instituyáis ni coleis en ninguna dignidad, raçión, capellanía ni benefiçio”.

Ante ello, el obispo Martín de Ayala solicitará al rey que se aclare si quedaban excluidos sólo los conversos pero no sus hijos, al mismo tiempo que solicitaba al monarca que se señalaran dos beneficios “para que se prouean a theólogos que sepan la lengua arábiga para predicar a los moriscos”. La respuesta del monarca, en marzo de 1550, será pedir un traslado de la anterior real cédula para decidir en consecuencia, y en el segundo aspecto, el de los beneficios destinados a clérigos conocedores del árabe, “teniendo por çierto redundará mucho seruiçio de nuestro señor, hauemos scripto a los serenísimos reyes de Bohemia, mis hijos, que lo manden ver y poner en execución por la mejor manera que les parescerá”, sin que conozcamos su decisión al respecto.

Seis meses después, el rey, una vez vista la real provisión de 1526, decidió que “pareçe que está claro que se entiende y ha de entender que solamente son excluydos los reconçiliados e hijos o nietos de quemados por el Santo Officio de la Inquisición y los que nueuamente se conuertieren de moros y que a estos tales no se ha de hazer la collación, pero los hijos y desçendientes de los nueuamente conuertidos han de ser admitidos siendo buenos christianos y ábiles y sufiçientes, de la esaminaçión de los quales os encargamos tengays mucho cuydado”.

El uso del árabe en la predicación a los moriscos por un clero conocedor de dicha lengua era algo básico para Ayala. Él mismo, al ser presentado por el emperador para la sede accitana en 1548, intenta renunciar a ella alegando su desconocimiento de la lengua árabe. No es de extrañar, por tanto, que la necesidad de contar con un clero arabófono sea tenida en cuenta en el famoso Sínodo celebrado por el obispo Ayala en Guadix en 1554. A lo largo del mismo las referencias a ello son frecuentes.

El Sínodo de Guadix de 1554 y la lengua árabe

Los encargados del adoctrinamiento de los moriscos eran los curas, por lo que el Sínodo estableció que hubiera “algún aráuigo para las parrochias que fueren de christianos nueuos”. En ausencia de curas o cuando el curato estuviera ejercido por un beneficiado, la predicación en árabe a los moriscos estaría a cargo del mismo. Así, se establece “que en los lugares o parrochias donde no vuiere cura que por su turno el beneficiado o beneficiados que fueren semaneros y que tuuieren el curato y sufficiencia y supieren aráuigo declaren el sancto euangelio, deteniéndose en vn punto principal dél… El señalamiento de los quales beneficiados que esto ouieren de hazer (no siendo todos para ello) reseruamos en Nos para les applicar del curato alguna recompensa e las primicias por su trabaja como a Nos más bien visto fuere”.

Además, se decidió que los domingos de adviento y cuaresma y en otras fiestas entre semana se reunieran los moriscos en las ciudades de Guadix y Baza en una iglesia para “tener sermón en aráuigo acerca de la doctrina y euangelio que occurriere, no auiendo en todas las parrochias hombres doctos y aráuigos que los puedan enseñar, y esto hagan los prelados con intérprete o pongan quien lo haga”.

Estas disposiciones se completaban con otras como la contratación en cuaresma de confesores que conocieran el árabe y la predicación una vez al mes en árabe en las parroquias “porque algunos en muchos lugares no saben aljamía y puedan entender lo que rezan”.

En cualquier caso, esta predicación en árabe se estimaba como algo temporal que no eximía de la necesidad de que los moriscos aprendieran la lengua castellana. Por ejemplo, antes de casarse los cristianos nuevos debían examinarse de la doctrina cristiana ante el obispo o sus provisores, estableciéndose que la debían saber “en lengua castellana” para que se les diera licencia.

Como apoyo en la labor misional, Martín de Ayala va a elaborar también un catecismo en 1554 que, incluido en las actas del Sínodo, fue traducido al árabe por Bartolomé Dorador.

Declaración de Bartolomé Dorador en un pleito contra un morisco en 1554, incluyendo la transcripción de varias oraciones musulmanas en árabe. Archivo Histórico Diocesano de Guadix.

Bartolomé Dorador

Este clérigo, beneficiado primero de Lanteira y luego de Santiago de Guadix, utilizó su conocimiento del árabe no sólo para predicar a sus feligfreses morioscos, sino también para, ganándose su confianza, aacabar procesándolos ante la Audiencia Episcopal de Guadix. Esta práctica deja de manifiesto que el aprendizaje y uso de la lengua árabe por parte de los eclesiásticos durante la pontificado de Martín de Ayala difería, y mucho, en sus intencionalidades básicas del realizado durante el pontificado de fray Hernando de Talavera: éste último lo usará como vehículo de diálogo con la comunidad morisca en busca de una conversión voluntaria y sincera; aquél lo hará con el ánimo de conseguir también la conversión de los moriscos, pero ahora a través de la represión y el control. Para ambas acciones saber árabe eran un instrumento necesario, de ahí la actuación de individuos como Bartolomé Dorador.

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COLABORACIONISMO MORISCO EN EL REINO DE GRANADA

El colaboracionismo morisco granadino a través de cuatro ejemplos de Guadix y su Tierra: Hamete Sillero, Hernando el Habaquí y las familias Abenaxara y Valle-Palacios, por Carlos Javier Garrido García.

La Parroquia de Santa Ana de Guadix, morería mudéjar y barrio morisco de la ciudad.

Los colaboracionistas fueron los miembros del pueblo morisco que, a raíz de la conquista de 1482-1492 y de las conversiones de 1500-1502, optaron por colaborar con las nuevas autoridades castellanas. Las razones para ello fueron múltiples: adaptarse a una situación considerada como irreversible, mantener o aumentar su condición social, defender los intereses de su nación… En cualquier caso, hay que huir de cualquier generalización, pudiendo afirmar que hubo tantos tipos de colaboracionismo como colaboracionistas. Las razones de la Corona sí están más claras: controlar a la élite como medio de hacerlo con la comunidad en su conjunto. Sin embargo, para que el colaboracionismo fuera funcional era necesario que la comunidad no percibiera a sus élites como una institución castellana más, sino como una institución propia. De ahí surge la gran contradicción del colaboracionismo: agentes de la Corona castellana que deben mostrar, sin embargo, elementos de solidaridad con la comunidad a la controlan para que ese control sea efectivo.

Voy a acercarme al complejo mundo del colaboracionismo a través de cuatro ejemplos de Guadix y su tierra: las dos grandes familias colaboracionistas de los Abenaxa y los Valle-Palacios y los casos concretos de Hamete Sillero y Hernando el Habaquí para ilustrar la época mudéjar y el final de la época morisca granadina, respectivamente. Todos ellos han sido objeto de estudio pormenorizado por mi parte en sendos artículos publicados en la revista “Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos (Sección Árabe-Islam)” de la Universidad de Granada. Reproduzco ahora las conclusiones de cada uno de ellos e incluyo al final los enlaces para acceder a los artículos completos.

 La época mudéjar: alguaciles, consejos de notables y colaboracionistas. El caso de Hamete Sillero.

Las necesidades monetarias de la Corona, unidas a la discriminación que suponía la diferencia religiosa, explican la fiscalidad diferencial mudéjar. Esta fiscalidad diferencial y el estatus mudéjar de la población explican que la Corona necesitara del establecimiento de unos interlocutores institucionalizados, añadiendo al consejo de notables de cada localidad, herencia nazarí, dos figuras nuevas: los alguaciles nombrados por la Corona y el surgimiento de los grupos colaboracionistas con los castellanos, recibiendo ambos mercedes de la Corona como remuneración por su colaboración. Sin embargo, las mercedes y su nombramiento reales hicieron que las tensiones de los alguaciles con sus comunidades, representadas por el “consejo de ancianos y notables” de la aljama, fueran frecuentes, considerando siempre la Corona a este último como la entidad principal de representación. De ahí la importancia del colaboracionismo, ya que permitía controlar los consejos de notables en caso de conflicto. Todo ello ha quedado constatado en el caso de la ciudad de Guadix con los enfrentamientos entre el alguacil Uleylas y la comunidad mudéjar de la ciudad, representada por destacados colaboracionistas como Alí Çefin, Alí Abenaxara y, sobre todo, Hamete Sillero. Se originan así unas élites colaboracionistas que desde las antiguas aljamas de las ciudades se convertirán en la época morisca en los representantes reconocidos por la Corona y, no sin tensiones, por los moriscos de ellas y sus Tierras.

Los López Abenaxara: intenso colaboracionismo, moderada integración

El origen del colaboracionismo de los Abenaxara se sitúa en los primeros momentos de la conquista castellana, recibiendo a cambio de su lealtad diversas mercedes. Esta función colaboracionista se verá reforzada con las conversiones generales mudéjares, cuando consiga la importante merced del regimiento perpetuo de la ciudad de Guadix.

En cuanto a sus relaciones con las élites castellanas, éstas fueron en general bastante buenas, si exceptuamos el caso aislado en el tiempo y en un determinado conflicto (el pago de los diezmos) de las relaciones con la Iglesia accitana. Dicha posición, propia de cualquier colaboracionista, estuvo potenciada por lo que los Abenaxara le debían: de ser una familia de la oligarquía rural de Fiñana, pasará a ser parte directora de uno de los regimientos más extensos e importantes del Reino de Granada, y, además, gracias a las mercedes de la Corona conseguirá acumular un patrimonio enorme que le hará compararse económicamente con la cúspide dirigente del

Obispado de Guadix. Fruto de ello será el afán de simulación con las élites castellanas, concretadas en la posesión de capilla propia en la Iglesia de Santiago y en la fundación de un mayorazgo.

En cuanto a las relaciones con los moriscos, los Abenaxara mantuvieron un alto grado de lealtad con respecto a ellos, concretada en casos tan sintomáticos como las gestiones realizadas ante Carlos V en 1526 y el rescate de esclavos. En todo caso, no hemos de olvidar que de esa función derivaban sus privilegios, ya que de no haber sido reconocida su función de intermediario por los moriscos, su utilidad habría sido nula para los castellanos.

Con el endurecimiento de las medidas aculturadoras y represivas desde la década de 1550 las labores de intermediación de los Abenaxara se fueron tornando cada vez más difíciles, debido al aumento de la tensión entre moriscos y castellanos y a la cada vez mayor inflexibilidad de la Corona, poniéndose por ello incluso en momentos puntuales (como el problema de la posesión de esclavos negros) en peligro la misma categoría de privilegio de los mismos.

Ante tal coyuntura, los Abenaxara tomaron cada vez más partido por los castellanos, a cuyo lado actuaron en la guerra de 1568-1570, lo que les valió para mantener su status privilegiado: el regimiento perpetuo de Guadix y una posición económica ampliamente boyante. Con la expulsión de los moriscos sus labores de intermediación desaparecieron por inútiles, integrándose cada vez más los Abenaxara en las oligarquías municipales hasta desaparecer la familia como tal en su seno.

Los Valle-Palacios: total integración

El sector colaboracionista morisco lejos de ser uniforme presentó una gran variedad de situaciones que iban desde la plena integración y compromiso con los castellanos hasta el uso de su posición de privilegio en beneficio de los intereses de su pueblo, pasando por variadas situaciones intermedias, llenas de contradicciones. Todo ello ha quedado patente al comparar la distinta actuación de la familia Valle-Palacios, que entró en la primera categoría, y la López-Abenaxara, que lo hizo en la última.

En cuanto a los Valle-Palacios, su integración y colaboracionismo ha quedado patente, actuando como nexo de unión entre las autoridades castellanas y los moriscos de Guadix y su tierra, aunque más en calidad de agente de las primeras que como representante de los segundos. En cuanto a su situación socioeconómica, hemos constatado en época morisca su gran nivel económico, potenciado por los castellanos en los repartimientos y con exenciones fiscales, y su posición predominante en la Parroquia de Santa Ana, donde contaron con amplias redes clientelares y actuaron muchas veces como intermediarios de los moriscos en la gestión de sus asuntos comunes.

Tras la guerra de los moriscos de 1568-1570, en la que la familia actuó del lado castellano, su situación económica se pudo ver menoscabada, aunque su participación en la compraventa de esclavos y la compra de bienes confiscados a moriscos debieron paliar, e incluso reforzar, su posición, manteniendo su status social e incluso reforzando sus redes clientelares. La situación crítica hará que se pase en la explotación de sus bienes de los censos y arrendamientos a favor de un numeroso campesinado morisco a la explotación directa de sus propiedades.

En cuanto a la integración de la familia, fue patente en la rama accitana de la misma, casándose Hernán Valle de Palacios con una cristiana vieja y testando como tal en 1598. Como hemos comprobado, el testamento del último patriarca familiar nos muestra a una persona profundamente católica, muy preocupada por la salvación de su alma. Caso distinto fue el de la rama granadina de la familia, muy similar a la de la familia López-Abenaxara, que se mantuvo en un grado menor de integración, manteniendo una política de matrimonios con familias moriscas. Ello explica que ambas familias fueran puestas bajo sospecha en la dura tesitura de la rebelión de los moriscos, aunque finalmente su larga trayectoria colaboracionista les librará de la expulsión y la confiscación de sus bienes.

Alternativa frente a las grandes familias y deseo de ascenso: Hernando el Habaquí

Pese a ejercer un papel secundario en la conquista y las conversiones, la familia Habaquí obtuvo de la Corona la merced del alguacilazgo de Alcudia, una pequeña localidad de unos ochenta vecinos de la tierra de Guadix, convirtiéndose así en su representante ante la Corona y a la vez en agente de ésta en los asuntos especialmente fiscales. Pese a su entrada, por tanto, en el colaboracionismo, la familia Habaquí presentó una actuación tendente a mantener los lazos con su comunidad de origen a través de una política matrimonial que los liga con las familias moriscas de los Benavides y Abenomar, esta última titular del alguacilazgo de la vecina localidad del Cigueñí, y del mantenimiento de su residencia en Alcudia, de su apellido musulmán y del uso de la lengua árabe. En cualquier caso, el colaboracionismo le prestó una situación económica desahogada, contando con un importante patrimonio que completaba a través del arrendamiento y acensamiento de bienes eclesiásticos para su posterior subarriendo a la mano de obra morisca, en una práctica común a las élites castellanas. Además, su actuación como mayordomo del Monasterio del Parral de Segovia en la localidad de Cogollos y de la Iglesia parroquial de Alcudia, le permitió controlar, en su beneficio, sus bienes.

Desde esta situación más bien modesta, que lo situaba en un nivel medio-bajo dentro de las élites moriscas, Hernando el Habaquí dio el salto a la representación del conjunto de los moriscos del reino de Granada en la dura coyuntura de la aprobación por parte de la Corona de la real cédula de 1 de enero 1567, que suponía el genocidio cultural de la comunidad morisca. Si alcanzó este relevante papel, fue por el enorme desprestigio de las principales familias de las élites moriscas, debido a la contradicción existente al actuar a la vez como representantes de la comunidad y agentes de la Corona. El fracaso de su misión a Madrid para pedir el aplazamiento de las medidas y las represalias que sufrió como consecuencia de ella, cifradas en la pérdida de su alguacilazgo y en su encarcelamiento al iniciarse la rebelión morisca en diciembre de 1568, le llevaron a sublevarse en torno a mayo de 1569. Gracias al prestigio conseguido en su misión a Madrid, Hernando el Habaquí ocupó desde entonces un papel central en la rebelión, convirtiéndose en el máximo defensor del inicio de conversaciones de paz con los castellanos para acabar con el conflicto. Después de estar a punto de fracasar por la orden de expulsión de los moriscos de Guadix y su tierra en abril de 1570, las negociaciones llegaron a un acuerdo en mayo de 1570, consistente en la rendición prácticamente incondicional de los moriscos a cambio de conseguir un trato de favor para el Habaquí y su entorno, lo que finalmente lleva a su asesinato al mes siguiente por parte de Aben Aboo. En cualquier caso, esta actuación hizo que su mujer e hijos, que sufrieron la presión religiosa y la expulsión, se vieran recompensados con una pensión vitalicia.

En definitiva, coincido con el profesor Vincent en considerar a Hernando el Habaquí como un ejemplo de la situación de las élites moriscas, aunque difiero un tanto en el sentido de su ejemplaridad. Así, según Vincent, las élites moriscas vivieron sumidas en la ambivalencia entre el mantenimiento de su situación de privilegio, dependiente de su colaboracionismo con los castellanos, y el deseo de mantener sus vínculos con su comunidad, lo que le llevaba a afirmar que junto a las solidaridades de clase, que fomentarían el primer elemento, existieron los lazos familiares y el sentimiento de pertenencia a la comunidad, reforzado por el constante recuerdo castellano de su diferencia, que fomentarían el segundo. Sin embargo, el ejemplo del Habaquí considero que muestra la importancia prioritaria de las solidaridades de clase dentro de las élites moriscas, en el sentido de que los vínculos con la comunidad de origen eran condición sine qua non para mantener su labor de intermediación con la Corona, origen de su situación de privilegio. Así, no debe extrañar que mantuviera unas prácticas económicas equivalentes a las de las élites castellanas, es decir, de explotación de la población morisca, y que en las negociaciones de paz tuviera como objetivo, más que llegar a un acuerdo beneficioso para su pueblo, conseguir su ingreso en la cúspide del colaboracionismo. De hecho, si se unió a la rebelión fue porque ante el aumento de la presión castellana se ponía en tela de juicio su situación privilegiada, motivo por el cual no dudó en la rendición si ésta podía ser recuperada.

Enlaces

Historia social de Guadix y comarca en la Edades Moderna y Contemporánea

La evolución social y económica de Guadix y comarca desde su conquista de los Reyes Católicos en 1489 a la situación de crisis de la actualidad.

            La historia de Guadix y comarca desde su conquista por los Reyes Católicos en 1489 es la crónica de una creciente polarización o desigualdad social cuya manifestación más palpable fue la división de la ciudad en dos partes que vivían de espaldas entre sí, como si se tratara de dos realidades paralelas: por una parte, la ciudad de las casas, asentamiento de las clases medias y altas, de las instituciones públicas, del comercio: por otra, la ciudad de las cuevas, en la que residían unas clases bajas que, sintomáticamente, afirmaban cuando iba a la otra parte de la ciudad que bajaban a Guadix.

Ayuntamiento de Guadix, en la Plaza de las Palomas.

Esta polarización, cada vez más intensa, no acabó hasta que la emigración masiva de los años del desarrollismo franquista vació a Guadix y comarca de buena parte de sus clases bajas, que buscaron en otras tierras lo que se les negaba secularmente en la de su nacimiento.

 La época mudéjar-morisca: una sociedad pseudo-colonial

La conquista de Guadix por los Reyes Católicos y la repoblación

Guadix y su comarca fueron conquistadas por los Reyes Católicos a finales de diciembre de 1489 gracias a una política de capitulaciones que suponía la permanencia de la población musulmana, que mantenía sus propiedades, su religión y sus instituciones judiciales y civiles propias, pasando así al estatus mudéjar.

Esta situación acabó pronto, en 1490, al descubrir los castellanos un complot de parte de la población musulmana que pretendía recuperar el control de la ciudad y unirse a la resistencia que todavía, y hasta 1492, mantenía Granada. Este hecho significó la expulsión de los mudéjares de la ciudad y la expropiación de sus bienes, asentándose las estructuras político-religiosas castellanas (Corregimiento y Obispado) e iniciándose un proceso repoblador con castellanos procedentes sobre todo del valle alto del Guadalquivir.

Fachada principal de la Catedral de Guadix.

Esta primera repoblación supuso una primera concentración de la propiedad, ya que los Reyes Católicos concedieron numerosas mercedes a la Iglesia y a la pequeña nobleza.

La sociedad mudéjar accitana

Se estructuró así una sociedad en la que los castellanos, propietarios de la mayor parte de las tierras, cedían las mismas a los mudéjares para su cultivo a través de arrendamientos y censos.

Junto a la mayoritaria población agraria, hay que destacar un importante sector artesanal, sobre todo en manos de los mudéjares, al actuar la ciudad como centro comercial de la comarca. En esta última, casi la totalidad de la población era mudéjar.

El Guadix morisco

El triunfo en la Corte de las tesis de uniformización religiosa preconizadas sobre todo por el Cardenal Cisneros supuso la conversión obligatoria al cristianismo de los mudéjares de Castilla en 1500-1502, pasando ahora la población musulmana al estatus morisco.

A partir de entonces el enfrentamiento entre castellanos y moriscos se agudizó debido a la aculturación impuesta por los castellanos y al progresivo deterioro de la situación económica de los moriscos al ir los castellanos apropiándose poco a poco de la riqueza y elevando la presión social sobre ellos. Es en este marco en el que, en torno a 1550, nace el barrio de las cuevas en torno a la Fuente de Maese Pedro y la calle de San Marcos, asentándose en él la población marginal de la ciudad, tanto morisca como cristianovieja.

Finalmente, la tensión estalló en la rebelión morisca de 1568-1571, cuya derrota supuso la esclavización de los moriscos capturados en la guerra y la expulsión del resto a otras zonas de Castilla.

La repoblación tras la expulsión de los moriscos: el reforzamiento de la desigualdad

Una repoblación fracasada

Para sustituir a la población morisca (que en Guadix suponía el 60 % de total y en la comarca el 90 %), a partir de 1571 Felipe II puso en marcha un proceso repoblador que suponía, en las zonas rurales, el reparto igualitario de los bienes de los moriscos, confiscados por la Corona, entre unos repobladores que, procedentes de nuevo en su mayoría del valle alto del Guadalquivir, en todo caso no alcanzaron el volumen demográfico anterior.

La supuesta igualdad inicial en cuanto a patrimonio inmueble fue desapareciendo por las llamadas suertes de ventaja, es decir, la concesión de mayores propiedades a algunos de ellos, y la desigualdad inicial entre los repobladores en cuanto a bienes muebles y medios de producción. Aquí se encuentra el germen de unas elites rurales que fueron acaparando las propiedades y oficios públicos de sus pueblos.

En cuanto a la ciudad de Guadix, en ella no se realizó el reparto igualitario de los bienes moriscos, sino que se subastaron al mejor postor, por lo que fueron acaparados por la nobleza, las elites urbanas y los eclesiásticos, que vieron así consolidarse su predominio socio-económico ya establecido en la repoblación de 1490. Los repobladores que se dirigieron a la ciudad, excluidos por tanto del acceso a la tierra y a los bienes urbanos y obligados a trabajar como jornaleros o en el servicio doméstico, no tuvieron más solución que asentarse en “tierra de nadie”, creciendo a partir de ahora el barrio de las cuevas de manera exponencial.

Los siglos XVII y XVIII

El proceso antes descrito de concentración de la propiedad y aumento de la población excluida se agudizó a lo largo de los siglos XVII y XVIII debido al crecimiento de la población que se experimentó gracias a la inmigración y al inicio de la transición demográfica (descenso progresivo de la mortalidad y mantenimiento de una alta natalidad).

Sin embargo, la economía sigue estancada debido a la deficiente estructura de la propiedad, que se concentra en poder de las llamadas “manos muertas”, es decir, nobles y eclesiásticos, que no introducen mejoras en sus propiedades y se limitan a explotar a una población jornalera que vive en niveles de mera subsistencia y que, al constituir la mayor parte de la población, carecen de la capacidad adquisitiva suficiente para provocar un aumento de la demanda y, por tanto, un mayor desarrollo de la artesanía y el comercio.


El Siglo XIX: crisis institucional y social

Guerra de Independencia y revolución liberal

La Guerra de Independencia y la revolución liberal supusieron una fuerte crisis en la ciudad ya que, aparte de las destrucciones de la primera, la ciudad perdió su condición de centro político provincial debido a la segunda, ya que el Corregimiento fue suprimido y la comarca fue incluida en la nueva provincia de Granada. Ello tuvo importantes consecuencias: pérdida de importancia de los sectores de población dedicados a la administración civil y emigración de la nobleza a Granada y Madrid (marchando allí sus rentas, que dejan de reinvertirse en la zona).

Desamortizaciones y fracaso de la industrialización

A lo largo del siglo XIX, en el aspecto socio-económico se produjo una nueva agudización de la concentración de la propiedad agraria debido a las desamortizaciones de Mendizábal de 1836 (bienes del clero regular) y de Madoz de 1855 (bienes del clero secular y de los ayuntamientos). El método empleado en la venta de los bienes desamortizados (pública subasta) supuso su concentración en las elites latifundistas, quedando excluidos los pequeños campesinos y los jornaleros, que vieron además empeorada su situación al perder los arrendamientos de las tierras eclesiásticas y el usufructo de los bienes comunales.

Además, durante este siglo hemos de destacar el hecho de que la zona queda al margen de la industrialización debido a la deficiente estructura de la propiedad agraria (acusado minifundismo en las vegas y grandes latifundios en los secanos), la ausencia de una burguesía emprendedora (era básicamente rentista) y las malas comunicaciones de la comarca.

Polarización social

Se configura así ya claramente una sociedad fuertemente polarizada:

  • Por un lado la ciudad burguesa (casco histórico) en la que se asentaban los latifundistas agrarios, los medianos empresarios (sobre todo del comercio) y las clases medias (artesanos, dependientes, profesiones liberales).
  • Por otro lado las cuevas, en las que se asientan las clases populares, en el caso de los hombres esencialmente jornaleros del campo, y en el de las mujeres, básicamente servicio doméstico empleado en el otro sector de la ciudad. En esta zona, en la que se establecen también minorías étnicas como la gitana, había una ausencia total de servicios como agua potable, alumbrado, asfaltado de calles, alcantarillas, educación, etc.

El tímido crecimiento del cambio de siglo

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX se produce un tímido intento industrializador apoyado por la llegada del ferrocarril a la comarca en 1895 (línea Linares-Almería): azucareras de Guadix y Benalúa, minas de Alquife, harineras, tejares, etc. Esto supone el nacimiento del proletariado industrial en la comarca y un cierto desarrollo económico, en todo caso bastante limitado.

 El Siglo XX: Guerra, emigración y estancamiento

Agudización de los problemas políticos y sociales

El primer tercio del siglo XX estuvo marcado por la creciente polarización política: mientras que las clases medias-altas se decantaron por opciones políticas de corte conservador, las clases populares se agruparon en torno a las organizaciones republicanas y obreras, entre las que predominaron las socialistas frente a la menor implantación de anarquistas y comunistas.

La Guerra Civil en Guadix

Esta polarización estalló definitivamente en el periodo republicano (1931-1936), en el que la Comarca de Guadix fue una de las de más conflictividad social de la provincia de Granada. Al estallar la Guerra Civil (1936-1939), Guadix y comarca quedaron en zona republicana, llevándose a cabo una fuerte represión contra las personas y símbolos de los grupos de derecha y de sus apoyos sociales y gran número de experiencias revolucionarias (colectivizaciones).

La fase autárquica de la Dictadura

Al acabar la guerra con el triunfo franquista, en la zona se llevó a cabo una fuerte represión contra las personas e instituciones de izquierda y se restableció el predominio de las clases altas y medias. En el terreno económico, la agricultura y la ganadería se vieron favorecidas por la política autárquica franquista, lo que explica que Guadix y su comarca alcanzaran su máximo histórico de población en 1950.

El “Desarrollismo” de los años 60: marginación y emigración

Esta situación se mantiene hasta los años 60 en que, debido al abandono de la agricultura y ganadería extensivas impuesto por los planes de desarrollo de la Dictadura, a la mecanización de las tareas agrarias y al desarrollo industrial y terciario centrado en Cataluña-País Vasco, en las costas mediterráneas y en las ciudades, se produjo un éxodo rural masivo que hizo que la Comarca perdiera en tan sólo 15 años a prácticamente el 50 % de su población. Así, Guadix pasa por ejemplo de casi 31.000 habitantes en 1950 a poco más de 19.000 en 1970, perdiendo así a unos 12.000 habitantes, en su mayor parte residentes en las cuevas.

El periodo democrático: del estancamiento a la crisis

La fuerte emigración, la ausencia de infraestructuras, su cercanía a Granada capital, la existencia de una burguesía rentista poco emprendedora y la falta de apoyo público supusieron la entrada en crisis de la economía de la ciudad y de la comarca, agudizada por el cierre de la poca industria existente (Azucarera de Benalúa, Minas de Alquife, etc.).

En los últimos años se ha registrado un desarrollo, por ahora sólo incipiente, gracias a las ayudas europeas de los programas LIDER, al turismo rural, a la mejora de las infraestructuras (polígonos industriales y autovías) y al desarrollo de las energías alternativas (solar y eólica), aunque en gran medida ha sido frenado por la crisis económica iniciada en 2008.

Documentación sobre la Guerra Civil en Guadix (1936-1939) para su trabajo en el aula

Este trabajo analiza la Guerra Civil en Guadix, presentando un breve relato de los principales acontecimientos, una selección de documentos del periodo y la bibliografía sobre el tema, todo ello para el trabajo en el aula del citado periodo histórico. Fue publicado en la revista “Wadi-red” del CEP de Guadix, vol. 2, nº 4 (2012), pp. 28-35.

Uno de los principales pilares de la enseñanza de las Ciencias Sociales, de todas las materias en general, es su inserción dentro del ámbito vivencial del alumnado, es decir, contextualizar los nuevos conocimientos en el ámbito en el que el alumnado desarrolla sus experiencias vitales. Ello permite, además de una correcta asimilación de los nuevos contenidos o competencias trabajados, una mayor motivación del alumnado dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje. En este sentido, es necesario que el profesorado tenga los conocimientos básicos sobre la Geografía e Historia del lugar donde imparte docencia.
En esta ocasión pretendo ofrecer una serie de materiales para el trabajo en el aula, en 4º de ESO y 2º de Bachillerato, de la Guerra Civil Española (1936-1939), contextualizándola en el caso de Guadix y su Comarca. Así, empiezo haciendo un resumen de los principales acontecimientos y evolución de la ciudad y su comarca durante el conflicto, exponiendo posteriormente una serie de documentos con los que apoyar el relato precedente. Tanto una cosa como otra proceden de la bibliografía específica sobre el tema y de fuentes documentales primarias, como la prensa editada en la zona durante la guerra.

LA GUERRA CIVIL EN GUADIX Y COMARCA

Condicionantes propios de Guadix y su Comarca

Durante la II República (1931-1936), la Comarca de Guadix es una de las más conflictivas de la Provincia de Granada. Ello es debido a la fuerza de las tendencias izquierdistas y derechistas en la zona.

En el caso de las izquierdas, la existencia de un destacado latifundismo, el predominio en las zonas de vega de un minifundismo incapaz de mantener a sus propietarios, la ausencia de revolución industrial, las elevadas tasas de analfabetismo y la amplitud de la infravivienda (cuevas), se traducían en unas pésimas condiciones de vida para las clases trabajadoras (fundamentalmente jornaleros del campo), que ingresan en masa en los sindicatos y partidos obreros. La primacía correspondía al socialismo (PSOE-UGT), contando con menos fuerza las tendencias anarquistas (CNT-FAI) y comunistas (PCE). La escasa importancia de clases medias, y el predominio en ellas de las tendencias ideológicas de derecha, explica la poca fuerza de los partidos republicanos.
En el caso de las derechas, el gran peso social de la Iglesia Católica en la zona (al ser Guadix sede episcopal) y la existencia de grandes propietarios y clases medias dedicadas al comercio y la administración (sectores importantes en Guadix por ser centro comarcal), determinaron que los partidos de derecha, tanto moderados (CEDA y Agrarios) como radicales (FE-JONS) tuvieran una fuerza nada desdeñable.

Desarrollo de la Guerra Civil en Guadix

El 17 de julio de 1936, al tenerse noticia de la sublevación de Franco en Marruecos, la Guardia Civil de Guadix se acuartela.

El 20 de julio, a indicaciones de los sublevados en Granada, la Guardia Civil de Guadix declara el estado de guerra, concentrándose en el cuartel accitano situado junto al Palacio Episcopal los guardias de la comarca a los que se suman varios falangistas de la localidad.

El 21 de julio de madrugada se forma en el barrio de la Estación un Comité Revolucionario de Defensa formado por socialistas, anarquistas, comunistas y republicanos, que organizan la resistencia. Por la tarde llegan refuerzos de Granada al cuartel de Guadix (unos 30 guardias civiles). Por la noche de dan los primeros enfrentamientos.
El 22 de julio por la mañana, los guardias civiles y los militantes falangistas salen del cuartel con la intención de tomar el Ayuntamiento y la Casa del Pueblo (sede de los sindicatos, situada en la calle San Marcos), pero la oposición obrera les hace volver a refugiarse en el cuartel.

A partir del 23 de julio las fuerzas obreras, reforzadas por las milicias socialistas y anarquistas y las tropas republicanas venidas de Almería y Alicante, sitian el cuartel.

El 24 de julio, ante la llegada de los mineros de Alquife con cargas de dinamita, la guardia civil evacua el cuartel.
A partir de entonces las fuerzas obreras se hacen con el control de la ciudad y comarca a través del Comité Central Obrero Antifascista, integrado por todas las fuerzas de izquierda. Entre finales de julio y octubre de 1936 los sindicatos UGT y CNT dominan la situación iniciando medidas revolucionarias como la incautación y colectivización de las grandes propiedades latifundistas, del comercio y de la industria. El llamado Comité de Salud Pública inicia la represión contra elementos de derecha, asesinándose de forma incontrolada 211 personas (propietarios, sacerdotes, políticos de derechas) y saqueándose las iglesias, que pasan a ser sedes de partidos y sindicatos de izquierdas o almacenes, cuarteles, cárceles e incluso cines.

La ofensiva organizada contra Granada, donde había triunfado el golpe de estado, fracasa al quedar las columnas milicianas detenidas en Huétor-Santillán en 29 de julio de 1936. La línea del frente queda establecida sin apenas variación a lo largo de la guerra en el Puerto de la Mora.
A partir de octubre-noviembre de 1936 la administración estatal recobra el control de la situación en perjuicio de los sindicatos: los comités son sustituidos por nuevos ayuntamientos y la Diputación Provincial (se establece en Baza), se legalizan las colectividades y se acaba con los asesinatos y saqueos incontrolados.

Los años 1937 y 1938 están marcados por los enfrentamientos entre los socialistas-comunistas (partidarios de mantener la legalidad republicana) y los anarquistas (partidarios de la revolución), llegándose a enfrentamientos armados. Además, se hacen frecuentes los bombardeos en la ciudad, sobre todo en la Estación y Cuevas, realizándose ante ellos refugios subterráneos.
El 29 de marzo de 1939 las tropas franquistas del general Lorenzo Tamayo Orellana entran en Guadix.

La Posguerra.

De inmediato de inicia la represión contra la izquierda: se forman campos de concentración en la azucarera de “San Torcuato” de Guadix y la espartera de Benalúa y mediante un proceso dirigido-fomentado por el Estado se realizan asesinatos y ejecuciones sumarias con la colaboración de militantes de derechas (se estima el total de víctimas en unas 800). Las sedes de partidos y sindicatos de izquierda son saqueadas. El dominio de la política local pasa a la FET-JONS y al nuevo sindicato único, la CNS. Las iglesias y la Plaza de las Palomas son restauradas a través de la empresa pública “Regiones Devastadas”. Las víctimas de la represión republicana son homenajeadas (Cruz de los Caídos, placas en la Catedral y Cuartel) y sus familiares reciben privilegios sociales. Durante toda la dictadura la memoria sobre la guerra se mantiene constante como fundamentación del régimen.

Documentos sobre la Guerra Civil en Guadix

Documento nº 1. Grafito realizado en el muro de contención de la Rambla de Baza de Guadix en 1935, en la actualidad parcialmente destruido por una riada. En el mismo se lee: “Año del 1935. Antonio. VIVA CNT”.

Grafito realizado en el muro de contención de la Rambla de Baza, en Guadix en 1935

Documento nº 2. Inicio del control por parte de las autoridades republicanas de las acciones de saqueo y asesinatos realizados en los primeros momentos de descontrol de la Guerra Civil en Guadix. Fuente: La Voz de Guadix. Órgano de los Trabajadores, Guadix, 26/8/1936, p. 4.

“NO MÁS SANGRE.
Los directivos de las sociedades obreras y políticas, de acuerdo con el Comité Central, han lanzado un manifiesto a las fuerzas que representan y a la opinión pública en general, en el que después de glosar la magnífica epopeya que el Pueblo trabajador está llevando a cabo para aplastar el criminal movimiento militar que ha envuelto a España en crespones negros y hace vivir horas de angustia a los verdaderos españoles, dirige el citado manifiesto en llamamiento a todos para que inmediatamente cese la indisciplina y sangre innecesaria. Por creerlo de interés para el buen nombre de la República y de las organizaciones obreras, insertamos algunos párrafos que dicen así:
Esta segunda etapa de toda revolución tiene su máxima eficacia en la observancia del respeto a los objetos y personas sin perjuicio de aplicar la justicia con el máximo rigor. Matar o destruir por sistema es desvirtuar la eficacia de nuestro triunfo y mostrarnos ante nuestros enemigos como personas incapacitadas para saber gobernar los destinos de nuestro pueblo.
Nuestro peligro está en quienes desoyendo las órdenes de las Organizaciones o Comités constituidos campan por su respeto cometiendo actos de indisciplina y repudiables que nosotros, de acuerdo con nuestra moral y nuestra definición ideológica, tenemos que condenar públicamente.
Las Organizaciones Obreras, los partidos políticos responsables y personas sensatas no pueden permitir que al amparo de esta situación ciertos individuos sin responsabilidad ni control de las Organizaciones Obreras actúen libremente con detrimento de la autoridad societaria o política de estos Organismos; de continuar en ese sentido bien puede ocurrir que el triunfo conseguido quede desmerecido y desacreditado.
Por tanto, los firmantes del presente manifiesto, conscientes del momento que atraviesa España como el de nuestra responsabilidad moral y material, hacemos un llamamiento para que cesen inmediatamente los actos de pillaje, de saqueo y de ejecuciones innecesarias.
Por consiguiente, todos como un solo hombre, a obrar con la disciplina y la moral que nos señalan nuestras organizaciones, a evitar ejecuciones innecesarias sometiendo todos los casos de traición al elemento directriz que sabrá sancionar con el rigor necesario en cada caso”.

Documento nº 3. Las colectividades anarquistas durante la Guerra Civil en Guadix: El cortijo de los “Bernabeles”. Fuente: Hombres Libres. Órgano de la Federación Provincial de Sindicatos Únicos de la CNT, Baza, 26/11/1937, p. 3.

“Con el nombre de “LOS BERNABELES” hay constituida en Guadix una gran colectividad agrícola, que tiene por misión la de acoplar en su seno a todos los campesinos que hayan vivido del fruto de sus esfuerzos, sientan y deseen trabajar en colectividad.
El puntal más firme de la colectividad “LOS BERNABELES” es ir a la abolición absoluta del sistema del salario, por creer que ésta es la causa de todas las miserias que sufren los campesinos y sus hermanos de otros ramos y oficios. Además irá en contra de la creación de otros nuevos propietarios, respetando en un todo a los existentes. (…)
En los trabajos de administración y técnica, tiene la colectividad “LOS BERNABELES” un serio control de todos sus actos, acompañado de distintas comisiones que se ocupan de Estadística, riego, abonos, semillas, plagas, desinfección, fabricación, compras y ventas, ganadería, avicultura y apicultura, herramientas y maquinarias, envases y conservación de la producción, análisis de la producción, transportes y otros muchos trabajos que requieren las faenas agrícolas.
Los cargos renovados cada seis meses, pudiendo ser reelegidos si así lo creen conveniente y lo acuerdan los colectivizados en Asamblea general. En esto piensan bien los colectivistas de “LOS BERNABELES”, ya que es necesario que cada colectivizado vaya creándose conocimiento de saber administrar los intereses de todos al tiempo de los suyos.
Los colectivistas de “LOS BERNABELES” van a la constitución de Bibliotecas en cada uno de los cortijos que tienen a su cargo, fomentándose escuelas para los niños y mayores, ¡Bien, campesinos de Guadix!”.

Documento nº 4. Las dificultades de abastecimiento y el problema de los refugiados procedentes de la zona dominada por los sublevados durante la Guerra Civil en Guadix. Fuente: Trabajo. Portavoz de la UGT, Guadix, 19/4/1938, p. 3.

“NOTAS LOCALES.
(…)
No vemos por ningún lado la labor que desarrolla la Delegación Provincial de Abastos, pues aunque su organización burocrática debe ser perfecta si tenemos en cuenta el número de personas que existe en las oficinas, los víveres, única cosa interesante para el consumidor, no aparecen por ningún lado, y si lo hacen es en tan pequeña cantidad que no vale la pena tomarlos en cuenta. También nuestra Delegación Municipal de Abastos flojea en sus funciones específicas. No hay pan, pero se hacen churros. No hay harina, pero se dan vales de ella siempre que se forme en la cola que adorna el edificio municipal. Y por este estilo sucede con la mayoría de las cosas.
Las cartillas de racionamiento son admirables cuando sirven.
En Guadix el Comité de Refugiados controla unas seis mil personas aproximadamente. Los recursos del Comité se nutren del tanto por ciento con que gravan determinadas mercancías. Pero, por diferentes causas, la recaudación ha descendido de forma tan alarmante que está próximo el día en que el Comité no pueda atender a los compañeros refugiados”.

Documento nº 5. La economía de guerra: Billetes de 1 peseta emitidos por el Consejo Municipal durante la Guerra Civil en Guadix en 1938.

Billetes emitidos por el Consejo Municipal de Guadix en 1938

Documento nº 6. La Guerra Civil en Guadix según los franquistas recién acabado el conflicto. Fuente: Ideal, Granada, 1/4/1939, p. 1.

“Misa de campaña sobre las ruinas de Guadix.
Ruinas, escombros y desolación en Guadix. La Catedral y todas las iglesias, saqueadas.
Los vencidos realizaron en Guadix destrozos de extraordinaria importancia. No fue aquí la guerra la que dejó sentir sus efectos, ni fue la aviación nacional la que hizo mellas en sus edificaciones más notables. Todo cuanto a nuestra vista se ofrece lo llevaron a cabo unas hordas, guiadas por locos.
Un día llegaron a terreno accitano grupos de mineros de Alquife y otros dinamiteros especializados y dispusieron un plan de voladuras que había de realizarse en plazo breve (…).
Los primeros ataques se dirigieron contra los inmuebles de la Plaza de la Constitución (…) y ésta quedó desfigurada por los escombros y las ruinas. En ella se perdieron el edificio del Ayuntamiento, el Casino con su correspondiente teatro, edificios comerciales e industriales, dos hileras completas de las arcadas que circundaban la plaza (…).
A más de estas destrucciones el comercio, en general, se vio expoliado de sus géneros y lunas y mucha estantería y puertas de hierro se hicieron pedazos (…).
A la catedral llegaron también los sembradores del caos, formados en este caso por gentes venidas de Cartagena (…) En el Seminario se estableció la Casa del Pueblo de Guadix (…) El Palacio Episcopal fue saqueado (…) En la casa instalaron el Ayuntamiento. No puede ser más triste la impresión que nos produce la fortuna que esos mercenarios de Moscú hicieron perder a Guadix, víctima muchos meses de su furia vandálica. R. Antiñolo”.

Documento nº 7. Testimonio oral de Francisco Mateos Rodríguez, líder de la UGT durante la Guerra Civil en Guadix, sobre la represión franquista. Fuente: Rafael Gil Bracero: Guerra Civil en Granada, 1936-1939. Tesis Doctoral. Tomo V, p. 1.359.

“Así fue, yo fui condenado dos veces, dos a la pena de muerte por rebelión y auxilio a la rebelión militar… lo sabía desde agosto de 1939 y no me conmutaron la pena hasta 1943. Estuve preso en la antigua fábrica azucarera de San Torcuato de Guadix… allí, en varias naves, nos metieron como a animales, entre 700 y 1.000 personas… Casi ninguno pudo contarlo. En los tres primeros meses hubo de todo… Todos los días entraban 7 u 8 presos, pero también morían casi diariamente otros 7 o 10 de hambre, de frío, de palizas, de un hachazo en los sótanos, de un pistoletazo, sin juicio alguno… Eran conducidos al cementerio y se les enterraban en fosas comunes en terrenos no sagrados… Cuando se celebraron los juicios hubo muchas penas de muerte, yo calculo que la represión se llevó por delante entre 700 y 800 vecinos de Guadix y de los pueblos de alrededor”.

Documento nº 8. El recuerdo constante a la guerra como legitimación de la dictadura franquista. Fuente: Acci. Guadix, 20/7/1957, p. 1.

“21 AÑOS.
21 años de la Catedral, 21 años de San Miguel, Santiago y Santa Ana… 21 años de la Virgen de las Angustias, 21 años de don Manuel Medina Olmos (¡Ay, , cuanto infierno sobre cubierta! Obispo y mártir, obispo y santo entre el mar y los luceros…). 21 años de don Ramón Ronquillo, de don Juan de Dios Ponce, de Dios para siempre, de don Faustino…21 años de los Candela, de Ángel Lozano, Peinado, los Ochoas, los Medialdea, Ángel Casas, Faustino Clares, los García… (Los tallos verdes también subieron al Cielo)… 21 años de hijos, de padres, de hermanos, de esposos… (…)
21 años del Cuartel, 21 años de fusiles, de caballos, de héroes, de caídos, de ventanas… 21 años de torres muertas, de cielo ausente, 21 años del SIM, de socialistas. 21 años de UGT y CNT. 21 años de puños y patillas. 21 años de izquierdas y derechas. 21 años de embusteros. 21 años de asesinos. 21 años de marimachos, 21 años de misas negras y bandidos. 21 años del Cato Franco. 21 años del Paco Guijarro, del Moleón, de los Gardeños, del Lurda, del Montoya… 21 años de los Fernández, del Mesa, del Charlot, de la Pilota y la Remolina… 21 años del Perete, del Fajes, del Feliciano, del Calicasas, del Cato de la Valera, del Cachas Negras… (¡Cuánto asesino!… ¡Cuantos amaneceres entre los árboles oliendo a carne quemada!… ¡Cuantos cabecillas todavía con corbata!… 21 años de más nombres, de nombres flamantes.
21 años de la Plaza, 21 años de agonía, de gritar sin saber nunca por qué…
Hace 21 años. No es ningún cuento. Solo 21 años. Ayer. Y otra vez julio. Julio con su calor, su trigo y su esperanza. Julio con el sol nuestro de cada día. Julio de hoy y de mañana. Julio para siempre.
Perdonamos porque los muertos también perdonaron. Perdonamos por Dios. Perdonamos pero no dormimos. Eso, nunca. Conocemos ya a los lobos y a los corderos”.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

– ALARCÓN CABALLERO, José Antonio: El movimiento obrero en Granada en la II República (1931-1936). Granada: Diputación Provincial, 1990.
– COBO ROMERO, Francisco: Revolución campesina y contrarrevolución franquista en Andalucía. Granada: Universidad, 2004.
– GARRIDO GARCÍA, Carlos Javier: “A propósito de un grafito: anarcosindicalismo en el noreste de la Provincia de Granada”, en GÓMEZ OLIVER, Miguel y MARTÍNEZ LÓPEZ, Fernando: Actas del Congreso Internacional “Historia y Memoria”. Almería: Universidad, 2007.
– GARRIDO GARCÍA, Carlos Javier: “Breve historia social de Guadix y comarca (siglos XV-XXI)”, Wadi-red, vol. 2, nº 3 (enero 2012), pp. 11-15.
– GIL BRACERO, Rafael: Revolucionarios sin revolución. Marxistas y anarcosindicalistas en guerra: Granada-Baza, 1936-1939. Granada: Universidad, 1998.
– GIL BRACERO, Rafael: “Sublevación, conspiración y acción revolucionaria: el verano de 1936 en la Comarca de Guadix-Marquesado”, en ESPINAR MORENO, Manuel: Historia, cultura material y antropología del Marquesado del Cenete. Granada: Diputación Provincial, 2000, pp. 235-279.
– PÉREZ LÓPEZ, Santiago: “Guerra Civil en Guadix (1936-1939): La experiencia colectivizadora”, Boletín del Instituto de Estudios Pedro Suárez, 6 (1993), pp. 39-48.
– PÉREZ LÓPEZ, Santiago: La comarca de Guadix en la II República, 1931-1936. De la esperanza a la frustración. Guadix, 2003.

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LOS MORISCOS A TRAVÉS DE LAS SERIES PARROQUIALES DE BAUTISMO

La sociedad granadina del siglo XVI, tanto en la época morisca como en la de la repoblación posterior a la expulsión de 1570 ha sido estudiada desde diversas perspectivas y utilizando variadas fuentes documentales. Entre ellas, sin embargo, las fuentes parroquiales han sido poco utilizadas hasta el momento, quizás debido a la dificultad que para su consulta supone su dispersión en las distintas parroquias y la ausencia en la mayoría de los casos de los horarios y disponibilidad mínima para su consulta, dependiendo ésta en buena medida del talante de sus encargados. Por ello, en 2009 publiqué un artículo titulado “Moriscos y repobladores del reino de Granada en el siglo XVI a través de una nueva fuente: las series parroquiales de bautismo” en la revista Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos (Sección Árabe-Islam), nº 58, pp. 119-153. El artículo pretendía demostrar la riqueza de los fondos parroquiales de bautismo para el análisis de la sociedad granadina del siglo XVI, centrándome en la Parroquia de Santa Ana de Guadix, antigua morería de la ciudad en época mudéjar, después una parroquia de clara mayoría morisca y, por último, asiento destacado de la masa de repobladores que los sustituyen.

Bautismo de los moriscos del reino de Granada
Bautismo de los moriscos granadinos. Retablo de la Capilla Real de Granada.

La población de la parroquia de Santa Ana de Guadix creció de manera destacada entre 1539 y 1568, aumentando entre ambas fechas el número de bautismos un 35’6%, más moderadamente en el último decenio de la época morisca como consecuencia de la crisis socioeconómica en la que cae la población morisca por la depredación castellana. La expulsión de los moriscos en 1570 supuso un auténtico cataclismo demográfico para la parroquia, del que no consigue salir en el resto del siglo XVI. En todo caso, se constatan unos avances y retrocesos que relaciono con la coyuntura socioeconómica en el medio rural: si ésta era buena la población emigraba al campo, mientras que si era mala la ciudad servía de refugio a los repobladores arruinados gracias a su mayor diversificación económica y a las posibilidades de beneficiarse de la caridad de sus elites. Por lo que se refiere a la estacionalidad del bautismo, se detecta una clara diferencia entre la época morisca, cuando los bautismos se distribuyen de una manera homogénea a lo largo del año, con un máximo en verano indicador de un mayor número de embarazos en otoño, coincidiendo con el fin de la cosecha, y la época posterior a la expulsión, con un descenso de los bautismos en verano que indica un descenso de los embarazos en primavera por unos motivos religiosos —Cuaresma y Semana Santa— que eran obviados por la población morisca.

En cuanto al número de hijos por familia, en principio las fuentes muestran una mayor natalidad morisca, ya que entre 1539-1570 las familias con un solo hijo suponen el 64’4% y entre 1571 y 1599 el 72’4%, aunque en este último porcentaje hubo de influir la fuerte movilidad de la población en la época de la repoblación. Esto último se confirma al analizar los periodos intergenésicos, es decir, el tiempo que media entre los bautismos en las familias con más de un hijo. En este caso, se constata un mayor distanciamiento en los nacimientos en los moriscos, debido a un mayor control de la natalidad como mecanismo de la minoría para afrontar el deterioro de sus niveles de vida. Por tanto, los datos me inducen a poner en duda la mayor natalidad que tradicionalmente se ha atribuido a la población morisca. En cuanto a la composición étnica de la parroquia, presenta para el periodo 1539-1570 un predominio de la población morisca —según los criterios de calificación, entre el 75 y el 93% de las familias—, herencia de su pasado como morería de la ciudad durante época mudéjar, habiendo de destacar la presencia de matrimonios mixtos que, aunque limitados (1’8% de las familias), indican una cierta asimilación. Tras la expulsión de los moriscos los valores se invierten, predominando las familias cristianas viejas (95’6%), permaneciendo tan solo 4 familias moriscas, 7 familias mixtas, 2 familias negroafricanas y 6 gitanas. En cuanto a la evolución socioeconómica, la he estudiado a través de la importancia de la ilegitimidad y exposición y del pago de los derechos de bautismo por los padres de los neófitos. En el primer aspecto, he constatado un aumento de la ilegitimidad y de la exposición en la década de 1560, producto de la crisis socioeconómica de la población morisca debido a la depredación castellana, y sobre todo después de la expulsión de los moriscos, dada la pobreza de los repobladores. En todo caso, los indicadores mejoran de manera destacada en las últimas décadas del siglo, lo que he interpretado no como indicativa de una mejora socioeconómica, sino de un mayor control de las relaciones extramatrimoniales en el caso de los ilegítimos y del abandono preferente de los expósitos en la casa-cuna, situada en la parroquia del Sagrario. Por lo que se refiere al pago de los derechos del bautismo, el llamado “capillo”, consistente en el pago de 34 maravedíes, he vuelto a demostrar el empeoramiento progresivo del nivel de vida de la población morisca, tendencia que se prolonga en gran medida tras la expulsión de los moriscos por la pobreza de los repobladores. Por lo que se refiere a la esclavitud, ha quedado patente la poca importancia de la misma en la parroquia, durante la época morisca por el ya citado descenso de los niveles socioeconómicos y la prohibición a partir de 1560 de que los moriscos tuvieran esclavos de origen negroafricano y durante la época posterior por la pobreza de los repobladores. En todo caso, durante la rebelión de los moriscos el 3’6% de los bautismos se refieren a personas esclavizadas de origen morisco capturadas en el conflicto, un número bastante exiguo y lógico si tengo en cuenta que la población cristianovieja que actuó en las operaciones bélicas y en el mercado esclavista residían principalmente en el resto de parroquias de la ciudad, en especial la del Sagrario. Por último, en cuanto al análisis antroponímico de los bautizados, han quedado patentes los cambios que supusieron las medidas aculturadoras del Sínodo de 1554 y, sobre todo, la expulsión de 1570. Como diferencias principales entre moriscos y cristianos viejos, he de indicar que la variedad de nombres utilizados en el bautismo por los segundos era mucho más amplia, incluyendo nombres compuestos. Incluso en este aspecto he constatado la oposición morisca a la aculturación castellana, como evidencia el rechazo morisco al empleo del nombre de la titular de la parroquia.

Para descargar el artículo completo, pinche aquí.

LOS BAÑOS MORISCOS: DE LA EXPLOTACIÓN-CONTROL A LA PROHIBICIÓN

En el año 2014 publiqué en el Boletín del Centro de Estudios Pedro Suárez (nº 27, pp. 277-296), dentro de un volumen monográfico dedicado a Balnearios y Baños Árabes, un artículo titulado “Los baños moriscos en el reino de Granada a través del ejemplo de los de la diócesis de Guadix: de la explotación-control a la prohibición”.

La intención de ese artículo era analizar a fondo la problemática suscitada en la época mudéjar-morisca en el reino de Granada por el uso de los baños, a través del ejemplo de lo sucedido en la diócesis de Guadix, situada en la parte oriental del mismo, de mayoritaria población morisca. Para ello usé documentación inédita procedente del Archivo Histórico Diocesano de Guadix y múltiples referencias bibliográficas hasta entonces dispersas y, en buena medida, inconexas.

La política seguida por las autoridades civiles y religiosas castellanas con respecto a los baños moriscos es paradigmática de la política de asimilación y aculturación que llevaron a cabo en general con respecto a la minoría morisca. Así, tras la conquista, los baños son respetados por el interés que su explotación tenía para las élites y porque las capitulaciones de rendición de la zona oriental del reino consagraron el respeto a la religión y cultura de los ahora mudéjares. Sin embargo, las conversiones de 1500-1501 supusieron un cambio sustancial con respecto a los baños, tal y como intuyeron los mismos moriscos, que en muchas ocasiones vieron necesario consignar en las nuevas capitulaciones el respeto a los mismos. Ahora, todos los elementos religiosos islámicos entraban en el campo de la herejía. Sin embargo, lejos de desaparecer, los nuevos cristianos siguieron manteniendo su antigua religión en el ámbito privado y doméstico, justificando su actuación en los principios islámicos de “taqiyya” y “niyya”. Frente a ello, las autoridades castellanas aplicaron una política evangelizadora cuyo fracaso hizo que entre 1511-1526 pusieran el acento en los rasgos culturales diferenciales que podían entenderse como síntoma de la diferencia religiosa. En el caso de los baños, su uso fue puesto en entredicho al relacionárselos con los lavados rituales islámicos previos a la oración. Una puesta en duda que no sólo sirvió para que a partir de 1526 fueran puestos bajo control, sino también para que la comunidad cristiano-vieja empezara a rechazarlos como un elemento propio de personas sin limpieza de sangre, y para que buena parte de los moriscos, integrados o con deseo de pasar desapercibidos, abandonaran su uso o escogieran lugares más apartados como Alcudia y Graena. Esta tendencia de control, acentuada con el Sínodo de 1554, culminó en la pragmática de 1567, que sancionó la eliminación de todo elemento cultural morisco, entre ellos los baños artificiales, radicalmente prohibidos. Su objetivo era acabar con el llamado “problema morisco” en el reino de Granada y si no lo consiguió directamente sí lo hizo a través de sus efectos, ya que provocó la rebelión de 1568-1571, seguida de las expulsiones de 1570, 1584 y 1609, que acabaron con el “problema” a través de la muerte, el exilio o la esclavitud de sus protagonistas.

Para consultar el artículo competo, en formato pdf, pinche en el siguiente enlace: Boletín 2014.

Los moriscos de Guadix y su Tierra

Ficha nº 15 de la serie “Conocer Guadix y comarca” dedicada a los moriscos

La Fundación Pintor Julio Visconti de Guadix puso en marcha hace tiempo un fichero digital, consultable en su página web, de divulgación histórica, cultural y artística de Guadix y comarca bajo el título de “Conocer Guadix y Comarca”. Su gran acierto ha sido su vocación eminentemente divulgativa y el hecho de estar a cargos de especialistas destacados en cada materia. Ya han sido 15 las fichas publicadas y me ha cabido el honor de realizar la nº 15 dedicada a los moriscos de Guadix y su Tierra.

Página 1 de la ficha los moriscos de Guadix y su tierraPágina 2 de la ficha los moriscos de Guadix y su tierra

La ficha se estructura en las siguientes partes: orígenes, explotación y aculturación, la población, el barrio morisco de Santa Ana y epílogo: rebelión, esclavitud y expulsión, añadiendo una bibliografía sucinta sobre el tema.

Mozárabes, muladíes, mudéjares y moriscos

El proceso de Reconquista y la coexistencia de musulmanes y cristianos durante la Edad Media peninsular originó distintos grupos étnico-religiosos tanto en los reinos musulmanes como en los cristianos. Así, a los cristianos que permanecieron bajo dominio musulmán se les denominó mozárabes, a los cristianos conversos al Islam muladíes, a los musulmanes que permanecieron bajo dominio cristiano mudéjares, y a los musulmanes conversos al cristianismo moriscos.

 ORÍGENES

Guadix es conquistada por los Reyes Católicos en diciembre de 1489 dentro de una política de capitulaciones que permitió a la población musulmana mantener sus propiedades, religión y ordenamiento jurídico, pasando así a convertirse en mudéjares. Ante la resistencia de Granada, que se prolonga hasta 1492, los mudéjares accitanos planearon sublevarse contra los castellanos en 1490, lo que motivó su expulsión del recinto amurallado de la ciudad y la expropiación de sus propiedades, que fueron asignadas a castellanos que se van asentando en un difícil proceso repoblador al que acompaña la creación de sus instituciones fundamentales: corregimiento, obispado, señoríos como el del Cenete, etc. Con el predominio en la Corte de las tesis de uniformización religiosa preconizadas por el cardenal Cisneros, en 1500 se les plantea a los mudéjares accitanos la alternativa entre la conversión al cristianismo o la emigración al norte de África. La mayoría optan por la primera alternativa, convirtiéndose así en moriscos.

 EXPLOTACIÓN Y ACULTURACIÓN

Como consecuencia de la Repoblación, ya citada, y de una creciente presión fiscal, los moriscos sufren un descenso acusado de sus niveles socioeconómicos, generándose una sociedad dual con caracteres pseudo-coloniales: la minoría castellana es propietaria de la mayor parte de los bienes inmuebles (casas, tiendas, tierras) que son explotadas por la numerosa mano de obra morisca como arrendatarios, censualistas o jornaleros.

En el aspecto religioso, frente a la conversión forzosa al cristianismo la mayoría de la población morisca mantuvo en privado sus prácticas religiosas musulmanas, aplicando así el principio islámico de la taqiyya o disimulación. Ante ello, las autoridades civiles y religiosas castellanas pusieron en marcha una política aculturadora que no se limitó a la evangelización religiosa sino que vino acompañada de un programa de eliminación de todas las singularidades culturales moriscas, entendidas como síntoma de su disidencia religiosa. Así, se prohibió el uso de sus baños, de sus bailes y cantos (las famosas zambras), de sus vestidos, de sus apellidos árabes, de su lengua, etc., como dejan de manifiesto las disposiciones del Sínodo celebrado en Guadix en 1554 por el obispo Martín de Ayala.

Ambos procesos, explotación y aculturación, se acentúan en la década de 1560, reinando ya Felipe II, causando la rebelión de los moriscos de 1568-1571.

 SANTA ANA: MORERÍA Y BARRIO MORISCO

Como consecuencia de la primera repoblación llevada a cabo por los Reyes Católicos en 1490 se asentaron repobladores castellanos en la ciudad de Guadix. Ante ello, la población mudéjar se vio recluida en la Morería, el actual barrio de Santa Ana, donde conservaron sus propios órganos de gobierno, dirigidos por el alguacil Hamete Uleylas, asesorado en sus funciones por una asamblea de notables y sometido al control de las autoridades castellanas. Sin embargo, las conversiones de 1500 supusieron el fin de esta pequeña autonomía administrativa, debiendo los ahora moriscos recurrir a reuniones de sus vecinos lo más extensas posibles en la nueva Iglesia de Santa Ana, al nombramiento de procuradores y a la actuación de las élites colaboracionistas para la defensa de sus intereses comunes. Las conversiones supusieron también una mayor libertad de movimientos para la población morisca, que se va desplazando progresivamente de la saturada morería a otros barrios como el limítrofe de Santiago y el de San Miguel, aunque en ambos fueron minoritarios con respecto a los castellanos. De hecho, hasta 1570 la parroquia de Santa Ana siguió siendo el barrio morisco de la ciudad por antonomasia.

 LA POBLACIÓN: MORISCOS Y REPOBLADORES

La repoblación iniciada en 1490 por los Reyes Católicos afectó principalmente a la ciudad de Guadix y a las villas de Fiñana y La Peza. Se configuró así una distribución de la población muy polarizada en la que los minoritario castellanos se asentaron en la ciudad y otras localidades fortificadas, conformando poblaciones mixtas, mientras que en las zonas rurales de la comarca la población morisca era ampliamente mayoritaria. Todo ello se puede constatar en los datos demográficos de la zona inmediatamente anteriores a la rebelión de 1568, indicada en vecinos, es decir, familias, por lo que el número de habitantes resultaría de su multiplicación por 4’5.

LOCALIDAD VECINOS MORISCOS VECINOS CASTELLANOS
Abla 179 15
Abrucena 124 6
Albuñán 60 2
Alcudia 76 6
Aldeire 297 3
Alquife 139 1
Beas y Alares 106 8
Cigueñí 50
Cogollos 100 2
Dólar 230 2
Exfiliana 25
Ferreira 177 3
Fiñana 150 100
Graena y Cortes 52 8
Gor 150
Guadix 1.200 1.000
Huéneja 394 11
Jerez 535 15
La Calahorra 200 20
La Peza y Diezma 209 50
Lanteira 288 12
Marchal 54 4
Paulenca 40 3
Purullena 83 7
Zalabí 40
TOTAL 4.758 1.476


COLABORACIONISTAS

No todos los mudéjares y moriscos accitanos optaron por la resistencia frente a la explotación y aculturación castellanas. Una minoría optó desde el principio por colaborar con las autoridades castellanas en un intento de mantener sus posiciones de privilegio. Fue el caso, por ejemplo, del secretario del Zagal, Abrahen Abenzeite, y de Alí Abenaxara, que tras su conversión al cristianismo pasan a llamarse Hernán Valle de Zafra y Diego López Abenaxara respectivamente. Ellos, y sus sucesores, fueron admitidos por las autoridades castellanas como representantes de la población morisca de Guadix y su Tierra. Sin embargo, actuaron más bien como agentes de la Corona, recibiendo a cambio numerosas mercedes: asignaciones monetarias, bienes inmuebles en los repartimientos y el cargo de regidores en el Concejo accitano.

 EPÍLOGO: REBELIÓN, ESCLAVITUD Y EXPULSIÓN

Entre 1568 y 1571 los moriscos del reino de Granada se sublevan, con la intención de recuperar su independencia, su religión y su cultura. En nuestra comarca la rebelión tuvo especial incidencia en el marquesado del Cenete, alzado en enero de 1569. La derrota de los sublevados en 1571 supuso la esclavización de las personas de origen morisco capturadas por las tropas castellanas en el conflicto, mientras que el resto de la población morisca, los llamados moriscos de paces, fueron expulsados a otros reinos castellanos, fundamentalmente Castilla la Nueva, en noviembre de 1570. Los escasos restos de la población morisca que lograron permanecer en la zona sufrieron nuevas expulsiones en 1584 y 1610, con la única excepción de las esclavas y los colaboracionistas.

La guerra y la expulsión supusieron un auténtico cataclismo socioeconómico para la comarca al ser destruidas buena parte de sus bienes e infraestructuras y perder a más del 80 % de su población. El proceso repoblador puesto en marcha por Felipe II en 1571 se saldó también con un fracaso, del que salió una comarca económicamente deprimida y socialmente polarizada.

 LOS DESPOBLADOS MORISCOS

Muestra palpable del cataclismo demográfico y socioeconómico que supuso la expulsión de los moriscos para la comarca de Guadix fue el abandono total de muchas poblaciones ya que el número de repobladores que los sustituyeron fue muy limitado. Así, se abandonaron poblaciones como Alares y Muñana, cerca de Beas; Alcázar, junto a Jerez; y Cigueñí y Zalabí, frente a Exfiliana y Alcudia respectivamente. De la mayoría de ellos quedan pocos restos arqueológicos, ya que sus casas fueron derribada para el aprovechamiento de sus materiales en la reconstrucción de los pueblos repoblados, debiendo destacar en todo caso las cuevas-refugio de Alares, la torre de Alcázar y la iglesia del Zalabí, actual ermita de la Virgen de la Cabeza construida durante el pontificado del obispo Antonio del Águila (1537-1546) como atestigua la heráldica de su fachada.

Para visitar la página web de la Fundación y consultar allí la ficha, y las demás de la colección, piche aquí.

Para mayor comodidad, alojo también aquí la ficha en formato pdf:  Ficha Los Moriscos de Guadix y su Tierra Fundación Julio Visconti.

LA ESCLAVITUD DE LOS MORISCOS DEL REINO DE GRANADA

La esclavitud morisca, por Carlos Javier Garrido García

En enero de 2012 defendía mi tesis doctoral en la Universidad de Granada, titulada “La esclavitud en el reino de Granada en el último tercio del siglo XVI. El caso de Guadix y su Tierra” y dirigida por Manuel Barrios Aguilera, obteniedo la calificación de sobresaliente cum laude. Expongo aquí un pequeño resumen de la misma y proporciono los enlaces para consultarla completa.

Esclavitud según Weiditz en1529

La esclavitud en la España moderna

La esclavitud, que vivió su época dorada en el Imperio Romano hasta configurar una sociedad en la que la economía descansaba en buena parte en sus manos, sufrió un retroceso generalizado en la Edad Media, manteniendo su importancia tan sólo en las penínsulas Italiana e Ibérica gracias, principalmente, a que los enfrentamientos en su seno y en el norte de África con el Islam supusieron una fuente constante de personas esclavizadas en razón de su diferencia religiosa.

En el caso de la Península Ibérica, a finales de la Edad Media y principios de la Edad Moderna, la esclavitud se vio reforzada, por una parte, por los descubrimientos portugueses en el litoral africano, que reportaron una nueva fuente de personas esclavizadas, la trata negroafricana, y, por otra, por el final de la Reconquista con la conquista del reino de Granada y la inmediata expansión castellana al norte de África.

Aunque sin llegar a configurar una sociedad esclavista como en la Antigüedad, la esclavitud alcanzó una importancia bastante destacada tanto en Portugal como en las zonas sur y mediterránea de las coronas de Castilla y Aragón. En el caso castellano, el fenómeno alcanzaría su paroxismo en el último tercio del siglo XVI gracias, por una parte, a la incorporación a la Monarquía Hispánica del reino de Portugal, que favoreció el suministro de personas esclavizadas de origen negroafricano, y, por otra, a los enfrentamientos con el Islam en el Mediterráneo, tanto desde los presidios norteafricanos, principalmente Melilla y Orán, como en la misma Península como consecuencia de la rebelión de los moriscos granadinos en 1568-1571.

La rebelión de los moriscos granadinos: la esclavitud

En la navidad de 1568 se inicia la rebelión de los moriscos del reino de Granada que, originada en las Alpujarras, se extenderá a lo largo de dos años a la mayor parte del mismo. La rebelión, producto tanto de la explotación económica cada vez más intensa de la minoría por los cristianos viejos como de la agudización de su presión aculturadora, fue la constatación palmaria del fracaso pleno de la política asimiladora puesta en marcha por la Corona desde las conversiones forzadas de 1500. Su consecuencia más inmediata fue, por el bando morisco, el asesinato de cristianos viejos, sobre todo eclesiásticos, y la profanación de las iglesias, y, por el bando cristiano viejo, la esclavización de los moriscos, sobre todo su sector no beligerante, mujeres y niños.

Estas esclavizaciones y su inserción casi inmediata en el mercado produjeron un fuerte debate en las altas instancias políticas y eclesiásticas de la Corona. De hecho, la esclavitud por guerra era una medida reservada a los infieles y, de iure, los moriscos eran desde 1500 cristianos. Sin embargo, ya en marzo de 1569 el monarca decidió, tras consultar a teólogos, que la población morisca podía ser esclavizada al haber cometido un delito de lesa majestad divina y humana, es decir, haberse sublevado contra la Corona y contra Dios, en este último sentido habiendo apostatado de un cristianismo que siempre había sido fingido. La única limitación fue la de establecer que los niños menores de 10 años y medio y las niñas menores de 9 años y medio no serían considerados esclavos sino que pasarían a la administración de cristianos viejos para que los educaran en la fe y cultura castellanas y quedarían libres de todo vínculo al cumplir los 20 años.

Los esclavos moriscos: cuantificación y evolución

Se han cifrado en unas 25.000 las personas de origen morisco esclavizadas en la guerra. Sin embargo, estudios recientes han ido demostrando que la mayor parte de ellas fueron exportadas al exterior del reino. Este hecho, junto a las numerosas liberaciones y a una elevada tasa de mortalidad, explicarían que a finales del siglo XVI quedaran, tanto en el reino de Granada como en el resto de los reinos de la Corona, pocas personas esclavizadas de origen morisco. Ya libertos, estos individuos antes sometidos a la esclavitud, sufrirán las consecuencias de las expulsiones del reino de Granada entre 1570 y 1584 y de la general de 1609-1614. De hecho, si algunos moriscos permanecieron en el reino fueron objeto de lo que el profesor Phillips consideraba como objetivo principal de la esclavitud: la asimilación de una población en principio extraña y que entraba en ella a través de una acción violenta. En el caso morisco, siguiendo esta tesis, se podría considerar la esclavización durante la rebelión como el último intento de asimilación en suelo granadino de una población que se había resistido durante casi 70 años a ella, de modo que cuando estalla la guerra se asimila en la mentalidad castellana la idea de que el reino de Granada y su población morisca pertenecía aún al Islam y era, por ende, un terreno a conquistar.

La esclavitud morisca como fuente de capitalización de la Granada de la repoblación

Sin embargo, como producto de las esclavizaciones de la guerra el reino de Granada se convirtió en sede de un importante mercado de personas esclavizadas, que generó unos grandes beneficios. Esta fuente de capitales fue básica para la reconstrucción posterior a la guerra y, sobre todo, para la consolidación de las élites de la nueva sociedad repobladora ya que los beneficios del mercado afectaron a sólo un sector de la población del reino, el asentado como consecuencia de la primera repoblación de fines del siglo XV, y no a la inmensa mayoría de los nuevos pobladores asentados tras la derrota morisca en 1571.

El mercado esclavista de Guadix

Uno de los principales centros de ese mercado fue Guadix, ya que era una de las principales ciudades del reino de Granada, sede de un corregimiento cuya jurisdicción se extendía por toda la parte oriental del reino y una de las cuatro sedes episcopales fundadas en el mismo tras su conquista por los castellanos. Además, durante la guerra ocupó un lugar central en la retaguardia de las operaciones militares castellanas, lo que unido a su cercanía al teatro de los enfrentamientos, provocó que en la ciudad la incidencia de la esclavitud morisca fuera muy destacada.

Capítulos de la tesis

Metodología y fuentes

En el primero de ellos abordo la metodología adoptada y las fuentes utilizadas, marcadas por una amplia variedad que incluye fuentes notariales, parroquiales, judiciales, inquisitoriales, de la administración civil y expedientes matrimoniales.

Marco histórico

En el segundo capítulo analizo el marco histórico en que se va a desarrollar la esclavitud en Guadix y su Tierra en el último tercio del siglo XVI. Así, abordo su evolución histórica entre 1489, cuando se conquista la zona por los Reyes Católicos, y 1630, cuando la historiografía da por concluida repoblación del reino tras la expulsión de los moriscos. Además, para situar mejor la esclavitud morisca en su contexto, estudio en primer lugar la esclavitud en la zona antes de 1568, teniendo como puntos fundamentales la actitud de la comunidad morisca frente a la esclavitud y la constatación de la presencia esclava en la ciudad a través de las fuentes parroquiales.

En segundo lugar, el desarrollo de la rebelión morisca de 1568-1571 en Guadix y su tierra como un punto muy necesario para entender las esclavizaciones masivas a que dio lugar y cómo la sociedad cristiano vieja, muy afectada por el conflicto y la posterior expulsión de la población morisca, ampliamente mayoritaria en la zona, afrontó el fenómeno.

El debate sobre la esclavización de los moriscos y el control de la población esclavizada

En el capítulo tercero analizo el debate y el control de que fue objeto el botín de guerra conseguido en la rebelión morisca. Empiezo estudiando el debate sobre la esclavitud de los moriscos capturados en la guerra hasta llegar a la decisión real de marzo de 1569 que sancionó la esclavización de los mayores de edad y cómo el incumplimiento de los bandos reales de expulsión fue otra de las causas de entrada en la esclavitud, aunque menos extendida que la más general de haberse sublevado contra la Corona y haber apostatado de la religión cristiana.

Tras ello, intento aproximarme al volumen de personas esclavizadas en Guadix durante la rebelión morisca, utilizando para ello tanto la crónica de Mármol Carvajal como los registros que el corregimiento accitano lleva a cabo para su control y reparto. De hecho, la captura de población morisca en el conflicto era el inicio de un proceso controlado por las autoridades civiles y militares que pasaba por el registro de las capturas, su depósito en terceras personas y, por último, su reparto.

Evolución y distribución de la población esclava en Guadix y su Tierra

En el capítulo cuarto analizo la evolución y distribución de la población esclavizada en Guadix y su Tierra en el último tercio del siglo XVI. Las capturas durante la rebelión morisca fueron muy numerosas en la zona, a lo que habría que unir el carácter redistribuidor de Guadix durante la guerra al funcionar la ciudad como centro de la retaguardia de las tropas cristianas. Sin embargo, como en el resto de España, el volumen de personas esclavizadas de origen morisco fue descendiendo de manera constante.

En el caso de Guadix y su tierra constato cómo este descenso se debió al proceso de exportación al exterior, a los decretos de expulsión de esclavos moriscos de sexo masculino, a los problemas que las autoridades eclesiásticas pusieron a la posesión de esclavas moriscas en edad fértil a eclesiásticos y legos solteros, a las numerosas liberaciones y a una dinámica natural claramente regresiva. Así, los datos del censo de 1580 son muy esclarecedores de este descenso, que continúa hasta el final de la centuria.

Además, en este capítulo estudio la evolución y distribución de la población esclavizada en Guadix y su tierra entre 1569 y 1599 a través del análisis de las fuentes parroquiales, constatando cómo el fenómeno se concentra predominantemente en la parroquia del Sagrario, en la que se asentaba la élite civil y religiosa de la ciudad, mientras que en las parroquias en las que predominaban las clases medias (Santiago y San Miguel), las clases bajas asentadas en el naciente barrio de las cuevas (Santa María Magdalena) y los repobladores que sustituyen a la población morisca (Santa Ana) los valores son mucho más bajos, lo mismo que en el medio rural, analizado gracias a los casos de las localidades de Gor, Huéneja y Alquife, las únicas de la zona que conservan registros parroquiales del periodo.

El funcionamiento del mercado esclavista de Guadix

El capítulo quinto se dedica al análisis del funcionamiento del mercado esclavista accitano entre 1569 y 1578 a través del estudio de las compraventas. Tras analizar su evolución, estudio tanto los objetos del mercado, las personas esclavizadas, en función de su volumen, etnia, sexo, edad, procedencia, nombres y apellidos, como los actores del mercado, vendedores, compradores y propietarios. A ello uno el análisis de los precios, tanto de su volumen y evolución como de su variación en función del sexo, la edad y la etnia de las personas esclavizadas, y de la fiscalidad.

La vida en esclavitud

En el capítulo sexto abordo la vida en esclavitud, estudiando las condiciones de vida de las personas esclavizadas, que venían determinadas por su situación de colectivo social marginado y por el tratamiento de los amos; su vida afectiva y capacidad reproductiva, determinada por la explotación sexual que sufrían las esclavas y por el predominio del amancebamiento frente al matrimonio; su religiosidad, muy relacionada con los fenómenos de sincretismo, hechicería, magia y, en el caso de los moriscos, criptoislamismo; y, por último, su explotación laboral, entendiendo en este último aspecto la esclavitud como un medio de ostentación, un factor productivo con rentabilidad económica y un instrumento de cambio.

El acceso a la libertad y la población liberta

El capítulo séptimo se dedica al análisis del acceso a la libertad y la población liberta. Empiezo analizando las vías de acceso a la libertad de las personas esclavizadas para pasar al estudio de las cartas de ahorría otorgadas en Guadix entre 1569 y 1578 y el acceso judicial a la libertad de la población morisca ilegalmente esclavizada por ser menores de edad o moriscos que no se habían sublevado. Por último analizo el destino de la población liberta, muy marcado por su pasado esclavo y por los prejuicios raciales y religiosos de la limpieza de sangre predominantes en la época.

Consecuencias de la esclavitud morisca

En el octavo y último capítulo, a modo de conclusión, planteo algunas hipótesis acerca de las consecuencias de la esclavitud morisca en Guadix y su tierra, tanto demográficas como económicas y sociales, incidiendo en el hecho de destacar la importancia del fenómeno para entender el reforzamiento de la élites urbanas del reino de Granada y el surgimiento de la élites rurales de las zonas de repoblación.

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Red viaria y fiscalidad mudéjar en el Reino de Granada

 

Extracto del artículo: Carlos Javier Garrido García: “Red viaria y fiscalidad mudéjar en el reino de Granada”. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos (Sección Árabe-Islam), nº 66 (Universidad de Granada, 2017), pp. 57-76.

            El 28 de mayo de 2015 la Guardia Civil hacía entrega al Ayuntamiento de Guadix de varios documentos que intentaban ser vendidos de manera ilegal y que, tras el oportuno peritaje, no había duda de que procedían del Archivo Municipal. Entre ellos estaban un repartimiento entre los mudéjares de la ciudad y su Tierra de los gastos y mano de obra para la construcción de un carril en mayo de 1495 y una real provisión de octubre de 1500 ordenando la reparación del camino entre Guadix y Granada. Ambos documentos me han animado a realizar una aproximación al estudio de la política de construcción y reparación de las vías de comunicación llevada a cabo por los Reyes Católicos en el reino de Granada en época mudéjar.

El reino de Granada había ido cayendo en manos castellanas entre 1482 y 1492, sobre todo gracias a la política de capitulaciones que permitió la rendición de la parte oriental del mismo, leal al Zagal, en 1488-1489 (las ciudades de Baza, Almería y Guadix y sus tierras) y la misma capital en enero de 1492. Estas capitulaciones establecían el estatus mudéjar, es decir, los nuevos súbditos de la Corona castellana mantenían su religión, leyes, cultura y propiedades. Sin embargo, el intento de sublevación de 1490 en las ciudades orientales, cuando aún Granada mantenía su resistencia, supuso la expropiación de sus propiedades y su expulsión de las mismas, con la excepción de determinados arrabales extramuros que se convirtieron en morerías, como fue el caso del arrabal de la Puerta de Tollir, futura parroquia de Santa Ana, en la ciudad de Guadix.

Se inició así el proceso repoblador de las ciudades orientales, favorecido por exenciones fiscales, mientras que en sus respectivas tierras o comarcas permanecía la población mudéjar. Esta fue sometida a una fuerte explotación fiscal por parte de la Corona, que mantuvo las cargas impositivas nazaríes y les añadió otras castellanas, lo que hizo necesario el establecimiento de unos representantes mudéjares, los alguaciles, que gestionaran los aspectos fiscales, lo que fue el germen de una organización política de las aljamas, dirigidas por el consejo de notables, para su relación con las autoridades castellanas, que potenciaron también a determinados personajes dentro de las mismas: los colaboracionistas.

Dentro de las numerosas cargas fiscales soportadas por los mudéjares destacaba su contribución a las obras públicas, tanto en mano de obra como en aportaciones económicas, estando exentos de las mismas los repobladores castellanos. En las obras públicas destacó la construcción y reparación de caminos y carriles, elemento primordial en la zona oriental del reino, en la que el relieve era muy accidentado, lo que dificultaba el control político-militar del territorio, el desarrollo del comercio y el abastecimiento de las ciudades con productos de primera necesidad, sobre todo en periodos de malas cosechas que impedían el autoabastecimiento de las mismas con los productos de sus tierras. Además, como complemento de la red viaria, la Corona se preocupó también del establecimiento de las oportunas ventas, situadas sobre todo en las zonas de orografía más difícil y menor densidad de población.

Esta dicotomía fiscal entre repobladores, exentos, y mudéjares, sometidos a las cargas nazaríes y, cada vez más, a las nuevas castellanas, acabó, en principio, con las conversiones de los segundos al cristianismo en 1500-1501. La equiparación religiosa suponía la equiparación fiscal, pero el enorme perjuicio que ello suponía para las arcas de la Corona hizo que esta pronto estableciera cargas fiscales propias de los ahora moriscos, como es el caso de la farda.

 

LAS VENTAS

            Uno de los elementos claves para la operatividad de la red viaria era la existencia de ventas que prestaran su servicio a los caminantes y comerciantes, tanto de alimentación y descanso como de seguridad en el trayecto. Por ello, no es casualidad que en el marco del proceso repoblador se concedieran mercedes de ventas o de terrenos para edificarlas, como tampoco lo es que la concesión de muchas de ellas coincida con el proceso de construcción de carriles en 1495.

Así, en julio de 1493, los reyes hicieron merced a Juan de Ordás, contino de la casa real, de un solar en Aguas Blancas, en el camino entre Guadix y Granada, para edificar una venta. Del mismo modo, en febrero de 1495, Martín de Miño, contino de las guardas reales, recibió merced de un solar para edificar una venta en el término de Guadix donde dicen Guarda Otina en el camino que ba de Guadix a Baça en el arroyo de Guarda Otina, ya que es neçesaria e provechosa para en que los caminantes se acojan e alberguen porque la tierra es áspera e trabajosa de andar e yerma. Por último, los reyes hicieron merced el 16 de marzo de 1495 a Gutierre Gaytán, contino de las guardas reales, de vn sytio y término para en que podades fazer e fagades vna venta con todos sus anejos en el término de la dicha çibdad de Guadix a do dizen la Fuente del Álamo, en el camino entre Guadix y Baza.

 

EL ARREGLO DE CAMINOS Y LA CONSTRUCCIÓN DE CARRIL

            Junto con la construcción de ventas, la política de la Corona se centró en el mantenimiento y ensanchamiento de los caminos heredados de los nazaríes y en la transformación de algunos de ellos en carriles, es decir, caminos que permitían el paso de carros.

La primera noticia de esta política se remonta a febrero de 1495, cuando los reyes fueron informados de que los caminos que desde la parte oriental del reino y desde el vecino de Jaén se dirigían a la ciudad de Granada son en algunas partes muy estrechos y ásperos e montosos e avn peligrosos para los caminantes que pasan por ellos…, a la qual cabsa muchas personas dexan de yr de vnas partes a otras con sus cargas e contrataciones e proueymientos, lo qual redunda en diseruicio nuestro e daño común a todos los vecinos e moradores… e de los dichos caminantes. Por tanto, se ordenó a los corregidores e justiçias de las çibdades de Granada e Jahén e Vbeda e Baça e Alcalá la Real e Loxa e Guadix e de todas las otras villas e lugares e tierras realengas e de señorío que son yncluydas en sus comarcas, que repararan los caminos e los sanehades e abrades e demontedes e allanades en todas las partes e lugares que fuere menester de se abrir e allanar e desmontar e ensanchar por manera que libremente e syn enpedimiento alguno puedan pasar por ellos los caminantes con sus cargas e mercaderías e proueymientos, todo ello a realizar en vn término razonable que para ello les dexo e señalo lo fagan e cumplan.

Como consecuencia de ello, en mayo de 1495 el corregidor de Guadix puso en marcha la construcción de un carril entre la capital del corregimiento y Almería. Así, el día 25 de ese mes comparecieron ante el cabildo municipal los alguaciles y representantes de los mudéjares de la ciudad y de la mayoría de los lugares de su tierra para realizar el repartimiento de los gastos y peones en la construcción del citado carril en proporción al número de vecinos de cada localidad, sacando bibdas e pobres saluo los que buenamente pudiesen pagar. Sin embargo, los representantes mudéjares pidieron volver a sus localidades de origen a informarse bien del número de vecinos para no ser agrauiados en el repartimiento, lo que les fue concedido. Así, cuatro días después acudieron Fernando del Castillo por el marquesado del Cenete y Hamete Sillero, Alí Çefin y Alí Abenajara por Guadix y los lugares de su Tierra a dar el número de casas de sus localidades, equivalente al número de peones que debían proporcionar para las obras. Las obras, como indica la documentación posterior, fueron un éxito, ya que se acabaron con celeridad y, además, se convirtieron en el modelo a seguir en el resto del reino.

Así, en septiembre de ese mismo año 1495 los reyes se dirigieron al corregidor de Granada indicándole que ya abeys sabido los carriles que se han hecho desde Guadix e Baça fasta Almería e porque estos nos dizen que son muy prouechosos para el proueymiento e bien general de toda la tierra, le ordenaban llevar a cabo la construcción de toda una red de carriles en la zona oriental del reino, en concreto desde Baça fasta Guadix, e desde Guadix fasta Granada, e desde Almuñécar a Granada, e desde Granada a Lanjarón, e de Lanjarón a Órgiba, e de Órgiba a Vgíjar, e de Vgíjar a Cadia e Andarax, e desde Andarax hasta Huéneja o a La Calahorra o a qualquier lugar del Çenete donde mejor pudiere salir, e desde el Çenete fasta Guadix, e avnque aya algunas partes estrechas e fragosas segund el carril que se ha abierto camino de Almería muy mejor se podrá faser esos otros carriles, porque fechos estos carriles toda la tierra se podrá proueer de vna parte a otra a muy poca costa e sería mucho bien e prouecho de toda la gente generalmente e çertyficamos que al vesyno que más cupo en toda la tierra de carril que se hiso fasta Almería no fue más de a nueve maravedíes e vn peón, ques contya que qualquiera la puede costear. Para ello, se le ordenó reunirse con el arzobispo de Granada, el conde de Tendilla (capitán general del reino), el corregidor de Guadix y el maestre Remiro para convencerlos de su realización y, tras ello, reunir a los alguaciles mudéjares de la Alpujarra y resto de zonas implicadas con ayuda del cadí mayor, Mahomad el Pequeñí, e deys horden como luego se ponga en obra porque agora en este tiempo tiene la tierra mejor dispusyçión para se romper e para faser los carriles que en otro tiempo.

Incluso, posteriormente, el programa se expandió a otras zonas y reinos limítrofes. Por ejemplo, en enero de 1496 los reyes ordenaron a los corregidores de Almería, Vera y Lorca que estudiaran el mejor trayecto para realizar unos carriles entre ellas que mejoraran su abastecimiento y permitieran más trato entre ellas, debiendo actuar en su realización  por la vía e horden y manera que ouieredes ynformaçión que se han fecho los dichos carriles desde Almería fasta Baça e Guadix e repartido la costa dello por la horden e manera e por los moros de las comarcas e tierras desas dichas çibdades e villas e logares asy realengos como de señorío.

Todavía no estamos en condiciones, dados nuestros conocimientos actuales, para saber si toda esta red viaria fue definitivamente construida. Lo cierto es que al final de la época mudéjar y recién realizadas las conversiones obligatorias al cristianismo que darían origen a la etapa morisca, el rey Fernando el Católico se seguía preocupando por el mantenimiento de los caminos. Así, en octubre de 1500 el rey informaba  al Concejo de Guadix que había ordenado a Alonso Enrríques, mi corregidor de la çibdad de Granada, que fuese a ver cierto camino que se ha de fazer para venir desa dicha çibdad a la çibdad de Guadix, el qual fue a ver por do a de yr el dicho camino e diz que es muy necesario e prouechoso para los caminantes e para el trato e conversación de las dichas çibdades e de otras partes, el qual dicho Alonso Enrriques me hiso relación que para faser el dicho camino serán menester algunos peones e otras cosas. Por tanto, ordenó al concejo accitano que todos los peones e otras cosas que fueren menester para se fazer e acabar el dicho camino desde esa dicha çibdad fasta le llegar al término de la dicha çibdad de Granada fagays que salgan desde esa dicha çibdad e su tierra por repartimiento o en la forma e manera que mejor vos paresçiere, encargándose la ciudad de Granada del trayecto del camino que discurriera por su jurisdicción. Por tanto, se puede deducir que el carril entre Guadix y Granada ordenado en septiembre de 1495 no se había realizado, y que las conversiones habían supuesto el fin de la explotación exclusiva para las obras de los mudéjares, ya que en el documento, a diferencia de los anteriores, no se especifica que los repartimientos se harían entre la población morisca. De hecho, en las capitulaciones para las conversiones de la zona oriental del reino, la más afectada por las obras de construcción de caminos y carriles, se suele especificar que los ahora moriscos no serían obligados a efectuar reparaciones de muros, fortalezas y obras públicas salvo que se les pagara el trabajo con un jornal justo, estando tal cláusula presente, entre otras, en las del Marquesado del Cenete.

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El morisco Hernando el Habaquí

EL MORISCO HERNANDO EL HABAQUÍ

Hernando el Habaquí pasó de ser el alguacil de Alcudia de Guadix a convertirse en representante de los moriscos del reino de Granada en 1567 y en uno de los máximos dirigentes de la rebelión morisca de 1568-1570. Este es un extracto de mi artículo: “Entre el colaboracionismo y la rebelión: el morisco Hernando el Habaquí”, publicado en la revista Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos (Sección Árabe-Islam), nº 63 (Universidad de Granada, 2014), pp. 45-64.

UN MIEMBRO DE LAS ÉLITES MORISCAS

Lo único que se conoce de Hernando el Habaquí antes de 1568 es que era el alguacil de Alcudia, una pequeña localidad situada en el valle del Zalabí a seis kilómetros al sur de Guadix. Este valle, como la mayor parte del medio rural de la zona oriental del reino de Granada, tenía una abrumadora mayoría de población morisca, ya que al ser ocupada por los castellanos en 1489 no fue objeto de repartimiento. Así, en 1568 Alcudia tenía 76 vecinos moriscos y 6 cristianos viejos, mientras que en el resto de localidades del valle todos sus vecinos eran moriscos: los 25 de Exfiliana, los 50 del Cigueñí y los 40 del Zalabí. De hecho, en la zona la presencia castellana se reducía en buena medida al personal eclesiástico ligado a las parroquiales establecidas en 1505 tras las conversiones mudéjares. Aunque el papel de la familia Habaquí no debió ser muy importante ni en la conquista en 1489 ni en las conversiones de 1500, lo cierto es que hubieron de actuar a favor de los castellanos, ya que en la época morisca aparecen como alguaciles de su localidad.

En época nazarí los alguaciles eran unos oficiales subordinados que tenían competencias de justicia y de administración fiscal, teniendo un papel muy secundario en las capitulaciones de conquista frente a los cadíes y alfaquíes. De hecho, van a ser los castellanos los que van a potenciar la figura del alguacil, tanto en las aljamas de las ciudades como en los núcleos rurales, ya que necesitaban unos intermediarios subordinados que ejercieran la doble función de agentes de la Corona y de representación de las comunidades mudéjares ante las nuevas autoridades. En cualquier caso, esta autoridad de nombramiento real compartió sus funciones de representación de las comunidades mudéjares con los alfaquíes y con las élites mudéjares. Las conversiones forzosas de 1500-1501 van a suponer la potenciación definitiva de la figura del alguacil, que se consolida ya como el representante único de las comunidades rurales moriscas por merced de los reyes. De hecho, mientras que en las ciudades desaparece, en los pueblos moriscos los alguaciles ocupan un lugar básico en la gestión de la fiscalidad morisca. Así, los alguaciles eran los encargados de repartir entre los vecinos, con ayuda de los seises, el montante de la farda, el impuesto específico establecido por la Corona sobre los moriscos, que había recaído en la localidad y para la negociación de cualquier aspecto relacionado con su cobro. Así, en septiembre de 1552, el alguacil de Alcudia, Hernando el Habaquí, acompañado de otros vecinos de la localidad, que actuarían como una especie de consejo restringido, otorgaron poder al colaboracionista Jerónimo de Palacios, regidor de Guadix, para que, en nombre de todos los vecinos de la localidad, solicitara al conde de Tendilla y a los repartidores de las fardas una reducción en el montante del impuesto asignado a la localidad en atención a los daños provocados por el desbordamiento del río de Guadix.

Desconozco si la familia Habaquí recibió la merced de alguacilazgo de Alcudia tras la conquista o tras las conversiones mudéjares. Lo cierto es que en 1547 un Habaquí ostentaba tal cargo al tomar a censo perpetuo unos bienes de la Mesa Capitular del Cabildo Catedral de Guadix en Alcudia, censo que después tendría Hernando el Habaquí como principal heredero.

Sea como fuere, Hernando el Habaquí es un ejemplo magnífico de la disyuntiva que sufrieron la mayor parte de las élites moriscas entre sus deseos de integración y mantenimiento de una elevada condición social, que dependía de mantener su colaboracionismo con las autoridades castellanas, y los de conservar un lazo con su comunidad de origen. Esto último se apreciaría en elementos como los matrimonios con otros miembros de la comunidad morisca, siendo muy escasos los matrimonios mixtos con cristianos viejos, y el mantenimiento de sus antiguos lugares de residencia conviviendo con sus vecinos moriscos para mantener sus lazos comunitarios. En el caso de Hernando el Habaquí se observan estos mismos instrumentos. Así, se casó con María de Benavides, de la que desconozco su procedencia, pero no cabe duda de que sería morisca ya que fue expulsada del reino de Granada después de la rebelión de 1568-1570. Además, buscará alianzas matrimoniales dentro de la comunidad morisca, casando ya durante la guerra a su hija María Habaquí con Luis Abenomar, vecino de Guadix e hijo de Bartolomé Abenomar, alguacil de la vecina localidad del Cigueñí y de sus anejos de Exfiliana y el Zalabí y que de hecho era pariente dentro del quarto grado del dicho Hernando Habaquy, es decir, ambos tenían algún antepasado en común, seguramente alguna de sus abuelas, motivo por el cual para poder casar a sus hijos se vieron obligados en vísperas de la rebelión a conseguir breve de Su Santidad para se poder casar respeto de que son primos hermanos. Por otra parte, mantiene su residencia, pese a su posición de privilegio, en la pequeña localidad de Alcudia, hecho que si bien pudo limitar sus posibilidades de ascenso a una situación de mayor privilegio, sí le permitió mantener el contacto con sus paisanos y dar sentido así a su función de intermediación, de la que dependían, no se olvide, los favores de la Corona y la existencia de unas importantes redes clientelares. Por último, mantuvo un gran apego a sus orígenes y cultura propia, como demuestra el hecho de que, contraviniendo la tendencia auspiciada por la Corona, mantuviera el uso de su apellido musulmán sin sustituirlo por otro castellano o, al menos, por el uso de un apellido mixto castellano-morisco como sí hicieron otros colaboracionistas. Por otra parte, conservó el uso de la lengua árabe, pese a conocer perfectamente el castellano, tanto al otorgar documentos oficiales, como en el ámbito doméstico, indicándolo así el hecho de que en 1570 su hija, al ser procesada por la justicia eclesiástica, requiriera para declarar la intermediación de un intérprete.

En cuanto a su situación económica, ya en su momento el profesor Vincent destacó que las élites moriscas tenían en común una buena situación económica, que posteriormente fueron reforzando a través de alianzas matrimoniales.  Este fue el caso de Hernando el Habaquí, que en vísperas de la rebelión disponía de un patrimonio valorado en 500 ducados, es decir, 187.500 maravedíes, y el que sería su yerno, Luis Abenomar, con uno valorado en 800 ducados, 300.000 maravedíes. Aunque pueden parecer cifras modestas, sobre todo si las comparamos con el patrimonio de grandes familias colaboracionistas como los López-Abenaxara, que disponía de unas rentas anuales de 1 millón de maravedíes en el período 1500-1528, se debe tener en cuenta que la cifra se tiene que referir sólo a los bienes raíces y que esas cantidades en el marco de una pequeña localidad como Alcudia le concedían, sin duda, una posición de claro privilegio con respecto a sus vecinos.

De hecho, su patrimonio se veía completado con el arrendamiento y toma a censo perpetuo de bienes de instituciones eclesiásticas para después subarrendarlos a la abundante y productiva mano de obra morisca, en una tendencia que, propia de los cristianos viejos residentes en el reino, será compartida por las élites moriscas. Del mismo modo, en 1556, 1557 y 1558 fue mayordomo por arrendamiento de los bienes de la Obra Pía que el Convento del Parral de Segovia tenía en Cogollos de Guadix, como consta por un pleito de marzo de 1559 entre Hernando el Habaquí y el mayordomo de la iglesias menores del Obispado de Guadix, Diego de Ugarte, por el pago del horno e morales de Cogollos del año de çinquenta e syete e çinquenta e ocho. Esta posición de arrendador en Cogollos, además de los ingresos que supusieran por el sobrecoste de los subarriendos, le permitió ampliar su área de influencia a la citada localidad. El arrendamiento o toma a censo perpetuo de los bienes eclesiásticos se completaba con su ostentación del cargo de mayordomo de la Iglesia Parroquial de Alcudia, lo que le permitía gestionar y controlar sus rentas. La Bula de erección de las iglesias parroquiales de 1505 establecía que los bienes y rentas de las fábricas de las mismas debían ser administrados por un ecónomo o mayordomo elegido anualmente por los vecinos.

La buena situación económica de Hernando el Habaquí, producto de sus bienes inmuebles y del arrendamiento-acensamiento y control de bienes eclesiásticos, se completaba con unas actividades comerciales en torno al ganado y los cereales que motivaron que, en mayo de 1560, fuera acusado por el fiscal del Obispado de usura, ya que vendía estos productos fiados por encima de su precio de mercado. Así, según declaraban los testigos del proceso, Hernando el Habaquí, aprovechando la producción de sus bienes inmuebles, tanto propios como arrendados-acensados a la Iglesia, en los meses previos a la nueva cosecha, cuando empezaba a escasear el grano, vendía trigo a mayor precio que el del mercado, un grano que debían pagar los compradores en agosto, es decir, una vez realizada la nueva cosecha y cuando, por tanto, dispondrían de nuevo de dinero. Por tanto, este pleito muestra claramente la posición de privilegio socioeconómico de Hernando el Habaquí y las prácticas, a veces fraudulentas, que se usaban para consolidarlo, todo ello un elemento común con las élites cristianoviejas.


REPRESENTANTE DE LOS MORISCOS DEL REINO FRENTE A LA REAL CÉDULA DE 1567

             En 1566 la política regia con respecto a la población morisca del reino de Granada entró en un camino de no retorno. Como consecuencia de la Junta de Madrid, se aprobó la pragmática de 1 de enero de 1567, que suponía la prohibición legal de todos los elementos diferenciadores de la minoría, no sólo de los religiosos, sino también de los culturales, entendidos por las autoridades castellanas como muestra flagrante de la disidencia religiosa. Frente a ello, los moriscos optaron por los mecanismos tradicionales de presión, realizando súplicas de aplazamiento su procurador general, Jorge de Baeza, y el notable don Francisco Núñez Muley. Al fracasar, los moriscos optaron por recurrir a la nobleza granadina, muy interesada en seguir manteniendo a su productivos vasallos moriscos, y a colaboracionistas moriscos de segundo orden. Así, el noble castellano don Juan Enríquez de Guzmán, de Baza, acudió a Madrid acompañado por Juan Hernández Mofadal, vecino de Granada, y Hernando el Habaquí, alguacil de Alcudia. Pero, ¿cómo explicar que la labor de representación recayera en un morisco que, como Hernando el Habaquí, no destacaba por pertenecer a los grandes linajes moriscos del reino ni a las principales familias colaboracionistas? Creo que la respuesta está en el desprestigio que, ante el pueblo morisco, fueron sufriendo las élites colaboracionistas de primer orden como consecuencia de la contradicción de actuar a la vez como supuestos representantes de su pueblo y también como agentes de la Corona. En su día ya destaqué esta contradicción en el caso de las dos principales familias colaboracionistas de Guadix y su Tierra, los Valle-Palacios y López-Abenaxara. Siendo los miembros de ambas familias seises y repartidores de la farda en la zona por designación castellana, los moriscos no tuvieron más remedio que elegir un procurador, Hernando de Gálvez, que defendiera sus intereses en el reparto del impuesto. Mi hipótesis, por tanto, es que si Hernando el Habaquí fue nombrado representante de los moriscos del reino fue porque éstos ya desconfiaban de los colaboracionistas de primer nivel en su calidad de agentes reales.

Sea como fuere, la participación en esta comisión va a ser fundamental en el devenir posterior de Hernando el Habaquí, en su paso del colaboracionismo a la rebelión. Así, la comisión alcanzó un rotundo fracaso, iniciando, tras el rechazo regio, un periplo infructuoso de varios meses que les llevó a entrevistarse con el cardenal Espinosa en Madrid y con el presidente de la Chancillería, Pedro de Deza, en Granada. Estas negativas continuas, el tiempo que hubieron de esperar sin respuesta y las misivas que recibían de los moriscos describiéndoles los malos tratamientos que recivían de los ministros causarían una negativa impresión en el Habaquí, que se iría decantando hacia posturas más extremistas, como pasó con el resto de moriscos del reino que se vieron ante la disyuntiva de aceptar la pragmática o rebelarse. De hecho, su participación en las negociaciones le supuso sufrir represalias por parte de las autoridades castellanas. Así, según indica Mármol, el Habaquí fue apresado, seguramente al iniciarse la rebelión, porque había ido a contradecir las premáticas a la Corte, e incluso perdió su cargo de alguacil de Alcudia, siendo sustituido por Hernando López de Ayala, un funcionario castellano ligado a la cobranza de las rentas reales, mostrando así quizás una tendencia de las autoridades castellanas a eliminar los últimos rastros de la autonomía de los pueblos moriscos.

En definitiva, la decepción y humillación sufrida por su comisión a Madrid y la presión castellana que le hizo perder su alguacilazgo sobre Alcudia debieron provocar un cambio de actitud en Hernando el Habaquí con respecto a los castellanos. De hecho, el estallido de la rebelión morisca en diciembre de 1568 y la actitud castellana durante la misma le harán decidirse ya por completo por la sublevación.

 

PAPEL CENTRAL EN LA REBELIÓN MORISCA

Finalmente, la tensión acumulada durante los últimos años estalló en la navidad de 1568 en la forma de una rebelión morisca que, iniciada en las Alpujarras, pronto se extendió al resto de zonas del reino. En el caso de Guadix, en el mismo mes de diciembre se sublevaron las poblaciones de Abla y Abrucena y, ya en enero de 1569, el marquesado del Cenete, situación que aprovecharon las milicias concejiles accitanas para saquearlo. Sin embargo, Hernando el Habaquí no se unió de manera inmediata a la rebelión, sumándose a ella en torno a mayo de 1569, pocos días antes del ataque morisco a la villa de La Peza, ya que, como indica Mármol, se había ido a la sierra estos días, porque habiendo estado preso en Guadix por sospecha de rebelión, o como él nos dijo después, porque había ido a contradecir las premáticas a la Corte, y habiéndole soltado en fiado el corregidor de aquella ciudad, supo que le mandaban prender de nuevo. De hecho, el mismo Habaquí explicó al presidente de la Chancillería granadina, Pedro de Deza, los motivos por los que se sublevó en una carta fechada el 18 de diciembre de 1569. En ella indicaba que se había sumado a la rebelión por los abusos que sufrió por parte de los cristianos viejos, que intentaron meterlo en prisión y le saquearon sus bienes y los de su hermano, y concluía indicando que en lo que tienen por allá entendido que yo lo he hecho mal en renegar de la fe de Jesús Christo, juro por Dios que si con cualquier caballero se hubiera hecho lo que conmigo, aunque fuese christiano viejo de todos cuatro costados, no hubiera parado en el reino de Granada sino pasado a Turquía y renegado de su fe.

Por tanto, la excesiva presión castellana fue lo que motivó la rebelión del Habaquí, que huyó a la sierra acompañado de su familia. Una vez allí, su ascenso en la cúpula dirigente de la rebelión fue meteórico, seguramente gracias al prestigio que había adquirido en su comisión a Madrid para intentar frenar la pragmática de 1567. Así, nada más llegar, en mayo de 1569 entró a formar parte del consejo del rey Aben Humeya y en agosto de ese año realizó un viaje a Argel con la intención de conseguir refuerzos de su rey, Luch Alí, vasallo del Imperio Otomano, volviendo de hecho acompañado por 400 escopeteros dirigidos por el turco Hoscein. Una vez vuelto a las Alpujarras, y sobre todo tras el asesinato de Aben Humeya por parte de Aben Aboo en septiembre de 1569, se convirtió en el máximo defensor en el bando morisco del inicio de conversaciones de paz con los castellanos, tanto por convicción propia como porque éstos intentaron aprovechar sus contactos con las élites cristianoviejas accitanas anteriores a la guerra, especialmente con Hernando de Barradas y Francisco de Molina, para utilizarlo como medio de conseguir la rendición morisca. Así, recién nombrado general del río Almanzora, Baza y Guadix, el 15 de febrero de 1570 Hernando el Habaquí se reunió con Hernando de Barradas en la sierra de Aldeire y el 10 de marzo de ese año en Purchena con Francisco de Molina. En esta última entrevista, Francisco de Molina intentó convencer al Habaquí prometiéndole el mantenimiento de su situación de privilegio anterior al conflicto e incluso su aumento haciéndole entrar en la cúspide de las élites moriscas. Finalmente, el Habaquí prometió conseguir que Aben Aboo aceptara llegar a la paz, promesa que volvió a repetir el 20 de marzo a Francisco de Córdoba. En abril de 1570 los acontecimientos se precipitaron. El 17 de ese mes don Juan de Austria publicó el bando de reducción en Santa Fe de Mondújar y el día 22 Aben Aboo, aconsejado por el Habaquí, respondió a una carta de Alonso de Granada Venegas indicándole que la culpa de la rebelión la tuvieron los consejeros del rey por hacer la vida imposible a los moriscos, porque si los agravios que se hacían a estas gentes se hicieran al más cuerdo hombre que hay en la cristiandad, no se contentara con hacer lo que ellos hicieron, sino que hiciera mucho más, y que se mostraba favorable a continuar los tratos de paz. Estos fueron de nuevo gestionados por el Habaquí, teniendo como interlocutores a Hernando de Barradas, Francisco de Molina, Francisco de Córdoba y otros caballeros, lo que Mármol califica sintomáticamente como negociar por la vía de Guadix.

Cuando las negociaciones de paz se iban encauzando, entraron en peligro por la continuación de las actividades bélicas por parte de las tropas castellanas y porque los moriscos sublevados entendiendo que se trataba de sacar los moriscos de las ciudades de Guadix y Baza, que no se habían rebelado, estaban escandalizados. Esta expulsión, que afectaba también a la población de la Tierra de ambas ciudades, se preparó concentrando a los moriscos en las iglesias y, en el caso de Guadix, en la Alcazaba. En este sentido, en una nueva entrevista entre el Habaquí y Barradas en el castañar de Lanteira el morisco le indicó que si se detenía la expulsión se comprometía a conseguir la rendición morisca. La respuesta de don Juan de Austria fue positiva, no siendo de hecho expulsados los moriscos de Guadix hasta noviembre de 1570, coincidiendo con la expulsión general del reino. Esta preocupación prioritaria del Habaquí por la suerte de los moriscos de Guadix y su Tierra se explica no sólo porque entre ellos estarían sus familiares y amigos, sino también porque sería consciente que una vez expulsados sus congéneres no tendría sentido que la Corona siguiera contando con él como interlocutor, razón de su situación privilegiada y de su misma permanencia en el reino.

La paralización de la expulsión de los moriscos de paces accitanos permitió que las negociaciones de paz siguieran adelante y el 13 de mayo de 1570 se reunieron en Fondón de Andarax los moriscos, representados por el Habaquí, los alcaides moriscos y los generales turcos, y los castellanos, representados por Alonso de Granada Venegas, otros caballeros, los eclesiásticos de origen morisco beneficiados Torrijos y Tamarid y el colaboracionista accitano Hernán Valle de Palacios. En esa reunión los moriscos accedían a reducirse a cambio de poder permanecer en el reino de Granada con las provisiones antiguas, es decir, el estatus anterior a 1567. Don Juan de Austria respondió que trajeran poder de Aben Aboo y que sus peticiones fueran recogidas en un memorial en forma de suplicación, es decir, que no se tomaba una resolución inmediata al respecto, sino que se esperaba a la voluntad real.

Finalmente, el 19 de mayo de 1569 volvieron a Fondón el Habaquí y los demás alcaides moriscos, y entregaron sus poderes y memoriales a Hernán Valle de Palacios para que los entregase a don Juan de Austria. El acuerdo final estipuló que los moriscos se rendirían y serían bien tratados por los castellanos, aunque serían expulsados de las Alpujarras. Admitido el acuerdo, el Habaquí solicitó un trato de favor para él mismo y para Aben Aboo y el resto de dirigentes de la rebelión, cosa que le fue concedida por don Juan de Austria como agradecimiento por la reducción. Tras firmar el acuerdo y realizar la ceremonia pactada, Hernando el Habaquí permaneció en campo cristiano tres días más, marchando el 22 de mayo a dar cuenta del acuerdo a Aben Aboo y al resto de caudillos.

El 25 de mayo, festividad del Corpus Christi, volvió el Habaquí al campo cristiano, trayendo el consentimiento de Aben Aboo, entregándole don Juan de Austria el bando confirmando el acuerdo. El Habaquí, por su parte, se comprometió a conseguir embarcar para Berbería a los turcos y berberiscos, que constituían el grupo más reacio al acuerdo, e incluso se ofreció a conseguir la reducción de los moriscos aún rebeldes en Ronda y Marbella. Por tanto, el trato de favor que le habían dispensado las autoridades castellanas y las relaciones retomadas con sus élites, hicieron que el Habaquí retornara a la senda del colaboracionismo.

El embarque de las tropas turcas lo consiguió el Habaquí a principios de junio de 1570. Sin embargo, la llegada de nuevas fuerzas de Berbería hizo que Aben Aboo cambiara de parecer, factor al que contribuyó su desconfianza hacia el Habaquí, al que acusaba de haber sido el protagonista de la reducción con el objetivo de conseguir honra y provecho para él y sus deudos. Así, empezó a denunciar al Habaquí frente al resto de moriscos indicando que había mirado mal por el bien común, contentándose con lo que solamente don Juan de Austria le había querido conceder, y procurando el bien y provecho para sí y para sus deudos, cuando en realidad, según Mármol, su fin era, viendo al Habaquí hecho tan señor del negocio de la redución, quitárselo de las manos y hacerlo él, para asegurar más su partido con servicio tan particular. Evidentemente, el Habaquí se dio cuenta de este cambio de postura de Aben Aboo, por lo que se ofreció a don Juan de Austria para entregárselo, de grado o por fuerza, para lo cual éste le concedió 800 ducados de oro con que levantase cuatrocientos moros de quien pudiese tener confianza para el efeto que decía. Así, volvió a Bérchul para sacar de allí a su mujer e hijas y llevarlas a Guadix antes de realizar el golpe, cosa que aprovechó Aben Aboo para asesinarlo. Para no comprometer el proceso de reducción, que pasó a gestionar él mismo, encubrió su muerte, tanto a su familia, a la que permitió que se fuese a Guadix diciéndole que no tuviesen pena, porque él le tenía preso y brevemente le soltaría, como a los castellanos. De hecho, éstos no descubrieron la muerte del Habaquí hasta que el 30 de julio de 1570 don Juan de Austria envió a Hernán Valle de Palacios a entrevistarse con Aben Aboo con el objetivo principal de averiguar lo sucedido. Cuando el colaboracionista accitano volvió a Guadix el 5 de agosto, trajo la noticia de la muerte, rompiéndose al instante las negociaciones de paz y reanudándose la guerra.

Muerto el Habaquí, fue su familia la que sufrió tanto la presión religiosa castellana como la expulsión. Ya he indicado que, según Mármol, la familia del Habaquí marchó a Guadix en junio de 1570. Sin embargo, al menos su hija María Habaquí y su marido Luis Abenomar, estaban ya en la ciudad en mayo de ese año, cuando bautizaron en la Iglesia de Santa Ana a su hijo Rafael. Ambos se habían casado durante la guerra según el rito musulmán, por lo que en octubre de 1570 fueron procesados por la Audiencia Episcopal de Guadix, que los condenó al pago de una multa de 4 ducados y ordenó que se casaran por el rito católico.

En cuanto a la expulsión, la mujer del Habaquí, María de Benavides, y su hija y yerno fueron expulsados a la ciudad de Jaén, donde recibieron unas pensiones por parte del rey en 1574, como agradecimiento a la labor de su marido y padre en las negociaciones de paz.

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