CARACTERÍSTICAS SOCIOECONÓMICAS DEL MUNDO ACTUAL

Tema de Historia del Mundo Contemporáneo de 1º de Bachillerato sobre las características socioeconómicas del mundo actual, por Carlos Javier Garrido García.

Pandemia del COVID-19: hospitales saturados. Fuente: wikipedia.

INTRODUCCIÓN

El mundo del siglo XXI viene definido en sus aspectos socioecómicos por la globalización, tanto económica como política, social y cultural. Este proceso, positivo en numerosos aspectos, ha provocado también problemas. En un mundo interconectado las crisis, como la surgida en 2007, y las pandemias, como la del COVID-19, han tenido un impacto global. En cuanto a la Pandemia, gracias a la vacunación se puede dar por controlada, aunque aún está por dilucidar cuáles serán sus consecuencias políticas, económicas y sociales a largo plazo.

LA GLOBALIZACIÓN

Concepto y causas

La Globalización es la interdependencia del mundo a todos los niveles: económico, social, político y cultural. Su origen se remonta al establecimiento del colonialismo en la Edad Moderna y, sobre todo, al desarrollo de los procesos de industrialización e imperialismo en el siglo XIX. Posteriormente, el proceso se acentuó con los avances técnicos de la Segunda Revolución Industrial, la crisis de 1973 y el consiguiente desarrollo de las TIC y del neoliberalismo (liberalización de los mercados financieros y reducción de aranceles impulsada por la OMC) y el hundimiento del bloque comunista entre 1989 y 1991, que hizo que el sistema capitalista rigiera el conjunto de la economía mundial, incluida la de los pocos regímenes comunistas que lograron sobrevivir, como es el caso de Cuba, Vietnam o China, que establecieron políticas económicas mixtas.

La economía global

La economía globalizada se caracteriza por un aumento exponencial de los flujos financieros internacionales, dominados por la Bolsa de Nueva York, con centros secundarios en las bolsas europeas, japonesas y chinas; la fuerte expansión del comercio internacional, favorecido por el proceso de deslocalización industrial en favor del Sudeste asiático, destacando la Unión Europea, Estados Unidos y China; la concentración empresarial, con un peso e influencia creciente de las empresas multinacionales; la producción integrada a nivel internacional, concentrándose las funciones más sencillas e intensivas en mano de obra en los países subdesarrollados y las más cualificadas, de investigación, gestión y dirección en los desarrollados; y la reducción de la intervención del Estado en los aspectos económicos y sociales.

Consecuencias políticas de la globalización

El proceso de globalización económica y el predominio de las tesis neoliberales han provocado una supeditación del Estado a las consideraciones económicas, que escapan en buena medida de su control por la influencia de las multinacionales y el establecimiento de organismos internacionales que, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial de Comercio y el Banco Central Europeo, escapan del control estatal e imponen a este el marco de actuación socioeconómico.

Esta situación ha hecho que se haya destacado por algunos analistas un deterioro de los sistemas democráticos, ya que la gestión económica escapa al control político representativo. Por otra parte, este hecho ha impulsado el desarrollo de los movimientos antiglobalización. En ellos intervienen fuerzas políticas y sociales y posturas ideológicas muy heterogéneas, que tienen en común su rechazo al neoliberalismo y al modelo de globalización económica. Así, al movimiento antiglobalización se le califica de “movimiento de movimientos”, agrupando en su seno posturas muy dispares y en principio antagónicas como los movimientos de extrema izquierda y derecha o ecologistas.

El movimiento se inició en Seattle, en 1999, durante unas protestas contra una reunión de la OMC. A partir de ahí, el movimiento ha provocado protestas frente a las asambleas de organismos internacionales como el citado, el FMI y las reuniones periódicas de las grandes potencias (G8 y G20), utilizando como vehículo de organización y propaganda las TIC. En 2001 se creó el Foro Social Mundial, en un intento de vertebrar y organizar más el movimiento. Sin embargo, este ha estado siempre lastrado por la enorme variedad ideológica. De hecho, como principios ideológicos más generales solo podemos citar la defensa del predominio de la política y de la democracia sobre la economía, de los derechos sociales y del desarrollo sostenible y la lucha contra el subdesarrollo.

DE LA CRISIS DE 2007 A LA PANDEMIA

La crisis económica mundial de 2007

Los orígenes de la crisis se retrotraen al cambio de modelo económico provocado en la década de 1980. La crisis iniciada en 1973 y el acceso al poder de gobiernos conservadores en EEUU (Reagan) y Gran Bretaña (Thatcher) provocaron el abandono de las políticas económicas keynesianas, basadas en el intervencionismo estatal y el establecimiento del Estado de Bienestar, en favor del neoliberalismo, defensor una limitación del control estatal sobre la economía y la privatización de empresas y servicios públicos. Esto provocó una libertad de movimiento de capitales que, sumada a las políticas de crédito a bajo interés como medio de incentivar el desarrollo económico, acabó por provocar una burbuja especulativa, centrada en este caso en el mercado inmobiliario, además de en la bolsa. En este contexto, se expandieron productos financieros sofisticados y opacos como los derivados financieros (inversiones que dependen del valor de otro producto, como el oro, acciones o materias primas) y las hipotecas “subprime” (hipotecas sin garantía a cambio de un interés elevado y que se ofertaban en los mercados financieros agrupadas en derivados con alta rentabilidad). El ascenso en el precio de la vivienda aumentó el endeudamiento de las familias, más grave aún debido a las políticas neoliberales de desregulación del mercado laboral, que estancaron los salarios.

La crisis se inició en 2007 en Estados Unidos, cuando estalló la burbuja especulativa, hundiéndose el banco de inversiones Lehman Brothers y generándose una crisis y un pánico financieros que paralizaron el crédito. Dado el peso financiero estadounidense, la venta de productos financieros estadounidenses en el resto del mundo y la propia burbuja especulativa surgida en los mercados europeos y asiáticos, la crisis se extendió también a Europa a partir de 2008. Los gobiernos europeos decidieron establecer políticas de estímulo económico (planes de obras públicas como el Plan Ñ en España) y de rescate al sistema financiero, lo que supuso un aumento de su endeudamiento en un contexto de recesión económica. Esto acabó provocando la crisis de deuda europea, frente a la cual la Unión Europea promovió políticas neoliberales de reducción del gasto público (recortes en el Estado de Bienestar) como condición para el rescate financiero, aplicado en países como Irlanda, Portugal, España, Chipre y Grecia entre 2010 y 2013, lo que ahondó la crisis en el sur de Europa. La crisis se extendió al resto del mundo debido a la paralización de las inversiones y la reducción del comercio internacional.

Las consecuencias de esta crisis fueron un aumento de las desigualdades económicas (aumento de la riqueza de las clases altas y empobrecimiento de buena parte de la clase media), un aumento del endeudamiento del Estado debido a las políticas de incentivo y el rescate bancario, el establecimiento de tipos de interés incluso negativos para reactivar la economía (lo que aumentó el endeudamiento de los consumidores), un cuestionamiento del Estado de Bienestar (privatizaciones de empresas y servicios públicos, recortes en el gasto sanitario y educativo, fomento de las pensiones privadas) y, como consecuencia de lo anterior, un aumento de la conflictividad social y de la inestabilidad política. En este contexto, las posturas populistas de izquierda y derecha se vieron reforzadas y deterioraron los sistemas políticos bipartidistas sostenidos por partidos de centro-derecha y centro-izquierda. A nivel geopolítico, la crisis reforzó el papel de potencias emergentes como China y Rusia, mientras que la Unión Europea quedaba muy debilitada. Cuando la crisis se daba ya por superada, en 2020 la pandemia del COVID-19 volvió a sumir al mundo en la crisis.

La pandemia del COVID-19 y sus efectos

El COVID-19 es un coronavirus (es decir, una enfermedad que origen animal que se transmite al ser humano) que afecta al aparato respiratorio (neumonía con síntomas como tos, fiebre, dolor muscular y, en los casos más graves, inflamación pulmonar y dificultades respiratorias graves) y que tiene la singularidad de su carácter contagioso cuando la enfermedad está aún latente en el paciente, lo que favorece la transmisión. Aunque tiene una baja tasa de letalidad, el contagio masivo provocó una saturación de los servicios de asistencia médica.

El virus surgió en el sur de China, en la región de Wuhan, en diciembre de 2019. Aunque las autoridades sanitarias minimizaron la amenaza, la enfermedad se extendió de manera rápida gracias a la globalización, afectando especialmente a las zonas más conectadas del mundo desarrollado. En febrero de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el estado de pandemia. Un mes después, ante el crecimiento exponencial de casos y la saturación de los servicios sanitarios, los gobiernos mundiales fueron estableciendo de manera progresiva el confinamiento de la población, lo que supuso la paralización de la economía a nivel mundial. El surgimiento de nuevas variantes del virus, como la Delta y la Ómicron, y las salidas paulatinas de los confinamientos, determinaron oleadas sucesivas del virus. La consecución de las primeras vacunas contra el virus, en diciembre de 2020, supuso la mejora progresiva de los indicadores sanitarios, hasta llegar a la situación actual, en la que los países desarrollados han ido saliendo de la pandemia gracias a los altos índices de vacunación. Sin embargo, en los países subdesarrollados la baja vacunación mantiene viva la pandemia, agravando el peligro del surgimiento de nuevas variantes más transmisibles y mortales.

En cuanto a las consecuencias de la pandemia, aparte del elevado número de muertes (hasta marzo de 2022 se habían contabilizado 455 millones de casos y 6 millones de fallecidos a nivel mundial), fueron muy importantes en el terreno socioeconómico. Así, la paralización económica intentó ser solventada mediante la elevación de la masa monetaria a través de ayudas, inversiones y subsidios. Esta política provocó un aumento exponencial del déficit público y el origen de un proceso inflacionario. Este no se inició de manera inmediata, ya que la demanda estaba frenada por las medidas contra la pandemia. La eliminación progresiva de estas medidas a partir de finales de 2021 y la existencia de una demanda estancada durante la pandemia provocaron el crecimiento de la inflación, problema agravado a partir de febrero de 2022 por el inicio de la guerra en Ucrania.

CAMBIOS POLÍTICOS, SOCIALES Y CULTURALES

Regímenes políticos y Derechos Humanos

La caída de los regímenes comunistas de la órbita soviética entre 1989 y 1991 supuso un aumento del número de países con regímenes democráticos. En cualquier caso, en los antiguos países comunistas de Europa del Este estos nuevos regímenes hubieron de hacer frente a la crisis de reconversión de sus economías al capitalismo, la ausencia de educación y participación política en la mayor parte de la población por la larga duración de las dictaduras, los intereses de la antigua nomenklatura comunista que siguió controlando en buena medida la vida política y económica de sus países y la importancia del nacionalismo populista como principal ideología política. Esto provocó que muchos regímenes, formalmente democráticos, sufrieran graves deficiencias en el respeto a los derechos individuales, por lo que en realidad se trataba de dictaduras, con los casos destacados de Rusia y de Bielorrusia.

Frente a esta extensión de la democracia, aún perviven algunos regímenes comunistas, puros como Corea del Norte, o con economías total o parcialmente capitalistas, como China, Cuba y Vietnam. Además, en el Tercer Mundo son frecuentes los regímenes dictatoriales y los “Estados fallidos”, mientras que en Oriente Medio aún perviven monarquías teocráticos. Por otra parte, la crisis económica iniciada en 2007 y la posterior asociada a la Pandemia del COVID-19 han provocado un aumento de los movimientos populistas de extrema derecha o izquierda. El populismo viene definido como un movimiento político que apela al pueblo como conjunto (superando las diferencias de clase o ideológicas), que considera que este se opone a la élite y que propone soluciones a veces demagógicas y la movilización de masas como herramienta política. En muchos países han surgido formaciones de esta tendencia, como fue el caso de Podemos y VOX en España.

En cualquier caso, en el nuevo milenio se ha asentado el concepto de Derechos Humanos como valor universal. El concepto ya había sido establecido tras la Segunda Guerra Mundial, con la aprobación en 1948 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. En la actualidad, el concepto lo fortalecen las distintas ONGs que velan por su cumplimiento (como Amnistía Internacional) y la actuación de tribunales específicos como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y la Corte Penal Internacional.

Sociedad postindustrial, migraciones y nuevos movimientos sociales

En la sociedad actual, marcada por la globalización y la crisis, se han producido cambios sociales como el aumento de los movimientos migratorios, la emancipación femenina, la consolidación de la sociedad postindustrial y el surgimiento de nuevos movimientos sociales.

En cuanto a las migraciones, la principal corriente migratoria es el desplazamiento de población de los países subdesarrollados a los desarrollados por motivos laborales o económicos, en crecimiento exponencial desde la década de 1980. Frente a ello, los países desarrollados han optado por el endurecimiento de los controles fronterizos frente a la inmigración ilegal y las mafias. El flujo migratorio, que ha dado lugar a sociedades cada vez más multiculturales, ha provocado también el surgimiento de actitudes de rechazo y racistas en parte de la población de los países de acogida, más aún en el contexto de crisis económica actual.

En cuanto a la emancipación femenina, desde mediados del siglo XX se consolidó el derecho a voto femenino, la incorporación al mercado laboral y el acceso a mayores niveles de instrucción. Sin embargo, perviven la violencia de género y la discriminación laboral en los países desarrollados, que han implementado frente a ello medidas de discriminación positiva. En numerosos países subdesarrollados, sin embargo, la marginación de la mujer pervive, con el ejemplo de los países árabes.

Por lo que se refiere a la nueva sociedad postindustrial, esta se caracteriza por la terciarización de las economías y de las actividades productivas, la tecnificación y el control de la información (aumentadas por la implementación del 5G) y el consumismo.

Por último, la crisis iniciada en 2007 provocó el surgimiento de nuevos movimientos sociales. En los países subdesarrollados tomaron la forma de revueltas pidiendo el establecimiento de regímenes democráticos, como fue el caso de la Primavera Árabe. En los países desarrollados más afectados por la crisis surgieron movimientos como el 15M español de 2011, caracterizados por su organización espontánea, la ocupación de lugares públicos, el funcionamiento asambleario y la ausencia de un programa e ideología definido y articulado. En algunos casos, estos movimientos dieron lugar a nuevas formaciones políticas, como fue el caso de Podemos.

Cambios culturales y científicos

La globalización y tecnificación han provocado el desarrollo de una cultura internacional que, basada en el modelo occidental anglosajón, ha sido difundida gracias a los medios de comunicación, las redes sociales y la cultura del ocio y el entretenimiento.

Por otra parte, se ha producido una creciente secularización de las sociedades debido a la modernización social, a las nuevas realidades multiculturales originadas por las migraciones y a los avances científicos. Sin embargo, frente a este proceso han surgido posturas fundamentalistas en el mundo musulmán pero también en el cristiano.

En cuanto a los avances científicos y tecnológicos, se ha producido una auténtica revolución gracias a la inversión pública y privada en I+D y a la aplicación de las TIC.

CONCLUSIONES

Las grandes incógnitas sobre la futura evolución del mundo globalizado en el que vivimos pasan por dilucidar el nuevo mapa geopolítico internacional (¿será China la nueva superpotencia?), las dimensiones de la crisis económica generada por el COVID-19 y cuáles serán las consecuencias políticas y sociales de una tecnificación acusada que, permitiendo mayores cotas de interrelación y acceso a la información, posibilitan también un mayor control y manipulación del individuo por los sectores que controlan esas tecnologías.

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CARACTERÍSTICAS GEOPOLÍTICAS DEL MUNDO ACTUAL

Tema de Historia del Mundo Contemporáneo de 1º de Bachillerato referente a las características geopolíticas del mundo actual, por Carlos Javier Garrido García.

Invasión rusa de Ucrania a partir de febrero de 2022. Fuente: wikipedia.

INTRODUCCIÓN

El fin de la Guerra Fría con el hundimiento de la URSS en 1991 supuso el establecimiento de un “Nuevo Orden Internacional” dominado por una única superpotencia (EEUU). Este hecho y la generalización a nivel mundial del sistema capitalista auguraban una reducción de los conflictos internacionales. Sin embargo, el surgimiento de potencias emergentes, el terrorismo islamista, los conflictos derivados del fin del bloque soviético y la conflictividad generada por el subdesarrollo en el Tercer Mundo provocaron que la conflictividad se mantuviese, e incluso acrecentase, y que el “Nuevo Orden” fuera contestado. Todo ello se agudizó con la situación de crisis económica registrada desde 2007 y agudizada por la pandemia del COVID-19 a partir de 2020.

NUEVO CONTEXTO INTERNACIONAL

El mundo unilateral y la hegemonía de EEUU

Como ya hemos indicado, el fin de la Guerra Fría supuso el establecimiento de un “Mundo Unilateral” dominado por una única superpotencia: Estados Unidos. Su hegemonía se basaba en un predominio militar incuestionable, en una economía muy poderosa, en su enorme potencial científico y tecnológico y en su dominio de la cultura globalizada gracias a su potente industria audiovisual. Como consecuencia de este dominio, la política exterior estadounidense se empezó a basar en los principios de Intervencionismo (EEUU tenía el derecho, y además la obligación, de intervenir en cualquier lugar del Mundo donde estuvieran en peligro los principios capitalistas y democráticos o sus intereses propios) y Guerra Preventiva (EEUU tenía el derecho a intervenir militarmente en cualquier país si consideraba que podía convertirse en una amenaza para su seguridad).

Desde la óptica de EEUU se había alcanzado el mundo perfecto (el presidente Bush declaró en 1991 que la Historia había terminado) pero sus actuaciones y dominio unilaterales fueron puestos en cuestión por las nuevas potencias emergentes (China, Rusia, India) que pretendían equilibrar la situación y, como objetivo futuro, suplantar a EEUU en la hegemonía. La progresiva debilitación del dominio mundial estadounidense y el debilitamiento de su economía debido a la deslocalización industrial y a la crisis de 2007 explican la victoria electoral y la política exterior del republicano Donald Trump (2017-2021), caracterizada por las políticas de protección de su mercado interno y la guerra comercial con las potencias emergentes, especialmente China, aunque la situación geopolítica quedó en suspenso en gran medida debido a la pandemia del COVID iniciada a finales de 2019. Su sucesor, el demócrata Joe Biden, pese a que parecía augurar un cambio de política, a efectos prácticos sigue la senda marcada por su predecesor, como ha demostrado la reciente crisis de Ucrania en 2022.

Multilateralismo: las potencias emergentes

Las nuevas potencias emergentes surgieron en principio como potencias regionales, pero algunas de ellas han llegado a alcanzar el estatus de potencias mundiales. Las principales son China, India y Rusia, mientras que otras como Brasil y Sudáfrica aún se mantienen como simples potencias regionales.

La República Popular China, presidida por Xi Jinping desde 2013, sigue manteniendo la dictadura comunista, pero la economía capitalista y la apertura al mercado internacional cada vez es más intensa. Pese a haber perdido en buena parte los factores que la beneficiaban en el proceso de deslocalización industrial, la economía china no ha parado de crecer gracias a sus inversiones exteriores, a la potenciación de su mercado interior por el aumento del nivel de vida y al surgimiento de grandes multinacionales como Huawei. Todo ello le permitió ser de los países que primero salieron de la crisis de 2007 y de la generada por la pandemia del COVID-19, originada precisamente en China en diciembre de 2019. En la actualidad, el país está considerado como la principal superpotencia emergente, lo que le ha permitido competir con Estados Unidos en los terrenos económico (ya es la primera potencia mundial por PIB, de ahí la guerra comercial entre ambas potencias en los años previos a la crisis del COVID), tecnológico (liderazgo en la implantación del 5G) y geopolítico (liderazgo de las potencias emergentes o BRICs, acrónimo de Brasil-Rusia-India-China). Sin embargo, China presenta dos grandes debilidades que le pueden acarrear problemas en su lucha por el liderazgo mundial: el mantenimiento de la dictadura comunista puede generar conflictividad política, ya que la clase media emergente puede acabar pidiendo una transición a la democracia, y el potencial militar chino aún no es equiparable al de Estados Unidos.

La India, presidida por Ram Nath Kovind, es la tercera potencia económica mundial por su PIB total. Las medidas de liberalización económica a partir de 1991 y el fuerte desarrollo de la industria tecnológica le han permitido registrar unas fuertes tasas de crecimiento. Sin embargo, ha quedado rezagada con respecto a China y en el ámbito geopolítico depende en gran medida de Estados Unidos. A este problema se le suman las grandes desigualdades sociales (que pueden ser fuente de conflictividad social y política) y, debido a lo anterior y a la importancia de la economía sumergida, su mercado interno está poco desarrollado. En cualquier caso, para muchos analistas la India se puede convertir en la principal potencia emergente, ya que a diferencia de China tiene un régimen democrático.

La Federación Rusa, tras la crisis por el hundimiento de la URSS y la posterior transición a la democracia capitalista, bajo el mandato de Vladimir Putin, en el poder desde 1999, ha registrado una constante recuperación de su papel como potencia, basada en la alta disponibilidad de recursos (principalmente los energéticos: petróleo y gas natural) y en el mantenimiento de su potencial geoestratégico gracias a su poder militar. Este lo ha usado para frenar la pérdida de su antigua área de influencia, como sucedió con las guerras contra Ucrania (2014), la intervención en la Guerra Civil de Siria, iniciada en 2012, y la reciente escalada de tensión en Ucrania en 2022, que ha culminado en la invasión del país en febrero de este año. Las principales debilidades de Rusia en su futuro como superpotencia son la corrupción generalizada y la falta de una democracia real, lo que puede generar en el futuro fuertes conflictos políticos.

Por último, tanto Brasil como Sudáfrica sólo han llegado al estatus de potencias regionales. Brasil se ha convertido en la 9ª economía del mundo y la principal de Iberoamérica. Tras los gobiernos de izquierdas de Luda Da Silva y Dilma Rousseff, que aplicaron políticas intervencionistas y de fortalecimiento del Estado de Bienestar, en 2018 ganó las elecciones el ultraderechista Jair Bolsonaro, famoso por sus posturas negacionistas frente a la pandemia del COVID-19. Por su parte, Sudáfrica, presidida por Cyril Ramaphosa desde 2018, es la principal economía de África, registrando un fuerte crecimiento económico y normalidad política desde el fin del apartheid en 1994, pero con los problemas de una fuerte inseguridad y la continuidad de problemas raciales.

Junto con las potencias emergentes, otra potencia mundial a tener en cuenta es la Unión Europea, que constituye el primer mercado a nivel mundial. La caída del bloque soviético le permitió seguir ampliándose: Austria, Suecia y Finlandia en 1995; Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Malta y Chipre en 2004; Rumanía y Bulgaria en 2007 y Croacia en 2013. Esta potencia económica, sin embargo, no lo es en el aspecto geopolítico, ya que el proceso de unidad política y militar europeo ha quedado estancado. Así, la Unión Europea está lastrada por los intereses particulares de cada Estado, como ha quedado de manifiesto en la crisis iniciada en 2007, que tuvo como consecuencia la salida de Gran Bretaña de la Unión en 2016-2020, apoyada por Estados Unidos, interesado en que no se consolide otra superpotencia.

CONFLICTOS EN EL MUNDO ACTUAL

El fin del mundo bipolar tras el hundimiento de la URSS en 1991 no supuso el final de la conflictividad internacional, sino que en muchos aspectos esta se intensificó. Los conflictos más intensos se han registrado en Oriente Próximo (con las dos guerras del Golfo, los conflictos palestinos y la guerra civil en Siria), en los antiguos territorios del bloque comunista (Yugoslavia, Cáucaso, Ucrania) y el África subdesarrollada (con los casos extremos de Ruanda, Zaire y Sudán).

La Primera Guerra del Golfo

Sadam Hussein era el dictador de Irak desde 1979. Abandonó la política prosoviética de sus predecesores y se aproximó a EEUU. La Guerra contra el régimen islamista de Irán (1980-1988), arruinó al país. Esto le llevó a invadir el pequeño emirato de Kuwait en 1990 como medio de conseguir más recursos petrolíferos y atenuar el descontento interno. La ONU autorizó la intervención internacional, comandada por EEUU. La “Operación Tormenta del Desierto”, en enero de 1991, supuso la derrota iraquí, que hubo de abandonar Kuwait y perdió el control del sur y norte del país, donde se establecieron zonas de exclusión aérea y quedaron bajo el control de la minorías sunníes y kurdas respectivamente. Esta guerra incentivó el desarrollo del fundamentalismo islámico y reafirmó la hegemonía militar de EEUU.

Los conflictos yugoslavos y en la región del Cáucaso

Yugoslavia había surgido como estado tras la I Guerra Mundial, suponiendo la unión de Serbia y Montenegro y la incorporación de antiguas zonas del Imperio Austro-Húngaro. Surgió como un estado federal con una gran complejidad étnica y cultural. Estaba formado por seis repúblicas autónomas (Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Macedonia y Serbia). Tras la II Guerra Mundial se estableció un régimen comunista, comandado por el mariscal Tito, que desarrollo una política internacional independiente con respecto a la URSS y una política económica basada en la autogestión y la apertura al mundo capitalista. La crisis del bloque comunista y la muerte de Tito en 1980 provocaron el surgimiento de movimientos de oposición nacionalistas, surgiendo frente a ellas un movimiento ultranacionalista serbio comandado por Slobodan Milosevic, cuyo objetivo eran mantener Yugoslavia unida o, en caso de disgregación, que Serbia ocupara las zonas pobladas por serbios en otras repúblicas. En 1991 Eslovenia y Macedonia obtuvieron la independencia apenas sin conflicto, ya que en ellas no había población de origen serbio. Sin embargo, la declaración de independencia de Croacia ese mismo año supuso el estallido de una guerra que no acabaría hasta 1995. Coincidiendo con esta guerra, en 1992 estalló otra en Bosnia-Herzegovina, donde convivían musulmanes, croatas y serbios. La guerra derivó en procesos de limpieza étnica, lo que motivó la intervención de la ONU a partir de 1994 y, finalmente, la firma del acuerdo de paz de Dayton en 1995, que supuso la independencia de Bosnia-Herzegovina como un estado federal dividido en dos repúblicas autónomas para serbios y croato-musulmanes. El último conflicto fue el de Kosovo, que buscaba su independencia, estallando la guerra contra Serbia, frenada con la intervención de la OTAN en 1999. Finalmente, declaró su independencia en 2008, aunque esta no ha sido reconocida internacionalmente.

En cuanto al Cáucaso, era una zona perteneciente a la URSS en la que a la complejidad étnica se unía su importancia geoestratégica (frontera con el Islam y recursos petrolíferos). El hundimiento soviético provocó la independencia de Georgia, Armenia y Azerbayán, conflictos territoriales entre ellas y movimientos separatistas en regiones que permanecieron en Rusia como Chechenia. En este último territorio estalló la guerra en 1993. Aunque Rusia derrotó a los separatistas, estos continuaron con una lucha terrorista que aún mantienen.

La invasión de Afganistán y la Segunda Guerra del Golfo

A la tensión existente con Irak se sumó en 2001 la entrada en escena del terrorismo fundamentalista islámico con los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EEUU. Grupos como Al-Qaeda, financiados y armados por los propios EEUU en el contexto de la invasión soviética de Afganistán, empezaron a actuar contra intereses occidentales en la década de 1990. El establecimiento del régimen talibán en Afganistán en 1996 les facilitó una base desde la que operar. Al-Qaeda, dirigida por el saudí Osama Bin Laden, atacó en septiembre de 2001 con aviones secuestrados las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono de Washington, mientras que un cuarto avión fue abatido antes de que pudiera atentar contra la Casa Blanca. Una coalición internacional, dirigida por EEUU y con respaldo de la ONU, invadió Afganistán en 2001. Sin embargo, las tropas ocupantes se vieron impotentes para controlar de manera efectiva todo el país. La definitiva retirada de las tropas estadounidenses en mayo de 2021 supuso la vuelta al poder de los talibanes en el país.

En cuanto a Irak, Sadam Hussein fue acusado desde 2001 por Estados Unidos de tener armas de destrucción masiva. Sin embargo, la falta de pruebas hizo que, a diferencia de lo ocurrido con Afganistán, en este caso no se contara con el respaldo de la ONU. Así, en 2003, EEUU, de forma unilateral, y con el apoyo de Gran Bretaña, España y Portugal, inició la invasión del país en marzo de 2003. En solo un mes el régimen iraquí se hundió, el país fue ocupado por tropas estadounidenses y se inició la democratización y reconstrucción del país. Sin embargo, la crisis económica y los atentados islamistas hicieron fracasar el proceso. Así, en 2011 las tropas estadounidenses se retiraron (lo que le valió al presidente norteamericano Obama el Premio Nobel de la Paz) y entre 2013 y 2017 el país quedó sumido en una guerra civil entre el gobierno iraquí y el Estado Islámico establecido desde Siria.

El terrorismo islamista y el Estado Islámico

El terrorismo es una forma de violencia ejercida, por una minoría fanatizada y en una situación de desigualdad de fuerzas, sobre la población civil de manera indiscriminada y no continuada de cara a la obtención de fines políticos. El terrorismo islamista, a diferencia de sus precedentes anarquistas, marxistas y nacionalistas, se caracterizaba por su base religiosa (el salafismo, interpretación integrista de un Islam con vocación expansionista), por su aceptación del suicidio y por la búsqueda de atentados masivos en busca de la mayor publicidad e impacto. Este nuevo terrorismo tenía estructuras orgánicas muy débiles, funcionando con grupos autónomos que utilizaba las nuevas tecnología como elemento vertebrador y de propaganda, lo que dificultaba la lucha contra él.

Como ya se ha indicado, comenzó sus actuaciones en la década de los 1990, hasta llegar a los atentados masivos de Nueva York (septiembre de 2001), Madrid (marzo de 2004), Londres (julio de 2005), París (enero y noviembre de 2015) y Barcelona (agosto de 2017), aparte de sus actuaciones en Afganistán e Irak.

Al Qaeda parecía derrotada cuando en 2011 murió Osama Bin Laden en un ataque estadounidense en su refugio de Pakistán. Sin embargo, en 2013, en el marco de la guerra civil en Siria, se creó el Estado Islámico o Daesh, pronto extendido a zonas de Irak. Esto suponía un cambio en la estrategia islamista, que pasaba del terrorismo, sin abandonarlo, a la intención de crear un estado propio. La muerte de su líder, Al-Baghdadi, y las ofensivas sirio-rusas e iraquíes, supusieron su derrota en 2019.

Los conflictos africanos

Gran parte del continente africano entraba en la categoría de “Cuarto Mundo”, definido por los problemas endémicos de subdesarrollo y tensiones políticas, sociales y étnicas. Esto ha provocado la existencia de “Estados fallidos o débiles”, caracterizados por la ausencia de control efectivo sobre su territorio y la incapacidad para ofrecer servicios públicos y de seguridad efectivos y garantizar el respeto a los derechos humanos. A esta situación se suma la interferencia de los intereses internacionales en una zona que se caracteriza por su abundancia de recursos energéticos, mineros y agrarios.

Este es el marco idóneo para una proliferación de conflictos, tanto guerras civiles como internacionales, algunos procedentes ya de la época de la descolonización. Las zonas más conflictivas son el África central, en la que se produjeron conflictos como la guerra de Ruanda de 1994 (entre hutus y tutsis, derivando en un genocidio) y la República Democrática del Congo, en guerra desde su independencia en 1960 entre facciones tribales apoyadas por distintas potencias interesadas en el control de los yacimientos de diamantes y coltán; y el Sahel, en el que los estados fallidos y las crisis alimentarias se han mezclado con los intereses extranjeros y la difusión del islamismo radical, dando lugar a conflictos como la descomposición de Somalia desde 1987, la independencia de Sudán del Sur en 2011 y la guerra civil en Mali desde 2012.

La Primavera Árabe y la Guerra Civil en Siria

En el mundo árabe se mezclaron el deterioro socioeconómico, como consecuencia de la crisis iniciada en 2007 y la falta de perspectivas juveniles, con el descontento ante la existencia de regímenes de corte autoritario. Además, en el proceso interfirieron los intereses de las grandes potencias, dada la importancia geoestratégica de la zona.

Los movimientos, que pedían una democratización de sus países, se iniciaron en Túnez, Egipto y Libia en 2011, donde cayeron las dictaduras de Ben Ali, Mubarak y Gadafi respectivamente. Sin embargo, la democratización de los dos primeros fue al final muy limitada y en el caso de Libia sumió al país en una guerra civil que aún se mantiene.

Junto con el caso libio, hay que destacar el de Siria. Este país, aliado de la Unión Soviética primero y de Rusia después, estaba dominado por la dictadura de Bashar Al-Assad. Con el apoyo de EEUU, se produjo una revuelta democrática en 2011, iniciándose una guerra civil. En 2013 se produjo la creación del Estado Islámico, dando lugar a un conflicto a tres bandas en el que el Estado Islámico fue derrotado en 2019 y en la actualidad Al-Assad domina la mayor parte del país.

Ucrania

La desintegración de la URSS en 1991 condujo a la independencia de Ucrania, aunque el país siguió dependiendo de Rusia, que además contaba con un elevado porcentaje de población rusa en ese país, especialmente en la península de Crimea y en la región oriental del Donbás. Además, la importancia económica de Ucrania para Rusia es vital, ya que por allí salen buena partes de sus exportaciones de petróleo y gas natural a Europa, una de las principales fuentes de ingresos del país.

La decisión del presidente ucraniano Yanukóvich de solicitar el ingreso en la Unión Europea en 2013 provocó la reacción de Rusia, decidida a frenar el proceso de expansión del bloque occidental en Europa del Este. Finalmente estalló una primera guerra, que se saldó con la anexión rusa de Crimea y el establecimiento de dos repúblicas prorrusas en el Donbás, las de Lugansk y Donetsk. El gobierno ucraniano aceptó la situación con el protocolo de Minsk de finales de 2014, abandonando sus pretensiones de ingreso en la Unión Europea.

El nuevo presidente ucraniano desde 2019, Zelenski, reactivó la pretensión de ingreso en la Unión Europea y en la OTAN a principios de 2022, lo que motivó la reacción rusa: concentración de tropas en las fronteras ucranianas, reconocimiento de la independencia de Lugansk y Donetsk y escalada de tensión que acabó derivando en un conflicto entre ambos países. Así, en febrero de 2022 Rusia inició la invasión del país. Ante ello, China ha optado por apoyar a Rusia, mientras que EEUU, Gran Bretaña y la Unión Europea han iniciado la imposición de sanciones económicas en Rusia. La posición más difícil es la de esta última, ya que su dependencia de los suministros energéticos rusos es muy elevada.

CONCLUSIONES

Como hemos visto a lo largo del tema, el fin de la Guerra Fría no supuso una atenuación de la conflictividad a nivel mundial. Aunque la pandemia del COVID-19 supuso una atenuación de la conflictividad, la salida paulatina de la pandemia y las dificultades económicas de ella derivadas están suponiendo una acentuación de la lucha por la hegemonía mundial entre EEUU y las potencias emergentes, dando lugar a conflictos como el de Ucrania. El futuro geopolítico dependerá en buena medida de la evolución socioeconómica global, que analizamos en el tema siguiente.

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DESCOLONIZACIÓN Y TERCER MUNDO

Tema de Historia del Mundo Contemporáneo de 1º de Bachillerato referente al proceso de Descolonización y al Tercer Mundo, por Carlos Javier Garrido García.

El Sáhara Occidental, colonia española hasta 1975 y territorio aún pendiente de descolonización según el criterio de la ONU. Fuente: wikipedia.

INTRODUCCIÓN

Tras la II Guerra Mundial (1939-1945) se lleva a cabo el proceso de descolonización, es decir, el proceso por el cual las colonias de los países industrializados fueron accediendo a la independencia política en un largo periodo que, a grandes rasgos, abarca desde 1945 a 1975. Sin embargo, la intensa explotación y aculturación sufrida desde su conquista, el mantenimiento de la dependencia económica con respecto a los países desarrollados (neocolonialismo) y el contexto de Guerra Fría (que provocó que los intereses de las superpotencias mediatizaran el proceso) hicieron que los nuevos países quedaran sumidos en el subdesarrollo, dando origen al Tercer Mundo.

CAUSAS DE LA DESCOLONIZACIÓN

Las causas del proceso de Descolonización son varias y están interrelacionadas entre sí. Una primera causa fue el impacto de la II Guerra Mundial, ya que, por un lado, la expansión japonesa en Asia y el Pacífico supuso el fin del mito de la invencibilidad europea y puso en duda las tesis racistas; por otro lado, la dureza de la guerra puso en cuestión otra de las justificaciones del Imperialismo, la misión civilizadora; en tercer lugar, el discurso de los Aliados de defensa de las ideas de libertad y democracia frente al fascismo chocaba con el sometimiento de las colonias, provocando en los países colonizados la sensación de que en Europa se rechazaba lo que esta imponía a sus colonias; y, por último, la dureza de la guerra provocó una fuerte crisis en las metrópolis, lo que dificultó la recuperación efectiva de su antiguo dominio sobre las colonias.

Una segunda causa, muy relacionada con la anterior, es el cambio en la opinión pública de las metrópolis, que empieza a cuestionar el imperialismo y a defender, como reacción al racismo y expansionismo fascistas, el derecho de autodeterminación de los pueblos. En este cambio de conciencia tuvieron un papel esencial las iglesias cristianas, tanto católica como protestantes, y los partidos socialistas.

Una tercera causa es el surgimiento de instituciones supranacionales que impulsaron el proceso descolonizador. Este fue el caso de la Organización de Naciones Unidas, que se caracterizó por la defensa del derecho de autodeterminación desde sus orígenes en 1945, y del Movimiento de Países No Alineados que, nacido en la Conferencia de Bandung de 1955, fue integrando a los países que iban accediendo a la independencia y defendiendo el acceso a ella de las colonias que seguían dependientes.

Una causa fundamental de la Descolonización fue la influencia de la Guerra Fría. Las dos superpotencias, EEUU y la URSS, se mostraron favorables al proceso de descolonización, tanto por razones ideológicas (EEUU fue una antigua colonia y la URSS defendía teorías marxistas anti-imperialistas) como por el interés de aprovechar el surgimiento de países nuevos para ir ampliando sus respectivos bloques y tener acceso a la explotación de sus recursos, antes sometidos al monopolio de las metrópolis.

Todas las causas anteriores permitieron la última de las causas principales del proceso de Descolonización: la aparición de movimientos anticolonialistas en las propias colonias. Sus bases ideológicas fueron fundamentalmente tres: el marxismo-leninismo, ya que los países comunistas mundiales (incluidos los que se iban formando en las colonias) siguieron las indicaciones de la URSS, favorable a la descolonización; el indigenismo, que defendía frente a la aculturación imperialista, los valores culturales autóctonos, dando lugar a conceptos como el panarabismo (unidad de todos los pueblos árabo-musulmanes) y la negritud (defensa de los valores negroafricanos frente a la imposición blanca); y la religión, factor importante en el caso de religiones con una organización y unas elaboraciones teológicas equiparables al cristianismo, como fue el caso del mundo islámico e hindú. Los movimientos independentistas estuvieron dirigidos por las élites indígenas, conformadas por la burguesía comercial y administrativa nativa. Constituían una minoría social educada en los principios occidentales, con un nivel educativo que les hacía se conscientes de su sometimiento pero también con unos intereses socioeconómicos muy vinculados a la administración colonial, lo que explica en buena medida el surgimiento posterior del neocolonialismo.

DESARROLLO DE LA DESCOLONIZACIÓN

Etapas del proceso de descolonización

El acceso a la independencia de las colonias fue más o menos temprano dependiendo de la fuerza de sus movimientos independentistas, fuerza que dependía a su vez del grado de desarrollo socioeconómico, político, cultural y religioso de las colonias. Así, los movimientos independentistas fueron mucho más fuertes en el sur de Asia y norte de África que en el África Negra, lo que explica el acceso más tardío de esta última a la independencia.

En general, podemos distinguir dos grandes etapas: entre 1945 y 1955 accedieron a la independencia la mayor parte de las colonias del Sur de Asia, Oriente Próximo, Libia y Egipto en el norte de Arica y Sudáfrica. Entre 1955 y 1975 lo hicieron las colonias asiáticas aún dependientes, como países del Golfo Pérsico y Malaysia, y los países africanos, empezando por el Magreb y continuando con el África Negra. A partir de 1976 ya son pocos los territorios coloniales, pudiendo destacar en todo caso las independencias de Zimbawe (1980) y Namibia (1990) en África y la de Brunei (1984) y la entrega a China de Hong Kong (1997) y Macao (1999) en Asia. Los territorios coloniales, en la actualidad, se limitan a pequeñas islas y enclaves, aunque con conflictos aún latentes como es el caso del Sáhara Occidental.

Las vías de acceso a la independencia variaron en función de las distintas actitudes de las metrópolis ante el proceso. Así, cuando la actitud de las metrópolis fue de rechazo a la independencia, la lucha independentista derivó en guerras, como fue el caso de Francia con respecto a Argelia e Indochina y el de Holanda con respecto a Indonesia. Además, muchos procesos de independencia fueron mediatizados por los intereses de las superpotencias, lo que llevó a guerras civiles entre comunistas y capitalistas, como fue el caso de Corea y Vietnam. Sin embargo, cuando la actitud de las metrópolis fue negociadora, los procesos independentistas fueron esencialmente pacíficos. Este fue el caso de la mayoría de las colonias británicas, ya que Gran Bretaña, ante lo inevitable del proceso prefirió negociar la independencia de las colonias a cambio de mantener cierto vínculo político (Commonwealth) y de mantener los intereses económicos del país. Es lo que se conoce como la fórmula “Give and Keep”. Otros factores a tener en cuenta para entender el grado de conflictividad de cada proceso independentistas es la existencia dentro de una misma colonia de grupos religiosos o étnicos diferenciados, como fue le caso de la India, y la actitud de los colonos, muchas veces reacios a la independencia, como fue el caso de Argelia y Zimbaue, generando ambos factores fuertes conflictos.

La descolonización del sur y sureste de Asia

Como ya hemos indicado antes, el Imperio Británico optó por la vía negociadora para la descolonización, por lo que esta adoptó por lo general características pacíficas, aunque con el efecto distorsionador de las diferencias étnico-religiosas internas, que generó conflictos. Este fue el caso de la principal colonia británica en Asia, la India. Allí surgiron dos partidos independentistas, el Partido del Congreso, dirigido por Gandhi y Nehru, y que agrupaba a la población hindú, y la Liga Musulmana, dirigida por Ali Jinnah, que agrupaba a los musulmanes. La falta de acuerdo entre ambos, llevó al Plan Mountbatten que supuso la división de la antigua colonia en 1947 en dos nuevos países: India, de mayoría hindú, y Pakistán, de mayoría musulmana. Sin embargo, los conflictos entre ambos países fueron continuos, sobre todo por la región de Cachemira (incluida en la India pero de población musulmana: guerras de 1947, 1965 y 1971), y la parte oriental de Pakistán se independizó dando lugar a Bangladesh en 1971. En el caso de Ceilán (1948), Birmania (1948) y Malaysia (1957) el proceso descolonizador no fue problemático, aunque en el último caso fue más tardía debido a los intereses comerciales y petrolíferos en el territorio.

En el caso francés y holandés, la descolonización fue muy conflictiva. La Indochina francesa fue ocupada por Japón durante la II Guerra Mundial y en 1945 declararon la independencia de manera unilateral Vietnam, Laos y Camboya, lo que supuso el inicio de la guerra en 1946, al no aceptarla la metrópoli. En Vietnam, los independentistas estaban divididos en comunistas (Vietmihn) y capitalistas. Por ello, la independencia del país reconocida por Francia en la Conferencia de Ginebra (1954) supuso la división del país en un Norte comunista dirigido por Ho Chi Minh y un Sur capitalista apoyado por EEUU. Ambos regímenes se enfrentaron militarmente hasta la victoria comunista en 1975, que reunificó el país.

En el caso de la Indonesia holandesa, igualmente ocupada por Japón durante la II Guerra Mundial, la declaración unilateral de independencia fue seguida de una guerra entre 1947-1948 que se saldó con la independencia del país en 1949, dirigido por Sukarno.

Oriente Próximo y el Magreb

La descolonización en Oriente Próximo fue muy problemática por su importancia geoestratégica al ser la zona con mayores reservas petrolíferas a nivel mundial; por el artificial trazado de fronteras tras el reparto del Imperio Turco en mandatos británicos y franceses tras la I Guerra Mundial, por el acceso al poder de oligarquías corruptas y por los conflictos derivados de la creación del Estado de Israel.

Los distintos países árabes fueron accediendo a la independencia a través de acuerdos: independencia de Egipto en 1922, establecimiento de la Arabia Saudí unificada e independencia de Irak en 1932, de Líbano en 1943, y de Siria y Jordania en 1946.

En el caso de Palestina, mandato británico tras la I Guerra Mundial, estaba registrando desde entonces una fuerte inmigración de población judía (impulsada por el movimiento sionista) que se intensificó tras la II Guerra Mundial, generando conflictos entre ella y los musulmanes autóctonos. Gran Bretaña decidió la partición del país en un estado judío y otro musulmán, no siendo aceptada por estos. Así, cuando en 1948 Gran Bretaña se retiró del territorio y se proclamó el Estado de Israel estalló la Primera Guerra Árabe-Israelí (1948-1949) que se saldó con la victoria y ampliación de Israel. En los años posteriores se sucedieron las guerras (Segunda en 1956, Tercera o de los Seis Días en 1967 y Cuarta o del Yom Kippur en 1973), saldadas todas ellas con victoria y ampliación de Israel, generando el problema de los refugiados palestinos en otros países y el descontento creciente de los palestinos que permanecían en los territorios ocupados. Este descontento se materializó en la creación de la OLP en 1964, grupo dirigido por Yasser Arafat y que pasó de defender el terrorismo a la sublevación popular desarmada (intifada). Los acuerdos de Camp David de 1978 supusieron el reconocimiento del Estado de Israel por los países árabes pero dejó sin solucionar el problema de los palestinos. En los Acuerdos de Oslo de 1993 se decidió la creación de una entidad palestina autónoma (Autoridad Nacional Palestina) pero con un dominio territorial inconexo y muy limitado. Esto provocó la segunda intifada en 2000, el ascenso de formaciones palestinas más radicales como Hamas (victoria electoral en 2006) y los ataques fronterizos en Gaza en 2009, 2012 y 2019.

Los países del Golfo Pérsico fueron accediendo de manera más tardía a la independencia (Kuwait en 1961, Bahrein, Qatar y Emiratos Árabes Unidos en 1971). En general, en Oriente Próximo fracasaron los intentos de unidad del panarabismo y se establecieron regímenes muy oligárquicos, e incluso monarquías teocráticas como las del Golfo.

En el Magreb el proceso se inició con la independencia de Marruecos y Túnez en 1956 y de Mauritania en 1960, siendo muy conflictivos los casos de Argelia y del Sáhara Occidental. Argelia fue una colonia de poblamiento francesa, a la que se concedió un estatuto de autonomía en 1947. Sin embargo, los musulmanes agrupados en el FLN demandaban la independencia, generándose una guerra entre estos y las tropas y colonos franceses entre 1954 y 1962, año este último de la independencia del país. En cuando al Sáhara Occidental, colonia española, el régimen de Franco hubo de hacer frente a las demandas marroquíes, que supusieron la cesión del Territorio del Draa en 1958 y del Ifni en 1969 tras sendas guerras. Los deseos de anexión marroquí chocaban con los deseos independentistas de los saharauis, que habían formado el Frente Polisario en 1973. Aprovechando la enfermedad terminal de Franco, Marruecos llevó a cabo en 1975 la Marcha Verde, invasión de la zona por población civil desarmada. Ante ello, España decidió ceder el territorio a Marruecos con la oposición del Frente Polisario, por lo que la tensión en la zona aún se mantiene.

El África Subsahariana

El África negra, por su subdesarrollo y consiguiente debilidad de los movimientos independentistas, fue la última en acceder a la independencia. Antes de la II Guerra Mundial ya eran independientes Liberia y Etiopia, países no colonizados, y Sudáfrica, autónoma desde 1910, aunque no fue legalmente independiente hasta 1961. El grueso del proceso descolonizador se produjo entre 1955 y 1975, especialmente en 1960. Como impulsor del proceso destacó el panafricanismo, con líderes defensores de la negritud como Kwame Nkrumah (Ghana), Jomo Kenyatta (Kenia), Sekou Touré (Guinea) y Leopold S. Senghor (Senegal), que fracasó en sus intentos de unidad, plasmados solo en la creación de la Organización de la Unidad Africana (OUA) en 1963. Especialmente conflictivos fueron los casos de Angola y Mozambique, ya que la oposición de la dictadura portuguesa dio origen a guerras y a que la independencia no se produjera hasta 1975, un año después de la caída del régimen dictatorial.

CONSECUENCIAS: EL NACIMIENTO DEL TERCER MUNDO

Los problemas de los nuevos países

Los nuevos países independientes sufrieron desde el principio y de forma generalizada graves problemas como consecuencia de la herencia de la explotación colonial, muy intensa y alargada en el tiempo; del mismo desarrollo del proceso descolonizador, marcado en algunos casos por conflictos y en todos por la salida rápida de la administración colonial sin estar organizada la independiente; y del sistema económico internacional, en el que las colonias actuaban como economías subordinadas y dependientes con respecto a las metrópolis y, en general, a los países desarrollados. Como consecuencia de todo ello, nacería el Tercer Mundo.

Tercer Mundo: subdesarrollo y neocolonialismo

El Tercer Mundo es un término que fue acuñado por el economista francés Alfred Sauvy haciendo un símil entre los nuevos países independientes sumidos en el subdesarrollo y la dependencia y la situación de subordinación y falta de privilegios del Tercer Estado en el Antiguo Régimen. Junto con este término se han utilizado otros términos para designar a los nuevos países independientes como países subdesarrollados o en vías de desarrollo (queriendo indicar que su situación es sólo temporal) y la dicotomía Norte-Sur (que implícitamente parece dar unas causas físicas deterministas en su situación). Por otra parte, también se ha extendido el término Cuarto Mundo para designar a los países más subdesarrollados del Tercer Mundo.

Los países del Tercer Mundo se caracterizan por su inestabilidad política interna (debida a las tensiones sociales debidas al subdesarrollo, a los conflictos étnicos y religiosos internos debidos al mantenimiento de las fronteras artificiales de la época colonial, y a las prácticas de gobierno oligárquicas y a la corrupción generalizada causadas por los intereses de las élites coloniales y de los países desarrollados que las apoyan); por los grandes contrastes sociales con una élite dirigente y la masa de clase baja, sin apenas clase media; por el fuerte crecimiento demográfico, manteniéndose en una constante fase de transición demográfica sin alcanzar, por su subdesarrollo, el modelo demográfico moderno; por una economía basada en los sectores primarios, predominando una agricultura de exportación que no logra satisfacer las demandas alimenticias propias y una minería y una industria en manos extranjeras, por lo que sus beneficios no revierten al país; por el grave déficit en los servicios públicos, especialmente sanidad y educación, lo que limita las posibilidades de desarrollo futuro; y por un fuerte endeudamiento exterior, debido a la falta de recursos y a la corrupción, que los aboca a su dependencia con respecto a los países desarrollados.

Por tanto, se puede decir que el colonialismo dio lugar a un neocolonialismo, ya que la relativa independencia política de las antiguas colonias se produjo manteniendo su dependencia económica. Esta dependencia se daba en los aspectos financiero (dependencia de los préstamos y ayudas al desarrollo condicionadas de los países ricos y de las instituciones financieras internacionales por ellos controladas, como el Banco mundial y el FMI), tecnológico (los países subdesarrollados dependen de la tecnología de los desarrollados, con los condicionamientos y gastos en el pago de importaciones y royalties que comporta) y comercial (los países subdesarrollados exportan básicamente materias primas a bajo coste mientras que importan productos industriales caros o materias primas subvencionadas; en los casos de deslocalización industrial, las exportaciones industriales apenas benefician a los países productores, debido a los bajos impuestos y a que los beneficios de estas empresas multinacionales revierten a los países donde se encuentra su sede, es decir, los países ricos).

CONCLUSIONES

La explotación colonial, las características del proceso de independencia, las interferencias de las grandes potencias en el contexto de Guerra Fría y la imposición del neocolonialismo supusieron el nacimiento del Tercer Mundo. La división del Mundo en países desarrollados y subdesarrollados es, sin duda, una de las principales características del mundo actual y uno de sus grandes desafíos. El fuerte crecimiento demográfico de los países del Tercer Mundo y los casos de crecimiento económico que se han producido en su seno suponen que, de cara al futuro, la agudización del cambio climático y la lucha por los recursos sean los principales desafíos futuros de la Humanidad.

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LA GUERRA FRÍA (1945-1991)

Tema de Historia del Mundo Contemporáneo de 1º de Bachillerato referente a la Guerra Fría, por Carlos Javier Garrido García.

Europa dividida durante la Guerra Fría. Fuente: wikipedia.

INTRODUCCIÓN

La II Guerra Mundial (1939-1945) dejó dos grandes superpotencias vencedoras con sistemas políticos y socioeconómicos divergentes: EEUU, con democracia liberal y capitalismo, y la URSS, con una dictadura comunista. Ambas, que habían colaborado frente al enemigo común fascista, con la victoria empezaron a enfrentarse por sus divergencias ideológicas y su interés por extender sus respectivos bloques con países que reprodujeran sus sistemas y, sobre todo, fueran zonas bajo su control político y económico. Este enfrentamiento no derivó en un conflicto directo entre ambas, por el temor a una Tercera Guerra Mundial y por la posibilidad de que esta fuera una guerra nuclear. Por tanto, se trató de un enfrentamiento indirecto entre ambas, de ahí el término de “Guerra Fría”.

CARACTERÍSTICAS Y CAUSAS DE LA GUERRA FRÍA

Características

La Guerra Fría es el sistema de relaciones internacionales existente entre 1945 (fin de la II Guerra Mundial) y 1991 (desaparición de la URSS), consistente en la división del mundo en dos bloques antagónicos encabezados por EEUU (bloque occidental, democrático o capitalista) y la URSS (bloque oriental o comunista), que se enfrentan a través de la carrera de armamentos, la propaganda ideológica, los servicios secretos de espionaje (CIA y KGB), y las presiones políticas y económicas y las guerras localizadas para delimitar las respectivas áreas de influencia. En este periodo fracasa la ONU en su papel mediador, principalmente por el ejercicio del derecho de veto por las superpotencias, lo que evitaba aprobar cualquier resolución en los conflictos entre ambas.

Inicio

Tras la victoria sobre el enemigo común fascista, EEUU y la URSS empiezan a mostrar sus diferencias. El primer conflicto anunciador de la Guerra Fría se produjo en Irán (1946), país ocupado en el norte por la URSS y en el sur por EEUU. Aunque había un acuerdo para la retirada de ambos, la URSS se negó, generando una crisis diplomática que se saldó con la retirada soviética.

El segundo punto de fricción fue la situación de Europa Oriental. Esta zona había sido liberada por el ejército soviético, que permaneció allí tras el fin de la guerra. Aunque Stalin se había comprometido a permitir elecciones libres, finalmente se fueron estableciendo regímenes dictatoriales comunistas, lo que provocó la reacción de EEUU. Ante las posibilidades de extensión del comunismo a Europa Occidental por la situación de crisis socioeconómica de postguerra, el presidente Truman exigió a estos países la expulsión de los partidos comunistas que participaban en gobiernos de coalición y puso en marcha la denominada “Doctrina Truman” de contención del expansionismo soviético. Frente a esta doctrina, la URSS puso en marcha la “Doctrina Jdanov” y la formación de una nueva internacional comunista, la Kominform, con la intención ambas de reforzar su control sobre su área de influencia.

La primera guerra localizada de la Guerra Fría fue la Guerra Civil en Grecia (1945-1947), en la que se enfrentaron los monárquicos apoyados por EEUU y Gran Bretaña, y los comunistas. Estos últimos no consiguieron el apoyo de la URSS, ya que Grecia quedaba fuera de su área de influencia, lo que les llevó a la derrota. Así, Grecia se convirtió en el único país del bloque capitalista en Europa Oriental.

DESARROLLO DE LA GUERRA FRÍA

La máxima tensión (1948-1956)

La división entre los dos bloques de Europa quedó consolidada en el terreno económico en 1948-1949. Así, en 1948 EEUU puso en marcha el Plan Marshall, programa de ayudas económicas estadounidenses para la reconstrucción de Europa. El objetivo era tanto económico (recuperar el mercado europeo para los productos e inversiones estadounidenses) como político (mejorar el nivel de vida para frenar la conflictividad social y así evitar posibles revoluciones comunistas).

Aunque en principio el Plan estaba abierto a todos los países europeos (con la excepción de la España franquista), Stalin obligó a los países de su órbita a rechazarlo. Como alternativa, en 1949 se creó el Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECON), un órgano de coordinación de las políticas económicas de Europa Oriental, pero sometiéndolas a los intereses de la URSS.

De manera paralela a la configuración de los bloques económicos, se produjo la consolidación de la división de Alemania y la crisis de Berlín. En la Conferencia de Postdam (1945) las potencias aliadas habían decidido la división de Alemania y de la ciudad de Berlín en cuatro zonas de ocupación a cargo de EEUU, Gran Bretaña, Francia y la URSS. En 1948, contra lo estipulado, las tres primeras potencias decidieron unificar sus zonas de ocupación, ante lo cual la URSS decidió intentar obligarlas a abandonar sus zonas de ocupación en la ciudad de Berlín (que estaba dentro de su zona) mediante un bloqueo que dejó desabastecida a la ciudad. Frente a ello, EEUU estableció un puente aéreo para abastecer a la ciudad de productos básicos, levantando la URSS el bloqueo en mayo de 1949 por el temor a un conflicto directo con EEUU. Como consecuencia de todo ello, ese mismo mes se formó la República Federal de Alemania (RFA) con un régimen democrático capitalista y la República Democrática Alemana (RDA) con una dictadura comunista.

Otro de los efectos de la crisis de Berlín y del aumento de la tensión fue la configuración de las alianzas militares. Así, en 1949 se creó la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que agrupaba a los países capitalistas de Europa Occidental y Norteamérica, y en 1955 el Pacto de Varsovia, que agrupaba a la URSS y a los regímenes comunistas de Europa Oriental.

Aunque la situación en Europa se había estabilizado, en Asia se produjo una fuerte ampliación de la zona de dominio comunista. Así, en 1949 la victoria de los comunistas de Mao Zedong en la guerra civil supuso la creación de la República Popular China, quedando la isla de Formosa como un reducto de la China capitalista (Taiwán). Por otra parte, entre 1950 y 1953 se produjo la Guerra de Corea. El país había sido dividido en un norte comunista y un sur capitalista tras el final de la II Guerra Mundial. En 1950, el líder norcoreano Kim Il Sung invadió el sur capitalista, lo que llevó a EEUU a intervenir en el conflicto. El apoyo chino a Corea del Norte supuso un equilibrio de fuerzas que llevó a la paz en 1953, que consolidó la división del país en una Corea del Norte comunista y una Corea del Sur capitalista, que aún se mantiene.

La incapacidad estadounidense para alcanzar la victoria en Corea y la expansión comunista en Asia provocaron una fuerte inseguridad en EEUU. Esto la llevó a establecer nuevas alianzas militares, cuyo objetivo era rodear al bloque comunista para evitar su expansión. Así, en 1954 se creó la Organización del Tratado del Sudeste Asiático (SEATO), que agrupaba a EEUU, Australia, Nueva Zelanda, Filipinas y Tailandia, además de a Francia y Gran Bretaña por sus colonias; y en 1955 el Pacto de Bagdad, que agrupaba a EEUU y a países de Oriente Próximo como Turquía, Irak, Irán y Pakistán. Del mismo modo se firmaron tratados bilaterales con Taiwán, Corea del Sur y Japón. Además de estos tratados regionales de defensa, en política interior se desarrolló la denominada “Caza de Brujas”, es decir, la persecución de los comunistas estadounidenses llevada a cabo por el Comité de Actividades Antiamericanas dirigido por el senador McCarthy.

La coexistencia pacífica (1956-1975)

Esta etapa de la Guerra Fría se caracteriza por la distensión de las relaciones entre las superpotencias, disminuyendo las posibilidades de conflicto directo y estableciéndose canales formales de diálogo entre ambas, lo que no quiere decir que no siguieran existiendo tensiones y conflictos localizados.

Las causas para este cambio son varias: el cambio de líderes, ya que en la URSS la muerte de Stalin en 1953 supuso el acceso al poder de Kruschev y en EEUU el presidente Truman fue sucedido por Eisenhower en 1953 y en 1961 por Kennedy; por el fin del monopolio nuclear de EEUU, ya que la URSS consiguió su bomba atómica en 1949, lo que hacía temer el estallido de una guerra nuclear; por el desarrollo del Movimiento de Países No Alineados en el naciente Tercer Mundo como una alternativa al mundo bipolar; y por las disensiones internas producidas en ambos bloques.

La primera demostración de que la situación había cambiado fue la Crisis del Canal de Suez de 1956. Ese año, el presidente egipcio Nasser decidió nacionalizar el canal, hasta entonces controlado por una compañía franco-británica. Esto provocó que Francia y Gran Bretaña, además de Israel, declararan la guerra a Egipto. Tanto EEUU como la URSS impusieron la retirada de los atacantes al entender el conflicto como un intento de supervivencia del colonialismo, que ambas estaban interesadas en eliminar.

Relacionado precisamente con la descolonización, impulsada por las superpotencias, nació el Movimiento de Países No Alineados. Nacido en la Conferencia de Bandung de 1955, agrupó a buena parte de los nuevos países independientes, defendiendo la neutralidad frente a los dos bloques, el rechazo al colonialismo y la defensa de su desarrollo socioeconómico frente a la explotación neocolonial. Este movimiento hizo comprender a las superpotencias que, para seguir ampliando sus bloques con los nuevos países independientes, debían atenuar la tensión entre ambas.

El mismo efecto tuvo el surgimiento de movimientos de protesta en el interior de sus bloques. En cuanto al bloque comunista, surgieron tanto posturas disidentes como disensiones. En cuanto a las posturas disidentes, estas buscaban la eliminación de la dictadura comunista y su salida por tanto del bloque soviético, como fue le caso de las revueltas de Hungría en 1956 y de la “Primavera de Praga” en Checoslovaquia en 1968, sofocadas con una fuerte represión. Porla que se refiere a las disensiones, estas buscaban la independencia de los dictados soviéticos pero sin eliminar el régimen comunista, como fue el caso de Yugoslavia y China, que adoptaron políticas independientes a partir de 1948 y 1960 respectivamente. Por lo que se refiere al bloque capitalista, se produjeron disensiones como la política equidistante del presidente De Gaulle en Francia y el establecimiento de regímenes de izquierdas en Latinoamérica, respondidos estos últimos con la promoción por EEUU de golpes de Estado y guerrillas para establecer dictaduras de signo conservador.

Como ya se ha indicado, la coexistencia pacífica no supuso la inexistencia de conflictos, siendo los principales la segunda crisis de Berlín, la crisis de los misiles de Cuba y la Guerra de Vietnam.

En cuanto a la segunda crisis de Berlín, las diferencias de desarrollo y de libertades entre la RFA y la RDA provocaron un fuerte movimiento migratorio de la segunda hacia la primera, especialmente intenso en Berlín. Como reacción, en 1961 el régimen comunista construyó el muro de Berlín, que desde entonces se convirtió en el símbolo del mundo bipolar de la Guerra Fría.

Por lo que se refiere a Cuba, en 1959 una revolución dirigida por Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara acabó con la dictadura de Fulgencio Batista, apoyada por EEUU. En 1961 la CIA estadounidense intentó derrocar al régimen revolucionario apoyando una invasión de la isla por parte de exiliados cubanos, que fracasó en Bahía Cochinos. La hostilidad estadounidense provocó la alianza entre Cuba y la URSS y el establecimiento de un régimen comunista en la isla. Para asegurar su protección, la URSS decidió implantar bases de misiles nucleares en 1962, lo que llevó a EEUU a bloquear la isla. Finalmente, en un ambiente de fuerte tensión, Kennedy y Kruschev llegaron al acuerdo de desmantelar las bases de misiles a cambio de no volver a intentar una invasión de Cuba.

Por último, en cuanto a la Guerra de Vietnam, tras la II Guerra Mundial la colonia francesa de Indochina fue declarando su independencia, surgiendo los estados de Vietnam, Laos y Camboya. Francia intentó recuperar el control de la zona, pero fue derrotada en una larga y dura guerra desarrollada entre 1945 y 1954. En el caso de Vietnam, la independencia supuso la división en un Norte comunista y un Sur capitalista. Como en Corea, el intento de invasión del sur por los comunistas dirigidos por Ho Chi Mihn supuso la intervención directa en la guerra de EEUU a partir de 1964. Sin embargo, la victoria se decantó del lado comunista en 1975, extendiéndose los regímenes de este signo también a Laos y Camboya. Esta derrota fue un golpe muy duro para EEUU.

Rebrote y final de la Guerra Fría (1975-1991)

El debilitamiento de EEUU por su derrota en Vietnam y por la crisis económica del petróleo de 1973, intentó ser aprovechado por la URSS retomando su política expansionista. Así, estableció misiles nucleares en Europa Oriental, apoyó movimientos revolucionarios en países del Tercer Mundo como Angola y Nicaragua e inició en 1979 la invasión de Afganistán. Este mismo año, en Irán triunfó la revolución islamista del Ayatollah Homeini, perdiendo así EEUU un aliado clave en la región de Oriente Próximo.

El fin la crisis económica gracias al aumento de la productividad debido a la informatización y robotización de la producción, en la que la URSS quedó relegada, le permitió a EEUU retomar la iniciativa. A ello contribuyó también el acceso al poder del republicano Ronald Reagan en 1981, que puso en marcha una agresiva política: establecimiento de los Euromisiles, proyecto de la Iniciativa de Defensa Estratégica o “Guerra de las Galaxias” (escudo antimisiles) e intervenciones en la isla de Granada, Nicaragua (formación de la guerrilla de la “Contra”) y Afganistán (apoyo a los grupos terroristas islamistas que se enfrentaban a la invasión soviética).

El debilitamiento de la URSS, debido a la crisis económica, a su subdesarrollo tecnológico y al peso ahogante de los gastos militares, supuso que su último presidente, Mijail Gorbachov (1985-1991) se viera obligado a poner en marcha reformas internas y a buscar una nueva distensión en sus relaciones con EEUU. En cuanto a esto último, en 1987 ambas superpotencias firmaron el Tratado de Washington, que establecía el desmantelamiento de los misiles de alcance medio, y en 1989 la URSS decidió retirar sus tropas de Afganistán (donde se hicieron con el poder los talibanes, islamistas radicales) y de los países de Europa del Este. Esto último permitió el estallido de revoluciones democráticas en todos ellos entre 1989 y 1991, la más simbólica de las cuales fue la Caída del Muro de Berlín en 1989, que permitió la desaparición de la RDA, absorbida por la RFA en 1990.

EVOLUCIÓN INTERNA DE CADA BLOQUE

Vista la evolución general de la Guerra Fría, en este apartado analizaremos la evolución interna de cada bloque, con especial interés en la de las superpotencias.

El bloque capitalista durante la Guerra Fría

Tras la II Guerra Mundial, el bloque capitalista registra un fuerte periodo de expansión económica entre 1950 y 1973. Las bases de este crecimiento fueron el programa de reconstrucción económica de Europa (Plan Marshall) y los acuerdos de Bretton Woods de 1944, que establecieron: la estabilidad monetaria (establecimiento del dólar como base del sistema monetario, estableciendo una paridad fija entre esta moneda y el oro), el establecimiento de organismos encargados de garantizar y controlar la estabilidad económica mundial (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial) y la generalización de prácticas librecambistas gracias al Acuerdo General sobre Tarifas Aduaneras y Comercio (GATT, 1947). Gracias a todo ello se registró un período de expansión económica caracterizado por la aplicación de numerosos avances tecnológicos que aumentaron la productividad y un aumento de la demanda basado en el aumento del empleo y la mejora de las condiciones salariales y sociales, dando lugar a una sociedad de consumo de masas y al Estado de Bienestar. Este cambio se produjo sobre todo en Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, mientras que en el resto del mundo capitalista predominaron las dificultades y los desequilibrios.

El periodo de expansión económica se ralentizó a partir de 1970 y entró en crisis en Estados Unidos debido al aumento del déficit por la balanza comercial negativa y los gastos militares. Esto disminuyó las reservas de oro y provocó una fuerte inflación al perder valor el dólar. Como consecuencia de ello, el presidente Nixon decretó la no convertibilidad del dólar en oro en agosto de 1971.

En este contexto sobrevino la crisis del petróleo de 1973, debido al aumento de su precio por los países de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo, mayoritariamente musulmanes) debido a la Guerra Árabe-Israelí de ese año. El aumento del precio de la principal fuente de energía supuso un déficit de las balanzas comerciales, un incremento de la inflación y el crecimiento del paro al disminuir la demanda y la producción.

Esta crisis, agravada por la segunda crisis del petróleo de 1979 (debida a la Revolución islámica en Irán) produjo importantes cambios en el mundo capitalista: implantación de políticas económicas neoliberales (reducción de la intervención y control del Estado, cuestionamiento del Estado de Bienestar), reconversión de los sectores económicos tradicionales, terciarización de la economía (al producirse la deslocalización industrial) y aumento de la productividad gracias a la informatización y robotización de las tareas productivas. En cualquier caso, todo ello supuso la existencia de paro estructural y un aumento de las diferencias sociales.

En cuanto a las principales potencias o regiones emergentes en el bloque capitalista, estas fueron Estados Unidos, Europa Occidental, Japón y los Dragones Asiáticos.

En cuanto a Estados Unidos, se consolidó como primera potencia económica mundial y líder indiscutible del bloque capitalista, gracias a los siguientes factores: potencial económico, papel central de su moneda, alto nivel de inversión en investigación, formación de grandes multinacionales y potencia militar. En cuanto a la evolución política, tras la II Guerra Mundial la política del presidente Truman (1945-1953) se basó en la contención del comunismo, manteniendo una política socioeconómica similar al New Deal (Fair Deal) y desarrollando la política de “Caza de Brujas” a cargo del senador McCarthy. Con el presidente Eisenhower (1953-1961) se acentuó el desarrollo socioeconómico, lo que supuso un renacimiento de la vida religiosa y los valores conservadores. Sin embargo, había graves problemas de desigualdad económica y racial, lo que dio lugar a movimientos de protesta como el de la lucha por la igualdad civil de la población negra. Este contexto explica la victoria del demócrata Kennedy (1961-1963), que estableció una política de derechos civiles para la población negra y de atenuación de las diferencias sociales. Tras su asesinato, Johnson (1963-1969) continuó su política, empañada por la Guerra de Vietnam. El acceso al poder del republicano Nixon (1969-1974) estuvo marcado por el estancamiento económico, la Guerra de Vietnam y el escándalo del Watergate, lo que le llevó a la dimisión, sustituyéndole Ford (1974-1977), durante cuyo mandato la crisis económica se ahondó. Tras un corto periodo de gobierno demócrata (Carter, 1977-1981), el republicano Reagan (1981-1989) estableció una política conservadora centrada en el neoliberalismo económico y la acentuación de la Guerra Fría. Finalmente, el mandato de Bush (1989-1993) coincidió con la recuperación económica, el hundimiento de la URSS y el establecimiento de EEUU como única superpotencia mundial (Nuevo Orden Internacional).

En cuanto a Europa Occidental, su evolución estuvo marcada por la recuperación económica y el proceso de unidad europea, elementos ambos muy relacionados. La recuperación fue impulsada por el programa de ayudas estadounidenses del Plan Marshall, para cuya gestión se estableció la Organización Europea para la Cooperación Económica (OECE), entrando en un periodo de expansión económica y en un modelo de desarrollo basado en la consolidación del Estado de Bienestar. Para evitar un nuevo conflicto y poder equipararse al nivel de las superpotencias, la reconstrucción vino acompañada del proceso de unidad, cuyos primeros pasos fueron el establecimiento del Consejo de Europa (1949) y de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA, 1951). Esta última era un mercado común de la producción carbonífera y siderúrgica formado por Francia, RFA, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo. Con el Tratado de Roma de 1957, el mercado común de la CECA se amplió al resto de sectoress económicos (Comunidad Económica Europea, CEE) y a la energía atómica (EURATOM), iniciándose un periodo de ampliación que supuso el ingreso en 1973 de Irlanda, Gran Bretaña y Dinamarca; en 1981 de Grecia y en 1986 de España y Portugal. Este último año se aprobó el Acta Única Europea que supuso el nacimiento de la Comunidad Europea como espacio económico y social común, fusionándose CEE, CECA y EURATOM. El Tratado de Maastricht de 1992 dio origen a la Unión Europea, con el objetivo de completar la unidad económica y potenciar la unidad política. La ausencia de una política exterior y de seguridad común fue el elemento que imposibilió que Europa se pusiera al nivel de EEUU dentro del bloque capitalista, convirtiéndose en un gigante económico pero supeditado a EEUU en lo político y militar.

En cuanto a Japón, la ocupación militar estadounidense entre 1945 y 1951 supuso el establecimiento de una monarquía parlamentaria y, gracias a las ayudas estadounidenses y a la liberalización económica, un fuerte crecimiento económico entre 1955 y 1973 (“Milagro Japonés”). Los factores de ese crecimiento fueron la elevada productividad, el establecimiento de multinacionales, la fuerte inversión en I+D y la cooperación entre Estado y sector privado. La economía se basó en productos industriales de exportación, a partir de la crisis de 1973 sobre todo bienes de consumo de alta tecnología, lo que le permitió tener una balanza comercial muy favorable que permitió fuertes inversiones exteriores y el desarrollo del mercado interno. Gracias a todo ello, se convirtió en la tercera potencia económica del bloque capitalista, aunque como en el caso europeo, supeditada a EEUU en lo político y militar.

Por último, en cuanto a los “Dragones Asiáticos”, bajo este término se agrupan un conjunto de países del sudeste de Asia (Corea del Sur, Taiwan, Singapur, Hong Kong, a los que se fueron incorporando posteriormente Tailandia, Filipinas, Indonesia y Malaysia) que implantaron un modelo de crecimiento basado en la exportación de bienes manufacturados (bienes de consumo de tecnología media o alta y sectores básicos como textil, calzado, naval) hacia los países capitalistas desarrollados, especialmente a partir de la crisis de 1973. Su desarrollo se vio favorecido por los bajos costes de producción (bajos salarios y fiscalidad), la liberalización de sus economías, la ausencia de fuertes tensiones sociales y el proceso de deslocalización industrial de los países ricos.

El bloque comunista durante la Guerra Fría

Como consecuencia de la II Guerra Mundial la URSS se convirtió en una superpotencia militar y en dirigente de un bloque que, como hemos visto, se extendió por Europa Oriental y Asia, principalmente. La muerte de Stalin en 1953 desató una lucha por el poder entre estalinistas y revisionistas, de la que salieron vencedores estos últimos, accediendo al poder Kruschev (1956-1964). Esto supuso una revisión del modelo soviético basado en la represión, la rígida planificación económica y la tensión constante con el bloque capitalista. Frente a ello, se impusieron medidas de liberalización política limitada, de planificación menos rígida y la política de coexistencia pacífica con EEUU. Sin embargo, estas medidas provocaron el rechazo de la nomenklatura del PCUS, llevando a la destitución de Kruschev en 1964 y al acceso al poder del inmovilista Breznev (1964-1982). Durante su mandato el sistema volvió a endurecerse y se generó una fuerte crisis económica, cada vez más profunda, debido a la rigidez de la planificación y a la incapacidad del sistema para adoptar la informatización y robotización de la producción tras la crisis del petróleo de 1973, lo que hizo descender los niveles de productividad. Tras los gobiernos de transición de Andropov (1982-1984) y Chernenko (1984-1985), el acceso al poder de Gorbachov (1985-1991) supuso el establecimiento de una política de reformas cuyo fracaso, como ya vimos, supuso el hundimiento de la URSS y del bloque comunista en 1989-1991.

En los países de Europa del Este se estableció un fuerte control por parte de la URSS, tanto militar (Pacto de Varsovia) como económico (COMECON), con las excepciones de Yugoslavia (que aplicó una política de autogestión económica y de independencia política frente a la URSS) y de Albania (que optó por vincularse a China a partir de 1961). Tras registrar unas fuertes tasas de crecimiento socioeconómico, a partir de la década de 1970 se entró en el estancamiento, lo que unido al debilitamiento de la URSS explica el hundimiento de sus regímenes comunistas entre 1989 y 1991, proceso especialmente conflictivo en el caso de Yugoslavia.

En cuanto a la República Popular China, fue establecida en 1949 tras la victoria comunista en la guerra civil. En un principio, su líder Mao Zedong (1949-1976) estableció un régimen vinculado y similar a la URSS, lo que supuso desabastecimiento y atraso agrícola. Sin embargo, en 1958 estableció una política autónoma e independiente (Gran Salto Adelante) estableciendo el sistema de comunas populares autosuficientes en el medio agrario. Sin embargo, el sistema fracasó (grandes hambrunas de 1959 y 1961), lo que llevó a un crecimiento de la oposición interna. Frente a ello, Mao estableció la Revolución Cultural (1965-1976), gigantesca campaña de movilización y represión contra los opositores. Tras su muerte, accedió al poder Deng Xiaoping (1976-1989) que estableció fuertes medidas de reforma económica (apertura comercial al exterior, disminución de la planificación centralizada, establecimiento de zonas económicas especiales en los que se implantó un modelo económico capitalista) que supusieron el establecimiento del modelo de “Un país, dos sistemas”. Sin embargo, en al ámbito político se mantuvo el inmovilismo y el régimen pudo sobrevivir al hundimiento del bloque comunista (fracaso de las manifestaciones de la Plaza de Tiananmen, 1989). La presidencia de Jiang Zemin (1989-2003) supuso una profundización de la política anterior, estableciendo de hecho un modelo de desarrollo similar al de los “Dragones Asíaticos” pero manteniendo las comunas rurales y la dictadura comunista.

Por último, durante la Guerra Fría se fueron estableciendo otros regímenes comunistas en el Tercer Mundo, como los de Cuba en América, los de Vietnam, Laos, Camboya y Corea del Norte en Asia y los de Angola, Etiopía, Libia y Congo en África, ya fuera imitando el modelo soviético o el chino. La crisis del bloque comunista de 1989-1991 supuso su desaparición, con las excepciones de China, Vietnam, Cuba y Corea del Norte, aunque los tres primeros manteniendo la dictadura comunista pero con una economía cada vez más capitalista.

CONCLUSIONES

La Guerra Fría fue un proceso que mediatizó en gran medida el proceso de descolonización que acabaría dando lugar al Tercer Mundo. Por otro lado, los desequilibrios de la URSS y del bloque comunista provocaron su hundimiento en 1989-1991, dando lugar a un mundo unipolar dominado por EEUU. Sin embargo, el denominado “Nuevo Orden Mundial” fue pronto desequilibrado por la inestabilidad derivada del subdesarrollo, del surgimiento de potencias emergentes y de la entrada en escena del fundamentalismo islámico.

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LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (1939-1945)

Tema de Historia del Mundo Contemporáneo de 1º de Bachillerato referente a la Segunda Guerra Mundial, por Carlos Javier Garrido García.

Imágenes de la Segunda Guerra Mundial. Fuente: wikipedia.

INTRODUCCIÓN

La Segunda Guerra Mundial ha sido considerada tradicionalmente como consecuencia de un único factor: el expansionismo de las potencias fascistas, enfrentadas con otra postura radical: el comunismo. En realidad, la Segunda Guerra Mundial hunde sus orígenes en la consecuencias de la Primera: una fuerte crisis económica de posguerra de la que se salió en los “Felices Años 20” pero con unos desequilibrios que explican la posterior Gran Depresión de 1929; la progresiva crisis de los sistemas democráticos por el ascenso de las posturas de extrema izquierda, animadas por el triunfo bolchevique en Rusia en 1917 e impulsadas por la crisis socioeconómica, y, frente a ellas, el ascenso de las de extrema derecha y, dentro de ellas, del fascismo; la agudización de las posturas nacionalistas radicales por el castigo excesivo a los vencidos y por la ideología heredada de la intensa propaganda de guerra; la inoperancia de la Sociedad de Naciones, que no poseía poder ejecutivo efectivo; y el aumento de las tensiones económicas internacionales por la adopción de políticas económicas proteccionistas ante la Gran Depresión, lo que supuso que cualquier alternativa de crecimiento pasara por la expansión territorial del propio país. Todo ello llevó a un conflicto que, por primera vez en la Historia, era realmente mundial y en el que se enfrentaron, por un lado, las potencias fascistas y, por otro, las democráticas y la URSS, estas últimas en principio incompatibles pero que colaboran temporalmente frente a un enemigo común.

CAUSAS Y CARACTERÍSTICAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Situación política internacional y expansionismo de las potencias fascistas

Tras el estallido de la Gran Depresión en EEUU en 1929 y su extensión al resto del mundo a partir 1930 la situación internacional estaba marcada por las tensiones y la disgregación. Frente a una Sociedad de Naciones inoperante, las distintas potencias aplicaban políticas en defensa de sus derechos sin coordinación ni cooperación. Así, EEUU vio reforzado su aislacionismo internacional, centrándose en defender sus intereses políticos y comerciales en América Latina y Asia y desentendiéndose de los asuntos europeos; Francia y Gran Bretaña coincidían en su interés por mantener el equilibrio en Europa y sus intereses coloniales, percibiendo como amenazas no solo el ascenso nazi en Alemania y el expansionismo de Japón en Asia, sino también la consolidación de la URSS; esta última se encontraba aislada internacionalmente y temía el ascenso nazi en Alemania, por lo que intentó por todos los medios acercarse a Francia y Gran Bretaña; y por último en este contexto se consolidan los regímenes fascistas en Italia, Alemania y Japón, iniciando una política de expansionismo y rearme acorde con sus principios ideológicos y con sus intereses económicos.

El acceso al poder de Hitler en Alemania en 1933 provocó su abandono de la Sociedad de Naciones y el desarrollo de una política de revisión del Tratado de Versalles. Así, en 1935 se anexionó por plebiscito el Sarre, que estaba bajo control francés, y se restableció el servicio militar obligatorio. Frente a ello, Francia intentó aislar a Alemania, firmando en la Conferencia de Stressa (1935) una alianza con Gran Bretaña e Italia y un pacto de asistencia mutua con la URSS. Sin embargo, la invasión italiana de Etiopía en 1935-1936 y su condena por la Sociedad de Naciones llevaron a Mussolini a romper los pactos de Stressa y acercarse a Alemania.

En marzo de 1936 Hitler ocupó la zona desmilitarizada de Renania y el estallido de la Guerra Civil Española en julio de 1936, en la que Alemania e Italia apoyaron a Franco, reforzó el acercamiento entre ambas. Así, en octubre de ese año se firmó el pacto del Eje Roma-Berlín y poco después el Pacto Antikomintern, que incluía también a Japón.

Reforzado por su salida del aislamiento, Hitler inició su política expansionista, frente a la cual las potencias democráticas (Francia y Gran Bretaña) aplicaron la denominada “política de apaciguamiento”, es decir, aceptar los hechos consumados para evitar una nueva guerra. En marzo de 1938 Hitler anexionó Austria y, tras la Conferencia de Munich en octubre de ese año, los Sudetes. En marzo de 1939 desapareció Checoslovaquia, estableciéndose el Protectorado de Bohemia-Moravia, y también se anexionó Memel a costa de Lituania. Por su parte, Italia se anexionó Albania. Tras todo ello, en mayo de 1939 la alianza germano-italiana se reforzó con la firma del Pacto de Acero.

El próximo objetivo de Hitler era Polonia. Francia y Gran Bretaña terminaron de asumir que la política de apaciguamiento había sido un fracaso, por lo que dejaron claro que cualquier agresión contra Polonia sería motivo de guerra. Por su parte, la URSS temía cada vez más una guerra contra Alemania, lo que la llevó a aceptar un pacto de división de Polonia entre ambas. El objetivo soviético era ganar tiempo para prepararse para un conflicto que se consideraba inevitable y el alemán era asegurarse de que si estallaba un conflicto este no fuera con dos frentes como había sucedido en la Primera Guerra Mundial. En agosto de 1939 se firmó el Pacto germano-soviético de no agresión, en el que se preveía la división de Polonia. Con esta garantía, el 1 de septiembre de 1939 el ejército alemán inició la invasión del país, estallando la guerra.

Por lo que se refiere a Japón, el país se lanzó a una agresiva política expansionista cuyo objetivo fue China: en 1931 ocupó la región de Manchuria, estableciendo un estado satélite (Manchukuo) y en 1937 inició la ocupación del resto del país. Posteriormente, aprovechando la derrota de Francia y Holanda frente a Alemania en Europa, inició la ocupación de Indochina e Indonesia.

Las innovaciones técnicas y tácticas

Como ya se ha indicado, esta es la primera guerra verdaderamente mundial de la Historia. En principio, se enfrentaron las potencias del Eje (Alemania e Italia) frente a los Aliados (Gran Bretaña y Francia), centrándose las operaciones militares en Europa y el Norte de África. En 1941 la invasión nazi llevó a la URSS a incorporarse a los Aliados, como hizo a finales de ese año EEUU tras la agresión de Japón. Esto último extendió el conflicto a Asia y Oceanía.

Por otra parte, es una guerra plenamente industrializada, en la que el desarrollo de la aviación fue clave. Se aplicaron innumerables avances científico-técnicos en el desarrollo de nuevas armas (radar, aviones de combate y bombarderos, mejora de los tanques y submarinos, bombas dirigidas), hasta llegar a la bomba atómica. El nuevo armamento posibilitó la aplicación de nuevas tácticas militares como la “guerra relámpago” (avance sistemático basado en los ataques de la aviación, los avances en vanguardia de los tanques y la ocupación del terreno por la infantería) y la conversión de la retaguardia enemiga en un nuevo frente de guerra. Todo ello explica el elevado número de muertes, principalmente civiles, y de destrucciones de esta guerra.

DESARROLLO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

La “Guerra Relámpago” (1939-1941)

Esta primera fase de la guerra está marcada por los rápidos avances alemanes gracias a la “guerra relámpago”. Tras la invasión de su parte de Polonia, Alemania invadió Dinamarca y Noruega en abril de 1940, cortando así el suministro sueco de hierro a los Aliados. Al mes siguiente, invade Bélgica, Holanda y rompe el frente francés. En junio Francia capitula, dividiéndose el país en una zona de ocupación alemana (norte y costa atlántica) y el Gobierno autoritario y colaboracionista de Vichy al mando del mariscal Petain en el sureste, aprovechando Italia para entrar en la guerra.

Con todo ello, Gran Bretaña se quedaba sola en la guerra, pero su presidente, Winston Churchill se negó cualquier negociación con el Eje. Para vencer su resistencia y dada la imposibilidad de realizar un desembarco, Hitler optó por ataques aéreos sistemáticos contra las ciudades británicas (Batalla de Inglaterra), pero fracasó gracias al radar y a la superioridad de sus cazas.

Dada la resistencia británica, las potencias del Eje optaron por abrir nuevos frentes, necesarios en una guerra que se preveía larga. Así, se inició la ofensiva desde Libia contra Egipto, con el objetivo de controlar el Canal de Suez y acceder a los pozos petrolíferos del Golfo Pérsico y se firmaron pactos con Hungría, Rumanía y Bulgaria, ocupándose entre abril y junio de 1941 Yugoslavia y Grecia.

Por tanto, para junio de 1941 el Eje controlaba toda Europa, con la excepción de su enemiga Gran Bretaña y de los países neutrales, entre los que destacaba la URSS. Sin embargo, la prolongación de la guerra llevó a la ruptura del pacto y la invasión de la URSS y la agresión japonesa supuso la entrada de EEUU en el bando Aliado, mundializándose el conflicto.

Mundialización de la guerra (1941-1942)

En junio de 1941 Alemania inició la invasión de la URSS, con el objetivo de conseguir suministros alimenticios y petrolíferos. Sin embargo, el Ejército soviético, tras aplicar una táctica de retirada y tierra quemada, logró resistir en invierno en Leningrado, Moscú y Stalingrado. En diciembre de 1941 se produjo el ataque japonés a Pearl Harbour (Hawai), lo que llevó a EEUU a entrar en la guerra. En principio, la superioridad aérea y naval japonesa fue incontestable, permitiéndole ocupar Malasia, Birmania, Filipinas, Salomón, Nueva Guinea y amenazar India y Australia.

En todas las zonas conquistadas, las potencias del Eje impusieron una política de explotación económica intensa. Frente a la ocupación, la población se dividió entre colaboracionistas y resistentes, sufriendo estos últimos una fuerte represión. Esta alcanzó su dimensión más brutal con la política de exterminio de los judíos o “Solución Final”, adoptada en la Conferencia de Wannsee de enero de 1942 y que acabó con la vida de unos 6 millones de personas.

Las ofensivas aliadas y la caída del Eje (1942-1945)

Pese a los avances del Eje, en 1942 la guerra se vuelve favorable a los aliados, debido a la potencia de los dos nuevos (EEUU y la URSS) y a la limitación de los recursos del Eje, sobre todo petrolíferos. Así, las victorias soviéticas en Stalingrado y Kursk (febrero y julio de 1943), británica en El Alamein (noviembre de 1942) y estadounidense en Mar del Coral, Midway y Guadalcanal (verano de 1942), supusieron el inicio de las ofensivas aliadas que las llevarían a la victoria.

Así, mientras el avance soviético por el Este se hacía cada vez más intenso, Gran Bretaña y EEUU realizaron los desembarcos en el norte de África (primavera de 1943), Sicilia-Italia (verano de 1943) y Normandía (junio de 1944). Este doble avance llevó finalmente a la invasión aliada de Alemania, suicidándose Hitler y firmándose su rendición en mayo de 1945.

En el Pacífico, EEUU aplicó una táctica de rápido avance hacia Japón, dejando bolsas aisladas de resistencia japonesa en la retaguardia. La fuerte resistencia japonesa en Iwojima (febrero-marzo 1945) y Okinawa (abril-junio 1945) hizo que el nuevo presidente norteamericano Truman se decidiera a utilizar la bomba atómica. Así, en agosto de 1945 se lanzaron dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, lo que llevó a Japón a capitular el 2 de septiembre de 1945, acabando así la guerra.

CONSECUENCIAS DE LA GUERRA

Pérdidas humanas e impacto moral

La Segunda Guerra Mundial ha sido hasta el momento la más mortífera de la Historia, calculándose el número de víctimas en un mínimo de 60 millones, la mayoría civiles por la desaparición del concepto de retaguardia. Del mismo modo, la guerra supuso grandes desplazamientos de población y un intenso trauma moral ya que su dureza, con el genocidio de los campos de concentración nazis, las masacres japonesas en China y los bombardeos masivos de ciudades y el uso de las bombas atómicas por los aliados cuestionaron todos los valores éticos en los que descansaba la civilización occidental. Todo ello potenció entre la población la defensa del respeto de los Derechos Humanos como valor universal y se definió un nuevo concepto jurídico en el derecho internacional: el de crímenes contra la humanidad. Este último sirvió para procesar en los Juicios de Nuremberg (1945-1946) a los dirigentes nazis que sobrevivieron y pudieron ser capturados.

Consecuencias económicas

Los daños materiales producidos por la guerra fueron especialmente intensos en Europa, Japón, China, y el Sudeste asiático, estando la situación marcada por la pérdida de infraestructuras y bienes de producción, los problemas de aprovisionamiento, el endeudamiento y la inflación. Como ocurrió con la I Guerra Mundial, EEUU salió enormemente beneficiado, ya que no sufrió las destrucciones de la guerra y se convirtió en el principal centro de suministro de armamento y otros suministros para los aliados, lo que le permitió crecer de manera exponencial y dejar atrás los efectos de la Gran Depresión. Frente a ello, el declive de las potencias europeas, muy afectadas por la guerra, consolidó a EEUU como primera potencia económica y financiera del mundo. Pese a las grandes destrucciones sufridas, la URSS se consolidó también como gran potencia gracias a su política de industrialización y al dominio sobre Europa oriental.

Consecuencias políticas

La derrota del Eje supuso la desaparición de los regímenes fascistas, aunque pervivieron algunas dictaduras con una ideología similar, como fue el caso de España. Japón fue invadido por EEUU y se estableció un régimen democrático, manteniendo la figura del emperador. En Europa, el final de la guerra supuso su división en dos zonas políticas: Europa occidental, liberada por Gran Bretaña y EEUU, en la que se restableció la democracia parlamentaria y el sistema económico capitalista, y Europa oriental, liberada por la URSS, en la que se impusieron dictaduras comunistas bajo su hegemonía.

Conferencias de paz y cambios territoriales

Durante el desarrollo del conflicto los aliados fueron prefigurando las condiciones de la paz en varias conferencias.

En la Conferencia de Yalta (febrero de 1945) se reunieron Roosevelt (EEUU), Stalin (URSS) y Churchill (Gran Bretaña), decidiéndose la división de Alemania y Austria en zonas de ocupación y el pago de reparaciones por su parte, la independencia de Polonia, la celebración de elecciones libres en los países liberados y la anexión soviética de Estonia, Letonia, Lituania y del este de Polonia.

En la Conferencia de Postdam (julio-agosto de 1945) se reunieron Truman (EEUU), Stalin (URSS) y Attle (Gran Bretaña), en la que se confirmaron y aplicaron los acuerdos anteriores.

Finalmente, en la Conferencia de Paz de París (1946-1947) se firmaron los tratados con los países aliados de Alemania: Italia perdió Istria en favor de Yugoslavia, Rumanía la Besarabia en favor de la URSS y la Dobrudja Meridional en favor de Bulgaria, Hungría la Rutenia Subcarpática en favor de la URSS, y Finlandia la Carelia en favor también de la URSS.

En el caso de Japón, se estableció su ocupación por EEUU y la pérdida de su imperio colonial: la URSS se anexionó el sur de la isla de Sajalin y las islas Kuriles, China recuperó Taiwán y Manchuria y Corea fue ocupada en el norte por la URSS y en el sur por EEUU.

La creación de la ONU

En las conferencias entre los aliados se estableció la necesidad de un nuevo organismo internacional que sustituyera a la desprestigiada Sociedad de Naciones. En la Conferencia de San Francisco (junio de 1945) se fundó la Organización de Naciones Unidas (ONU) cuyos objetivos eran el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales, el reconocimiento del derecho a la libre determinación de los pueblos, el respeto de los Derechos Humanos y el impulso de la cooperación internacional a todos los niveles (económico, social, educativo, sanitario).

La ONU se estructuraba en tres órganos principales: la Asamblea General (formada por todos los miembros y que podía emitir sólo recomendaciones), el Consejo de Seguridad (sus resoluciones son de obligado cumplimiento y estaba integrado por 15 miembros de los que 5 eran permanentes y tenían derecho de veto: EEUU, Reino Unido, URSS, Francia y China) y la Secretaría General (representante de la institución, dirigido por un secretario general elegido cada 5 años). Para garantizar el respeto a los Derechos Humanos se estableció la Corte Penal Internacional y para fomentar la cooperación el Consejo Económico y Social, integrado de organismos especializados como la FAO y la UNESCO.

A diferencia de la Sociedad de Naciones, la ONU tenía más capacidad operativa, contado incluso con su propio ejército, los Cascos Azules.

CONCLUSIONES

La Segunda Guerra Mundial tuvo importantes repercusiones, más allá de las pérdidas humanas y materiales y de la desaparición de los regímenes fascistas. Así, la consolidación de dos superpotencias, EEUU y la URSS, con sistemas políticos y socioeconómicos opuestos hizo que la situación de posguerra estuviera marcada por el enfrentamiento entre ellas, dando lugar a la Guerra Fría (1945-1991). Por otro lado, el rechazo a las ideas imperialistas y racistas del fascismo supuso un impulso de los movimientos nacionalistas en las colonias, favorecidos también por el declive de las potencias europeas, dando lugar al proceso de descolonización y al surgimiento del Tercer Mundo.

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LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL (1914-1918)

Tema 6 de Historia del Mundo Contemporáneo de 1º de Bachillerato referente a la Primera Guerra Mundial, por Carlos Javier Garrido García.

Imágenes de la Primera Guerra Mundial. Fuente: wikipedia.

INTRODUCCIÓN

La Primera Guerra Mundial o “Gran Guerra” estalló como consecuencia de la competencia entre las distintas potencias europeas en un contexto de crecimiento económico acelerado por la Segunda Revolución Industrial y de configuración de los imperios coloniales. En este contexto, la situación geopolítica generada por el Congreso de Viena de 1815 se fue desequilibrando. Para entonces, Gran Bretaña se había consolidado como primera potencia mundial, centrada en su expansión imperialista, y como primera potencia económica, gracias a la Primera Revolución Industrial. En el continente europeo se estableció el equilibrio entre potencias, progresivamente descompensado gracias a la unificación de Alemania e Italia y a la disgregación paulatina del Imperio Otomano. El crecimiento económico y el fortalecimiento en la política internacional de una nueva gran potencia, Alemania, terminó por desequilibrar la situación. Pese a convertirse a principios del siglo XX en la primera potencia económica de Europa, llegó tarde al reparto colonial y, en una situación de proteccionismo, para seguir creciendo necesitaba expandirse territorialmente. Dada la imposibilidad de conseguir más colonias, decidió expandirse por Europa, aliándose con el Imperio Austro-Húngaro. Sus dos grandes enemigos, el Imperio Ruso y Francia se oponían a este proceso, consiguiendo la ayuda de Gran Bretaña, que sale de su aislamiento europeo temerosa del crecimiento alemán. Todo ello llevó al estallido de la Guerra, el primer conflicto plenamente industrializado, lo que explica su magnitud, duración y consecuencias.

CAUSAS DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Las causas profundas del conflicto hay que buscarlas, por tanto, en las tensiones latentes entre las potencias y en la configuración de los bloques de alianzas en Europa. En este contexto, los conflictos coloniales y en los Balcanes aumentaron la tensión, posibilitando que un hecho puntual, el asesinato del archiduque, provocara el estallido del conflicto.

Conflictos latentes entre las potencias

Las tensiones latentes entre las potencias eran básicamente tres:

  • Entre Alemania y Francia: la victoria alemana sobre Francia en 1870 supuso la proclamación del II Reich Alemán en 1871 y la incorporación al mismo de las regiones de Alsacia y Lorena. Desde entonces, el deseo francés de revancha y de recuperarlas fue constante.

  • Entre los Imperios Ruso y Austro-Húngaro: ambos imperios tenían deseos expansionistas en los Balcanes, una región en la que coincidían el hundimiento del Imperio Otomano, la atomización política y la complejidad étnica. Este enfrentamiento hizo que Rusia de aproximara a Francia y que Austria lo hiciera a Alemania en busca de aliados que reforzaran su posición.

  • Entre Alemania y Gran Bretaña: el fuerte crecimiento económico alemán, la potenciación de su flota de guerra y los intentos de expansión colonial provocaron el temor de Gran Bretaña, que sale de su aislamiento y busca la alianza con los enemigos de Alemania: Francia y el Imperio Ruso.

La configuración de los bloques de alianzas

Tras la victoria sobre Francia en 1870 y la proclamación de Guillermo I como emperador en 1871, la política internacional de su canciller, Bismarck, estuvo marcada por la creación de sucesivos sistemas de alianzas que, involucrando a los Imperios Austro-Húngaro y Ruso y a Italia, tenían la intención de dejar aislada a Francia y evitar un conflicto en los Balcanes y por su rechazo a una política de expansión colonial.

Sin embargo, el acceso al poder de Guillermo II y la caída de Bismarck en 1890 supusieron un cambio de política, optándose por una política expansionista, basada en los intentos de conseguir más colonias y en una fuerte inversión armamentística, especialmente destacada en el terreno naval. Del mismo modo, se abandonó la alianza con Rusia y se optó por el apoyo a Austria-Hungría como medio de expansión territorial en los Balcanes, ya que la colonial resultó finalmente imposible.

Todos estos cambios fueron aprovechados por Francia, que pudo firmar una alianza con Rusia en 1891-1892 y, con la incorporación de Gran Bretaña, formar la Triple Entente en 1907. Frente a ella, se mantuvo la Triple Alianza, creada en 1882 Alemania, el Imperio Austro-Húngaro e Italia.

Los dos bloques que se enfrentarían en la guerra habían quedado así configurados, entrando en la denominada “Paz Armada”, periodo de tensión creciente entre los bloques, lo que se tradujo en una carrera de armamentos, especialmente intensa en Alemania, y en un creciente ambiente de nacionalismo radical, lo que se tradujo en la formación de las ligas nacionalistas.

Enfrentamientos coloniales y Guerras de los Balcanes

La tensión existente provocó, y se agravó con, los conflictos coloniales y en los Balcanes.

En cuanto a los conflictos coloniales, Alemania intentó controlar uno de los pocos territorios disponibles en África: Marruecos. Sin embargo, esto chocó con la oposición de Gran Bretaña, temerosa de que Alemania pudiera con ello controlar el estrecho de Gibraltar, clave en la ruta hacia su principal colonia, la India. Por ello, los intentos alemanes en 1906 y 1911 se saldaron con un rotundo fracaso, imponiéndose finalmente en Marruecos un protectorado franco-español. Esto llevó a Alemania a optar por su expansión en la propia Europa a través de su aliada Austria-Hungría, lo que acentuó los conflictos en los Balcanes.

Los Balcanes eran una región especialmente conflictiva por los intereses contrapuestos de Austria-Hungría y Rusia y por el desmembramiento del Imperio Otomano debido a movimientos nacionalistas que acabaron provocando la independencia de Rumanía, Bulgaria, Serbia, Montenegro y Grecia a lo largo del siglo XIX. La tensión en la zona aumentó con la anexión de Bosnia por el Imperio Austro-Húngaro en 1908, lo que provocó el descontento de Serbia y de su aliado, el Imperio Ruso. En 1912 estalla la Primera Guerra Balcánica, en la que los países independizados en la zona se enfrentaron a los restos del Imperio Otomano, reducido a partir de entonces en Europa a la pequeña región de Estambul. Como consecuencia de ello, Albania accede a la independencia y se realiza un reparto territorial que no fue del agrado de Bulgaria. Esto la llevó a declarar la guerra a sus antiguos aliados en 1913 (Segunda Guerra Balcánica), uniéndose a ellos el Imperio Turco, siendo derrotada. El descontento de Bulgaria y del Imperio Turco por sus pérdidas territoriales explica que optaran por aproximarse a la Triple Alianza, mientras que el resto de países balcánicos lo hizo a la Entente.

Detonante

El detonante de la Primera Guerra Mundial fue el asesinato del archiduque Francisco-Fernando cuando visitaba Sarajevo, capital de Bosnia, por un terrorista serbio en julio de 1914. Como consecuencia de ello, el Imperio Austro-Húngaro presentó un ultimátum a Serbia, que fue rechazado, por lo que le declaró la guerra. A partir de entonces, se pusieron en marcha las alianzas y hubo una sucesión de declaraciones de guerra en cascada que dieron lugar al conflicto generalizado.

DESARROLLO DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Características

La primera característica de la Guerra Mundial es, precisamente, su carácter global. En el conflicto se enfrentaron, por un lado, la Triple Entente (Gran Bretaña, Francia e Imperio Ruso), a la que con posterioridad se irían añadiendo otros países como Italia (anulando su compromiso con la Triple Alianza), Portugal, Bélgica, Rumanía, Serbia, Montenegro, Grecia, Japón, EEUU y la mayor parte de los países latinoamericanos; y, por otro, los Imperios Centrales (Alemania e Imperio Austro-Húngaro), a los que se unieron posteriormente Bulgaria y el Imperio Turco. Por tanto, las fuerzas estaban muy desequilibradas en favor de la Entente, aunque ese hecho se compensaba por la mejor posición estratégica de los Imperios Centrales y por su mejor preparación armamentística, especialmente de Alemania.

En segundo lugar, la Primera Guerra Mundial fue una guerra industrializada, una guerra con el carácter de “total”. El uso masivo de armamento moderno, aprovechando los avances de la Segunda Revolución Industrial (ametralladoras, tanques, armas químicas, inicios de la aviación), además de provocar mayores muertes y destrucciones, hicieron que sus costes económicos fueran muy elevados. Como consecuencia de ello, se estableció una economía de guerra y, para justificarla, una intensa propaganda de carácter belicista y ultranacionalista.

Fases de la guerra

En la evolución de la guerra podemos distinguir cuatro grandes fases:

  • Guerra de Movimientos (1914): la inferioridad de recursos de los Imperios Centrales hizo que estos optaran por una guerra rápida como única posibilidad de victoria. Así, el plan de guerra alemán (“Plan Schlieffen”) estableció un ataque rápido a Francia para posteriormente derrotar al Imperio Ruso y negociar una paz con Gran Bretaña. Sin embargo, Francia logró resistir en la batalla del Marne, lo que aprovechó el Imperio Ruso para realizar una ofensiva contra Alemania, frenada en la batalla de Tannenberg. A partir de entonces, los frentes empiezan a estabilizarse y se entra en una guerra de desgaste en la que los Imperios Centrales tenían todas las de perder.

  • Guerra de Trincheras (1915-1916): la fijación de los frentes y su defensa con trincheras y armamento moderno supuso la entrada en una guerra de desgaste, con batallas en el frente occidental como Verdún y Somme, auténticas carnicerías. Ante ello, la única opción de los Imperios Centrales era limitar la llegada de ayuda exterior a la Entente mediante el bloqueo naval de Gran Bretaña y Francia, aunque esta opción resultaba imposible desde la derrota de la flota alemana en la batalla de Jutlandia. Esto hizo que Alemania optara por un bloqueo submarino que, pese a su incidencia, no logró cortar las comunicaciones marítimas y además provocó la entrada de EEUU en la guerra en 1917. De manera paralela, los Imperios Centrales intentaron aumentar sus recursos extendiéndose hacia el Este y los Balcanes, lo que supuso la ocupación de Polonia y Lituania (del Imperio Ruso), Rumanía, Serbia y el norte de Grecia.

  • El hundimiento de los Imperios Centrales (1917-1918): en abril de 1917 la primera potencia industrial del mundo, EEUU, entra en la guerra a favor de la Entente, agravando el desequilibrio de recursos entre los contendientes. Sin embargo, su ayuda efectiva no se producirá hasta principios de 1918 y la victoria bolchevique en Rusia en octubre de 1917 supuso la salida de este país de la guerra (Tratado de Brest-Litovsk, marzo de 1918), permitiéndole a Alemania concentrar todas sus tropas en el frente occidental. Pese a ello, los Imperios Centrales se fueron hundiendo en cadena: Bulgaria, Imperio Turco, el Imperio Austro-Húngaro y Alemania. En este último caso, Guillermo II abdicó y se proclamó una República que solicitó el armisticio el 11 de noviembre de 1918.

CONSECUENCIAS DE LA GUERRA

Los Tratados de Paz

Las condiciones de Paz fueron fijadas en la Conferencia de Paz de París (1919-1920), en la que se establecieron tratados específicos con cada uno de los países derrotados: el de Versalles con Alemania (1919), el de Saint-Germain con Austria (1919), el de Trianon con Hungría (1920), el de Sèvres con el Imperio Turco (1920) y el de Neuilly con Bulgaria (1920). En sus cláusulas no fueron respetadas las tesis del presidente estadounidense Wilson (“14 Puntos”), sino que lo que primó en ellas fue la dureza y el deseo de castigo, postura defendida sobre todo por Francia.

El más trascendental fue el de Versalles, que impuso unas duras condiciones a Alemania: pérdidas territoriales (Alsacia-Lorena para Francia, Posnania a Polonia, ciudad libre de Danzig, Schleswig a Dinamarca y pérdida de su colonias estableciendo mandatos ejercidos por Gran Bretaña, Francia y Japón), establecimiento de fuertes reparaciones de guerra, cesión temporal del Sarre a Francia, desmilitarización de Renania y limitación de su ejército a 100.000 soldados. El resto de tratados supuso la desmembración de los antiguos imperios plurinacionales en favor de los Estados-nación y se impusieron pérdidas territoriales a Bulgaria (pérdida de su salida al mar Egeo) y al Imperio Turco (Dodecaneso, Armenia, Siria, Palestina, Irak y Transjordania). Además, a nivel general, se establecieron nuevas democracias parlamentarias en la mayor parte de países.

Estos tratados no fueron capaces de asegurar una paz duradera por las siguientes razones: la imposición de las reparaciones de guerra hundió la economía alemana, desestabilizando al nuevo régimen democrático; el deseo de revancha de los derrotados ante una paz que se consideraba impuesta e injusta; la complejidad étnica de Europa Oriental y los Balcanes hizo que el establecimiento de Estados-Nación fuera imperfecta, generando problemas nacionalistas; y el descontento de algunos vencedores, que no vieron satisfechas sus aspiraciones territoriales, como fue el caso de Italia.

Consecuencias demográficas, económicas, sociales y políticas

En cuanto a las consecuencias demográficas, se calcula que la guerra produjo 8’5 millones de muertos y 21 millones de heridos y mutilados. A este cómputo se deben añadir las víctimas civiles, como consecuencia de las carencias alimenticias y sanitarias y la incidencia de la epidemia de gripe de 1918, a lo que habría que sumar el descenso de la natalidad. Este descenso demográfico afectó a las economías de posguerra al reducir la población activa y la demanda.

En la economía, las destrucciones de medios de producción fueron importantes, a lo que habría que unir el coste de reconversión de una economía de guerra a otra de paz. Junto con ello, otro problema importante fue el del endeudamiento de los vencedores con EEUU, razón por la cual exigieron el pago de reparaciones de guerra. Los grandes beneficiados de la guerra fueron este país y Japón, que no sufrieron los efectos de la guerra en su territorio, se enriquecieron vendiendo suministros a sus aliados europeos y los sustituyeron en buena parte de sus mercados exteriores. También salieron beneficiados los países neutrales, que vieron aumentar la demanda de sus materias primas y productos industriales, como fue el caso de España.

Por lo que se refiere a las consecuencias sociales, los efectos de la guerra y de la crisis económica de posguerra supusieron un empobrecimiento de las clases medias, que se proletarizaron, aumentando la polarización y las tensiones sociales. Además, la reinserción social de los excombatientes fue muy difícil, contribuyendo a aumentar las tensiones. Por último, el empleo de mano de obra femenina en trabajos tradicionalmente masculinos durante la guerra, impulsó los movimientos feministas que solicitaban el derecho a voto.

Por último, las consecuencias políticas fueron una extensión de las democracias parlamentarias en el continente europeo, aunque estas tuvieron graves dificultades por el aumento de las tensiones sociales, que provocaron polarización y conflictos políticos. Por otra parte, en las colonias la participación de tropas indígenas en la guerra, la puesta en duda de la misión civilizadora y la defensa del principio de Estado-Nación supusieron un impulso para los movimientos independentistas.

La Sociedad de Naciones

Para evitar una nueva guerra, se creó esta organización internacional, cuyos objetivos declarados eran el mantenimiento de la paz y de la seguridad colectiva, la cooperación internacional y el desarme. Sin embargo, esta organización, que estaba dirigida por un Consejo formado por las potencias vencedoras y una Asamblea General integrada por todos los miembros, fracasó por su falta de capacidad ejecutiva y por la ausencia de grandes potencias como EEUU (temerosa de perder independencia en sus actuaciones internacionales), la URSS (excluida) y, posteriormente, las potencias fascistas (Alemania, Italia y Japón).

CONCLUSIONES

La Primera Guerra Mundial tuvo importantes consecuencias. La dureza de las condiciones de paz y la crisis económica de posguerra desestabilizaron a las nuevas democracias, y el surgimiento de una alternativa al capitalismo basada en la doctrina marxista (URSS), supusieron un aumento de las tensiones y polarización socio-política que explican el surgimiento de fascismo y el futuro estallido de la II Guerra Mundial (1939-1945).

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