CARACTERÍSTICAS GEOPOLÍTICAS DEL MUNDO ACTUAL

Tema de Historia del Mundo Contemporáneo de 1º de Bachillerato referente a las características geopolíticas del mundo actual, por Carlos Javier Garrido García.

Invasión rusa de Ucrania a partir de febrero de 2022. Fuente: wikipedia.

INTRODUCCIÓN

El fin de la Guerra Fría con el hundimiento de la URSS en 1991 supuso el establecimiento de un “Nuevo Orden Internacional” dominado por una única superpotencia (EEUU). Este hecho y la generalización a nivel mundial del sistema capitalista auguraban una reducción de los conflictos internacionales. Sin embargo, el surgimiento de potencias emergentes, el terrorismo islamista, los conflictos derivados del fin del bloque soviético y la conflictividad generada por el subdesarrollo en el Tercer Mundo provocaron que la conflictividad se mantuviese, e incluso acrecentase, y que el “Nuevo Orden” fuera contestado. Todo ello se agudizó con la situación de crisis económica registrada desde 2007 y agudizada por la pandemia del COVID-19 a partir de 2020.

NUEVO CONTEXTO INTERNACIONAL

El mundo unilateral y la hegemonía de EEUU

Como ya hemos indicado, el fin de la Guerra Fría supuso el establecimiento de un “Mundo Unilateral” dominado por una única superpotencia: Estados Unidos. Su hegemonía se basaba en un predominio militar incuestionable, en una economía muy poderosa, en su enorme potencial científico y tecnológico y en su dominio de la cultura globalizada gracias a su potente industria audiovisual. Como consecuencia de este dominio, la política exterior estadounidense se empezó a basar en los principios de Intervencionismo (EEUU tenía el derecho, y además la obligación, de intervenir en cualquier lugar del Mundo donde estuvieran en peligro los principios capitalistas y democráticos o sus intereses propios) y Guerra Preventiva (EEUU tenía el derecho a intervenir militarmente en cualquier país si consideraba que podía convertirse en una amenaza para su seguridad).

Desde la óptica de EEUU se había alcanzado el mundo perfecto (el presidente Bush declaró en 1991 que la Historia había terminado) pero sus actuaciones y dominio unilaterales fueron puestos en cuestión por las nuevas potencias emergentes (China, Rusia, India) que pretendían equilibrar la situación y, como objetivo futuro, suplantar a EEUU en la hegemonía. La progresiva debilitación del dominio mundial estadounidense y el debilitamiento de su economía debido a la deslocalización industrial y a la crisis de 2007 explican la victoria electoral y la política exterior del republicano Donald Trump (2017-2021), caracterizada por las políticas de protección de su mercado interno y la guerra comercial con las potencias emergentes, especialmente China, aunque la situación geopolítica quedó en suspenso en gran medida debido a la pandemia del COVID iniciada a finales de 2019. Su sucesor, el demócrata Joe Biden, pese a que parecía augurar un cambio de política, a efectos prácticos sigue la senda marcada por su predecesor, como ha demostrado la reciente crisis de Ucrania en 2022.

Multilateralismo: las potencias emergentes

Las nuevas potencias emergentes surgieron en principio como potencias regionales, pero algunas de ellas han llegado a alcanzar el estatus de potencias mundiales. Las principales son China, India y Rusia, mientras que otras como Brasil y Sudáfrica aún se mantienen como simples potencias regionales.

La República Popular China, presidida por Xi Jinping desde 2013, sigue manteniendo la dictadura comunista, pero la economía capitalista y la apertura al mercado internacional cada vez es más intensa. Pese a haber perdido en buena parte los factores que la beneficiaban en el proceso de deslocalización industrial, la economía china no ha parado de crecer gracias a sus inversiones exteriores, a la potenciación de su mercado interior por el aumento del nivel de vida y al surgimiento de grandes multinacionales como Huawei. Todo ello le permitió ser de los países que primero salieron de la crisis de 2007 y de la generada por la pandemia del COVID-19, originada precisamente en China en diciembre de 2019. En la actualidad, el país está considerado como la principal superpotencia emergente, lo que le ha permitido competir con Estados Unidos en los terrenos económico (ya es la primera potencia mundial por PIB, de ahí la guerra comercial entre ambas potencias en los años previos a la crisis del COVID), tecnológico (liderazgo en la implantación del 5G) y geopolítico (liderazgo de las potencias emergentes o BRICs, acrónimo de Brasil-Rusia-India-China). Sin embargo, China presenta dos grandes debilidades que le pueden acarrear problemas en su lucha por el liderazgo mundial: el mantenimiento de la dictadura comunista puede generar conflictividad política, ya que la clase media emergente puede acabar pidiendo una transición a la democracia, y el potencial militar chino aún no es equiparable al de Estados Unidos.

La India, presidida por Ram Nath Kovind, es la tercera potencia económica mundial por su PIB total. Las medidas de liberalización económica a partir de 1991 y el fuerte desarrollo de la industria tecnológica le han permitido registrar unas fuertes tasas de crecimiento. Sin embargo, ha quedado rezagada con respecto a China y en el ámbito geopolítico depende en gran medida de Estados Unidos. A este problema se le suman las grandes desigualdades sociales (que pueden ser fuente de conflictividad social y política) y, debido a lo anterior y a la importancia de la economía sumergida, su mercado interno está poco desarrollado. En cualquier caso, para muchos analistas la India se puede convertir en la principal potencia emergente, ya que a diferencia de China tiene un régimen democrático.

La Federación Rusa, tras la crisis por el hundimiento de la URSS y la posterior transición a la democracia capitalista, bajo el mandato de Vladimir Putin, en el poder desde 1999, ha registrado una constante recuperación de su papel como potencia, basada en la alta disponibilidad de recursos (principalmente los energéticos: petróleo y gas natural) y en el mantenimiento de su potencial geoestratégico gracias a su poder militar. Este lo ha usado para frenar la pérdida de su antigua área de influencia, como sucedió con las guerras contra Ucrania (2014), la intervención en la Guerra Civil de Siria, iniciada en 2012, y la reciente escalada de tensión en Ucrania en 2022, que ha culminado en la invasión del país en febrero de este año. Las principales debilidades de Rusia en su futuro como superpotencia son la corrupción generalizada y la falta de una democracia real, lo que puede generar en el futuro fuertes conflictos políticos.

Por último, tanto Brasil como Sudáfrica sólo han llegado al estatus de potencias regionales. Brasil se ha convertido en la 9ª economía del mundo y la principal de Iberoamérica. Tras los gobiernos de izquierdas de Luda Da Silva y Dilma Rousseff, que aplicaron políticas intervencionistas y de fortalecimiento del Estado de Bienestar, en 2018 ganó las elecciones el ultraderechista Jair Bolsonaro, famoso por sus posturas negacionistas frente a la pandemia del COVID-19. Por su parte, Sudáfrica, presidida por Cyril Ramaphosa desde 2018, es la principal economía de África, registrando un fuerte crecimiento económico y normalidad política desde el fin del apartheid en 1994, pero con los problemas de una fuerte inseguridad y la continuidad de problemas raciales.

Junto con las potencias emergentes, otra potencia mundial a tener en cuenta es la Unión Europea, que constituye el primer mercado a nivel mundial. La caída del bloque soviético le permitió seguir ampliándose: Austria, Suecia y Finlandia en 1995; Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Malta y Chipre en 2004; Rumanía y Bulgaria en 2007 y Croacia en 2013. Esta potencia económica, sin embargo, no lo es en el aspecto geopolítico, ya que el proceso de unidad política y militar europeo ha quedado estancado. Así, la Unión Europea está lastrada por los intereses particulares de cada Estado, como ha quedado de manifiesto en la crisis iniciada en 2007, que tuvo como consecuencia la salida de Gran Bretaña de la Unión en 2016-2020, apoyada por Estados Unidos, interesado en que no se consolide otra superpotencia.

CONFLICTOS EN EL MUNDO ACTUAL

El fin del mundo bipolar tras el hundimiento de la URSS en 1991 no supuso el final de la conflictividad internacional, sino que en muchos aspectos esta se intensificó. Los conflictos más intensos se han registrado en Oriente Próximo (con las dos guerras del Golfo, los conflictos palestinos y la guerra civil en Siria), en los antiguos territorios del bloque comunista (Yugoslavia, Cáucaso, Ucrania) y el África subdesarrollada (con los casos extremos de Ruanda, Zaire y Sudán).

La Primera Guerra del Golfo

Sadam Hussein era el dictador de Irak desde 1979. Abandonó la política prosoviética de sus predecesores y se aproximó a EEUU. La Guerra contra el régimen islamista de Irán (1980-1988), arruinó al país. Esto le llevó a invadir el pequeño emirato de Kuwait en 1990 como medio de conseguir más recursos petrolíferos y atenuar el descontento interno. La ONU autorizó la intervención internacional, comandada por EEUU. La “Operación Tormenta del Desierto”, en enero de 1991, supuso la derrota iraquí, que hubo de abandonar Kuwait y perdió el control del sur y norte del país, donde se establecieron zonas de exclusión aérea y quedaron bajo el control de la minorías sunníes y kurdas respectivamente. Esta guerra incentivó el desarrollo del fundamentalismo islámico y reafirmó la hegemonía militar de EEUU.

Los conflictos yugoslavos y en la región del Cáucaso

Yugoslavia había surgido como estado tras la I Guerra Mundial, suponiendo la unión de Serbia y Montenegro y la incorporación de antiguas zonas del Imperio Austro-Húngaro. Surgió como un estado federal con una gran complejidad étnica y cultural. Estaba formado por seis repúblicas autónomas (Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Macedonia y Serbia). Tras la II Guerra Mundial se estableció un régimen comunista, comandado por el mariscal Tito, que desarrollo una política internacional independiente con respecto a la URSS y una política económica basada en la autogestión y la apertura al mundo capitalista. La crisis del bloque comunista y la muerte de Tito en 1980 provocaron el surgimiento de movimientos de oposición nacionalistas, surgiendo frente a ellas un movimiento ultranacionalista serbio comandado por Slobodan Milosevic, cuyo objetivo eran mantener Yugoslavia unida o, en caso de disgregación, que Serbia ocupara las zonas pobladas por serbios en otras repúblicas. En 1991 Eslovenia y Macedonia obtuvieron la independencia apenas sin conflicto, ya que en ellas no había población de origen serbio. Sin embargo, la declaración de independencia de Croacia ese mismo año supuso el estallido de una guerra que no acabaría hasta 1995. Coincidiendo con esta guerra, en 1992 estalló otra en Bosnia-Herzegovina, donde convivían musulmanes, croatas y serbios. La guerra derivó en procesos de limpieza étnica, lo que motivó la intervención de la ONU a partir de 1994 y, finalmente, la firma del acuerdo de paz de Dayton en 1995, que supuso la independencia de Bosnia-Herzegovina como un estado federal dividido en dos repúblicas autónomas para serbios y croato-musulmanes. El último conflicto fue el de Kosovo, que buscaba su independencia, estallando la guerra contra Serbia, frenada con la intervención de la OTAN en 1999. Finalmente, declaró su independencia en 2008, aunque esta no ha sido reconocida internacionalmente.

En cuanto al Cáucaso, era una zona perteneciente a la URSS en la que a la complejidad étnica se unía su importancia geoestratégica (frontera con el Islam y recursos petrolíferos). El hundimiento soviético provocó la independencia de Georgia, Armenia y Azerbayán, conflictos territoriales entre ellas y movimientos separatistas en regiones que permanecieron en Rusia como Chechenia. En este último territorio estalló la guerra en 1993. Aunque Rusia derrotó a los separatistas, estos continuaron con una lucha terrorista que aún mantienen.

La invasión de Afganistán y la Segunda Guerra del Golfo

A la tensión existente con Irak se sumó en 2001 la entrada en escena del terrorismo fundamentalista islámico con los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EEUU. Grupos como Al-Qaeda, financiados y armados por los propios EEUU en el contexto de la invasión soviética de Afganistán, empezaron a actuar contra intereses occidentales en la década de 1990. El establecimiento del régimen talibán en Afganistán en 1996 les facilitó una base desde la que operar. Al-Qaeda, dirigida por el saudí Osama Bin Laden, atacó en septiembre de 2001 con aviones secuestrados las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono de Washington, mientras que un cuarto avión fue abatido antes de que pudiera atentar contra la Casa Blanca. Una coalición internacional, dirigida por EEUU y con respaldo de la ONU, invadió Afganistán en 2001. Sin embargo, las tropas ocupantes se vieron impotentes para controlar de manera efectiva todo el país. La definitiva retirada de las tropas estadounidenses en mayo de 2021 supuso la vuelta al poder de los talibanes en el país.

En cuanto a Irak, Sadam Hussein fue acusado desde 2001 por Estados Unidos de tener armas de destrucción masiva. Sin embargo, la falta de pruebas hizo que, a diferencia de lo ocurrido con Afganistán, en este caso no se contara con el respaldo de la ONU. Así, en 2003, EEUU, de forma unilateral, y con el apoyo de Gran Bretaña, España y Portugal, inició la invasión del país en marzo de 2003. En solo un mes el régimen iraquí se hundió, el país fue ocupado por tropas estadounidenses y se inició la democratización y reconstrucción del país. Sin embargo, la crisis económica y los atentados islamistas hicieron fracasar el proceso. Así, en 2011 las tropas estadounidenses se retiraron (lo que le valió al presidente norteamericano Obama el Premio Nobel de la Paz) y entre 2013 y 2017 el país quedó sumido en una guerra civil entre el gobierno iraquí y el Estado Islámico establecido desde Siria.

El terrorismo islamista y el Estado Islámico

El terrorismo es una forma de violencia ejercida, por una minoría fanatizada y en una situación de desigualdad de fuerzas, sobre la población civil de manera indiscriminada y no continuada de cara a la obtención de fines políticos. El terrorismo islamista, a diferencia de sus precedentes anarquistas, marxistas y nacionalistas, se caracterizaba por su base religiosa (el salafismo, interpretación integrista de un Islam con vocación expansionista), por su aceptación del suicidio y por la búsqueda de atentados masivos en busca de la mayor publicidad e impacto. Este nuevo terrorismo tenía estructuras orgánicas muy débiles, funcionando con grupos autónomos que utilizaba las nuevas tecnología como elemento vertebrador y de propaganda, lo que dificultaba la lucha contra él.

Como ya se ha indicado, comenzó sus actuaciones en la década de los 1990, hasta llegar a los atentados masivos de Nueva York (septiembre de 2001), Madrid (marzo de 2004), Londres (julio de 2005), París (enero y noviembre de 2015) y Barcelona (agosto de 2017), aparte de sus actuaciones en Afganistán e Irak.

Al Qaeda parecía derrotada cuando en 2011 murió Osama Bin Laden en un ataque estadounidense en su refugio de Pakistán. Sin embargo, en 2013, en el marco de la guerra civil en Siria, se creó el Estado Islámico o Daesh, pronto extendido a zonas de Irak. Esto suponía un cambio en la estrategia islamista, que pasaba del terrorismo, sin abandonarlo, a la intención de crear un estado propio. La muerte de su líder, Al-Baghdadi, y las ofensivas sirio-rusas e iraquíes, supusieron su derrota en 2019.

Los conflictos africanos

Gran parte del continente africano entraba en la categoría de “Cuarto Mundo”, definido por los problemas endémicos de subdesarrollo y tensiones políticas, sociales y étnicas. Esto ha provocado la existencia de “Estados fallidos o débiles”, caracterizados por la ausencia de control efectivo sobre su territorio y la incapacidad para ofrecer servicios públicos y de seguridad efectivos y garantizar el respeto a los derechos humanos. A esta situación se suma la interferencia de los intereses internacionales en una zona que se caracteriza por su abundancia de recursos energéticos, mineros y agrarios.

Este es el marco idóneo para una proliferación de conflictos, tanto guerras civiles como internacionales, algunos procedentes ya de la época de la descolonización. Las zonas más conflictivas son el África central, en la que se produjeron conflictos como la guerra de Ruanda de 1994 (entre hutus y tutsis, derivando en un genocidio) y la República Democrática del Congo, en guerra desde su independencia en 1960 entre facciones tribales apoyadas por distintas potencias interesadas en el control de los yacimientos de diamantes y coltán; y el Sahel, en el que los estados fallidos y las crisis alimentarias se han mezclado con los intereses extranjeros y la difusión del islamismo radical, dando lugar a conflictos como la descomposición de Somalia desde 1987, la independencia de Sudán del Sur en 2011 y la guerra civil en Mali desde 2012.

La Primavera Árabe y la Guerra Civil en Siria

En el mundo árabe se mezclaron el deterioro socioeconómico, como consecuencia de la crisis iniciada en 2007 y la falta de perspectivas juveniles, con el descontento ante la existencia de regímenes de corte autoritario. Además, en el proceso interfirieron los intereses de las grandes potencias, dada la importancia geoestratégica de la zona.

Los movimientos, que pedían una democratización de sus países, se iniciaron en Túnez, Egipto y Libia en 2011, donde cayeron las dictaduras de Ben Ali, Mubarak y Gadafi respectivamente. Sin embargo, la democratización de los dos primeros fue al final muy limitada y en el caso de Libia sumió al país en una guerra civil que aún se mantiene.

Junto con el caso libio, hay que destacar el de Siria. Este país, aliado de la Unión Soviética primero y de Rusia después, estaba dominado por la dictadura de Bashar Al-Assad. Con el apoyo de EEUU, se produjo una revuelta democrática en 2011, iniciándose una guerra civil. En 2013 se produjo la creación del Estado Islámico, dando lugar a un conflicto a tres bandas en el que el Estado Islámico fue derrotado en 2019 y en la actualidad Al-Assad domina la mayor parte del país.

Ucrania

La desintegración de la URSS en 1991 condujo a la independencia de Ucrania, aunque el país siguió dependiendo de Rusia, que además contaba con un elevado porcentaje de población rusa en ese país, especialmente en la península de Crimea y en la región oriental del Donbás. Además, la importancia económica de Ucrania para Rusia es vital, ya que por allí salen buena partes de sus exportaciones de petróleo y gas natural a Europa, una de las principales fuentes de ingresos del país.

La decisión del presidente ucraniano Yanukóvich de solicitar el ingreso en la Unión Europea en 2013 provocó la reacción de Rusia, decidida a frenar el proceso de expansión del bloque occidental en Europa del Este. Finalmente estalló una primera guerra, que se saldó con la anexión rusa de Crimea y el establecimiento de dos repúblicas prorrusas en el Donbás, las de Lugansk y Donetsk. El gobierno ucraniano aceptó la situación con el protocolo de Minsk de finales de 2014, abandonando sus pretensiones de ingreso en la Unión Europea.

El nuevo presidente ucraniano desde 2019, Zelenski, reactivó la pretensión de ingreso en la Unión Europea y en la OTAN a principios de 2022, lo que motivó la reacción rusa: concentración de tropas en las fronteras ucranianas, reconocimiento de la independencia de Lugansk y Donetsk y escalada de tensión que acabó derivando en un conflicto entre ambos países. Así, en febrero de 2022 Rusia inició la invasión del país. Ante ello, China ha optado por apoyar a Rusia, mientras que EEUU, Gran Bretaña y la Unión Europea han iniciado la imposición de sanciones económicas en Rusia. La posición más difícil es la de esta última, ya que su dependencia de los suministros energéticos rusos es muy elevada.

CONCLUSIONES

Como hemos visto a lo largo del tema, el fin de la Guerra Fría no supuso una atenuación de la conflictividad a nivel mundial. Aunque la pandemia del COVID-19 supuso una atenuación de la conflictividad, la salida paulatina de la pandemia y las dificultades económicas de ella derivadas están suponiendo una acentuación de la lucha por la hegemonía mundial entre EEUU y las potencias emergentes, dando lugar a conflictos como el de Ucrania. El futuro geopolítico dependerá en buena medida de la evolución socioeconómica global, que analizamos en el tema siguiente.

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